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ECONOMÍA DIGITAL Y NEGOCIACIÓN COLECTIVA.

1. VISIONES PARCIALES DE LOS MERCADOS

Hoy las visiones de los mercados

que tienen patronales y sindicatos son antagónicas.

Estoy de acuerdo con lo que afirma el ex Presidente Felipe González “maduro y envejecido” (76 años ya) en la entrevista que le hace Soledad Gallego-Díaz en El País de octubre de 2018: “Van a cambiar las relaciones industriales en el mundo sí o sí - afirma -. Puede haber un repliegue defensivo, pero estos repliegues, si los vemos históricamente, están condenados al fracaso”. Entiendo que un cambio en las relaciones industriales comporta necesariamente un cambio en las relaciones laborales y en la negociación colectiva. Este pensamiento del ex Presidente es una opinión fundada que comparto por las razones que expongo a continuación y que justifican este breve ensayo.

En las sociedades avanzadas y civilizadas, sindicatos y empresarios intentan acordar los contenidos de las reformas laborales (las que regulan las relaciones industriales y laborales) y cuando no lo consiguen, los Gobiernos democráticos imponen unilateralmente las reglas laborales mediante leyes aprobadas por la mayoría (reforma laboral la llaman); es lo que hizo el Gobierno del Partido Popular en 2012 y antes el Partido socialista. Los ciudadanos esperamos que, para poner en marcha la máquina de la creación de empleo y de la solidaridad intergeneracional, la dinámica de reglas pactadas sea más útil que la imposición unilateral de los Gobiernos democráticos ¿Tiene algún sentido esta esperanza ciudadana?.

 

Poco, pues las condiciones de empleo son parte de la reforma laboral, pero al mismo tiempo son parte del coste del factor trabajo. El trabajo es uno de los factores de producción, que junto con otros tres (materias primas, capital y tecnología) forman parte del coste de la producción de bienes y servicios. El coste de la producción determina el precio de los bienes y servicios. El precio de los bienes y servicios determina la posición de los productos y las empresas en el mercado de bienes y servicios, y el empresario y el trabajador tienen una visión unilateral de lo que este proceso económico significa. Para complicar las cosas, últimamente el mercado de bienes y servicios ha pasado a depender de los mercados financieros, al punto de que la mayoría de las empresas y consumidores ya no pueden autofinanciarse y acuden a los mercados financieros para hacerlo. Hasta el Corte Inglés, una de las empresas españolas tradicionalmente autofinanciadas, depende ya a tal punto del endeudamiento financiero que está pensando vender una parte de su patrimonio inmobiliario para rebajar la deuda financiera.

Así que a fin de cuentas, cuando sindicatos y empresarios negocian las condiciones de empleo y la reforma laboral realmente están negociando su posición en “los mercados”. Directamente en el mercado de bienes y servicios, e indirectamente también en el mercado financiero. En consecuencia la reforma laboral no afecta sólo al mercado de trabajo, sino a los mercados en su conjunto, incluido el financiero. De momento esta realidad es tenida muy poco en cuenta por los partidos políticos y por los estudiosos de la economía de los mercados.

La verdad sencilla que acabo de señalar es conocida por sindicatos y empresarios, pero no la asumen ni la tienen presente cuando realizan la negociación colectiva. En mi opinión, ambos negocian con visiones anticuadas de la realidad económica, con patrones y principios más propios de los siglos XIX y XX que del XXI. Me propongo analizar algunos de esos patrones y principios, y sacar las conclusiones necesarias a fin de que la negociación colectiva sirva al interés común de los ciudadanos y al conjunto de los mercados, y no sólo a los intereses y visiones de empresarios y trabajadores y a “algunos mercados”.

Visión empresarial de los “mercados”.

En el proceso económico, el emprendedor tiene un objetivo estratégico que viene obligado a seguir si quiere sobrevivir en la economía de “los mercados”: minimizar el coste. Se olvida con excesiva frecuencia que la financiación, cuando la autofinanciación no es posible, también forma parte del coste. Por tanto en la cúspide de la supervivencia empresarial y de la preocupación del emprendedor se ubica siempre EL COSTE, incluido el coste financiero.

Este principio de supervivencia lo fija el sistema económico vigente. Técnicamente y dado que todos los recursos son escasos y se agotan, parece un principio saludable. Minimizar costes contribuye a la sostenibilidad económica, un concepto cada día más en boga.

Además el emprendedor tiene un objetivo complementario de minimizar el coste que también viene obligado a seguir si quiere tener éxito en los mercados de capital y obtener una buena financiación: maximizar el beneficio, lo que se consigue principalmente a través del incremento de la productividad.

Lamentablemente los partidos políticos no toman en suficiente consideración que el coste-precio de la financiación se determina en el mercado financiero, por lo que las burbujas financieras, que siempre acaban explotando, son mortales para el resto de los mercados, para la empresa y para el beneficio empresarial. En cualquier caso maximizar beneficios es la otra cara de la moneda de la minimización del coste, pero al presentarse como maximización del beneficio trae a escena dos magnitudes económicas esenciales para el emprendedor: EL CAPITAL Y EL EXCEDENTE.

El capital y el excedente acuden al emprendedor en proporción directa a su capacidad para maximizar el beneficio. Este principio lo establece el sistema económico vigente. Técnicamente, y dado que la maximización del beneficio ha comportado históricamente la acumulación desmesurada del capital financiero, cada vez menos productivo y más especulativo y generador de burbujas, parece un principio peligroso, como comentaré más adelante al abordar los nuevos ejes de la negociación colectiva.

En consecuencia, cuando el empresariado negocia LA PRODUCCIÓN y EL EMPLEO con los sindicatos, se orienta por EL COSTE, y mira con atención el CAPITAL y el EXCEDENTE. Cinco realidades económicas que condicionan la visión y posición del emprendedor y que resumimos en la figura 1:

 


Para complicar el proceso de la negociación colectiva, estas cinco realidades económicas ponen sobre la mesa del empresario-negociador nuevos problemas económicos:

  • La producción trae de la mano el problema del mercado de bienes y servicios por el lado de la oferta. Es este un mercado que, en tiempos de crisis como los actuales, está a la baja porque la ciudadanía no compra, así que mientras el consumo ciudadano no crezca, el empresario no desea producir bienes para almacenar, por lo que prefiere reducir el empleo y si llega el caso cerrar la empresa y liquidarla convirtiendo el capital físico en capital financiero.
  • El empleo trae de la mano la flexibilidad y precariedad del mercado de trabajo, un mercado que el capitalismo quiere someter a las mismas reglas que el resto de los mercados, por lo que trata al trabajo como a cualquier otro factor o mercancía del proceso productivo, abaratando su coste y sin consideración a la naturaleza humana del mismo. Este proceso se manifiesta de manera diferente según el grado de cohesión de cada sociedad, pero es virulento en el caso de sociedades fragmentadas y muy desiguales, tendentes al individualismo más que a la solidaridad.
  • El capital trae de la mano el problema del mercado financiero, un mercado tendente a generar burbujas financieras para maximizar sus propios beneficios, un mercado que tiene capacidad para estrangular al empresario-emprendedor. Este, a la vista de la rentabilidad de las finanzas, prefiere dedicar la riqueza acumulada a la especulación financiera más que a la producción física de bienes y servicios (tendencia especialmente relevante en las sociedades anglosajonas) y a pesar de la crisis 2008, aún se mantiene la tendencia. El mercado de capitales permanece atascado aunque los Gobiernos-Estado han inyectado grandes cantidades de liquidez de dinero nuevo en el mismo.
  • El excedente trae de la mano el problema de la distribución de la riqueza, un problema agravado en periodos de crisis porque hay poco que repartir, y además los inversores y el capital financiero exigen cada día para ellos mismos más parte de la menguante tarta económica.

Esta visión es parcial y hace difícil el logro de resultados cooperativos en la negociación colectiva, pues todo lo dominan “los mercados” al modo como son vistos por el emprendedor, que encuentra en sus exigencias (especialmente las de los mercados financieros) la razón-excusa que respalda sus intereses y su particular visión de la economía. En última instancia el empresariado lucha por abaratar el coste del empleo, tanto el directo (salario) como el indirecto (cotizaciones a la seguridad social, desempleo, indemnizaciones por despido etc.). En su opinión, así lo exige el mercado competitivo de la producción y el mercado del capital, ambos vitales para su supervivencia. Para terminar de complicar las cosas, los partidos políticos de derechas tienen esta misma visión, y tratan de aplicarla cuando llegan al Gobierno.

Visión sindical de los “mercados”.

Los países acomodados hemos llegado a un nivel de desarrollo económico y de complejidad social tal que el objetivo estratégico del trabajador es disponer de una renta estable y periódica que cubra todo su ciclo de vida. Si alguien no tiene un ingreso de estas características, la sociedad actual de los países avanzados primero le excluye y luego le destruye. Es por eso que la mayoría de ciudadanos (excluidos los avariciosos) aspira a acumular riqueza para cubrir el riesgo del futuro, gasta en los juegos de azar esperando “un premio de 5.000 euros al mes durante 25 años”, busca “dar un pelotazo” que le retire de por vida, le agobia que la política económica ponga en riesgo su pensión de jubilación, o se le viene el mundo encima cuando alguien amenaza su empleo. Este objetivo se llama actualmente “renta universal” y los funcionarios la consiguen sin saberlo cuando logran un empleo en las Administraciones Públicas, pues hasta ahora (no sabemos en el futuro) un empleo público proporciona a la persona una fuente estable y periódica de ingresos, aunque no sea muy alta.

En consecuencia el trabajador de una sociedad avanzada tiene un objetivo estratégico que viene obligado a seguir si quiere sobrevivir en la sociedad actual: disponer de un ingreso estable y periódico. Por tanto en la cúspide de su preocupación vital está EL INGRESO.

Pero el trabajador no tarda en descubrir que su supervivencia, al igual que la del empresario, también depende de “los mercados”, pues si quiere conseguir EL INGRESO, tiene que esforzarse y acudir a “los mercados”.

Haré aquí una digresión sin profundizar en ella. En la fase actual de desarrollo del capitalismo avanzado, “los mercados” ya funcionan de tal modo que es más fácil y cómodo para determinados individuos extraer un ingreso estable y periódico del mercado financiero que del mercado de trabajo. La dificultad inicial para lograrlo es conseguir una primera acumulación significativa de capital y conocer el funcionamiento de los productos y mercados financieros, cosa difícil para un trabajador. Es por eso que la mayoría de trabajadores se ven abocados a sobrevivir toda su vida en el mercado de trabajo acudiendo al mercado financiero prioritariamente como consumidores y endeudándose para mejorar sus niveles de bienestar (créditos, hipotecas etc.). Pero casi nunca acuden al mercado financiero como inversores para obtener ingresos. La función de inversor es llevada a cabo por una minoría con capacidad de ahorro, que aprovecha su posición o la posición de sus antepasados en el sistema económico capitalista avanzado. Lo curioso del caso es que los inversores, sobre todo los pequeños inversores, no se dan cuenta de que sus ahorros son los créditos de otros ciudadanos, y que cuando estos no pueden devolverlos, todo el sistema financiero colapsa, como ha pasado en 2008. Esta realidad económica y social merece un análisis que escapa al ámbito de este breve ensayo.

Volviendo a los mercados, estos colocan al trabajador ante dos magnitudes económicas determinantes de su calidad de vida: EL SALARIO Y EL CONSUMO. El primero como fuente de ingresos, y el segundo como instrumento de satisfacción de sus necesidades.

Por tanto cuando el trabajador, y en su nombre los sindicatos, negocian con el empresariado LA PRODUCCIÓN y EL EMPLEO, se orientan por EL INGRESO, y miran atentamente el SALARIO y el CONSUMO, como muestra la figura 2.

 

De nuevo cinco realidades económicas, dos de ellas compartidas con el empresario (PRODUCCIÓN y EMPLEO), que condicionan la negociación colectiva de los trabajadores y sus sindicatos.

También estas realidades ponen sobre la mesa del trabajador nuevos problemas económicos que complican la negociación colectiva:

  • La producción es vista por el trabajador desde el lado de la demanda y el consumo, y se despreocupa de los problemas del mercado de la oferta que no considera como propios. Sólo atiende a razones cuando los almacenes se llenan de mercancías amenazando la viabilidad de la empresa y el mantenimiento de su puesto de trabajo.
  • El empleo y los problemas del mercado de trabajo son enfocados desde la estabilidad laboral y la maximización del ingreso personal, ignorando la virtud de la solidaridad y la necesidad de revisar los principios que rigen un mercado de personas que no puede dejarse a la ley de “los mercados” de mercancías, ya que hay que adaptarlo a cada situación económica para evitar el crecimiento de la exclusión individual y social.
  • El consumo trae de la mano algunos problemas que padece directamente el trabajador como la amenaza inflacionista del mercado de bienes y servicios o el sobreendeudamiento, y otros de los que apenas tiene conciencia, como el hiper-consumo despilfarrador o el agotamiento irresponsable de los recursos existentes en el planeta.
  • El salario trae de la mano problemas complejos de imposible solución sin coordinación y cooperación de ambos agentes sociales a nivel global, como son el coste de la producción, el incremento de la productividad y la distribución de la riqueza acumulada.

No quisiera finalizar esta parte sin hacer una reflexión sobre el incremento de la productividad y la distribución de la riqueza. En la sociedad tecnológica actual el empresario no parará hasta agotar el incremento de la productividad. Agotar la productividad implica sustituir cada vez más humanos por máquinas, y como hoy en día éstas son inteligentes, mi hipótesis de trabajo es que acabarán sustituyendo a todos los humanos. En este escenario, las clases dominantes, que ahora se quedan con todo el incremento de la productividad de las máquinas, tendrán que plantearse el problema de la distribución de la riqueza con las clases dominadas, si es que pretenden salvar el sistema económico. Hasta aquí la reflexión sobre la productividad y la distribución de la riqueza.

La visión expuesta del trabajador es igualmente parcial y hace muy difícil el logro de resultados cooperativos en la negociación colectiva, pues todo lo dominan “los mercados” al modo como son vistos por el trabajador y sus sindicatos, que encuentran en la lucha contra “los mercados” y sus desigualdades la razón-excusa que justifica la defensa numantina de sus intereses y de su particular visión de la economía. En último término el trabajador lucha por maximizar el ingreso (salario) y por hacerlo estable y periódico. En su opinión así lo exige el mercado de consumo, vital para su supervivencia y del que no quiere ser excluido. Para terminar de complicar las cosas, los partidos políticos de la izquierda tienen esta misma visión, y tratan de aplicarla cuando están en el Gobierno. Así es como el enfrentamiento y la enemistad se apodera también de la política y los partidos.

Llegados a este punto debemos preguntarnos: ¿Es posible enlazar las dos visiones, la del patrono-empresario y la del sindicato-trabajador?. ¿Hay una visión integradora que es más eficaz que las visiones parciales de cada parte? ¿Es la realidad tan divergente o es más interdependiente de lo que los agentes sociales nos trasladan? ¿Se han quedado viejos los ejes sobre los que pivota la negociación colectiva? ¿Hay posibilidad de que los agentes sociales tengan una visión cooperativa de la realidad económica en lugar de visiones competitivas y excluyentes?.


2. MERCADOS ENTRELAZADOS: UNA VISIÓN INTEGRAL.

(Para entenderlas mejor, las cosas deben verse globalmente).

La visión de conjunto.

Cuando un problema afecta a varias partes, lo mejor y más sensato es que todas ellas intervengan en su solución. Pueden hallarse soluciones unilaterales, pero no son soluciones duraderas. La negociación colectiva que concluye en un acuerdo social equilibrado es más eficiente económicamente que la confrontación social. La política debería ejercerse así.

Para facilitar una solución multilateral y equilibrada, lo mejor es partir de una visión común del problema. Hasta ahora, empresarios y trabajadores, patronales y sindicatos no han tenido una visión común del problema colectivo. Sólo miran aquella parte de la realidad económica que beneficia más directamente sus intereses, según he argumentado en el punto primero.

En mi opinión la economía es una máquina compleja constituida por mercados entrelazados e interdependientes. Esto es lo que los agentes económicos, sociales y políticos no quieren ver ni analizar cuando negocian. Todos se dejan llevar por la rivalidad, que es el valor dominante en “los mercados” capitalistas y en la Política, en lugar de promover la cooperación y la interdependencia, que es como realmente funcionan “los mercados” cuando se analizan en su conjunto. Esto no es un juicio de valor, sino una verdad científica validada por la Historia económica. Empiezo a pensar que los mercados son más solidarios entre sí que los seres humanos, y que son estos y la Política quienes los bloquean a causa de sus insensatas rivalidades y egoísmos. También los políticos se instalan en la rivalidad permanente compitiendo por el voto y desplazando a segundo término el interés común de los ciudadanos. Nadie parece tener la sensatez necesaria para ver que la rivalidad necesita límites. Un poco de rivalidad es bueno y sirve de control. Demasiada rivalidad es un desastre seguro para la sociedad.

A fin de evitar malentendidos sentemos un principio de partida: “Los mercados” no son la causa de nuestros males actuales. Los mercados estaban presentes en la sociedad antes de la llegada del capitalismo liberal y seguirán estando ahí cuando éste se haya ido. Los mercados son puntos de encuentro donde las personas pueden hacer intercambios, comprar y vender, y como tales son elementos facilitadores de la actividad económica y de la vida humana. Esto no impide que algunos economistas y políticos intenten hacernos creer que los mercados modelo “capitalista” son los únicos mercados posibles. Esta sí es una afirmación interesada sin respaldo científico. La Historia demuestra incluso que es falsa.

Además, y para nuestra fortuna, el conjunto de “los mercados” que hacen funcionar la economía real están entrelazados y son interdependientes: los mercados que guían el comportamiento de los trabajadores (mercados de bienes y servicios) enlazan con los mercados que guían el comportamiento de los emprendedores (mercados de factores de producción). La máquina de la economía es de doble llave. No funciona sólo con la llave de los emprendedores ni sólo con la llave de los trabajadores. Se necesitan las dos llaves. Algunos grupos sociales y políticos parecen no entender esta realidad.

La visión de los emprendedores es de medio círculo, según he explicado gráficamente. La visión de los trabajadores es también de medio círculo. Si unimos las dos visiones tendremos el círculo completo. Es necesario tener a la vista el círculo completo para comprender la realidad económica y los mecanismos que la hacen funcionar. Trabajar con visiones parciales es ineficaz económicamente y dañino socialmente.

EL COSTE, que es la clave de la visión empresarial, y EL INGRESO, que es la clave de la visión trabajadora, están enlazados por una cadena de realidades económicas que tienen que funcionar en equilibrio y coordinadamente para que funcione bien el conjunto de la economía.

