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CÉSAR MANRIQUE Y LANZAROTE: NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE ASÍ QUE LO HIZO

EN LANZAROTE LA NATURALEZA ES LA PRINCIPAL PROTAGONISTA.

¿Qué mejor momento se presentaba, cavilaba el viajero, que el de visitar la isla de Lanzarote en 2019, año en el que se conmemoraba el centenario del nacimiento de César Manrique, el gran artista lanzaroteño?

Pues en esas cuitas andaba el viajero -dándole vueltas a lo que, con frecuencia, nos cuesta en este país reconocer los méritos de otros congéneres, bien ninguneándolos, bien rebajándolos con despectivas frases como”no será para tanto” o “ya será menos”-cuando aterrizó en Lanzarote durante el pasado otoño. Pero, en este caso, se corrobora aquello de que nunca es tarde si la dicha es buena, y es que, cuando se vienen a cumplir casi treinta años de su fallecimiento, se ha venido a homenajear a Manrique, de lo que hay que felicitarse.

Conviene ya anticipar que las primeras impresiones que se extraen de la isla-aunque no siempre éstas son totalmente acertadas, como luego se verá-la presentan con un entorno árido, austero, lunar, si se quiere, con multitud de volcanes, cráteres y enormes extensiones de lava. No en balde se trata de una isla acentuadamente volcánica, que, en especial en el siglo XVIII, experimentó cómo se resquebrajaban sus entrañas con violentas erupciones que desataron vertidos de lava de forma tan incontenible que arrasaron poblaciones enteras y grandes extensiones de fértiles tierras. Hay, por lo tanto, un Lanzarote antes y después de las fortísimas erupciones volcánicas.

Continuando con las consideraciones anteriores acerca de la oportunidad de matizar unas primeras impresiones, una mirada más atenta de la isla permite al observador que la negra lava acumulada exhibe un variado cromatismo aflorando múltiples colores: rojos, azules, negros, naranjas, marrones, grises…, lo que atenúa la inicial percepción de un escenario inhóspito. Añádase a ello la existencia de terrenos glaucos poblados de viñas y de palmeras; del azul turquesa, cuando no verde esmeralda, de las transparentes aguas del Atlántico; de la luminosidad, tan especial, de los cielos del Atlántico; de un litoral conformado por playas salvajes, de arena blanca y negra;del viento, del sempiterno viento; de poblaciones con casas bancas y puertas verdes o azules, adornadas con plantas y flores conformando todo ello un inesperado poliédrico paisaje, alejado de un panorama a primera vista desolador. El escenario, en cualquier caso,no deja indiferente al espectador, ya que a unos les atraerá y a otros no (a éstos últimos, sobre todo, si acuden a Lanzarote con la pretensión de descubrir inmensas praderas regadas por multitud de riachuelos puesto que si así fuera habría que decirles que han errado el destino). Pero en algo parece haber consenso entre unos y otros: el panorama lanzaroteño invita al sosiego, a la tranquilidad.

En Lanzarote,Reserva de la Biosfera, sirva como cordial advertencia, es la naturaleza, y ello es una característica determinante,más allá de los monumentos, ciertamente no abundantes de que pueda disponer, la protagonista por excelencia. Una naturaleza que se despliega en mares de lava petrificada, en grutas que parecen encantadas, en columnas de vapor en zonas volcánicas, en cráteres inquietantes, en lagunas cargadas de misterio, en playas salvajes, en tubos volcánicos, en Salinas…habiendo sido Saramago el que, en este sentido, ha señalado acertadamente que Lanzarote es “otra naturaleza. Es una belleza áspera, dura…aquellos basaltos, aquellos barrancos”. (1).Se trata, en fin, de una bella naturaleza, aunque distinta, que llevó al mismo Saramago a concluir rotundamente que “Lanzarote no es mi tierra, pero ya es tierra mía”.(2).

CÉSAR MANRIQUE Y LA IMBRICACIÓN ENTRE ARTE Y NATURALEZA.