La lógica del funcionamiento de la economía a nivel agregado (macroeconomía) nos dice que es imposible conseguir a la vez la minimización del COSTE (que es lo que quiere el empresario) y la maximización del INGRESO (que es lo que quiere el trabajador). Esta incompatibilidad en los objetivos, ha impregnado de conflicto las relaciones entre patronal y sindicatos e instaurado la rivalidad social como eje de la actuación económica. Esa es una vía muerta de trabajo. Ha servido para traernos hasta aquí, pero no nos llevará hacia un futuro mejor.

Jugando a la rivalidad, es posible minimizar el coste minimizando el ingreso (que es por lo que lucha el empresario), o bien maximizar el ingreso maximizando el coste (que es por lo que lucha el trabajador), pero el conjunto de la sociedad paga un alto precio por esta rivalidad continua de objetivos y visiones. El antagonismo entre empresarios y sindicatos no mejora el sistema económico, sino que produce mayores ineficiencias. La rivalidad social desequilibra el funcionamiento de los mercados y los hace más ineficientes. Este es un principio válido para cualquier sistema económico, incluido el capitalista. El problema es que los economistas devotos del capitalismo no toman en consideración estos costes.

La rueda básica de la economía de los mercados.

Para seguir avanzando en el razonamiento expuesto, tenemos que hacer una aproximación a la rueda de realidades económicas que enlazan EL COSTE mínimo que busca al empresario con EL INGRESO estable y periódico que busca al trabajador, navegando por los mercados de empleo, consumo, producción y capital. La figura 3 presenta la rueda económica básica que proponemos para analizar la negociación colectiva.FIGURA 3


La rueda económica básica que he diseñado se mueve del coste al ingreso pasando por el empleo para regresar del ingreso al coste pasando por la producción. El movimiento de la rueda supone actividad económica, pero para que ésta gire se necesita que los agentes económicos y sociales, incluidos los políticos, asuman la lógica del funcionamiento de la economía en su conjunto. Esta lógica, a efectos de la negociación colectiva, responde a una cadena de 8 dientes con la siguiente secuencia: el coste determina el excedente; el excedente atrae al empleo; el empleo genera salarios; los salarios determinan los ingresos; los ingresos condicionan el consumo; el consumo genera producción; la producción atrae el capital; el capital forma parte del coste junto con otros factores, y vuelta a empezar.

Los conflictos políticos, sociales o económicos que dañan o distorsionan la lógica de funcionamiento de esta rueda, perjudican a toda la economía.

Los resistentes al cambio y los defensores de que el capitalismo liberal perdure indefinidamente tal y como ahora se concibe se apresurarán a descalificar esta rueda básica. Alegarán que existen otras realidades económicas como el mercado financiero, la tecnología, el mercado exterior, las políticas públicas etc., sin cuya incorporación no puede comprenderse el funcionamiento de la economía. Diré que estoy de acuerdo pues la complejidad del funcionamiento de la economía se asemeja más al mecanismo de ruedas de un reloj de precisión que al de una noria extractora de agua, pero para el caso que nos ocupa ahora, que es el de la negociación colectiva, la rueda básica de 8 dientes que he identificado simplifica de manera suficiente la realidad económica en la que operan empresarios y trabajadores. No pretendo construir un macro-gráfico que describa el funcionamiento de toda la economía, sino un esquema simplificado de las realidades económicas que inciden en el comportamiento de los actores de la negociación colectiva.

Así, a la vista de nuestra rueda económica básica, podemos comprender mejor que cuando el empresario consigue minimizar el coste deprimiendo el ingreso del trabajador, maximiza el capital y el excedente y pone en marcha la economía del hiper-excedente del capital, pero en esta economía gobernada sólo por la visión unilateral del empresario-productor, el conjunto de “los mercados” se paraliza y rápidamente el mercado de consumo y el de empleo caen en la recesión (esto pasó principalmente en la crisis de 1929 en la que el salario era barato). Por el otro lado, cuando el trabajador consigue maximizar el ingreso deteriorando el coste del empresario, maximiza el salario y el consumo y pone en marcha la economía del hiper-consumo del salario, pero en esta economía gobernada por la visión unilateral del trabajador-consumidor, el conjunto de “los mercados” sobreactúa formando burbujas especulativas de todo tipo, y los mercados de la producción y del empleo reducen la productividad y tienen de inicio un crecimiento artificial estimulados por las burbujas para caer después bruscamente en la recesión a causa de la merma de la productividad (esto pasó principalmente en la crisis de 2007-2008 en la que endeudarse e hiper-consumir era relativamente barato).

Las realidades descritas funcionan con el mismo automatismo con que funcionan “los mercados”, y están en el origen de las crisis periódicas de las economías capitalistas, nacionales primero, y del capitalismo globalizado después. No son tomadas en consideración por los agentes sociales en la negociación de sus respectivos intereses y tampoco por los políticos al elaborar las políticas económicas de los Gobiernos nacionales y de las instituciones económicas internacionales. Por ello las crisis se repetirán en el futuro con más virulencia, porque son la consecuencia lógica de un funcionamiento desequilibrado de la rueda de los mercados nacionales e internacionales. Porque es falso que los mercados en su conjunto funcionen en equilibrio de forma automática como predica el monetarismo neoliberal. En realidad tienden por naturaleza al desequilibrio si no se les corrige. Y los efectos de una crisis son tanto más destructivos cuanto mayor es el desequilibrio del mercado o mercados que la origina.

¿No pueden hacer nada los agentes sociales y los políticos para aportar equilibrio al funcionamiento de los mercados?. Sí pueden, pero para ello los políticos tienen que cambiar la actitud servil con la que ahora se someten al mandato “sagrado” de los mercados, y los agentes sociales (patronales y sindicatos) tienen que cambiar su cultura negociadora y los ejes de la negociación colectiva para contribuir también al equilibrio del conjunto de los mercados, como explicaré a continuación.


3. EJES TRADICIONALES DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA.

(Un pasado de conflictos condiciona la cultura de la negociación colectiva).

Los ejes de la negociación colectiva hasta ahora:

Supervivencia individual y rivalidad social.

Los estudiosos de la economía buscan la tecla que hay que tocar para activar de nuevo el crecimiento económico. “Darle al botón de los tipos de interés ya no será suficiente para sacarnos de problemas como los que atravesamos”. La frase es de 14 de marzo de 2010 y dicha por Jeffrey Sachs, economista norteamericano, asesor de numerosos Gobiernos, entre ellos el español. J. Sachs aplicó entre 1985 y 2000 las políticas monetaristas del FMI para resolver crisis en diversos países, entre otros en Rusia. La frase es de hace 8 años y su autor sabe bien lo que son el monetarismo y las crisis. Si el botón de los tipos de interés ya no sirve para activar el crecimiento económico, ¿Cuál es el nuevo botón a pulsar?.

Actualmente las sociedades desarrolladas y acomodadas están preocupadas por el empleo, pero el tiempo pasa y nadie parece tener a la mano el botón para activar de nuevo el empleo y el crecimiento económico. La crisis del empleo se ha agravado con el avance de las nuevas tecnologías y la llegada masiva del “big data”, los algoritmos y la IA como explicaré en los puntos 6 y 7 de este ensayo. El conflicto enquistado entre los autónomos del taxi y los trabajadores de las VTC es un anticipo inevitable de la nueva economía digital. Países más cohesionados socialmente como Alemania, Canadá, Japón o la Europa nórdica sufren la crisis con menos drama social que países más desequilibrados como los del sur de Europa o Estados Unidos, pero en todos ellos escasea el empleo. Donald Trump piensa que levantando muros, cerrando fronteras y abriendo una guerra comercial con terceros países recuperará el empleo nacional. No se da cuenta de que asistimos al nacimiento de la nueva economía digital, cuyos principales actores son empresas norteamericanas globalizadas. Las sociedades en desarrollo (China, India, Brasil etc.) aún crecen a buen ritmo y se adaptan mejor a la economía digital, aunque sus márgenes de maniobra se estrechan al estancarse Europa y Estados Unidos a pesar del empuje de las nuevas tecnologías.

Algunos políticos demagogos, como Mariano Rajoy en abril de 2010, más preocupados por alcanzar el poder que por resolver los problemas de los ciudadanos, decían que el problema de salida de la crisis no es que los economistas no sepan cómo resolver la situación, sino que los políticos del Gobierno no sabían qué hacer. El Sr. Rajoy fue posteriormente Presidente de Gobierno de España entre noviembre de 2011 y junio de 2018, y tampoco es que supiera qué hacer con la crisis. Empezó echándole la culpa a la “herencia recibida”, y aunque es cierto que evitó el rescate financiero de España, lo hizo a costa de aplicar políticas de ajuste terribles para los ciudadanos (sanidad, educación, servicios sociales, empleo etc.). El paso del tiempo ha ido mejorando algo la situación económica, pero nada sustancial ha cambiado en el modelo económico: la riqueza se sigue acumulando cada vez más en menos manos. Afirmaciones como las de Rajoy demuestran el nivel de demagogia al que ha llegado la política tradicional. Sería deseable que los ciudadanos pudieran disponer de opciones políticas lideradas por políticos sensatos, ilustrados y pertrechados con valores morales distintos a los de la rivalidad permanente, la mentira o la bravuconada; políticos cooperadores y liberados del deseo insano de alcanzar el poder para ponerlo al servicio de intereses particulares o de grupos económicos nacionales, desatendiendo el interés general y el bien común de los ciudadanos.

Los políticos del primer mundo se niegan a entender que la fiesta se ha acabado, y que el mundo acomodado no volverá a crecer y a generar empleo como lo hizo en tiempos de la burbuja financiera a no ser que previamente una guerra lo empobrezca, destruyéndolo todo. El mundo de Davos, aunque tarde, comienza a despertar y entender la relación entre crecimiento y empleo. No asumen que las reglas de juego tienen que cambiar a fondo porque la solución no está en la visión local y la rivalidad global como plantea el actual presidente norteamericano, sino en la visión global y la cooperación global. Cada país espera que cuando se active el consumo nacional e internacional (consumo global), se activará de nuevo el empleo local, y además, si para entonces hay un acuerdo laboral entre sindicatos y patronales que mejore la productividad-país, la recuperación será más rápida y duradera. Pero esto no va a ser así porque todos esperan que la salvación venga del mismo lado: del sector exterior y de la fuerza de la productividad-país para ganar la batalla de la rivalidad global. Como me decía un buen amigo: “Los problemas económicos se han globalizado pero los sociales siguen nacionalizados y casi localizados”.

La burbuja financiera ha puesto de manifiesto que para los defensores del capitalismo financiero, la negociación colectiva tiene demasiada influencia en la economía y se ha convertido en un problema más que en una solución. Esta gente desconoce que el capitalismo nació sin la negociación colectiva e incluso dio sus primeros pasos luchando contra ella, pero después maduró con la negociación colectiva en sus entrañas, y ésta ha contribuido decisivamente a su reformulación. Pero ahora el capitalismo financiero en crisis necesita volver a los orígenes para desarrollar de nuevo toda su capacidad depredadora a fin de aumentar la productividad-país, y encuentra un obstáculo a sus pretensiones en la negociación colectiva. ¿Hay alguna salida racional a este conflicto?. ¿Podrán los sindicatos de los países acomodados modular una vez más la naturaleza depredadora del capitalismo financiero, o estamos llamados sin remedio al cambio del modelo económico y de sus valores dominantes?. ¿Será este cambio evolutivo y pacífico o revolucionario y violento?.

En la evolución del capitalismo, la negociación colectiva ha contribuido a suavizar su rostro más amargo, y lo ha hecho actuando en la rueda básica de la economía mediante los ejes estratégicos que aparecen en la figura 4 adjunta:


Son estos dos ejes (el de la supervivencia individuo/empresario y el de la rivalidad) los que han utilizado los trabajadores para hacer conquistas sociales y laborales al capitalismo, que es un sistema económico construido para la supervivencia del más fuerte, para el uso del trabajo como una mercancía más y para imponer los principios de maximización de la ganancia y de acumulación privada e ilimitada de riqueza y capital (primero físico o ahora financiero). El eje vertical COSTE-INGRESO es el que refleja la visión actual de la economía que tienen los agentes sociales. Es el “eje de la supervivencia individual o del empresario”, pues cada empresa o trabajador sobrevive en los mercados en función de su posición en dicho eje. Este eje refleja que tan vital es el coste para el empresario como el ingreso para el trabajador, colocando así a ambos en el mismo nivel de agresividad en la defensa de posiciones que ambos consideran vitales para sobrevivir.

El eje CAPITAL–SALARIO es el eje en el que se materializa colectivamente la agresividad del eje COSTE-INGRESO y por eso lo denomino “eje de la rivalidad”. En él se refleja el conflicto de intereses que ha gobernado históricamente la negociación colectiva hasta ahora, y le llamo “eje de la rivalidad” porque las negociaciones se han planteado en términos de “lo que gana el capital lo pierde el salario del trabajador y viceversa”. Capital y salario son realidades económicas que han constituido y siguen constituyendo el paradigma de las diferencias políticas tradicionales entre derecha e izquierda hasta nuestros días.

Históricamente la negociación colectiva ha estado gobernada por los ejes de la supervivencia individual/empresarial y de la rivalidad, y actualmente la siguen gobernando. Como consecuencia de ello, las patronales sólo toman en consideración el semicírculo superior (PRODUCCIÓN-COSTE-EMPLEO) y las organizaciones sindicales el semicírculo inferior (EMPLEO-INGRESO-PRODUCCIÓN) según hemos explicado en el punto 1. En este contexto de rivalidad y visión de supervivencia de cada empresa e individuo, la patronal propone reformas estructurales del mercado de trabajo tendentes a minimizar EL COSTE para asegurar la supervivencia de la empresa y mejorar la productividad-país (por ejemplo, reducción de la protección al trabajador, reducción de la indemnización por despido, uso de la temporalidad, refuerzo de la flexibilidad interna en la empresa, agencias privadas de colocación con ánimo de lucro, reducción de cotizaciones a la seguridad social, eliminación de costes y barreras a los expedientes de regulación de empleo etc.).

En ese mismo contexto, los sindicatos se resisten a esas propuestas agresivas, y presentan alternativas que buscan maximizar EL INGRESO del trabajador, pues es lo que asegura su supervivencia en el mercado de consumo. Estratégicamente los sindicatos españoles tomaron en 2010 una decisión arriesgada: ante la dureza negociadora de la patronal, optaron por separar la negociación del INGRESO de la negociación del COSTE. A principios de 2011 suscribieron un acuerdo sobre el INGRESO, que es el referente para el trabajador. Durante el resto del año trabajaron para cerrar un acuerdo sobre el COSTE, que es el referente para el empresario, sin conseguirlo. En la primavera de 2012, vista la imposibilidad de un acuerdo negociado, el Gobierno de España de derechas (PP) llevó a cabo una reforma laboral unilateral actuando sobre EL COSTE, y favoreciendo los intereses de la visión del empresario. Ahora un Gobierno de España de izquierdas pretende realizar una reforma laboral que modifique la situación, confirmando lo que hemos criticado de la Política tradicional de la izquierda y la derecha cuando llegan al Gobierno del Estado.

Pero tanto el acuerdo cerrado en 2011 por patronal y sindicatos sobre EL INGRESO, como la reforma unilateral del Gobierno en 2012 sobre EL COSTE no son decisiones armónicas, sino decisiones de supervivencia. Están adoptadas utilizando los ejes de la rivalidad y de la supervivencia individual, y estos son ya ejes viejos, que no activarán la buena economía ni el crecimiento económico sostenible ni la distribución sana de la riqueza. Los dientes de la rueda económica que generan estos ejes (capital-salario, y coste-ingreso) han servido para que sindicatos y empresarios pudieran convivir con el capitalismo hasta el presente, pero no nos sirven para transitar hacia el futuro. Podemos trampear un rato más, creciendo de manera irracional e injusta hasta la próxima gran crisis del capitalismo financiero, que se producirá más pronto que tarde, pero no son ya estos los botones que hay que tocar para alcanzar un crecimiento económico armónico y sostenible.

¿Cuáles son entonces los nuevos ejes de la negociación colectiva y los nuevos botones a tocar?. ¿Serán estos nuevos ejes compatibles con los principios dominantes del capitalismo financiero actual, o será necesario “refundar el sistema” como proclamó en su día el ex-presidente francés Nicolás Sarkozy?. Vamos a verlo.

4. NUEVOS EJES DE LA NEGOCIACION COLECTIVA:

DE LA RIVALIDAD INDIVIDUAL A LA COOPERACION COLECTIVA.

(Podemos hacer cosas nuevas con visiones y culturas nuevas)

Lo que deben hacer los agentes sociales y la Política:

activar un círculo virtuoso y no especulativo

de realidades económicas entrelazadas.

Frente a la austeridad se predica el crecimiento. Del crecimiento se espera el empleo. Por alguna razón que desconocemos, los Gobiernos-Estado están poco preocupados por la austeridad y más orientados al crecimiento, pero no logran generar empleo al nivel esperado. Y como hemos comentado al inicio de este ensayo, dada la revolución tecnológica, la economía digital acabará con todo el empleo humano como explicaré en los puntos 6 y 7. Los Gobiernos deberían estar preocupados y dedicados a diseñar políticas de pleno ocio, en lugar de obsesionarse con el pleno empleo.

Mi teoría es que el eje de la rivalidad CAPITAL-SALARIO gobierna actualmente la rueda básica de la economía y la tiene bloqueada. Como concluiré más adelante, si una economía no es capaz de facilitar empleo y una vida digna a las personas, esa economía no nos sirve, por muy productiva que sea, y debe ser cambiada. El eje CAPITAL-SALARIO bloquea la economía por dos razones principales: 1). El mercado de capitales absorbe toda la liquidez inversora, como explicaré en el punto 6. 2). El mercado de capitales, utilizando la rivalidad de la retribución del capital (beneficio) y del empleo (salario), exige la minimización del salario. La minimización del salario produce la minimización del consumo, ésta la de la producción y ésta la del empleo, y este proceso bloquea la economía en su conjunto. Es pura lógica de funcionamiento de las magnitudes económicas.

Desde J. M. Keynes sabemos que una economía sin inversión y sin consumo es una economía muerta. El tanatorio es el lugar al que conduce la austeridad sin crecimiento ni empleo. Los Gobiernos-Estado más pudientes de Europa, con Alemania a la cabeza, todavía no lo entienden, aunque han empezado a flexibilizar sus posturas. Los ciudadanos de esos países lo comprenderán del todo cuando les vayan afectando sus desastrosos efectos.

Nuevos ejes de la negociación colectiva:

Cooperación y supervivencia colectiva.

En mi opinión, evitaremos el tanatorio económico si somos capaces de promover un cambio de cultura en los ejes de la negociación colectiva en el modo que indica la figura 5 adjunta.


Son los agentes sociales (patronales y sindicatos) quienes tienen la influencia política, la responsabilidad social y la organización suficiente para desplazar los intereses de la sociedad desde el eje tradicional de la rivalidad CAPITAL-SALARIO al nuevo eje de la cooperación EXCEDENTE-CONSUMO. Con este movimiento, la rueda económica básica se desbloqueará, y el principio que gobierna el eje de la rivalidad concretado en la expresión “lo que se lleva el salario no se lo lleva el capital” será sustituido por el principio que gobierna el eje de la cooperación concretado en la expresión “el excedente de la productividad se tiene que distribuir y supeditar al consumo”. De lo contrario el capitalismo no sobrevivirá. Este cambio cultural de ejes producirá un periodo de crecimiento económico sano. La economía digital nos brinda una oportunidad para hacerlo.

En último término detrás de este cambio de ejes hay una fuerte voluntad social de cooperar para redistribuir la riqueza financiera, como abordaré en el punto 6. La decisión de cooperar en el eje EXCEDENTE-CONSUMO, deben adoptarla los agentes sociales, y deben respaldarla los Gobiernos-Estado. Justo lo contrario de la política laboral que vienen haciendo los Gobiernos, y que consiste en que el Gobierno-Estado potencia las exigencias de uno u otro agente social en función del color político del Gobierno. Esta dinámica de visión cortoplacista agrava la situación económica que padecemos.

Al trabajar con la visión del eje EXCEDENTE-CONSUMO, nos vemos obligados a abandonar el eje COSTE-INGRESO de la supervivencia individual, y a desplazarnos al eje EMPLEO-PRODUCCIÓN de la supervivencia colectiva. En resumen, producir un giro de 90 grados en los dos ejes tradicionales de la negociación laboral (rivalidad y supervivencia individual), situaría a la sociedad en dos nuevos ejes, el de la cooperación y el de la supervivencia colectiva, abriéndonos una ventana de oportunidad para repensar la economía (ver punto 6), ya que en los nuevos ejes se ubican tres mercados esenciales para redefinir la economía: el mercado de consumo, el mercado de producción y el mercado de empleo. Actualmente estos tres mercados están sometidos al mercado de capitales a causa de los ejes tradicionales de la negociación colectiva.

Para finalizar esta argumentación, voy a representar en la figura 6 la visión integral de la nueva negociación colectiva, ubicando sobre la rueda económica básica descrita en el punto 2, los cuatro ejes expuestos (dos rojos tradicionales y dos verdes de futuro).


El historiador Yuval Noah Harari en el capítulo 3 de su obra Homo Deus, después de reflexionar sobre el alma humana, la evolución, los ordenadores y sus algoritmos y la mente humana concluye con una teoría ingeniosa que basa en tres elementos: 1) la cooperación, 2) la imaginación humana y 3) las redes intersubjetivas creadoras de “entidades intersubjetivas”. Me pregunto: ¿pueden considerarse las redes sociales como redes intersubjetivas en el sentido dado por Harari?.

Harari afirma que “Las entidades intersubjetivas dependen de la comunicación entre muchos humanos” (pág.165), algo que hacen las redes sociales, y unos párrafos antes manifiesta que “si los sapiens gobiernan el mundo es porque solo nosotros podemos cooperar de manera flexible en gran número” (pág. 158). Mi análisis de las relaciones laborales y de la negociación colectiva no parece confirmar la teoría de Noah Harari sobre la cooperación. A pesar de ello, considero que estamos obligados a cambiar los ejes de la cultura laboral y empresarial, no sólo por razones de eficacia económica, sino por estrictas razones de supervivencia colectiva. Mi propuesta es que los Gobiernos-Estado de las democracias consolidadas deben esforzarse por conseguir que los agentes sociales (patronales y sindicatos) se desplacen de los ejes de la negociación actual a los ejes de la negociación futura. Pueden fomentar este movimiento adoptando medidas de política económica innovadoras que impacten en los mercados de consumo, de producción y de empleo, y abandonando las viejas recetas que les exige la doctrina monetarista y el mercado de capitales. Trataré de explicar a continuación cómo se puede hacer esto.


5. MONETARISMO, MERCADOS Y SINDICATOS.

(El monetarismo gobierna los mercados y la economía:

Debemos superarlo para seguir avanzando).

Monetarismo y austeridad

En 2010 el “Center for Economic and Policy Research” (CEPR) de Washington encargó a los economistas Mark Weisbrot y Juan Montecino un trabajo sobre “alternativas a la austeridad fiscal en España”. Su contenido me ha llevado a reflexionar sobre el monetarismo y los males que esta teoría económica, convertida ya más en doctrina dogmática que en conocimiento científico, nos ha ocasionado socialmente y los que nos puede ocasionar en el futuro si nadie pone límites a la misma. Como dice George Soros en su libro “El nuevo paradigma de los mercados financieros” (Taurus, 2008) “no sólo el actual paradigma - la teoría del equilibrio y su derivado político el fundamentalismo de mercado - se ha demostrado incapaz de explicar el estado actual de los acontecimientos (financieros), sino que puede considerársele responsable de habernos metido en el lío en que nos encontramos. Necesitamos un nuevo paradigma como agua de mayo”. Lo dice alguien que ha vivido a fondo el monetarismo y sus efectos en los mercados financieros. Un testimonio valiente y nada servil cuya lectura recomiendo.

La política económica “rigor mortis” que están aplicando los Gobiernos europeos y cuyo coste social e individual hemos soportado los ciudadanos, y más concretamente los trabajadores europeos, no está teniendo resultados positivos. Cada día que pasa se nos empobrece algo más con la esperanza de que tocaremos fondo y podremos volver a endeudarnos y a crecer económicamente. Algunos economistas denuncian esta falsa ilusión generada por el monetarismo y propugnan alternativas de política económica distintas al castigo que bancos y gobiernos están infligiendo a los ciudadanos, pero son minoría y no tienen influencia en la política europea ni en los organismos internacionales.

En mi opinión la causa de tantos males reside en la forma como la doctrina económica monetarista ha conseguido gobernar los mercados y muy especialmente el mercado financiero desde hace 4 décadas. Los Gobiernos de los países avanzados, que por cierto es en los que se ha engendrado la crisis financiera, han perdido el control de sus Bancos Centrales en los últimos 40 años y, y con ello han perdido el poder sobre el dinero, y aunque el dinero físico cada día tiene menos importancia, el dinero virtual aún no ha llegado a implantarse en la economía digital, aunque lo hará.

La pérdida de control de los Gobiernos-Estado sobre el proceso de creación del dinero no siempre ha sido así. En las fases primeras del capitalismo, los Gobiernos-Estado han controlado y creado los Bancos Centrales a los que encomendaron el monopolio de crear dinero. Pero en la década de 1970 surgió una polémica entre los economistas sobre la mejor manera de controlar la inflación avivada por la subida de los precios del petróleo, y en el ojo del huracán se colocó la facilidad que los Gobiernos-Estado tenían para emitir dinero y acudir al crédito de sus Bancos Centrales como una causa más de inflación y en esto el monetarismo tenía razón. La inflación desatada tenía poco que ver con el precio del petróleo, pero la ocasión era buena para cuestionar el poder de los Gobiernos-Estado para acudir a la creación de dinero legal cuando pasaban por dificultades financieras, poder que indignaba a los monetaristas. La batalla doctrinal se saldó con el triunfo del monetarismo y las tesis de la escuela económica ultraliberal de Chicago liderada por Milton Friedman. Los líderes políticos, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, fueron los encargados de consolidar el triunfo de la doctrina monetarista en la política económica de sus países y quienes la extendieron después al resto del mundo a través del FMI, el Banco Mundial y el llamado consenso de Washington. Si no se tienen en cuenta los principios y axiomas del monetarismo no es posible entender la quiebra financiera del sistema capitalista producida en 2007-2008, y lo que hoy nos sucede. ¿Cuáles son esos principios?

Principios del monetarismo.

Los principios del monetarismo son de uso común, porque hemos estado y seguimos estando inmersos en ellos. Son puro capitalismo neoliberal (capitalismo clásico del siglo XIX reciclado para ser útil a finales del siglo XX y principios del XXI). Enumeraremos los más relevantes: Primero.- Desregulación de toda la actividad económica, que debe de ser gobernada por la mano invisible del mercado en equilibrio y auto-regulado, y no por las normas de los Gobiernos ni por su intervención en la economía. Segundo.- Libertad de creación y diversificación de los activos financieros por la banca, que deben ser comercializados libremente en todas partes, sin limitación legal alguna ni control de los Gobiernos. Tercero.- Libre circulación de capitales entre países para mejorar la asignación de los recursos financieros existentes y la riqueza económica de todos. Cuarto.- Reducción de la presión fiscal (bajada de impuestos) para favorecer la actividad y el crecimiento económico. Quinto.- Eliminación de los salarios mínimos y de cualquier clase de interferencia política sobre el precio de los factores de producción (capital, trabajo, materias primas y tecnología). Sexto.- Control de las variables monetarias (especialmente de la creación de dinero) por una autoridad monetaria independiente de los Gobiernos-Estado, y que debe tener como tarea principal el control de la inflación de precios.

Algunos de estos principios (el segundo y el tercero) están hoy subsumidos en el concepto de la globalización económica imperante. Otros (el primero, el segundo y el sexto) son los causantes de la quiebra financiera del capitalismo aunque han vuelto a aplicarse una vez pasado el susto inicial, y finalmente un tercer bloque (el cuarto y el quinto) siguen siendo impulsados a través de la política económica promovida por el FMI y el Banco Mundial, ahora propugnada con menos arrogancia que en las décadas de 1980 y 1990. Este es el marco general, pero a efectos de las políticas de austeridad que aplican en sus Estados-nación los Gobiernos europeos y de la propuesta alternativa que hacen Weisbrot y Montecino, lo que nos interesa es el principio sexto del monetarismo ¿por qué?

Porque la alternativa que Weisbrot y Montecino plantean es una monetización suave de la deuda pública (deuda soberana) de los Estados europeos. Lo dicen claramente en relación al caso español: “El problema radica en que España no posee un banco central que pudiera adquirir la deuda del país a través de la creación de liquidez monetaria. Por tanto esto tendría que llevarse a cabo a través del Banco Central Europeo” (BCE). Esto es lo que ha hecho en los últimos años el Presidente del BCE, Mario Dragui, con gran disgusto de Alemania. Ambos economistas están cuestionando el principio sexto del monetarismo militante. Aportan argumentos sólidos de lo que están haciendo los Gobiernos de EE.UU. y Japón con sus Bancos Centrales (adquirir billones de dólares de deuda soberana del propio país), pero lo que ellos proponen para Europa es pecado mortal para los monetaristas europeos, ahora más papistas que los monetaristas americanos y japoneses.

Desde la década de 1970 los Gobiernos-Estado de los países de la UE han perdido el control de sus bancos centrales y el poder de la emisión de moneda nacional. Con el nacimiento del euro en el año 2000 esa pérdida se consolidó definitivamente en las naciones-Estado de media Europa y curiosamente es con Gobiernos débiles o inexistentes, como el caso del Consejo Europeo y la Comisión Europea de la UE, donde esta pérdida se demuestra más dañina. Conclusión: los Gobiernos nacionales de Europa actúan ahora al dictado del Banco Central Europeo (BCE) y el BCE lo hace al dictado de los monetaristas del FMI, del Banco Mundial y de la propia Europa para desgracia de los países europeos en dificultades con su deuda soberana. ¿Pero cómo es que los Gobiernos de EE.UU. y Japón hacen lo que el BCE no hace para los Gobiernos nacionales de Europa? ¿A quién beneficia esta política monetaria fundamentalista, quebrantada en parte por Mario Dragui?.

El monetarismo y la creación de dinero

La respuesta a esta pregunta encierra las claves del grave estancamiento económico que se está embalsando en Europa y del duro ajuste fiscal y presupuestario que algunos Gobiernos-Estado europeos están imponiendo a sus ciudadanos. Neutralizado el BCE y su política monetaria expansiva, las necesidades de financiación de los Gobiernos-Estado europeos quedan ahora en las manos exclusivas del mercado financiero global y privado. Justo lo que quieren los monetaristas: todo el poder para el mercado global de capitales y ninguno para los Estados-nación. Un mercado financiero enlatado en una teoría económica de los mercados basada en axiomas falsos porque el mercado global de capitales ni es transparente, ni es perfecto ni es competitivo ni es eficiente, ni funciona en equilibrio. Por el contrario los hechos prueban que es un mercado global, especulativo, codicioso y que funciona con espasmos irracionales. Un mercado que no trata a los países de Europa como sociedades necesitadas de financiación a un precio justo para salir de la recesión, sino como enfermos débiles a los que hay que exprimir hasta la quiebra si ello maximiza los beneficios de la inversión financiera. Ya hemos sufrido en 2012 una primera oleada de ataques especulativos a la deuda soberana nacional. Con el escenario que hemos expuesto, es estúpido creer que la guerra ha concluido. Vendrán nuevos ataques. ¿Pero por qué el BCE protege la codicia de los capitales financieros privados y de los inversores en lugar de proteger el bien común de los ciudadanos europeos?.

Porque los Bancos Centrales, siguiendo la doctrina económica monetarista, han dejado de estar al servicio de los Gobiernos y los ciudadanos, y se han convertido en el trasatlántico de lujo en el que viajan la banca, los capitales financieros privados y los inversores codiciosos. El controlador ha pasado a ser gobernado por los controlados. Esta ha sido una de las “jugadas perfectas” del monetarismo: quitar el poder de crear dinero a los Gobiernos-Estado y otorgárselo a los banqueros. En el trasatlántico de la Reserva Federal Americana la juerga financiera duró casi 30 años (desde la Presidencia de Reagan), y ha sido tan exitosa que han estado a punto de hundirse ellos y hundirnos a todos, por lo que el Gobierno norteamericano ha tenido que intervenir para salvar la situación. No ha tomado el control del trasatlántico, pero ha desembarcado en él como un viajero más y ha puesto orden intentado acabar con la fiesta. ¡Ya veremos si lo consigue!. En Japón pasó otro tanto de lo mismo en la década de 1990 y aún andan renqueando. ¿ Y en Europa?.

En Europa estamos desequilibrados y sufrimos los efectos del enanismo político. Tenemos una cabeza gigantesca de burócratas en Bruselas, y un cuerpo raquítico de políticos de bajo perfil tomando decisiones en el Consejo Europeo. Queremos ser un país grande - Europa - con gobiernos y políticas pequeñas: tenemos una moneda común sin un presupuesto común, una política fiscal común y una deuda pública común; tenemos un parlamento común sin partidos políticos comunes ni Gobierno común al que controlar y exigir; tenemos un banco central común sin una política monetaria y una balanza de pagos común que respalde la moneda; tenemos una bandera común sin un ejército, una policía, una justicia y una diplomacia común. La Unión Europea nació para crear un espacio económico común, y cuando han llegado las verdaderas dificultades económicas, se demuestra que la Unión se rompe en pedazos. Ante la amenaza de impago de la deuda soberana nacional, los políticos de los Gobiernos-Estado nacionales se reúnen periódicamente en el Consejo Europeo para decidir que cada gobierno nacional estruje a sus ciudadanos y salga del atolladero por sus propios medios y como pueda. ¿Pero qué Unión Europea es ésta?.

Una realidad amarga que nos negamos a ver. Lamento que los políticos europeos de todas las tendencias ideológicas hayan sido atrapados por el monetarismo y sus principios. El monetarismo ha demostrado máxima habilidad, no para resolver nuestros problemas económicos, sino para debilitar a los Gobiernos-Estado y a los políticos en quienes hemos delegado nuestra representación democrática. En materia de política monetaria y con la escusa de controlar la inflación de precios, el monetarismo primero ha quitado a los Estados el control de los bancos centrales y el poder de crear dinero. Luego ha puesto a los bancos centrales al servicio de la banca y ha otorgado a ésta el poder exclusivo de fabricar dinero a través de la creación de activos financieros. Por último nos ha sorprendido a todos fusionando el mercado de dinero con el mercado de productos financieros e inutilizando de raíz los instrumentos de política monetaria que tenían los Gobiernos-Estado para hacer política económica. Los ciudadanos europeos entenderían la existencia de unos Estados nacionales cada vez más débiles si ello se acompañara de un Gobierno Europeo cada vez más fuerte. Pero las cosas no están evolucionando así. Los poderes que el monetarismo retira a los Estados-nación no se los entrega al Gobierno Federal de la Unión Europea sino a los mercados. Y los mercados nos han llevado a la quiebra financiera en 2007-2008 y ahora trabajan para llevarnos a la quiebra social obligando a los Gobiernos-Estado a aplicar severas medidas de ajuste fiscal y presupuestario en nombre de la reducción del déficit público. ¿Quién puede oponerse a tan fatal destino?.

Aunque nos parezca extraño, queda el sindicalismo. Los trabajadores no son los beneficiarios naturales de una economía de mercados gobernada por el monetarismo. Los mercados, tal y como los concibe la teoría monetarista, carecen del contenido social y del interés colectivo descritos en el punto 4. Para la doctrina monetarista todo queda supeditado al principio de la eficiencia económica y de la maximización del beneficio empresarial: la alimentación, la seguridad, la salud, la educación, la pensión, el gasto público, las condiciones de empleo, la distribución de la riqueza etc.; incluso la monetización suave de la deuda soberana que proponen Mark Weisbrot y Juan Montecino. Al monetarismo, los ejes de la cooperación y la supervivencia colectiva le importan un comino, y tampoco le importó que los Gobiernos-Estado monetizaran en 2008 las deudas privadas tóxicas para evitar la quiebra de los bancos, pero se opone radicalmente a que se monetice la deuda soberana nacional para evitar la quiebra de los Estados-nación europeos. La contradicción es tan evidente que sobran calificativos. No podemos ser ingenuos. Los intereses económicos de los privilegiados anidan detrás de esta doble vara de medir. Por fortuna el sindicalismo parece ser la única organización social europea de importancia que aún mantiene viva la resistencia al monetarismo y a sus políticas.

Los sindicatos europeos están evaluando la oportunidad de convocar una huelga europea de resistencia y últimamente han constituido, en las grandes empresas europeas, comités europeos de negociación colectiva. Los ciudadanos de Europa haríamos bien apoyando masivamente estas iniciativas para obligar a los Gobiernos-Estado y al Banco Central Europeo a deshacerse del monetarismo que practican y a innovar sus políticas económicas. Si los ciudadanos no respaldamos masivamente esas llamadas a la resistencia, creo que lo lamentaremos mucho porque si el sindicalismo europeo es atrapado también por el monetarismo y silenciado por los medios de comunicación, las cosas se van a complicar más de lo que están. Un sistema político-económico puede contener la rebelión de sociedades masivamente empobrecidas durante un tiempo, pero no puede contenerlas todo el tiempo.


6. MERCADOS Y EMPLEO: REPENSAR LA ECONOMÍA.

(El dinero está en mercados tóxicos y en manos improductivas).

La sociedad se ha reducido a economía y la economía a finanzas.

Debemos redistribuir la riqueza financiera.