El hecho es que los campesinos lanzaroteños, que se dedicaban a la agricultura (y también a la ganadería y a la pesca) estaban concentrados, después de las erupciones volcánicas, antes citadas, con los consiguientes destrozos acarreados en poblaciones y en fértiles terrenos, en la lucha por la supervivencia, dificultada aún más por la crónica escasez de precipitaciones, de agua. Y, en ese contexto, resultaba casi impensable que se suscitase otro tipo de inquietudes, de consideraciones culturales de proyecto de nuevas formas de vida en la isla como las que terminarían después por concretarse de la mano de un personaje excepcional: César Manrique.

Y es que con César Manrique, a su regreso a Lanzarote después de una estancia en Nueva York, llegó a la isla, en la década de los sesenta del pasado siglo,un agitador cultural, un transgresor, un polifacético artista de hechuras renacentistas que, como tal, reunía varias condiciones: las de pintor, decorador, diseñador arquitectónico urbanístico y paisajístico, conservador del patrimonio cultural, escultor, fotógrafo, activista ecológico y hasta diseñador de máscaras de carnaval… Y, más allá de ello, con él arribó la pura libertad, constituyéndose Manrique en un visionario que propició que esa naturaleza, con tan dominante presencia en Lanzarote, se transformase radicalmente, con sus intervenciones arquitectónicas y urbanísticas, en paisaje (por algo se ha sostenido que la naturaleza se muta en paisaje cuando irrumpe el artista, el Arte).

Efectivamente, ante una geología quemada, tal y como se presentaba Lanzarote, César Manrique consideraba, por el contrario, que era el lugar más bello de la Tierra y que si conseguía que los lugareños contemplasen la isla a través de sus ojos entonces podría mostrar la belleza de Lanzarote al mundo. Éstos eran, pues, sus propósitos y a esa tarea se entregó.

En ese escenario la labor desarrollada por César Manrique puede estimarse hercúlea por las trabas de todo tipo con las que se encontró: incomprensión para sus proyectos; resistencias a los aires de modernidad que postulaba; intereses económicos contrarios; operaciones especulativas urbanísticas;desconfianza;ingratitudes, con esa irracional e incomprensible reacción que pudo despertar en algunas gentes alguien como Manrique que, sin medida, se consagró a Lanzarote…Pero consiguió el artista, con gran determinación-acaso heredada de la resiliencia y de la tenacidad con las que el campesino lanzaroteño hubo de enfrentase a un contexto volcánico adverso-ver como su ideario iba tomando forma y para ello contó con el apoyo de personas que resultaron fundamentales para tal empresa, tales como:J.Ramírez Cerdá, Presidente del Cabildo Insular y personaje decisivo para que se pudieran realizar los proyectos de Manrique, Fernando Higueras, arquitecto y Jesús Soto y Eduardo Cáceres, artistas.

Las intervenciones de César Manrique en la isla pretendieron, en todos los casos, preservar el medio ambiente, la armonía con la naturaleza y la no interferencia de sus procesos, integrar, confundiendo plenamente su arquitectura en la naturaleza, invisibilizar aquella desde el exterior y respetar la arquitectura tradicional del lugar. De esta manera el gran artista logró difuminar las fronteras entre la naturaleza volcánica y el arte propiciando, como ideario, un binomio entre arte, naturaleza /naturaleza, arte, de tal modo que cuando se visualiza el entorno isleño el mismo aparece indisolublemente unido al trazo de la obra de Manrique como si éste hubiera dado a Lanzarote la fisonomía que aquella demandaba.

El resultado ha sido que los lanzaroteños han terminado por admirar su isla como, asimismo, lo hacen los miles de turistas que la visitan, convirtiéndose en un relevante destino turístico, y es que el turismo es, en la actualidad, la principal actividad económica de la isla. Mas al calor de ese crecimiento turístico se han producido algunos excesos urbanísticos que han desvirtuado en parte la peculiaridad, el carácter único de Lanzarote y que chocan con esa arquitectura tradicional del lugar consistente en casas blancas, de una o dos alturas y con ventanas de color verde o azul que tan vigorosamente defendió el gran artista, no contrario al turismo( ya que era consciente de que su obra propiciba la llegada de turistas) pero sí al turismo masivo, sabedor de sus efectos no siempre beneficiosos en todos los casos. De cualquier forma,la isla continúa expeliendo, transmitiendo, la visión de Manrique de Lanzarotecomo si demandase proseguir con su ideario sin traicionarlo y, a mayor abundamiento, cuando entre Lanzarote y Manrique se detecta una sinonimia que opera como logotipo del enclave.