Entre 2008 y 2010 los bancos centrales y los Gobiernos-Estado inyectaron más de 40 billones de dólares (millones de millones) de liquidez en la economía mundial. Aproximadamente 6.000 dólares por ser humano. Este dinero es de nueva creación. Como hemos explicado en el punto 5, el monetarismo se movilizó para quitar a los Gobiernos-Estado el poder de crear dinero, pero cuando en 2007-2008 llegó la crisis sistémica de confianza, los mismos vigilantes de la ortodoxia monetaria tiraron sus principios por la ventana y presionaron a los Gobiernos-Estado para respaldar la fabricación masiva de dinero nuevo, porque sólo los Gobiernos-Estado ofrecen suficientes garantías de confianza sistémica a los ciudadanos.

Los monetaristas exigieron dinero nuevo para cubrir principalmente cuatro grandes objetivos: 1). Sanear los balances bancarios falseados y quebrados (estafa financiera masiva). 2). Reactivar los mercados de activos financieros (incluidos los activos tóxicos). 3). Garantizar los depósitos bancarios de los ciudadanos (evitar el pánico bancario). Y 4). Reactivar la actividad económica (crecimiento y empleo). Los tres primeros objetivos ya parecen conseguidos, pero el cuarto (recuperar la economía y el empleo) parece inalcanzable. La economía global, y en especial la de los países occidentales, no acaba de arrancar. Los crecimientos son lentos, débiles e inseguros ¿Qué está pasando?.

Pasa que el dinero líquido ya hace tiempo que abandonó los mercados físicos (mercados reales de bienes y servicios) y se ha desplazado a los mercados virtuales de títulos y papeles (mercados de activos financieros). Menos del 25% del dinero líquido está dedicado a la economía real. El resto opera en los mercados financieros. Los gobernantes no se atreven a tomar medidas para corregir este desequilibrio, y buscan soluciones equivocadas allí donde les ordenan los mercados financieros de títulos y papeles: en la reducción de los salarios para ganar competitividad internacional, en la reducción de gasto público y subida de impuestos para alcanzar el equilibrio presupuestario, en el recorte de prestaciones sociales, sanidad y educación para reducir la deuda pública, etc.. Todas son iniciativas dolorosas para los ciudadanos y negativas para los mercados de la economía real, pero beneficiosas para los mercados financieros y el mercado global de capitales. Los Gobiernos-Estado prefieren golpear a sus ciudadanos y empobrecerlos en lugar de controlar a los financieros y su mercado de títulos y papeles, verdaderos causantes de la crisis sistémica.

Le explicación a este comportamiento es sencilla: los financieros son quienes tienen el poder global y real, pero además muchos ciudadanos de a pie invierten también en los mercados financieros. Más del 75% del dinero líquido está dedicado a operar con títulos y papeles del mercado financiero global, que es el negocio de los financieros, y ese porcentaje sigue subiendo. Los financieros necesitan cada vez más y más dinero líquido para mover ese mercado global de títulos y papeles en el que tienen atrapados no ya sólo a los ciudadanos occidentales, sino a toda la humanidad. Son la nueva aristocracia del mundo. El mercado de títulos y papeles (un mercado virtual y global gestionado electrónica y digitalmente) se come toda la liquidez de la economía. Se comió la liquidez de los ciudadanos y las empresas mediante el proceso de “bancarización” y también quiere la liquidez de los Estados, si es que tienen alguna. Su voracidad no conoce límites. El mercado de títulos y papeles es el que nos elevó a la gloria del hiper-consumo y el hiper-endeudamiento primero y el que nos ha hundido en la bancarrota y la miseria después.

¿Pero quiénes y cuántos son los que se benefician del movimiento continuo de precios de los productos financieros en el mercado global de títulos y papeles, un movimiento que cada vez consume más liquidez? Son los financieros y una minoría de ciudadanos de a pie que viven de comerciar y especular en los mercados financieros de títulos y papeles. Además ahora ese mercado es tan sofisticado que sus actores ya no sólo pueden ganar dinero cuando sube el precio de los títulos y papeles, sino también cuando baja (productos derivados). Y para que los precios de los títulos y papeles suban y bajen para volver a subir y bajar cada día e incluso varias veces en el mismo día se necesita más y más liquidez. Ante esta realidad, que controla y gestiona una minoría utilizando el dinero líquido de todos y a la que hemos llenado los bolsillos a cambio de nada, poco podemos hacer de forma individual para cambiarla. Estamos atrapados, aunque todavía tenemos capacidad para organizarnos de forma colectiva mediante los Gobiernos-Estado democráticos. Ignoro por cuánto tiempo dispondremos de esta oportunidad en Europa a la vista del ascenso de los populismos autoritarios.

La crisis vino del mundo financiero y de donde vino el problema es de donde puede venir la solución. Tenemos mecanismos para resolver el problema pero existe un condicionante básico inicial: En todos los casos los Gobiernos-Estado tienen que obligar a los financieros a poner el dinero al servicio del conjunto de la sociedad en lugar de utilizarlo para servirse a sí mismos, a sus negocios y a los inversores. Esto no les gusta a los financieros, porque les obliga a compartir el poder y la riqueza que ahora acumulan sin límites y con facilidad. Están en una posición de dominio y extraen del sistema mucho más de lo que aportan. No sirven soluciones ingenuas como nacionalizar los mercados de títulos y papeles o prohibirlos en su totalidad. Demasiado simple para ser eficaz. Aportaré otras soluciones algo más complejas.

Una solución posible es que los Gobiernos-Estado tomen medidas cooperativas de política económica e institucional para que la mayor parte del dinero regrese a los mercados físicos de bienes y servicios. Es lo que algunos políticos resumen en la expresión “que vuelva a fluir el crédito a empresas y familias”. Hasta ahora no han tomado ninguna medida en ese sentido, y están esperando que el vaso de la piscina del mercado virtual de títulos y papeles rebose de liquidez y vierta agua a la economía real. Ni siquiera se han planteado la posibilidad de que ese vaso no rebose nunca. Hace tiempo que los economistas debían haber advertido a los políticos del desdoblamiento de la economía: por un lado la economía real articulada en mercados físicos de bienes y servicios, y por otro la economía financiera articulada en mercados virtuales de títulos y papeles. Esta última es un espejo aumentado de la primera. Los tecnólogos me entenderán si digo que es “realidad aumentada”. Para entender esta dualidad, hay que rasgar el velo monetario, y la forma como este velo se ha superpuesto a la realidad económica. Una tarea delicada a la que los estudiosos de la economía no han prestado ni prestan atención.

Añadiré que la solución enunciada no es suficiente para que la economía arranque, pues la mayor parte del dinero no sólo está ahora en los mercados equivocados (los virtuales - muchos de ellos tóxicos - en lugar de los reales), sino también en las manos de quienes tienen tanto dinero y riqueza, que ya no los utilizan para consumir (manos-muertas-para-el-consumo), sino para invertir de nuevo, como ludópatas compulsivos, en el mercado de títulos y papeles. El dinero, además de volver a los mercados reales, tiene que estar en manos de quienes lo utilicen en el consumo y la producción (manos-vivas-para-el-consumo), es decir hay que redistribuirlo a fin de que la rueda económica básica descrita en el punto 2 comience a girar de nuevo. Porque lo mismo que entre los siglos XV a XVIII el dinero en las manos-muertas de la aristocracia terrateniente era dinero improductivo, en el siglo XXI el dinero en las manos-muertas de la aristocracia financiera y los inversores ludópatas es también dinero improductivo. Estos son los dos objetivos principales que deberían tener los Gobiernos-Estado para salir de la crisis. Pero no están tomando ninguna medida económica ni para devolver el dinero a los mercados reales, ni tampoco para redistribuir la riqueza financiera hacia las manos-vivas-para-el-consumo. Más bien están haciendo lo contrario, fomentando que el sistema agudice las desigualdades. Hay ya suficientes estudios e informes que demuestran la creciente desigualdad.

Otra solución posible es aprovechar la situación para extraer bien del mal. El mercado de títulos y papeles es un diamante en bruto, que dejado en manos de los codiciosos, nos ha traído la crisis y nos conduce al desastre. Pero si los Gobiernos-Estado cooperaran para llevar ese diamante bruto al taller público de la regulación y la intervención y pulirlo, podría sernos de mucha utilidad. Para ello, entre otras medidas, tienen que promover que se democratice y universalice el acceso a ese mercado de modo que la mayoría de los ciudadanos puedan beneficiarse del mercado global de títulos y papeles. Actualmente sólo una minoría de ciudadanos se beneficia de ese mercado, que utilizan para acumular más y más riqueza personal, con frecuencia improductiva y ubicada en paraísos fiscales a fin de eludir el pago de impuestos.

Los Gobiernos-Estado tienen el poder político y democrático para diseñar medidas redistributivas de política económica tendentes a conseguir que cada vez más ciudadanos perciban ingresos provenientes de los mercados globales de títulos y papeles. Esto no les gustará a los financieros e inversores codiciosos, pero los Gobiernos-Estado democráticos no están para satisfacer a los codiciosos, sino para redistribuir la riqueza generada en los mercados de títulos y papeles. Porque en mi opinión, una redistribución de la riqueza financiera es el combustible que puede poner en movimiento, a través de los mercados de la producción y del consumo, la rueda económica básica que he definido anteriormente, y por tanto la economía real y global.

Puede haber otros enfoques de solución, pero nos conducirán a la misma conclusión final: HAY QUE REDISTRIBUIR LA RIQUEZA FINANCIERA PARA PODER RELANZAR LA ECONOMÍA. Esa redistribución no sólo debe ser entre ciudadanos, sino también entre países. Algo de lo que “los mercados de títulos y papeles” no hablan y en lo que los Gobiernos-Estado no piensan. Ahora la riqueza financiera ya se está redistribuyendo, pero en sentido inverso, que es el modo que gusta a los financieros codiciosos y a los inversores ludópatas: de los que menos tienen a los que más tienen. Un ejemplo-Estado de este inmenso error es la solución que se ha dado a la sociedad griega: sacrifíquense Uds., empobrézcanse lo que haga falta y devuélvannos cuanto antes el dinero que les hemos prestado. Es una solución entre países vecinos y amigos que sigue el patrón de conducta de los financieros codiciosos e inversores ludópatas que actualmente dominan el mercado de títulos y papeles. ¿A dónde creemos que podemos llegar con esa clase de valores morales?.

Las “tripas de los mercados” de títulos y papeles.

Después de lo dicho parece oportuno realizar un viaje a las tripas del mercado de títulos y papeles para entender cómo funciona. La expresión “los mercados” es un término conceptual que se ha consolidado en los medios para referirse al sistema financiero. El sistema financiero se ha convertido en un problema global que sólo pueden solucionar los Gobiernos-Estado si asumen trabajar en los ejes de la cooperación y la supervivencia colectiva de la visión integral de la economía real que desarrollé en el punto 4. Hasta ahora no han hecho nada. A la mayoría de las personas les cuesta entender cómo funcionan “los mercados”. Vamos a utilizar una operación de la economía real como es la compra de un coche para explicar el proceso a través del cual “los mercados” crean productos financieros para ganar dinero comerciando con el riesgo. Demostraremos cómo en el proceso de “financiarización”, los agentes económicos hacen lo que no deben y no hacen lo que deben. Entraremos en las tripas del dios de “los mercados”. Es un pequeño paso para entender los males de nuestras sociedades, que seguirán agravándose si los Gobiernos-Estado no los corrigen cooperando entre sí. Porque el problema es global y la solución sólo puede ser global y basada en la cooperación multilateral. Como dice uno de mis amigos “los problemas económicos se han globalizado, pero los sociales continúan siendo nacionales e incluso locales”.

Opino que es el mercado financiero de títulos y papeles el que está impidiendo una salida racional y correcta de la crisis económica. Los medios de comunicación al referirse a este mercado con la denominación genérica de “los mercados”, han contribuido a elevarlo a la categoría de “mercado supremo” y a crear en el imaginario de los ciudadanos un sentimiento colectivo de reverencia y temor ante este nuevo dios de la economía. El dios de “los mercados” es capaz de lo mejor y de lo peor, y tiene rasgos bien definidos: no tiene rostro ni Estado, su símbolo es el dinero líquido, no necesita el empleo para funcionar, se alimenta de productos financieros (activos) muchos de ellos tóxicos, le basta disponer de contratos económicos y redes de comunicación para operar, y ante su altar se sacrificaron primero algunos bancos y después algunos países europeos. Se está sacrificando ahora a España e Italia, y al paso que vamos, se sacrificará también Europa y la economía global. En manos de este dios, los Gobierno-Estado son como plumas al viento. Sólo medidas conjuntas de los Gobiernos-Estado más poderosos podría dominar este monstruo. A más de 10 años de la gran crisis sistémica, los Gobiernos-Estado no han hecho otra cosa que poner nuevo alimento encima de la mesa (liquidez) para satisfacer al monstruo. No le han debilitado. Sólo le han engordado.

¿Pero cómo son las tripas de este dios al que todos nos sometemos, incluidos los Gobiernos-Estado?. No es sencillo explicarlo. Como las tripas físicas, son largas y están revueltas, pero no desordenadas. Por sus conductos, circulan continuamente activos financieros de diversas clases, muchísimos de ellos tóxicos. Vamos a intentar explicarlo acudiendo a una experiencia económica real que casi todos los ciudadanos vivimos incluso más de una vez a lo largo de nuestra existencia: comprar un vehículo. ¿Quién de nosotros no ha comprado un vehículo o conoce a alguien que lo haya comprado?.

Hay dos formas de comprar un vehículo. Primera: pones el dinero encima del mostrador y te llevas el vehículo del concesionario. Esto es economía real y directa. En ese caso el mercado de títulos y papeles queda desairado y no se lleva nada. Esta es una buena operación para la economía real del concesionario y la cuenta de resultados del fabricante de automóviles, pero es una pésima operación para “los mercados financieros”. Así el dios de “los mercados” no gana dinero y eso no le gusta nada. Tenemos ya una primera conclusión de cómo funciona este dios: hay que hacer todo lo posible para que las cosas no se paguen al contado a fin de no desairar al dios de “los mercados”. Y para que las cosas no se paguen al contado, ciudadanos, empresas y hasta los Estados tienen que poseer la menor cantidad posible de dinero líquido a fin de que tengan que acudir al crédito. Esta es una regla de oro para el dios de “los mercados”. Ahora podemos entender mejor por qué el modelo económico en el que vivimos se organiza para pagar salarios escuálidos, combate el reparto de la riqueza y deja sin liquidez a las empresas, a los Estados y a los ciudadanos.

Segunda manera de comprar un vehículo: firmas un contrato de compra-venta a crédito con el concesionario o el fabricante. Eso ya está mucho mejor. Cuando firmas algo ya hay un papel (el contrato) con obligaciones y derechos económicos para las partes, y el dios de los mercados de títulos y papeles ya tiene trabajo que hacer, pues el contrato, que recoge un acuerdo entre partes (el concesionario o fabricante y el comprador del vehículo) con obligaciones para una y derechos para otra, es un papel con riesgo. ¿Riesgo?. ¿Dónde?. ¿Pero no es un contrato?. Claro, y los contratos pueden no cumplirse por la parte que tiene obligaciones de pago, y ese es el riesgo. Y si hay riesgo, el dios de “los mercados” ya puede ponerse a trabajar. Pero la realidad es que la mayoría de las personas cumplimos escrupulosamente los contratos. ¿Dónde está el riesgo?. Bueno, eso no se toma en consideración. El dios de los mercados trabaja como si todos fuéramos potenciales insolventes. ¿Y qué hace?. Muy sencillo: ganar dinero con el riesgo. ¿Y cómo lo hace?. Eso es un poco más complicado de explicar, pero lo intento.

El punto de partida de todo el proceso es el fabricante-concesionario, porque el fabricante-concesionario es el creador y primer dueño del papel. Es él quien ha firmado el contrato de compra-venta con el cliente, y si guarda ese contrato en el cajón, no hay alimento para el dios de los mercados de títulos y papeles. Sin el fabricante-concesionario y su contrato (el papel), nada podría hacer. Pero donde hay un contrato, allí se persona rápidamente el dios a ver cómo le saca provecho. Y la primera operación que hace nuestro dios es convencer al fabricante-concesionario de una operación beneficiosa para todos: “la titulización” del contrato firmado. ¿Titulización?: ¿Qué es eso?.

Titulización es la forma de convertir el contrato jurídico de compra-venta a crédito del automóvil en un activo financiero estructurado. Los activos financieros son el pan con el que se alimentan “los mercados” financieros. Cualquier operación soportada en un contrato que encierra pagos e ingresos futuros puede ser objeto de “titulización”: el alquiler de un inmueble, la compra a plazos de cualquier máquina, el crédito, la hipoteca, el seguro etc. Obviamente por esta operación, el “titulizador” se cobrará su ganancia. ¿Pero quién tiene el poder y las capacidades para convertir contratos jurídicos como el de compraventa de automóviles en activos financieros estructurados con posibilidad de ser negociados en “los mercados”?. Las entidades financieras, que son el sumo sacerdote del dios de “los mercados” de títulos y papeles, tienen ese poder. La banca viene a ver al fabricante-concesionario y tarda poco en convencerle de la conveniencia para todos (también para el propio fabricante-concesionario) de titulizar el contrato. Si además en la operación de compraventa hay una ayuda pública a cargo de fondos del Gobierno-Estado, la titulización es mucho más interesante. ¿Y eso?.

Pues porque aunque el fabricante-concesionario ha vendido el coche en 15.000 euros al comprador, si se incluye la ayuda pública el contrato vale 20.000 euros, y esa es una diferencia bien interesante para negociar con la titulización. Diferencias de precio en los activos financieros es la base del negocio de “los mercados” de títulos y papeles. Pero no vamos a adentrarnos en ese espinoso terreno. Volvamos a la titulización. Para el concesionario la principal ventaja de titulizar el contrato es que se quita de encima el riesgo de que el cliente deje de cumplir sus obligaciones de pagarle el vehículo y además cobra el importe del contrato. ¿Cómo se hace ésto?.

Vendiéndole a un tercero el contrato de compraventa a crédito del vehículo, ahora convertido ya en un activo financiero estructurado atractivo para “los mercados”. El banco vende el “título o papel”, y con el papel viaja el riesgo de que el comprador deje de pagar. El banco se cobra su por qué en la operación y se quita el riesgo de encima. El fabricante-concesionario cobra el importe del contrato (todo o la mayor parte), y se quita el riesgo de encima. Si no fuera porque se trata de la compraventa de un vehículo, podríamos pensar que alguien está lavando dinero. ¿Y a dónde viajan el contrato, convertido ya en activo financiero estructurado, y su riesgo?. ¿Quién es tan insensato como para prestarse a este “tinglado” del dios de los mercados?.

Según los especialistas “creadores de mercados”, el activo financiero estructurado y el riesgo asociado al mismo lo compra en primera instancia el fabricante de vehículos, a través de la fábrica que en su momento vendió al concesionario el coche objeto del contrato, ahora ya convertido en activo financiero. ¿Un poco enrevesado el asunto, no?. Pues sí, pero para que el dios de los mercados de títulos y papeles gane dinero las cosas tienen que ser así. ¿Y es el fabricante de vehículos el que se queda con el riesgo de que el comprador deje de pagar?. Para ese viaje no hacían falta “alforjas”.