RECORRIENDO TIMANFAYA, FAMARA Y LA FUNDACIÓN CÉSAR MANRIQUE

Pero hay que pasearse por la isla y comprobar las sorpresas que depara Lanzarote y las múltiples, casi continuas, huellas que ha dejado allí el quehacer de Manrique. El itinerario puede comenzar por el oeste y, en concreto, por el Parque Nacional de Timanfaya, Patrimonio de la Humanidad para la UNESCO y en donde se originó, principalmente en el siglo XVIII, la actividad volcánica más intensa, lugar con multitud de cráteres que, con indiscutible atractivo,responden a las tonalidades más variopintas, lo que podrá ratificar el visitante en la Ruta, ciertamente singular, de los Volcanes. En esa Ruta se puede asistir, efectivamente, a un espectáculo fascinante: un entorno árido, desolado, infernal, si se quiere, en donde la vegetación brilla por su ausencia, pero salpicado de inesperados contrastes cromáticos derivados de los cráteres que, de alguna manera, cambian la perspectiva de un, a priori, desalentador lugar.

En Timanfaya asistirá el visitante, en el denominado Islote de Hilario, a una demostración geotécnica-a pesar de tratarse, en términos de Vulcanología, de una zona fría-consistente en verter agua en un agujero en el suelo generándose de inmediato y con un ruido ensordecedor, el fenómeno geiser, cual fuente termal que emite una columna de agua caliente y de vapor a la atmósfera, y es que se alcanza una temperatura de 400º, a muy escasa profundidad de ese terreno.

El visitante se encontrará ya en Timanfaya con una de las obras de César Manrique, ya que diseñó en el mismo Islote de Hilario un edificio circular que es un Restaurante-Mirador, con fachada recubierta de piedra volcánica y con amplios ventanales al exterior, e impecablemente integrado, hasta escondido, en ese entorno con la particularidad de que incorpora, proyectado por el mismo Manrique, un pozo con temperatura de hasta 200º que es aprovechado como horno natural para la cocción de alimentos.

Dejando atrás Timanfaya, si se opta por encaminarse más hacia el norte y el centro de la isla, se accederá a Teguise, muy bella población y antigua capital de Lanzarote, declarada conjunto arquitectónico histórico-artístico con edificios en piedra y en ladrillo y paredes encaladas que albergan palacios, casas señoriales, iglesias, museos, calles y plazas adoquinadas… Destacan la iglesia de Ntra. Sra. de Guadalupe, siglo XV, con fachada en piedra rojiza en la torre-campanario y color blanco en la llamativa cúpula; el Palacio Spínola, siglo XVIII, ejemplo de arquitectura para mansión señorial que alberga el Museo del Timple; la Casa de los Herrera; la Casa Torres; el Convento de Santo Domingo, siglo XVII; la iglesia conventual de San Francisco, contrastando allí, al igual que en la iglesia de Ntra. Sra. de Guadalupe, el encalado blanco de los muros, junto con la piedra negra del campanario, lateral, y el color rojizo de la portada.

Muy próxima a Teguise-las distancias son cortas en una isla con 845,94 km2. de superficie-y-al noroeste, se halla la Caleta de Famara, que uno no debe perderse, con espectacular playa, salvaje, diríamos, que se extiende a lo largo de tres kilómetros de arena fina de tonos pardos. La playa está batida habitualmente por los vientos alisios del Atlántico y es ideal para los amantes del surf y de la pesca submarina que mucho a frecuentan. En ese enclave, antiguo núcleo de pescadores, las pocas casas allí existentes se atienen a la isleña arquitectura tradicional: blancas, de una o dos plantas y puertas verdes. Allí todo invita al silencio. Pero es que aún hay más atractivos en Famara: se levantan macizos montañosos en sus inmediaciones con acantilados de envergadura.

Prosiguiendo el periplo por la parte septentrional de Lanzarote-en el recorridopor la isla haremos algunos zigzag- por la misma-se llegará inevitablemente, por su vis atractiva, por el magnetismo que comporta la obra manriqueña, a la sede de la Fundación César Manrique, edificación ubicada en Taro de Tahiche y en la que residió el artista como vivienda y taller durante años (se construyó en 1968)hasta que se constituyó en Fundación. Está erigida sobre cinco burbujas volcánicas con dos niveles, interior y exterior-imitando este ultimo la arquitectura tradicional isleña, uno de los “leitmotiv” de Manrique-y comporta todo un ejemplo de actuación sobre un espacio natural sorprendiendo cómo se consiguió transformar en vivible un lugar tan aparentemente inhabitable y si alterar el ecosistema, diríamos. El Museo contiene, entre otras, obras de Picasso, Miró, Tapies, Chillida y del mismo Manrique en su etapa no figurativa, (se adentró en la pintura no figurativa, en el informalismo, cuando residió en Madrid en la década de los cincuenta y, posteriormente, en los sesenta, al vivir en Nueva York, conoció el expresionismo abstracto y el pop-art). La piscina; los chorros de agua; las palmeras, los cactus y, en suma, el jardín; las esculturas de viento; el mural de aires mironianos…todo ello compone una construcción irrepetible y una de las señas de identidad de Lanzarote.

VISITANDO EL JARDÍN DE CACTUS, LOS JAMEOS DEL AGUA, LA CUEVA DE LOS VERDES Y EL MIRADOR DEL RÍO.

Y progresando un poco más hacia el norte nos encontraremos con el Jardín de Cactus, asimismo ideado por Manrique,constituyendo su última obra en la isla, y que viene a ser un centro de estudios botánico y florístico. En este caso, César Manrique, exhibiendo una imaginación y versatilidad portentosas, convirtió una cantera de ceniza volcánica en un idílico Jardín en el que hay miles de ejemplares de cactus (unos crecen escasos centímetros y otros alcanzan hasta 25 metros de altura) que representan, a su vez, a más de 1.400 especies, procedentes no sólo de Canarias. Las rejas, las fuentes, los muros del lugar, el viejo molino en el que se elaboraba el gofio, y la policromía derivada de la increíble multiplicidad de cactus-demuestran el dominio de Manrique tanto de la paleta de colores, influido, sin duda, por esa sutil, como agazapada policromía del paisaje lanzaroteño, como del diseño. Y todo ello lleva a admirar la maravillosa transformación de la naturaleza operada en este lugar.

Cercano al Jardín de Cactus, siguiendo la ruta manriqueña, se hallan los Jameos del Agua, que es la primera intervención de Manrique en Lanzarote realizada en 1968.El Jameo, término aborigen, es un túnel o tubo o burbuja volcánica reventada a la que se accede por su techo. En esta ocasión el polifacético creador diseñó para descender al Jameo Chico, interior, del lugar escogido, una escalera de caracol, de piedra volcánica y madera y en donde se encuentra una laguna de agua salada, clara y transparente en su fondo, en la que habitan unos diminutos cangrejos, albinos y ciegos como consecuencia de la falta de luz y de pigmentación durante milenios. Por una pasarela se salva el lago por uno de sus laterales y se alcanza el Jameo Grande, exterior, destacando una piscina natural de fondo blanco y aguas de azul turquesa y un exuberante Jardín tropical repleto de palmeras, cactus e higueras abriéndose al final un auditorio natural, que impresiona, con capacidad para unos seiscientos espectadores, sin olvidar el restaurante y discoteca allí albergados, enmarcados en piedra volcánica y vegetación.Los Jameos del Agua constituyen otro soberbio ejemplo de cómo la intervención humana en la naturaleza-a la búsqueda de lo funcional y de lo artístico-puede no alterar la singularidad de un determinado lugar, aunque lo transforme. Y al ser la primera intervención de Manrique en la isla abrió el camino para el posterior desarrollo de una nueva manera ecológica de construir y de diseñar en Lanzarote.

A muy pocos metros de los Jameos del Agua está la Cueva de los Verdes, un tubo volcánico de unos 6 Km. de longitud, de los que solo se pueden recorrer unos 2Km. El nombre de la Cueva, Los Verdes,se corresponde con el apellido de una de las familias que conservaban allí su ganado. En la Cueva se suceden las lagunas, los pasadizos, los laberintos, los abismos y gracias a la espléndida iluminación, plena de efectismo, concebida por Jesús Soto, se pueden admirar las múltiples coloraciones de la lava petrificada y las diversas gamas de las texturas de las paredes, tonalidades intensificadas por un refulgente musgo: un espectáculo, en verdad, increíble, único. En el recorrido por la Cueva de Los Verdes el visitante además descubrirá un auditorio. Manrique actuó diseñando la explanada de acceso exterior y el sendero que perfila la ruta por el interior de la Cueva de los Verdes.