Cierto. Pero no es el fabricante el último que se queda con “la amenaza del riesgo”. El fabricante del vehículo coloca el activo financiero estructurado, a través de otra institución financiera, en los fondos de inversión o en los fondos de pensiones. Estos compran el papel a cambio de una prima, o con la expectativa de poder colocar el activo financiero a otro fondo inversor en el caso de que los “creadores de mercados” hayan conseguido crear un mercado para estos activos financieros donde los títulos se puedan comprar y vender, ganando dinero. ¿Quién es entonces el último tenedor del contrato titulizado y del riesgo de impago del comprador del vehículo?.

Esta es la pregunta esencial de todo el proceso que hemos descrito. El riesgo de insolvencia del comprador del vehículo del fabricante F se lo queda como último garante el fondo de pensiones de los trabajadores de la fábrica “Fa”, o el fondo de inversiones de los ciudadanos del Fondo “Fi”. En conclusión, que el dios de los mercados de títulos y papeles, ese al que tanto tememos y reverenciamos, ha conseguido que el riesgo de impago de los ciudadanos compradores de vehículos del fabricante F lo soporten los trabajadores partícipes del fondo de pensiones “Fa” o los ciudadanos partícipes del fondo de inversiones “Fi”. Así es como se consigue que el riesgo se diluya en la sociedad y eso es lo que se hizo en 2008 con los inmuebles norteamericanos. Ahora es cuando puede entenderse mi afirmación del punto 1 sobre el predominio de los mercados financieros sobre el resto de mercados.

Siendo esto así, ¿cuáles son las consecuencias del proceso de “financiarización” de la economía que hemos descrito?.

La primera consecuencia es que ninguno de los actores que intervienen en la cadena de compra-venta de un vehículo hace lo que debe, y todos hacen lo que no deben. En la economía real se espera que la banca y los inversores obtengan su beneficio invirtiendo en los fabricantes de vehículos asumiendo el riesgo de la inversión en forma de calidad de los vehículos y gustos del consumidor. Se espera que el concesionario obtenga su beneficio de la comercialización de los vehículos fabricados asumiendo el riesgo de las ventas del competidor. Se espera que la financiera obtenga su beneficio de la operación de financiar la compra del vehículo asumiendo el riesgo de insolvencia del comprador. Se espera que la aseguradora obtenga su beneficio de la prima del seguro asumiendo el riesgo de accidente del conductor, etc.

Pero en la economía “financiarizada” todo funciona de otro modo a fin de transferir el riesgo a otros. Ninguno hace lo que debe, y todos hacen lo que no deben. La banca obtiene beneficios de fabricar activos financieros basados en contratos como si fuera un comisionista. La fábrica obtiene beneficios vendiendo activos financieros a su multinacional-matriz como si fuera un banquero. El concesionario obtiene beneficios titulizando el contrato de compra-venta como si fuera una financiera. La financiera obtiene beneficios titulizando los seguros como si fuera una aseguradora. La aseguradora obtiene beneficios titulizando los servicios postventa como si fuera un concesionario. Todo ello, una vez situados en las tripas del dios de “los mercados”, utilizando activos financieros cuyo subyacente es el contrato de compra-venta de un vehículo, activos que dislocan y tergiversan la realidad económica. Pero el gran maestro de ceremonias de este tinglado es el dios de “los mercados”. Nada podría hacerse sin su concurso.

La segunda consecuencia es que haciendo malabarismos financieros, “los mercados” de títulos y papeles consiguen que sean los ciudadanos quienes se hagan cargo del riesgo financiero de otros ciudadanos, mientras “los financieros e inversores” se llenan el bolsillo de dinero líquido jugando al juego de traspasar el riesgo financiero de unos ciudadanos a otros y cobrando por cada traspaso. Al final son los ciudadanos ahorradores los que se hacen cargo del impago de los ciudadanos compradores. ¿Pero cómo es esto posible?. ¿Pero no habíamos constituido los bancos, las financieras y las aseguradoras para que fueran las depositarias últimas del riesgo financiero?. Sí, pero no. Porque en la economía “financiarizada” todo es posible merced a la magia irresponsable de “los mercados”, esos que han dejado de servir a los ciudadanos, y que ahora ya sólo se sirven a sí mismo utilizando a los ciudadanos.

Espero haber aclarado algo el interior de las tripas del monstruo al que los medios de comunicación, los economistas y los políticos se refieren con el eufemismo de “los mercados”. Como he dicho antes, por esas tripas circulan otros activos financieros mucho más complejos y tóxicos que los activos basados en contratos de compraventa a crédito de vehículos, como es el caso de los productos derivados. Si analizáramos las tripas de cómo el monstruo fabrica y comercia con los derivados, nos pondríamos a temblar. Pero todos los activos tienen la misma raíz: son creados por los bancos a partir de contratos jurídicos, sin supervisión ni autorización previa de las autoridades políticas ni monetarias, con la finalidad de “comerciar y/o especular” con el riesgo financiero que contienen y para ganar dinero líquido. Esta actividad sin control de “los mercados” de títulos y papeles, realizada además a nivel global, es la que nos está matando poco a poco, y la que, llevada al límite, nos destruirá.

Y para terminar, una llamada de atención sobre la comodidad occidental. En los Estados-nación avanzados todos somos ciudadanos libres y responsables con derechos y obligaciones, pero hemos abdicado de nuestra tarea ciudadana. Tenemos la palabra, el voto, libertades públicas, cauces para la participación política y la fuerza de la unión pero estamos paralizados por la comodidad y por el conformismo. Todos sabemos que para cambiar las cosas hay que pelear, pero no estamos dispuestos al esfuerzo. Cuando llegue el tsunami financiero, anegándolo todo, no podremos alegar ignorancia. Sólo indolencia.

Volver a la raíz de la Economía: La Ética y la Filosofía.

No hay vida sin economía, pero ¿qué economía?. La economía suele definirse popularmente como la ciencia que se ocupa de satisfacer las necesidades materiales utilizando recursos escasos. Llama la atención que se omite en esta definición el fin primordial de la economía en el sistema económico capitalista vigente, a saber, satisfacer necesidades obteniendo la máxima retribución posible del capital aportado (maximización del beneficio en lenguaje popular). El diccionario de la lengua española define la economía como “ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales mediante el empleo de bienes escasos”. Es una definición técnica, que puede servirnos como punto de partida a fin de que podamos entendernos.

Lo más importante en el conocimiento científico, como en casi todo en la vida, es la finalidad de las cosas. La definición de economía que contiene el diccionario de la lengua y que hemos convenido como buena para entendernos incluye una finalidad: “satisfacer las necesidades humanas materiales”. Parece un fin noble. ¿Es real este fin de la economía o es sólo aparente ya que existe un “fin oculto” dominante?. Actualmente la economía está invadida por las matemáticas, y la ingeniería. Esta invasión ha sacralizado el modelo económico vigente (el capitalismo) dotándolo de un manto protector “técnico-científico”. Este manto es utilizado por los estudiosos de la economía para aceptar como una verdad absoluta e incuestionable el “fin oculto” de la ciencia económica capitalista: la maximización del beneficio. Todo pivota sobre esta maximización: el precio del dinero, las balanzas de pagos, las cuentas públicas, los servicios del Estado, el salario del trabajador, la acumulación de la riqueza, el funcionamiento de los mercados etc.

En realidad el fin no es tan oculto. Podemos considerar que está implícito en la definición que hemos consensuado al aceptar que la economía estudia “los métodos más eficaces”. Implícitamente nuestra sociedad ha aceptado que el “método más eficaz” es la “maximización del beneficio”. Así que podríamos incorporar este hecho a la definición del diccionario, y redefinir la economía como “ciencia que estudia cómo maximizar el beneficio para satisfacer las necesidades humanas materiales mediante el empleo de bienes escasos”.

Aparentemente todo parece encajar, pero en realidad hemos hecho trampa. Al sustituir “los métodos más eficaces” por “cómo maximizar el beneficio” estamos sustituyendo un medio (métodos) por un medio acompañado de un fin (maximizar el beneficio). Hemos incorporado el fin oculto a la definición de economía, y al hacerlo se pone en evidencia la gran contradicción de la economía capitalista porque ¿es compatible el fin de “maximizar el beneficio” con el fin de “satisfacer las necesidades humanas materiales”?. Conclusión: la definición y el contenido de la ciencia económica que ha consagrado el pensamiento capitalista es engañosa. Los expertos en economía son en realidad expertos en maximizar el beneficio. ¿Puede cambiarse esto?.

Para cambiar tenemos que ir a la raíz y volver a los orígenes. Porque la ciencia económica capitalista secuestrada por las matemáticas y la ingeniería ha hecho olvidar al hombre que la ciencia económica, en sus orígenes, es ciencia del pensamiento filosófico, es decir, filosofía. Aristóteles estudió la economía en su tratado de la “Ética” y es considerado el padre de la economía. Es ahí (al pensamiento filosófico y la Ética) a donde tenemos que regresar para recuperarnos como sociedad humana y redefinir la economía.

La economía tiene que ser rescatada por la filosofía y la sociología para su estudio y redefinición, sin abandonar la matemática y la ingeniería. Estas últimas deben ser materias instrumentales al servicio de una nueva finalidad que debe construirse desde el ámbito de la filosofía y la sociología. Es de los pensadores (filósofos y sociólogos) de los que podemos esperar un nuevo paradigma económico, no de los tecnólogos (matemáticos o ingenieros). Los expertos económicos actuales han sido secuestrados por las matemáticas y la ingeniería.

El camino hacia el cambio es y será combatido por las fuerzas que defienden el capitalismo como único modelo posible para organizar la economía de la sociedad humana. Las resistencias al cambio serán muy fuertes. Por eso no podemos esperar mucho de los actuales Gobiernos-Estado. Esto no quiere decir que dentro del capitalismo no se produzcan cambios, pero son parciales. El capitalismo puede ser asesino, pero no suicida. El capitalismo admite cambios, pero siempre que no afecten al núcleo duro del modelo. Por ejemplo el capitalismo de los siglos XIX y XX fue un capitalismo industrial. El del siglo XXI es un capitalismo financiero. Este es un cambio que no modifica el núcleo duro del sistema: la maximización del beneficio. Puede que los Gobiernos-Estado acuerden algunos cambios parciales. De momento debemos tomarlos como maquillaje. No podemos esperar cambios sustanciales. Cuando veamos que los filósofos y los sociólogos ponen la economía en el centro de sus pensamientos y afanes, podremos empezar a tener esperanza. Ese tiempo parece que aún no ha llegado.

Opino que hay que reorientar los estudios de la economía para poder elaborar un nuevo paradigma económico. Deberíamos empezar por una redefinición de la ciencia económica. Una definición abierta, una definición que no nos obligue a respaldar un modelo económico teóricamente perfecto, inmutable e inmodificable. Por ejemplo propongo definir economía como “la ciencia que se ocupa de cómo organizarnos para satisfacer con equidad las necesidades individuales y colectivas del ser humano utilizando recursos escasos”. ¿Por qué hemos de aceptar que el capitalismo y la maximización del beneficio es el modelo de organización económica que estamos condenados a tener por los siglos de los siglos?.

Debemos revisar la ciencia económica actual, en la que los tecnólogos (matemáticas e ingeniería) dominan de manera casi absoluta, e ir a un nuevo enfoque del saber económico construido también por los pensadores (filósofos, sociólogos, psicólogos etc.). Toda persona con un pensamiento estructurado y creativo puede adentrarse en el mundo de la economía y construir pensamiento económico. No es necesaria ninguna alta cualificación. Basta sentido común y capacidad de reflexión. Creo que se puede acceder al pensamiento económico utilizando tres grandes rutas:

Ø La ingeniería de la economía, más adecuada para las aportaciones de los tecnólogos y que se ocupa de la gestión de la inversión y la producción. Es un enfoque técnico de la gestión económica. Los instrumentos: la matemática, la estadística y la ingeniería.

Ø La sociología de la economía, más adecuada para las aportaciones de sociólogos, filósofos, etc. y que se ocupa de la gestión de los conflictos colectivos de intereses entre los distintos agentes económicos. Es un enfoque colectivo de la gestión económica. Los instrumentos: la sociología, la filosofía y las reglas de conducta colectiva.

Ø La psicología de la economía, más adecuada para las aportaciones de psicólogos, filósofos, etc. y que se ocupa de la gestión del consumo y el ahorro. Es un enfoque individual de la gestión económica. Los instrumentos: la psicología, la ética y los comportamientos económicos humanos.

¿Significa esto que la economía es una ciencia interdisciplinar, que mejora cuando es abordada por especialistas con distintos enfoques del conocimiento y empeora cuando se deja sólo en manos de expertos en economía?. Pues a lo mejor. Quizás la economía es algo demasiado importante para la vida de todos nosotros como para dejarla sólo en manos de los “sabios” en economía... y de los políticos. Invito a los lectores a repensar la economía.

Por qué necesitamos un nuevo paradigma económico.

Considero que este es el momento histórico oportuno para que la filosofía regrese a la economía, y una forma de hacerlo es a través de la generación de un nuevo paradigma. Probablemente el nacimiento de un nuevo paradigma no sea el resultado de una mente filosófica estructurada, sino de una realidad caótica. O tal vez de una confluencia de ambas cosas: mente teórica y caos social. En cualquier caso necesitamos pensadores-científicos que ordenen el caos y den coherencia teórica a una nueva organización económica de la sociedad. De momento no aparecen. La caducidad de la mayoría de los axiomas del capitalismo liberal nos adelanta que el actual paradigma económico está agotando su tiempo histórico de dominio. Pudiera estar equivocado, pero esta es mi tesis de trabajo. Comenzaré por desenmascarar los axiomas del capitalismo que han dejado de ser verdades evidentes para transformarse en dogmas de creyentes.

Primero acotemos el concepto. Paradigma en el diccionario de la Lengua Española tiene un sólo significado: ejemplo o ejemplar. Originalmente su significado está relacionado con la lingüística y la gramática. Algunos otros diccionarios identifican paradigma y modelo. El concepto “modelo” está en la raíz etimológica de la palabra paradigma (“deigma” en griego significa modelo). Pero además paradigma es una concepción utilizada por la filosofía. La filosofía ha dotado a este concepto de nuevos contenidos, y esto es lo que nos interesa para el caso de la economía, que es lo que nos ocupa. Al indagar en las raíces de la economía, concluyo la necesidad de que la economía sea de nuevo rescatada por la filosofía.

Una forma adecuada de regreso de la filosofía a la economía es a través del concepto de paradigma. El paradigma, enriquecido por el pensamiento científico-filosófico, encierra en su esencia los conceptos de evolución y movimiento. Un paradigma económico es una realidad en permanente movimiento, tanto porque el grado de veracidad de los axiomas económicos en que se basa el paradigma varía continuamente, como porque la economía es un compendio de la vida del hombre en la tierra, y la vida está en movimiento permanente. ¿Qué tipo de movimiento?.

El movimiento de un paradigma no es circular sino espiral. No es reiterativo, repitiéndose sobre sí mismo, sino incremental, describiendo una espiral cada vez más lejos del centro. De este modo el conocimiento humano avanza permanentemente utilizando los paradigmas como vehículos de tracción. Cuando el paradigma se vuelve obsoleto y no permite avanzar al conocimiento, el paradigma se hace inservible y hay que cambiarlo. Esto sucede en la Ciencia y en la Historia cada cierto tiempo. En economía, un paradigma se hace viejo cuando la mayoría de los axiomas en los que se apoya la teoría económica que soporta al paradigma dejan de ser verdaderos y devienen falsos. ¿Cómo sucede esto?.

El determinante de la duración de un paradigma social es la caducidad de sus axiomas. El axioma es la proposición más peligrosa, porque por su propia definición el axioma no necesita demostración, dada la claridad y evidencia con la que se muestra a nuestro razonamiento lógico. Pero lo que hoy se nos manifiesta claro y evidente, mañana puede dejar de serlo por haberse modificado las circunstancias objetivas de la realidad. Este tránsito de los verdadero a lo falso no es instantáneo, sino gradual. El axioma pasa del blanco al negro a través de una variada gama de grises. Es esta peculiar “gama de grises” de la vida de un axioma lo que facilita su transformación en dogma.

Cuando nace un paradigma, casi todos sus axiomas se nos muestran como verdaderos, pero con el paso del tiempo la situación se invierte, y en el ocaso del paradigma casi todos sus axiomas se nos muestran como falsos. A lo largo de este proceso de transformación de lo verdadero en falso, las fuerzas sociales que defienden la vigencia del paradigma promueven que el axioma admitido por el imaginario colectivo se enquiste en el paradigma y se petrifique como dogma de creyentes. Esto es lo que pasa con los paradigmas sociales, de los que el paradigma económico es una clase especial: que tienden a petrificar sus axiomas y a convertirlos en dogmas a fin de asegurar la supervivencia del paradigma. ¿Con qué consecuencias?.

Cuando el 80% o más de los axiomas que fundamentan un paradigma social se transforman en dogmas, ha llegado el momento de cambiar de paradigma para que la sociedad pueda seguir evolucionando. El capitalismo ya ha convertido en dogmas más del 80% de los axiomas que dieron soporte al nacimiento de la teoría económica liberal hace unos 250 años con la obra de Adam Smith. Racionalmente ha llegado el momento del cambio de paradigma económico, pues el paradigma del capitalismo liberal, ahora bajo la forma de “monetarismo neoliberal”, ha dejado de ser útil para gestionar la economía de manera provechosa para la mayor parte de la población humana. Cada vez un mayor número de sus axiomas se demuestran falsos, pero, al seguir aplicándolos como dogmas, el paradigma genera políticas económicas erróneas que causan graves daños a la ciudadanía y acumula tensiones y conflictos en la sociedad. Es por ello que si la razón y la ciencia económica no promueven el cambio de paradigma económico, lo hará el malestar social generado por la aplicación de dogmas inservibles y perjudiciales para los intereses de la mayoría de ciudadanos.

Esta es la fase del capitalismo maduro en la que estamos. Los marxistas siguen pensando que el fin del capitalismo se producirá a causa de la explotación extrema que una clase dominante hará del resto de la sociedad, pero esto es sólo una cara de la moneda. La otra cara es el agotamiento del paradigma y sus axiomas. Cuando ambos factores – explotación de una clase dominante y axiomas inservibles – confluyen en el tiempo, el cambio se hace inevitable. No basta la confrontación de las clases sociales; es necesaria también la caducidad de los axiomas del paradigma. Los marxistas, en su estrategia política, no tuvieron en cuenta este segundo factor, y se equivocaron.

A lo largo de su desarrollo en los últimos 250 años, varios axiomas del capitalismo han sido refutados científicamente por estudiosos del paradigma capitalista neoliberal. Así por ejemplo la llamada ley de Say, formulada en los términos de que “toda oferta crea su propia demanda”, axioma que funcionaba en los inicios del paradigma, se ha demostrado posteriormente falso, y hoy existe un consenso generalizado sobre su invalidez. Lo mismo hizo J. M. Keynes, que demostró la falsedad de los axiomas del paradigma capitalista sobre la inversión, el ahorro privado y el empleo a raíz de la crisis de 1929, axiomas que han tenido más fortuna que la ley de Say y que perviven como dogmas en el capitalismo neoliberal para desgracia de los keynesianos. Más tarde, en 1956, los economistas Kelvin Lancaster y Richard Lypsey demostraron la falsedad de los axiomas sobre las bondades del mercado capitalista y su “mano invisible” que podríamos resumir en la expresión “el mercado de competencia perfecta consigue la eficiencia económica perfecta”. Las consecuencias de la refutación de estos axiomas eran tan catastróficas para el paradigma capitalista neoliberal, que los economistas guardianes del capitalismo liberal prefirieron silenciarla primero e ignorarla después. Pero la falsedad de esos axiomas está en el origen de la crisis económica que hoy padecemos, y de la que esos economistas guardianes del paradigma no nos sacarán, porque han dejado de ser científicos para convertirse en dogmáticos.

Hay igualmente otros axiomas falsos que siguen funcionando hoy como si fueran verdaderos, pero que en realidad son ya dogmas de creyentes. Señalaré algunos:

    1. Cuanto menos regulación, más eficiencia económica.
    2. Maximizando el interés y el beneficio individual se maximiza el interés y el beneficio colectivo.
    3. El precio de mercado es el precio más competitivo y económico.
    4. La competencia baja los precios.
    5. Más competencia de mercado es más beneficio para el consumidor.
    6. Más competitividad es más riqueza. Más riqueza es más bienestar.
    7. Balanzas de pagos y presupuestos públicos con superávit es mejor para todos.
    8. Cuanto más impuestos pagamos, mas ineficientes somos.
    9. El mercado es de orden natural. El Estado, de orden artificial.
    10. Cuanto menos Estado, mejor mercado.
    11. El crecimiento económico trae de la mano creación de empleo.

Invito a los lectores a participar en el proceso de descubrimiento de los axiomas del capitalismo que, al ser falsos, ya funcionan sólo como dogmas de creyentes, y a demostrarlo. Por mi parte me propongo demostrar, a modo de ejemplo, la falsedad del último axioma de esa lista, el axioma en el que los Gobiernos-Estado del mundo avanzado confían para sacar a los ciudadanos de las crisis económicas: es el axioma que afirma que cuando regrese el crecimiento a la economía, regresará la creación de empleo. Una esperanza inútil, porque este axioma ha comenzando a devenir falso, y en los próximos años engrosará la lista de axiomas caducos del capitalismo liberal. No me atrevo a afirmar que la caducidad de este axioma será la puntilla del paradigma capitalista, pero pudiera serlo, porque la caducidad del axioma que vincula crecimiento económico y empleo generará tensiones sociales incontenibles en un futuro relativamente próximo.


7. CRECIMIENTO Y EMPLEO: EL DILEMA DE LA PRODUCTIVIDAD.

(El pasado, si le prestamos atención, nos ofrece lecciones valiosas).

Crecimiento económico y empleo:

un axioma del capitalismo neoliberal que se quiebra.

He descrito brevemente la teoría del falseamiento progresivo de los axiomas del capitalismo y he señalado algunos ejemplos. Uno de ellos es la relación entre crecimiento económico y empleo a través de una curva de pendiente positiva (a más crecimiento económico más empleo). Esto parece una verdad natural, algo consustancial al funcionamiento de la lógica económica. ¿Cómo va a ser posible que la economía y la producción crezcan sin generar más empleo?. El axioma parece tan evidente que no merece el análisis de los estudiosos. Y sin embargo me propongo demostrar que este axioma está entrando también en proceso de falseamiento, acelerando la necesidad científica de encontrar un nuevo paradigma económico para una nueva sociedad.

En primer lugar un poco de historia económica que procuraré hacer asequible. Cuando ocurrió la Gran Depresión de 1929 el mayor desastre se produjo en el empleo. Las políticas económicas keynesianas se construyeron a partir del libro de J. M. Keynes titulado “Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero” publicado en 1935. Keynes era un economista del sistema, pero era intelectualmente honesto. Conocía bien el pensamiento económico clásico y sus principios, pero le preocupaba que sus recetas económicas no funcionaran. Su inquietud intelectual le llevó a construir una nueva “Teoría General” alternativa a la “teoría clásica”, poniendo el foco en el consumo público y la inversión pública como instrumentos generadores de empleo. Justo lo que estaba haciendo el Presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt desde 1933 con su plan del New Deal (nuevo pacto o acuerdo). El empleo y el dinero estaban y están en el centro de la “teoría general” de Keynes.

Ahora, como en 1929, el dinero y la especulación están en el origen de la crisis sistémica de 2007-2008 y el desempleo está en sus consecuencias. Así que 80 años más tarde otra vez dinero y empleo están enlazados por una nueva crisis en una nueva realidad. La recuperación del crecimiento económico y del empleo en la crisis de 1929 se produjo por la aplicación en los países avanzados de políticas keynesianas basadas en el estímulo de dos componentes de la demanda agregada: la inversión y el consumo públicos, es decir, más gasto público y presupuestos públicos desequilibrados. Desde el punto de vista político, era evidente que el keynesianismo significaba el protagonismo económico de los Estados (intervención económica pública), lo que puso furiosos a los economistas de pensamiento clásico, defensores excluyentes de los mercados. Para ellos el Estado era y sigue siendo un pésimo agente económico.

El predominio de la doctrina keynesiana funcionó sin oposición activa hasta que aparecieron los primeros brotes importantes de subidas de precios y la inflación. Para los monetaristas, herederos del pensamiento económico clásico, la teoría keynesiana no era la más adecuada para dar respuesta a los problemas que generaba en la economía la subida de precios y la inflación. Entonces se generó un debate entre los economistas sobre la relación entre inflación, crecimiento económico y empleo, debate que podemos resumir en la controversia que aportó a la economía la curva de Phillips. Alban W. Philllips formuló su curva en 1958, e inicialmente parecía encajar bien con las políticas keynesianas: la economía funcionaba mejor y creaba más empleo con un poco de inflación. Al sacar la inflación a escena, Phillips puso la pista de aterrizaje para el regreso de los monetaristas al teatro de operaciones. Al principio, en la década de 1960, el debate entre las escuelas de pensamiento económico sobre la relación entre inflación y empleo fue académico y sin impacto en las políticas públicas. Las políticas keynesianas seguían funcionando bien en los Estados desarrollados: había inflación moderada pero había también crecimiento económico y empleo. ¿Para qué cambiar?

A principios de la década de 1970 apareció la “estanflación”, una situación desconocida hasta entonces, en la que los países desarrollados tenían inflación sin crecimiento económico y sin empleo. Era el peor de los mundos posibles. La situación se agravó a partir de la primera gran crisis del petróleo en 1973. Por fin la realidad económica cuestionaba la validez de la curva de Philllips y mostraba que las políticas keynesianas no sólo eran inútiles, sino dañinas. Llegaba el momento de la revancha de los monetaristas y el pensamiento económico excluyente (mercados, y Estados de orden sin economía pública) contra los keynesianos y el pensamiento económico integrador (mercados y además Estados con economía pública), que había gobernado las economías desarrolladas desde el final de la segunda Guerra Mundial. A mediados de 1970 Milton Friedman y su escuela de Chicago encabezaron en el ámbito del pensamiento económico la llamada revolución monetarista contra el keynesianismo. En el ámbito político, los líderes del momento, encabezados por los conservadores británicos (Margaret Thacher), los republicanos norteamericanos (Ronald Reagan), el FMI y el Banco Mundial se decantaron hacia las tesis monetaristas, cuyas doctrinas y principios han regido nuestras vidas y la economía mundial en los últimos 35 años, hasta la quiebra sistémica de 2007-2008.

Esta pequeña excursión por la historia del pensamiento económico de los últimos 90 años nos permite identificar con claridad las políticas económicas causantes de la crisis actual. La crisis de 2008 es hija de un pensamiento y unas políticas económicas monetaristas y excluyentes que podríamos resumir en el principio de “todo para el mercado y nada para el Estado”. Este hecho debería provocar la reacción de los gobiernos y los economistas contra las recetas económicas monetaristas. El pensamiento económico debería estar en plena ebullición, trabajando en la construcción y aplicación de un nuevo paradigma económico, de una nueva “teoría general” pues el pensamiento económico monetarista nos ha traído al desastre actual, y de persistir en el error nos llevará a otro aún más devastador. Pero la inteligencia y la innovación económicas parecen haberse agotado. Los Gobiernos-Estado más activos aplican recetas viejas y se han dividido en dos grupos: unos aplican más monetarismo y rigor presupuestario (Europa), y otros más keynesianismo y estímulo público (EE.UU., Japón y el grupo de países BRIC) . Ni unos ni otros parecen haberse percatado de que el problema ya no es monetarismo y/o keynesianismo, ambos superados por la nueva realidad de una economía capitalista globalizada, digitalizada y gobernada por las finanzas. El problema proviene de la misma evolución del paradigma económico capitalista, como voy a demostrar.

Hoy, a instancias del FMI y de la OIT, el empleo empieza a estar en el centro de las políticas económicas de los Gobiernos-Estado para salir de la crisis, como no podía ser de otra manera ya que como ha dicho, ¿para qué nos sirve una economía que no es capaz de distribuir la riqueza a través del empleo?. Unos Gobiernos-Estado miran al empleo por sensibilidad social, otros para evitar la revuelta popular. Las razones importan poco, dada la situación en la que estamos atrapados: una sociedad cada vez más cómoda, egoísta y dual, donde los que tienen no quieren compartir nada con los que no tienen. Lo malo es que no hay ideas económicas nuevas sobre la mesa, ni tenemos una nueva “teoría general”. Todos los países esperan que el crecimiento económico ponga en marcha la máquina del empleo, y todos esperan igualmente que el crecimiento económico provenga del mercado exterior: que sean otros (el resto de países) los que compren mi producción a fin de que mi país venda y luzca una balanza de pagos saneada y sin deudas. Para que mi país caiga del lado de los vendedores que ganan y no de los compradores que pierden, todos los Gobiernos-Estado evocan la misma palabra mágica: PRODUCTIVIDAD. Precisamente la magnitud económica que produce la quiebra del axioma capitalista que relaciona crecimiento económico y empleo.

Cómo, esta vez sí, la productividad de las máquinas inteligentes

deja sin empleo a las personas.

A estas alturas de mi argumentación, considero oportuno trascribir las ideas con las que J.M. Keynes concluye el Prefacio que escribió a su Teoría General en 1935 por ser ellas de tremenda actualidad. Dice: “Es increíble el número de tonterías que se pueden creer si se aísla uno demasiado tiempo del pensamiento de los demás, sobre todo en economía (así como en las otras ciencias morales), en la que con frecuencia es imposible poner a prueba de manera definitiva las ideas propias, ya sea formal o experimentalmente… Las ideas aquí desarrolladas tan laboriosamente son en extremo sencillas y deberían ser obvias. La dificultad reside no en las ideas nuevas, sino en rehuir la viejas que entran rondando hasta el último pliegue del entendimiento de quienes se han educado en ellas, como la mayoría de nosotros”.

Para quienes consideramos que la teoría económica es sobre todo una ciencia moral gobernada por el pensamiento lógico más que por el hecho empírico, esta cita es un respaldo importante. Utilizando la lógica de las ideas se puede construir buena economía, como hizo el propio Keynes en su momento. Es la lógica (además de la moral), lo que nos falló desde 1980 en las finanzas y los productos financieros de los países occidentales, y lo que nos trajo en 2007-2008 el desastre económico que padecemos. Opino que mientras los economistas y los políticos-gobernantes no recuperen la moral y la lógica económicas, no saldremos de esta.

Las reflexiones que voy a exponer son un avance de ideas nuevas y están construidas desde la lógica económica. No espero que los economistas oficiales las compartan, pero sí que al menos no las descalifiquen antes de examinarlas razonadamente. También espero presentarlas de tal manera que sean entendibles por cualquier ciudadano de mediana formación. Por su novedad son ideas que chocan con las viejas ideas económicas ahora vigentes. Las formulo con el ánimo de ayudar a encontrar la salida al problema económico en que estamos atrapados, para los que ni el keynesianismo ni el monetarismo tiene la solución. Cada una de estas teorías ha realizado aportaciones relevantes a la economía que me atrevo a resumir en dos: el keynesianismo encontró los mecanismos provechosos para la intervención de los poderes públicos en la economía; el monetarismo encontró los mecanismos útiles para el control de la inflación de precios y salarios. Pero ambas teorías han cubierto su etapa y ya no sirven para gestionar y entender nuestra economía globalizada, tecnológicamente digitalizada y gobernada por las finanzas privadas (financiarización).

La teoría económica moderna no ha incorporado al análisis económico dos fenómenos recientes de máximo impacto en la economía global: la digitalización de la producción y la bancarización del dinero. Detrás de la digitalización de la producción están la innovación y la tecnología, y detrás de la bancarización del dinero están las finanzas globales. En la producción la tecnología es el elemento más rupturista al punto de que ha dado lugar a la economía digital con impacto sobre las finanzas globales. Estos dos elementos (tecnología y finanzas) han estado siempre presentes en la economía y en sus diversas teorías, pero desde finales del siglo XX abandonaron el papel de segundones y ahora actúan como protagonistas, siendo ellas las que determinan y gobiernan nuestros modos de producción y de consumo. Tecnología y finanzas han cambiado y siguen cambiando cualitativamente la realidad económica de modo tan profundo que necesitamos una nueva teoría económica que reinterprete la realidad y reoriente la política económica de los Gobiernos-Estado. Esta carencia de una nueva teoría económica es muy grave, porque los gobernantes, en una huida hacia delante puesto que la vida no se detiene y no hay tiempo para esperar a la elaboración de una nueva teoría, aplican las viejas teorías económicas conocidas (keynesianismo o monetarismo), sin obtener los resultados esperados.

Ello es consecuencia de que ninguna de las dos teorías incorpora en su análisis la variable económica determinante de la economía global y la revolución tecnológica actual: LA PRODUCTIVIDAD. La productividad es el hijo natural de esos dos elementos (tecnología y finanzas) que han tomado el protagonismo y el control de la economía digital globalizada. A pesar del fallo de las teorías económicas vigentes (monetarismo neoliberal o keynesianismo intervencionista), los gobernantes y los economistas oficiales han sacralizado la productividad. Todas las naciones y grandes empresas esperan alcanzar la salvación mediante la productividad, y la han convertido en el instrumento económico estratégico que traerá a las sociedades modernas el crecimiento económico y el aumento del empleo. Pero nadie se ha detenido a pensar y explicar la lógica económica de ese proceso. Y cuando intentamos explicarlo razonadamente, nos llevamos una desagradable sorpresa: la productividad traerá crecimiento económico, pero ya no traerá aumento del empleo. ¿Cómo puede ser esto posible?.

La productividad está en el “adn” del capitalismo, ya que maximiza la ganancia, y maximizar la ganancia es el fin institucional del capitalismo liberal desde sus orígenes. Esto ya lo hemos comentado y explicado en los puntos 1, 2 y 3. Y lo está de tal modo, que es el gen encargado de llevar el capitalismo a su pleno desarrollo. En esas estamos ahora. Vivimos los tiempos en los que el gen de la productividad impulsará la entrada en la sociedad automatizada. Las máquinas y los automatismos han aumentado su presencia en la producción y el consumo desde la revolución industrial, pero la revolución tecnológica de finales del siglo XX y principios del XXI acelerará este proceso más y más hasta generar un tipo de sociedad que ahora no podemos ni imaginar. Una sociedad en la que las máquinas inteligentes y los autómatas se encargarían de los trabajos rutinarios y duros parece un mundo mejor que el actual. Pero hay un problema que no contemplan las teorías económicas vigentes: la productividad basada en la masificación de los autómatas, la inteligencia artificial y los algoritmos es un gran disolvente del empleo. Y una sociedad sin empleo es una sociedad en convulsión.

Como he comentado anteriormente, fue necesario que los monetaristas centraran la atención de la economía en el control de la inflación de precios para desplazar de la política gubernamental a los keynesianos y sus políticas económicas. Aunque no comparto la mayoría de principios de la teoría económica del monetarismo, es de justicia alabar la preocupación del pensamiento económico monetarista por el control de la inflación, y comparto con ellos el postulado de que la inflación alta es un terrible disolvente de las rentas y patrimonios monetarios. La inflación reduce el poder adquisitivo de la rentas, y una inflación aguda y continuada acaba con la seguridad económica y empobrece a la población. Por eso los ricos odian tanto la inflación y cualquiera de sus causas.

Hay abundantes ejemplos de ello en las economías latinoamericanas. Traigo estos hechos aquí por analogía con lo que sucede con la productividad. La productividad es un disolvente del empleo, y una productividad masiva y continuada, necesariamente reduce el empleo en las sociedades avanzadas. La diferencia es que mientras los monetaristas tenían una teoría económica que contemplaba los daños de la inflación en las rentas y sus soluciones, ahora no disponemos de una teoría económica que contemple los daños de la productividad continuada en el empleo y sus soluciones.

Ello es así debido a que una vez superada aparentemente la contradicción entre capital y trabajo propia del análisis económico marxista, estamos de nuevo atrapados en una gran contradicción social: mientras el buen gobernante tiene la obligación de aproximar la sociedad al pleno empleo a través del crecimiento económico para asegurar el bienestar de su pueblo, el buen empresario capitalista tiene la obligación de maximizar la ganancia empresarial a través de la productividad para asegurar el bienestar de sus accionistas. La gran tragedia social es que estas obligaciones no son complementarias, sino contradictorias por lo que explicaré a continuación.

Los agentes económicos y los agentes políticos tienen objetivos incompatibles, y eso, en democracia, confunde a los ciudadanos. Por un lado los economistas oficiales seducen a los gobernantes con el discurso económico que les gusta escuchar a fin de convencerles de una vinculación profunda entre empleo y crecimiento económico que en realidad ha dejado de darse en los países avanzados. El economista oficial aplica la lógica económica susurrando al político gobernante el siguiente discurso tecnocrático: más productividad trae más competitividad; más competitividad trae más ventas; más ventas trae más producción; más producción trae más crecimiento económico; más crecimiento económico trae más empleo. Esta atractiva secuencia argumental no sólo la compran los gobernantes; también la compran sus pueblos, aunque sea una canción falseada, ya que, entre otros fallos, conduce directamente a la insostenibilidad de la economía por agotamiento de los recursos naturales. Pero gusta a todos porque promete más crecimiento económico y más empleo.