Si se sigue el tour más hacia el norte y se arriba prácticamente al extremo de la isla se podrá observar otra de las intervenciones singulares de César Manrique: el Mirador del Río ( llámase, en este caso,Río al paso de mar entre Lanzarote y La Graciosa, la isla más cercana a aquella y la octava de las mayores, habitada, del Archipiélago Canario).El Mirador del Río fue inaugurado en 1975e ideado por Manrique planteando la reconstrucción de una antigua posición de artillería, haciendo una excavación en la montaña de 470 m. de elevación, construyendo en la hondonada un restaurante e incorporando dos cúpulas sobre las que se echó encima tierra para que la obra quedase oculta desde el exterior Dispone el Mirador de terrazas exteriores y de amplios ventanales en el interior que hacen, en ambos casos, de miradores. Se ha dicho, expresivamente, que la vista desde el Mirador del Ríodel Océano y del cielo es como una ventana al mundo, al Universo,especialmente desde los ventanales,adornada con la peculiar luminosidad del cielo del Atlántico,parece irreal, como cinematográfica, divisándose, además-lo que convierte la vista en algo aún más impactante-La Graciosa y los islotes de Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste. La intervención de Manrique-manteniendo su habitual línea de actuación sobre un sensible espacio natural sin que éste se resienta en absoluto-es inapreciable desde el exterior, como se dijo, como si el Mirador estuviese camuflado en las paredes de la montaña y formase parte del farallón en el que se ubica.

MARCHANDO POR LA LANZAROTE PROFUNDA: HARÍA, YAIZA Y LA GERIA

Descendiendo desde el norte por la, permítasenos la expresión, Lanzarote profunda,tan auténtica, y a pocos kilómetros, el visitante arribará a la localidad de Haría, que es una de las más bellas de la Isla, y que es un conjunto de casas blancas, predominando las de una sola planta, con volúmenes cúbicos y balcones y ventanas decoradas con gran profusión de flores y plantas que le confieren un particular colorido, componiendo un buen ejemplo de la arquitectura popular isleña. Haría está asentada en una zona que es un extenso palmeral, conocido por el Valle de las Diez Mil Palmeras llamando poderosamente la atención la contraposición entre el color verde de sus fértiles campos y el tono árido,tan común en otros parajes de la isla. En Haría estuvo residiendo durante sus últimos años de vida Manrique y su casa, hoy Museo-Taller, ilustra acerca de cómo vivía y trabajaba el artista.

Bajando aún más por la geografía de Lanzarote y en el centro se encuentra, muy cerca de la población de San Bartolomé, el Monumento al Campesino, de 1969, cuya autoría se debe a César Manrique. El Monumento a la Fecundidad o Monumento al Campesino, es un homenaje al campesino lanzaroteño. Se trata de una escultura abstracta, ciertamente original, de 15 m. de altura, compuesta por diversos objetos pintados de blanco y ensamblados por hormigón y hierro, adoptando formas cúbicas, que viene a representar a un campesino sentado sobre un animal de carga. Y al lado del Monumento al Campesino está ubicada la Casa- Museo del Campesino, obra, asimismo, de Manrique que está integrada por un grupo de edificaciones inspiradas en la arquitectura tradicional de Lanzarote en las que se exponen objetos, herramientas, aperos, y su evolución, utilizadas en la agricultura de la isla.

Y desde allí parece obligado dirigirse a Yaiza, que es una población espléndidamente conservada, con arquitectura tradicional cuidada, sencilla, de casas blancas y muchas flores y plantas en calles y plazas, colmadas éstas de la luz del Atlántico y aquellas desembocando en campos de cultivo. Todo transpira armonía y tranquilidad en Yaiza, destacando la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de los Remedios, siglo XVIII, que consta de tres naves y original campanil y la Casa de Cultura, ubicada en una gran casona lanzaroteña del siglo XIX.