Por otro lado el discurso del empresariado capitalista tiene una lógica económica inversa a la del gobernante y sus economistas oficiales. Ya no es sólo que la sofisticación de la finanzas haya permitido a la empresa capitalista jugar a ganar dinero fuera de la economía real como hemos explicado en el punto 6, sino que la secuencia argumental del discurso empresarial va en sentido contrario a la de los Gobernantes: para incrementar los beneficios se necesita más crecimiento económico; para incrementar el crecimiento se necesita más producción; para incrementar la producción se necesita vender más (la empresa no produce si no vende); para incrementar las ventas se necesita más productividad (la empresa no vende si no es competitiva); para incrementar la productividad se necesita menos gente (reducir el empleo) produciendo más y mejores bienes a menor coste; para que menos gente produzca más, mejor y más barato se necesita más ciencia, más investigación, más innovación tecnológica y más automatismos. Últimamente a esa cadena se ha unido la inteligencia artificial (IA) y los algoritmos para amenazar no sólo los empleos rutinarios y duros sino también los empleos de calidad.

A este respecto las sociedades avanzadas debaten si la IA y sus algoritmos acabarán con todo el empleo humano. Yuval Noha Harari participa en este debate y en el capítulo 2 de su obra “Homo Deus” sostiene la teoría de que todos los organismos son algoritmos, llegando a afirmar que “el hombre que pulsa los botones y bebe el té (de una máquina expendedora de bebidas) es también un algoritmo. Un algoritmo mucho más complejo que la máquina expendedora, sin duda, pero un algoritmo”. Y continúa: “Los humanos son algoritmos que producen, no vasos de té, sino copias de sí mismos. Los algoritmos que controlan a los humanos operan mediante sensaciones, emociones y pensamientos”. ¡Interesante teoría!. Si la evolución del capitalismo liberal confirmara esta teoría, ¿Quién se atrevería a negar que más ciencia, más investigación, más innovación tecnológica, más automatismos y más algoritmos traen de la mano menos empleo?. Pero no era este el destino final que buscábamos. Así que, ¿Dónde nos hemos perdido?.

No nos hemos perdido. Sucede que no tenemos una teoría económica explicativa del capitalismo financiero avanzado, casi 500 años después de su aparición en los estados italianos de occidente. Hemos hecho avances en la teoría económica, pero insuficientes. Hemos transitado del mercantilismo al monetarismo neoliberal actual pasando por el liberalismo clásico y el keynesianismo. ¿Y ahora qué?. Es evidente que el capitalismo ha evolucionado con el tiempo, y ha sabido adaptarse a muy diversas circunstancias políticas y sociales. De no haberlo hecho probablemente no hubiera sobrevivido. La crisis sistémica de 2007-2008 ha vuelto a colocarlo en circunstancias críticas, no sólo por su excesivo afán de lucro y concentración sin límites de la riqueza económica, sino porque la sociedad dejará de apoyar un sistema que puede seguir aportando crecimiento económico pero que cada vez tiene menos capacidad de generar empleo, al menos mientras el empleo sea la principal fuente de ingresos de la mayoría de la población. Creo haber demostrado que el capitalismo, en su actual fase de desarrollo, debilitará cada vez más la conexión entre crecimiento económico y empleo. ¿Es posible elaborar una nueva teoría económica que reoriente los fines del capitalismo, como hizo el keynesianismo en su día, o el modelo está ya agotado y sin salida?. Interesante pregunta en busca de autor.


8. CLASES SOCIALES Y CÓDIGO LABORAL.

(El miedo y el conflicto aumentan la maldad de las personas).

Las clases sociales regresan al primer mundo.

Después de repensar la economía llegamos a la conclusión de que la economía no es neutra, como el poder establecido quiere que pensemos los ciudadanos. La economía está preñada de ideología, y hay economía redistributiva y economía no redistributiva. La Economía redistributiva se ocupa de las desigualdades económicas y sociales y se preocupa por la debilidad del poder político democrático en la sociedad en que vive. Del otro lado, los “guardianes del monetarismo” ejercen el poder económico real desde el ámbito público y privado aplicando la economía no redistributiva y permitiendo acumular riqueza sin límites. No necesitamos describir los objetivos de esta política. Los padecemos cada día con los desastrosos efectos que tienen para los ciudadanos de a pie las políticas económicas neoliberales, que yo prefiero llamar "monetaristas" por lo expuesto en el punto 6. Una detallada narración de esas desastrosas consecuencias se describe con cifras, países y nombres en el libro de Naomi Klein "La doctrina del shock: el auge del capitalismo de desastre". El título del libro lo dice todo y en esas estamos: el capitalismo de desastre se extiende hoy por Europa.

En las décadas de 1980 y 1990 la “doctrina del shock”  se aplicó en los países periféricos del sistema en ejecución del consenso de Washington, que sentó las bases del monetarismo a partir del pensamiento económico de la escuela de Chicago. El objetivo ideológico del recetario era y es obligar a los países a seguir las directrices del FMI y conseguir así que pongan sus recursos naturales y financieros al servicio de los intereses de determinados Gobiernos-Estado. Pocos imaginaban entonces que a partir de 2010 la “doctrina del shock” se iba a aplicar también a las sociedades-Estado de algunos países “ricos” del núcleo duro del sistema. ¿Quién podía atreverse a tanto?. ¿No sería excesivo el riesgo?.

Opino que desde septiembre de 2008 los ciudadanos de los países del primer mundo estamos también bajo la “doctrina del shock”. Se nos asustó amenazándonos, no a nosotros físicamente, sino a nuestros dineros. Por un momento pensamos que todos íbamos a la bancarrota y que nuestras cuentas corrientes, nuestros activos financieros y nuestros ahorros se evaporaban de un día para otro. Con ellos se evaporaban nuestro confortable “modo de vida” y nuestras certezas. Estábamos tan aterrorizados que ni siquiera hemos sido capaces de pensar. Con esa reacción timorata y asustadiza indicábamos a los gestores de la doctrina del shock que estábamos preparados para aplicarnos la medicina monetarista. Eso es lo que han hecho los Gobiernos-Estado de Europa con sus ciudadanos dos años después de entrar en shock. Ya estamos bajo el mismo régimen que los ciudadanos norteamericanos: despido fácil, sector público débil, lobbys empresariales potentes, desigualdades escandalosas de ingresos y riqueza entre unos y otros, control de la política por “las finanzas y los mercados”, pensiones dependientes del valor de los activos financieros, servicios públicos de subsistencia para la clase baja y servicios públicos de pago para la clase media-alta, etc. ¿Y los sindicatos europeos?. ¿Y los partidos de la izquierda?.

Todo perdido. El famoso estado de bienestar europeo se está yendo por las alcantarillas. No tardaremos mucho en sufrir las consecuencias en carne propia. Los parados actuales son sólo la avanzadilla del empobrecimiento masivo que han desatado los dueños del mundo. Aconsejo que aprendamos a vivir con lo básico. A la vista de los resultados del shock, y de cómo la UE ha pasado a aplicar en 2010 con mano de hierro y bajo la dirección económico-monetarista de Alemania las políticas clásicas del monetarismo después de sanear el sistema financiero con los recursos públicos que ahora se niegan a los servicios sociales que necesitamos. Deberíamos preguntarnos si la crisis financiera de 2007-2008 fue involuntaria, o si más bien fue provocada conscientemente para producir un shock en las sociedades occidentales (especialmente en las europeas) y poder así aplicarles políticas económicas de shock que de otra manera hubiera sido muy difícil imponer.

Sugiero que consideremos esta posibilidad. No creo que Greenspan y los demás gobernadores de la Reserva Federal, los directivos del FMI, los del Banco Mundial y los primeros ejecutivos de los grandes bancos americanos no supieran lo que estaban haciendo. Demasiada gente lista para calificarlos de tontos, ingenuos o codiciosos. Más bien creo que programaron o fueron inducidos a programar la aplicación de la doctrina del shock en los países del primer mundo, y en este intento se les fue la mano más allá de lo esperado, poniendo el mismo sistema en peligro. Incluso puede que previeran que alguien tendría que morir para hacer más creíble la historia, y le tocó morir a Lehman Brothers. Afortunadamente una persona jurídica, y no una persona física. No se aterroriza a la gente del primer mundo si no explota una bomba financiera de suficiente potencia, y Lehman tenía esa potencia. Nos asustaron lo suficiente para imponernos esa perniciosa “doctrina del shock” que amenaza con hacernos saltar a todos por los aires.

Ahora los países del primer mundo deberían aplicar otras políticas económicas distintas de la promovida por los monetaristas y la doctrina del shock. Lo dicen otros economistas de prestigio, incluso americanos (Krugman, Stiglitz, etc.), pero estos economistas, que en Europa nos parecen de izquierdas por el simple hecho de no ser monetaristas, no tienen poder ni influencia suficiente en EE.UU., y menos gobernando Donald Trump. En Europa no tenemos dirigentes políticos con talla suficiente para impulsar políticas alternativas. Todos están atrapados en el mismo paradigma económico monetarista, incluida nuestra España. Y aunque quisieran hacer algo diferente, no podrían pues el sistema ya se ha globalizado lo suficiente como para hacer inútil cualquier política económica de ámbito sólo nacional. Esto lo saben bien los monetaristas, que están aprovechando en su beneficio la globalización de las finanzas. Somos esclavos de la trampa de la globalización financiera y del monetarismo.

Para hallar una salida a esta situación tenemos que volver a aplicar el análisis marxista de la realidad, un método que enciende todas las alarmas en el orden económico establecido. Tenemos que hablar de nuevo de clases dominantes y clases dominadas y de las condiciones de vida de estas últimas (en terminología marxista “las relaciones de producción”). Creo que aún falta tiempo para que la codicia y la ceguera de la clase dominante provoquen las condiciones necesarias y produzcan la reacción de las clases dominadas. Hasta la primera revolución industrial la dominante fue la clase aristocrática y la dominada la clase campesina. Desde entonces han cambiado los protagonistas, pero siguen teniendo validez los términos que acuñó Marx en el siglo XIX: Capital y trabajo. Clase capitalista y clase trabajadora, a las que me he referido en los puntos 1 a 4 de este documento. Aunque ahora las cosas se han sofisticado un poco por ambas partes: la clase capitalista ha devenido en clase financiera, y ha atraído a su entorno a directivos y técnicos, sin cuya ayuda el capitalismo financiero no podría gestionar un sistema económico tan complejo como el actual. Por su parte la clase trabajadora también se ha sofisticado. Atrapada mayoritariamente en el consumo masivo, ha sustituido el mono, el panfleto y el bocadillo por la tarjeta de crédito, el móvil, el coche y la comida rápida. Esto lo sabe bien el capital financiero. El trabajador está tan alienado como en el siglo XIX, pero recluido en una jaula algo más confortable. De nuevo la Historia y las clases sociales a escena.

En este escenario la salida llegará de la mano de la política y de la educación, pero se tomará su tiempo. De la mano de la política no quiere decir necesariamente de la mano de los partidos políticos actuales. Porque la política es mucho más que los partidos políticos actuales. Para saber cómo se producirá esto, recomiendo repasar la entrevista que el periodista Juan Ramón Lucas realizó al profesor José Luis Sampedro, hoy fallecido, en Radio Nacional de España el 4 de marzo de 2010. Hay en ella unas ásperas pinceladas sobre la política... sobre la educación... y sobre la Historia. Escuecen porque son alcohol en la herida de nuestra comodidad occidental.

Necesitamos proyectar y desarrollar intelectualmente un nuevo pensamiento económico, un nuevo paradigma, un nuevo contrato social. Porque como dice el profesor Sampedro “estamos en un sistema descompuesto ya”. La aplicación del rostro más duro del monetarismo y de su doctrina del shock a los países avanzados de occidente, para los que no se inventó inicialmente, puede ser la condición necesaria para que ese proceso de descomposición culmine. Hemos de prepararnos para el colapso del sistema, que ya está en camino, y cuando llegue, deberemos esforzarnos para que el cambio a una nueva economía sea profundo y real. Nada se consigue sin esfuerzo y en el relativo caos del cambio no deberíamos confundirnos de clase social. La mayoría de ciudadanos no tenemos ingresos de un millón de dólares ni pensiones de 100.000 euros.

Trabajador bueno...trabajador malo.

Concluí el punto 5 atribuyendo a los sindicatos el papel de diques europeos de contención del monetarismo y apoyando la convocatoria de huelgas generales europeas. Esta dinámica de resistencia a las políticas monetaristas de los Gobiernos-Estado de la UE debe ejecutarse en el marco de los nuevos ejes de negociación colectiva descritos en el punto 4. Estos nuevos ejes exigen a los Gobiernos-Estado y a los agentes sociales un cambio de cultura y de posiciones. Los Gobiernos-Estado tendrían que tener la capacidad de transitar de la regulación del conflicto colectivo y las condiciones de empleo a la regulación de los comportamientos de trabajadores y empresarios. Por su parte los sindicatos y las patronales tendrían que asumir que su modelo de autorregulación del conflicto de intereses laborales está agotado y que ya no sirve al avance de la sociedad. En mi opinión el futuro pasa por un nuevo contrato social, gestionado y pilotado por la política a través de la regulación de los comportamientos laborales, e inspirado en los ejes de la cooperación y la supervivencia colectiva. Ampliaré brevemente estas ideas.

El monetarismo tiene entre sus objetivos estratégicos promover reformas laborales tendentes a la máxima desregulación del mercado de trabajo, como de cualquier otro mercado (ver punto 5). El empresariado, algo más sensato que el monetarismo, busca a través del complicado mecanismo de las reformas laborales una regla sencilla para disponer con facilidad de trabajadores BUENOS cuando necesita mano de obra, y para prescindir con facilidad de trabajadores MALOS Y BUENOS cuando no los necesita. Aunque comprendo que a ningún empresario sensato le agrada prescindir de los trabajadores BUENOS, cuando la inviabilidad de la empresa se hace presente, nadie se salva. Esta regla sencilla es difícil de aplicar porque los sindicatos defienden el empleo, sean los trabajadores BUENOS O MALOS, Aunque los empresarios modernos han aprendido que sin trabajadores BUENOS no pueden construir empresas BUENAS, las cosas se complican cuando tenemos que calificar algo de BUENO o MALO. Estos calificativos no solo se predican de los trabajadores. También se predican de los mismos empresarios, y en general de los ciudadanos. Ciudadanos BUENOS, ciudadanos MALOS.

Si llevo esta análisis al ámbito de la pura moral, corro el riesgo de perdernos sin conclusión alguna pues en la ética de los comportamientos y valores humanos existe una gran diversidad de religiones, códigos morales, principios filosóficos, etc.. Para superar ese riesgo, la sociedad moderna ha encontrado una solución razonable de convivencia humana: consensuar democráticamente a través de la política la REGULACION DE LOS COMPORTAMIENTOS HUMANOS mediante códigos de conducta: Así hemos elaborado un código civil, un código mercantil, un código penal, un código de circulación, etc.. Este consenso ha sido dificultoso y está siempre sometido a tensiones políticas y revisiones, pero cada uno de nosotros sabe con precisión cuál es el comportamiento ciudadano que en cada momento la sociedad premia con el calificativo de BUENO y castiga con el de MALO. Es nuestro contrato de ciudadanía con nuestros semejantes. ¿Y qué sucede en el mundo del trabajo?

La mayoría de los pequeños empresarios cuya relación con los empleados es directa y diaria, se quejan de indefensión ante el COMPORTAMIENTO de esos trabajadores MALOS que utilizan todos los mecanismos legales para vivir cómodamente a costa de la pequeña empresa una vez que han consolidado el empleo (bajas abundantes, poco rendimiento, altas indemnizaciones por despido, etc.). Partiendo de la necesidad de mejorar la gestión y competitividad de las empresas, los empleadores critican el COMPORTAMIENTO de esos trabajadores que se han hecho MALOS con el paso del tiempo en la empresa porque es humano “acomodarse” a la situación adquirida, evitar el esfuerzo y los cambios, “aburguesarse” en definitiva. Y más siendo los trabajadores conscientes de que no pueden ser despedidos porque la empresa no puede hacer frente financieramente a los costes del despido. Por lo expuesto, el problema radica más en los COMPORTAMIENTOS que en el tipo de contrato o en las condiciones de empleo, y esto me hace preguntarme. ¿Por qué la política presta atención al conflicto de intereses empresario-trabajador, y no a los comportamientos laborales?. ¿Nos estamos confundiendo de enfoque?.

Es claro que la sociedad no tiene consensuado un código laboral que regule comportamientos de trabajadores y empresarios. No tenemos en el mundo del trabajo una réplica de la función que cumple el código penal o el civil en el mundo de la convivencia. ¿Qué tenemos?. Tenemos leyes laborales que regulan el contrato de trabajo, la representación de los trabajadores, la negociación, las condiciones de empleo, etc. Son normas que regulan los conflictos de intereses laborales, no los comportamientos de empresarios y trabajadores. Parece lo mismo, pero es muy diferente. Nuestro contrato de ciudadanía – código civil, penal, mercantil, de circulación, etc.– permite que superemos los conflictos de intereses entre ciudadanos regulando los comportamientos humanos. En el mundo del trabajo, en cambio, nos hemos atascados en la regulación de los conflictos de intereses, y nunca hemos alcanzado el mundo de los comportamientos humanos.

Esto es consecuencia de la historia y de la política. La historia del mundo del trabajo se ha construido sobre la negociación de los intereses contrapuestos y ha impedido hasta ahora dar el paso hacia la regulación de los comportamientos. La política, por su parte, ha mantenido esa épica de la negociación, y mientras en otras materias, los conflictos de intereses entre ciudadanos se resuelven con la regulación democrática de los comportamientos humanos, en el campo de la economía y del trabajo los agentes sociales se ha resistido más a seguir ese método.

Tal vez la Política tenga parte de responsabilidad en esta situación. Por una parte la derecha se ha plegado a los intereses de los empresarios y la izquierda a los intereses de los trabajadores. Por otra, los políticos se sienten cómodos dejando al acuerdo de las partes los temas laborales, y eso nos está impidiendo avanzar como sociedad. ¿Podéis imaginar el tipo de sociedad en que todavía viviríamos si los políticos hubieran dejado al acuerdo de las partes la negociación del conflicto religioso?.

Opino que estamos atrapados en la historia del movimiento obrero y en el respeto excesivo a la negociación autónoma del conflicto de intereses entre empresarios y trabajadores. Esa forma de actuar nos trajo hasta aquí, pero no nos sirve para el futuro. Fue útil en tiempos de democracias y Estados incipientes (siglos XIX y XX), pero no lo es para democracias y Estados maduros y avanzados (siglo XXI). Tenemos que regular el conflicto laboral de intereses mediante la REGULACION DE LOS COMPORTAMIENTOS LABORALES. Trabajadores MALOS y empresarios MALOS tienen que sentir que la sociedad castiga sus comportamientos incorrectos porque es la que paga en conjunto sus consecuencias. Es un enfoque nuevo que sugiero explorar.

La política y los políticos tienen que cumplir esta misión exploratoria. Sindicatos y patronales españolas harían bien en facilitar a los políticos esta tarea. Todos somos ciudadanos, además de empresarios o trabajadores, y como tales tenemos la obligación de exigir a los políticos que cambien de mentalidad, que tomen responsabilidades compartidas en el gobierno democrático de la sociedad, y que transiten de la regulación del conflicto colectivo de intereses a la regulación de los comportamientos. Las sociedades avanzadas necesitan un CODIGO LABORAL DE COMPORTAMIENTOS. Esa regulación, políticamente consensuada, de comportamientos de empresarios y trabajadores constituiría nuestro NUEVO CONTRATO colectivo de trabajo basado en la cooperación y la supervivencia colectiva, un contrato interesante para avanzar socialmente y dejar atrás políticas basadas en el eje histórico de la rivalidad CAPITAL-TRABAJO y la supervivencia individual.

9. MERCADOS, ESTADOS Y REFORMA LABORAL.

(Es bueno mirar las cosas con la perspectiva del tiempo)

El tiempo histórico y el trabajo.

Creo que los seres humanos deberíamos conocer y asimilar más los descubrimientos que la ciencia ha realizado en los últimos 150 años sobre la evolución de las diversas especies de homínidos (nuestros ancestros). Considero que este conocimiento es una escuela de vida tan útil como otros conocimientos a los que prestamos más atención, como la lengua, las matemáticas o la religión. Conocer nuestro ya largo pasado de homínidos – casi 2 millones de años -, aproxima nuestra conciencia al descubrimiento del tiempo histórico. La conciencia del tiempo histórico es una herramienta que necesitamos para orientar nuestro destino colectivo como especie. Justo ahora, cuando la especie homo sapiens ha colonizado todo el planeta Tierra y se está generando la conciencia de globalización, nuestras sociedades avanzadas parecen involucionar hacia el pasado, atrapadas en una crisis sistémica agobiante.

La conciencia del tiempo histórico puede sernos de gran ayuda en estas circunstancias. El tiempo histórico demuestra que las cosas ni son eternas ni están escritas de antemano. La libertad y la voluntad son realidades humanas que han influido en la construcción del pasado. El conocimiento científico también. La ciencia ya nos ha demostrado que la Tierra surgió sin el concurso del homo sapiens, pero una y otra vez los científicos actuales nos recuerdan que los seres humanos tenemos hoy una importante responsabilidad colectiva sobre el futuro de la Tierra y las especies que la habitan. Por supuesto la nuestra incluida. El conocimiento científico y el avance tecnológico nos han traído al presente de nuestras sociedades avanzadas. ¿Pero son realmente “avanzadas” nuestras sociedades nacionales europeas?. ¿Podemos calificar como “avanzadas” a sociedades que no son solidarias entre sí, que no cooperan y que están sometidas a la codicia y al atesoramiento de la riqueza?. ¿Son avanzadas las sociedades que consumen irracionalmente, que agotan los recursos naturales y que necesitan degradar las condiciones de trabajo de sus miembros para generar empleo?. ¿Qué clase de modernidad es esta?.

En 2012 la sociedad española fue sometida a una nueva reforma laboral. En mi opinión es esta una reforma de un único razonamiento: justificar la degradación de las condiciones de trabajo hoy, a fin de generar más empleos mañana. Puedo pensar que los españoles aceptan el sacrificio presente esperando recibir el premio futuro. Como en la religión. El problema principal es que no tenemos evidencias científicas sobre la solvencia de este razonamiento. Muchos consideran que se trata más de una creencia cuasi-religiosa que de una proposición científica.

Sin embargo hay una afirmación que todos proclamamos y repetimos como un mantra: la creación de empleo viene de la mano de los empresarios. Y esto es cierto, pero también es igualmente cierto que la creación de empleo no es el objetivo prioritario del empresariado, y esta segunda parte del razonamiento nadie la resalta. En el paradigma económico vigente, el objetivo prioritario del empresariado no es crear empleo, sino maximizar la ganancia maximizando la productividad.

Y hablando de productividad, hay otra afirmación que de nuevo todos repetimos como un segundo mantra: sin incremento de la productividad no hay crecimiento económico ni creación de empleo. Y esto es cierto, pero también es igualmente cierto que en las economías avanzadas, la mecanización inteligente a base de algoritmos, “big data” e Inteligencia Artificial puede no generar empleo según vimos en el punto 7 al tratar de la productividad, y esta segunda parte del razonamiento tampoco se resalta.

A la vista de la ocultación deliberada de las segundas partes del razonamiento, tenemos razones poderosas para cuestionar la creencia de que se creará empleo mañana si degradamos el salario y las condiciones de trabajo hoy. Ni el objetivo prioritario del empresariado ni la productividad generada por la mecanización inteligente avalan esa afirmación. Más bien lo contrario.

La tecnología ha acompañado la evolución del ser humano desde sus orígenes. Fueron las innovaciones tecnológicas y la acumulación de conocimientos lo que permitió a nuestros antepasados evolucionar desde la función recolectora-cazadora a la función agrícola-ganadera y de esta a la función fabril-industrial. Hoy día la evolución tecnológica se nos presenta en forma de mecanización inteligente. La mecanización inteligente de la producción es un proceso evolutivo irreversible que sustituye trabajo físico humano por trabajo mental humano, incrementando así la productividad y el beneficio empresarial. En este escenario, más productividad no se traduce necesariamente en más empleo según demostramos en el punto 7.

Todo depende de quién gobierna la mecanización inteligente y del tipo de trabajo al que nos referimos. Cuando la mecanización inteligente es una exigencia de los ciudadanos y está gobernada por el interés común tutelado desde la política democrática, entonces trae modernidad y equilibrio a la sociedad en la que se implanta. Pero cuando la mecanización inteligente es una exigencia de la ganancia irracional del capital y está gobernada por la economía de la codicia empresarial, entonces trae consigo degradación y desempleo en la sociedad en que se implanta.

Para entender esta divergencia profunda en los efectos de la mecanización inteligente es necesario analizar el tipo de trabajo sobre el que impacta. En principio, la mecanización inteligente destruye el trabajo físico y hace florecer el trabajo mental. El trabajo físico se nos presenta vinculado a un pasado de empleos forzosos realizados en condiciones gravosas. Por el contrario, el trabajo mental se nos presenta vinculado a un futuro de empleos no forzosos realizados en condiciones dignas.

La conclusión es que el trabajo físico representa la antigüedad y el pasado, mientras que el trabajo mental representa la modernidad y el futuro. Cada Gobierno-Estado europeo está decidiendo ahora, en función de la forma como aborda la salida de la crisis económica, quién va a gobernar durante las próximas décadas la mecanización inteligente en su territorio (si la ganancia irracional o el interés común) y en qué tipo de trabajo se especializará mayoritariamente sus ciudadanos (si en el trabajo físico-forzoso o en el trabajo mental-no forzoso). La paradoja es que algunos países y sociedades europeas que reúnen condiciones objetivas para optar por la modernidad y el futuro, están regresando, sin ser muy conscientes de ello, a la antigüedad y el pasado debido a las decisiones que toman sus políticos nacionales, sometidos a la presión de devolver las deudas, controlar el déficit y realizar ajustes.

Este es el caso de España. La reforma laboral de 2012 está condenando a la población española, y en particular a su juventud, a un futuro mayoritario de trabajo físico-forzoso degradado. Es una reforma gobernada por la maximización irracional del beneficio que conduce a la sociedad española hacia el mundo del trabajo físico de los empleos forzosos y degradados, y la aleja del mundo del trabajo mental de los empleos no forzosos y dignos. La prueba de esta afirmación es lo que ya están haciendo los ciudadanos españoles formados y preparados para el trabajo mental en empleos no forzosos realizados en condiciones dignas. Están huyendo de nuestro territorio. Dejan atrás su país, su familia y sus amigos para moverse a sociedades en las que puedan realizar su sueño de conseguir un trabajo mental (Canadá, Alemania, Estados Unidos etc.) Nuestros mejores cerebros huyen hacia sociedades que están sustituyendo trabajo físico-forzoso por trabajo mental-no forzoso de manera ordenada. La reforma laboral de 2012 tendrá la virtud de acelerar esa huida, porque contribuirá decisivamente a descapitalizar el factor humano de España.

Lamento que tengamos dirigentes políticos de tan baja calidad que están expulsando del país a sus mejores elementos. Son políticos enredados en los intereses privados y de visión corta. No trabajan para proporcionar a la población española la modernidad y un futuro de trabajo mental basado en empleos no forzosos realizados en condiciones dignas. Trabajan para ganar las próximas elecciones, un afán cortoplacista de sus cortas vidas, situados fuera del tiempo histórico y de las estrategias de la evolución humana. Cuando surge un político con capacidad de ver la realidad con una perspectiva superior a cuatro años, nos llama tanto la atención que le calificamos como “estadista”. Visión de estadista, decimos. Necesitamos con urgencia una generación de políticos nacionales con visión larga, que no tengan miedo a gobernar la mecanización inteligente en nuestro país, que estén decididos a trabajar sin descanso para construir una sociedad de empleos no forzosos realizados en condiciones dignas: construir la sociedad del trabajo mental. Exactamente en dirección contraria a la reforma laboral de 2012. Pero seríamos injustos si cargamos la responsabilidad de todos nuestros males sobre los políticos.

Nosotros mismos como ciudadanos también tenemos una parte de responsabilidad. El homo sapiens y los techos de cristal que impone a su propia evolución son sus peores enemigos. Hoy todavía quedan muchas personas que están de acuerdo con la afirmación de que es mejor tener un empleo degradado que no tener ningún empleo. Y actúan en consecuencia, apartándose del movimiento sindical concienciado. Son la versión laboral del gato chino de Felipe González en la década de 1980: “no importa si el gato es blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”.

Es un techo de cristal que impide la evolución de estas personas y del conjunto de la sociedad española. La conciencia del tiempo histórico nos enseña que hubo un pasado en el que la mayoría de los humanos pensaban que era mejor tener vida sin libertad que libertad sin vida. Durante miles de años actuaron en consecuencia y soportaron con estoicismo el precio de la servidumbre y de la esclavitud. Afortunadamente la mayoría de los ciudadanos de las sociedades avanzadas piensan hoy que una vida sin libertad no es vida, y actúan en consecuencia. Han evolucionado. En relación con el mundo del trabajo, el ser humano aún no ha evolucionado lo suficiente. Mientras tanto seguirá aceptando empleos degradados y tendremos que seguir trabajando para tomar conciencia del techo de cristal bajo el que estamos atrapados.

El tiempo de los mercados contra los Estados.

La guerra de los Mercados y los Estados es tan antigua como la historia del hombre. Incluso con mucha frecuencia los Mercados han sido la causa de la guerra entre los Estados. Pero en el mundo actual es distinto: por segunda vez en los últimos 500 años los Mercados se han rebelado contra los Estados. Para comprender esta rebelión hay que conocer bien dos realidades de las que los ciudadanos saben muy poco porque se las reservan para sí los economistas oficiales y los políticos institucionales: una es la manera como se crea el dinero e implica a los Estados; la otra es la manera como se determinan los precios de los productos financieros, e implica a los Mercados. Seguir la pista a la creación del dinero nos conduce a los Bancos Centrales. Seguir la pista a la formación de precios de los productos financieros nos conduce a los mercados bursátiles y a la prima de riesgo. Son caras de la misma moneda que los economistas oficiales y los políticos institucionales ocultan a la ciudadanía. Por eso tienen sentido los escenarios de guerra Estados-Mercados que voy a describir. Puede que sea tiempo de volver a ver la película norteamericana “El Patriota”.

Los escenarios que voy a describir son posibilidades, no realidades. Quisiera ser muy cuidadoso. Pero ser cuidadoso no es lo mismo que ser ciego o interesado. No puedo ser ciego. La realidad muestra que lentamente están matando a la Europa democrática. ¿Quienes?. No hay un solo responsable. En principio todos aquellos que piensan y trabajan para que los Mercados dominen a los Estados.

Esta guerra europea entre Estados y Mercados ya se produjo con anterioridad. La ganaron los Mercados y acabaron con los Estados “absolutistas”. La Historia “idealizada” nos cuenta que lo lograron después de varias rebeliones, y que los Mercados combatieron el absolutismo hasta derribar el antiguo régimen. La guerra duró decenios y en ella los vencedores tuvieron importantes aliados. Poco a poco los Mercados habían llegado al convencimiento de que los Estados absolutistas europeos ya no eran una ventaja sino un peso muerto que impedía su expansión y el desarrollo de una nueva economía: la economía capitalista liberal.

Tampoco puedo ser ciego. No negaré que los defensores de los Mercados trajeron a los Estados nacionales de Europa libertad económica y democracia institucional. Mientras ellos hacían esto, el pensamiento religioso de la época se ocupaba más de la ética, del bien y de la salvación del alma que de los derechos, la ley y la dignidad de las personas. Hasta que llegaron los filósofos laicos.

Los pensadores laicos sumaron libertad económica, ley democrática y derechos civiles, y esa suma resultó imbatible. Hasta hoy, cuando los hijos de los defensores de los Mercados han descubierto de nuevo que los Estados nacionales democráticos ya no son una ventaja para sus intereses, sino de nuevo un peso muerto para su expansión y el crecimiento de su riqueza. Y han decidido acabar con los Estados nacionales aún a riesgo de acabar también con las instituciones democráticas. De nuevo la guerra de los Mercados contra los Estados. Estamos en el inicio, aunque las cosas no sucederán exactamente igual que antes. Pero los tambores de esta guerra me permiten abordar el primero de los escenarios.

Lo llamo el escenario agresivo, en el que la violencia regresa a Europa. Este escenario es una reacción violenta del Estado y los ciudadanos a la tiranía de los mercados. Masas de ciudadanos angustiados y fanatizados, dirigidos por políticos agresivos, se levantan contra los Mercados en defensa de los Estados nacionales, que son vistos en el “imaginario colectivo” como el sujeto que puede proporcionarles el sustento y la seguridad que los mercados les han arrebatado. El sustrato ideológico de estas revueltas es el nacionalismo excluyente y la xenofobia. Populismo lo llaman. El régimen político propuesto es autoritario y conduce a los pueblos de Europa de nuevo hacia el totalitarismo institucional y el aislacionismo. El motor económico de este escenario es la economía de guerra y el crecimiento del empleo regresa de manos de la preparación para la guerra. Sólo cuando ya están dentro del tornado nacionalista, algunos se dan cuenta de las similitudes con la Europa de la década de 1930, pero ya es tarde para volver atrás. Los protagonistas son ahora otros pueblos, y las cosas se complican hasta extremos impensables de modo que Europa regresa rápidamente al nacionalismo de los Estados, a la violencia y a la barbarie.

El segundo escenario lo denomino cibernético, en el que todo el poder es para las máquinas inteligentes y la IA. Es el triunfo de la economía de las máquinas. En este escenario, ciudadanos conformistas y fatalistas aceptan de forma sumisa que el empresariado global con el objetivo de maximizar la ganancia, y apoyándose en los científicos, ingenieros y las tecnológicas imponga un régimen político totalitario basado en el poder de las máquinas inteligentes. A cambio de pequeñas prebendas y de conservar algunos privilegios, la masa media acomodada europea se deja someter al control del mercado, que utilizará para este fin a las máquinas inteligentes, la IA y el poder del propio Estado. Los Estados nacionales europeos, en manos de los mercados, se convertirán en puro instrumento de represión y control social. El sustrato ideológico de este régimen será la ciencia “despolitizada”, y el estilo dirigente será tecnocrático En el escenario cibernético las cosas funcionan como habían previsto algunas novelas del siglo XX, pero su talón de Aquiles es la creación de empleo, pues la maximización irracional de la ganancia arruinará la creación de empleo. Por esta razón, comenzó a deteriorarse el mundo fantástico de las máquinas inteligentes que habían sido puestas al servicio del poder económico de una minoría en lugar del al servicio del ser humano.

El tercero es el escenario “bancocrático” en el que una minoría disfruta del privilegio de vivir de las finanzas. Es una prolongación del escenario actual, en el que un grupo elitista acaba consolidando para sí y sus descendientes el privilegio de vivir de las finanzas, mientras niega al resto de ciudadanos esta opción. Banqueros y financieros, apoyándose en políticos institucionales acomodaticios y en empresas globales, instauran un régimen político autoritario con apariencia democrática pero que en realidad es un totalitarismo camuflado. El sector económico que mueve este escenario es la economía de las finanzas basada en la producción y comercialización masiva de activos financieros para el atesoramiento privado y la acumulación de riqueza sin límites. En este escenario el Estado nacional es capturado por el Mercado financiero, y aquel adopta como fin propio y último el de este, que ha quedado reducido a enriquecerse financieramente sin importar cómo. El sustrato ideológico del régimen es el de los mercados libres, competitivos y auto-regulados, y el estilo dirigente es el depredador. Europa es el territorio ideal para la implantación de este escenario a causa de los errores de construcción institucional cometidos por los políticos. Los defensores de este escenario no habían contado con la inestabilidad y crisis agudas del capitalismo liberal ni con la aparición del escenario agresivo. La codicia les había cegado.

El último escenario es el escenario solidario, en el que nace la economía digital de los recursos inagotables por ser inmateriales. Es el escenario deseado y deseable, pero tiene el riesgo de dividir a la especie humana en dos subespecies: el homo “mentalis” y el homo “vulgaris”, ya que sin una masa crítica suficiente de homo mentalis no será posible el tránsito de la economía de los recursos físicos y finitos a la economía de los recursos digitales e inagotables. Europa es la zona geográfica del planeta Tierra que está más cerca de alcanzar esa masa crítica, pero es al mismo tiempo la zona más desestructurada políticamente. ¡No todo podían ser ventajas!. El motor económico de este escenario es la economía del conocimiento, de la comunicación y de la innovación. Masas de ciudadanos concienciados, críticos e ilustrados generan liderazgos políticos rupturistas que instauran una democracia avanzada construida sobre nuevas instituciones y con nuevos instrumentos. El Estado redefine su papel y pasa a focalizarse en la distribución del poder y la riqueza, y en asegurar el sustento universal de sus ciudadanos. Acorde con estos nuevos objetivos, se reforma de raíz el sistema fiscal y la organización económica de la sociedad. El sustrato ideológico de este régimen político es la cooperación y la globalización incluyente. El estilo dirigente es el solidario.

Probablemente la realidad será una mezcla de los escenarios descritos. Pero los europeos no llegaremos a ninguna parte si no sabemos a dónde queremos ir. Tenemos una oportunidad de fijar el rumbo en las elecciones europeas de 2019. La actitud de cada persona y la implicación individual serán determinantes de nuestro escenario futuro. Una cosa es cierta: el escenario en el que nos hallamos es inestable y está agotado. La “cuestión griega” es prueba concluyente. Lo ratificará la “cuestión española”.

Alcobendas, enero de 2019.

 

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