Situados en esa área de la isla está La Geria, siendo comentario generalizado que no se debe dejar Lanzarote sin haberla conocido. La Geria es un lugar que, a causa de las erupciones volcánicas de Timanfaya, fue cubierto por la lava y en el cuallos campesinos tuvieron que agudizar el ingenio, sorteando toda clase de dificultades, para poder cultivar vides (de ahí que se haya hablado de “El viñedo de lo imposible”). Los campesinos se enfrentaron, además, a los vientos, tan habituales en la isla, y a la escasez de precipitaciones, de agua y así cavaron hoyos sobre la capa de negra ceniza volcánica al objeto de que la cepa pudiera superar esa capa y hundiera sus raíces en el terreno que se encontraba debajo. De esta manera la capa de ceniza absorbería durante la noche la humedad, la traspasaría al terreno e impediríala evaporación. A mayor abundamiento, y para proteger a las plantas de los vientos subsaharianos, se rodearon a aquellasde unos muros semicirculares, de unos 70 cm de altura, de piedra volcánica. Conforma todo ello un magnífico espectáculo con la contraposición entre el color verde de grandes extensiones de tierras colmadas de hojas de las vides y el color negro o violáceo de la lava. Esta manera de cultivar no es exclusiva en Lanzarote de la zona de La Geria, hallándose en otros lugares,pero, en ningún caso, con las dimensiones alcanzadas en aquella, que acaban componiendo una suerte de mar de cenizas volcánicas sembrada por verdes viñas.

TRANSITANDO POR LO INSÓLITO: LOS HERVIDEROS, EL GOLFO Y LAS SALINASDE JANUBIO

De la variedad, ya apuntada, de la naturaleza de Lanzarote, que está inicialmente como agazapada y que se va desvelando poco a poco al compás del recorrido por la isla, hay algunos enclaves, distintos entre ellos, pero que devienen en inesperados, en insólitos. Es el caso, al suroeste, de los Hervideros, en los que el enfriamiento y posterior solidificación de la lava, originada por las erupciones volcánicas, produjo la formación de tubos subterráneos y de galerías que alcanzaron la costa. Pues bien: el constante batir de las aguas del Atlántico golpeando sobre la roca del litoral produce que el mar penetre, incontenible, por los tubos y que, debido a su estrechez, emerja con mucha velocidad formando grandes montañas de espuma, a presión y ruja con un ruido ensordecedor. Es, en suma, todo un espectáculo.

Otro espacio inaudito que ofrece Lanzarote es El Golfo, en donde el viajero se topará con un cráter erosionado, cual acantilado, consecuencia de las erupciones, y al pie del mismo está la playa y en ella se sitúa El Lago de los Clicos, que tiene un intenso color verde esmeralda que contrasta vivamente con las tonalidades oscuras del acantilado y con el arenal negro de la playa. Y, en ese contexto de lo inusitado,uno se encuentra con las Salinas de Janubio: aquí se aprovecharon los lagos naturales que se formaban en el litoral para transformarlos en Salinas. Componen una suerte de laguna interior, cuarteada por múltiples piscinas sobre piedra volcánica, que reflejan, ocasionando un singular paisaje, los más variados colores a consecuencia de las diferentes clases de líquenes. Explotadas las Salinas con métodos tradicionales, se conservan viejos molinos, hornos de cal, salineras…En este lugar se confunde la explotación de la naturaleza con la naturaleza misma.

YENDO POR OTROS LUGARES DEINTERES: PUERTO CALERO, ARRECIFE Y LA GRACIOSA

El viajero, y para disponer de una mayor visión de conjunto de Lanzarote, y corroborar su diversidad, se dirigirá a renglón seguido, y el cambio de decorado es considerable, a Puerto Calero, al sureste.Puerto Calero está guarnecido de los vientos, cuenta con importante puerto deportivo y con buenas edificaciones y es destino turístico de calidad, cuando no hasta exclusivo, y enclave adecuado para practicar el submarinismo y la navegación a vela.

Y desde Puerto Calero deviene casi obligado recalar en Arrecife, capital de Lanzarote desde 1852 (Teguise fue antes la capital, como con anterioridad se dijo) y que, en el escenario lanzaroteño, representa la ciudad, la forma de vida urbanaen la isla.En Arrecife-lugar en donde nació César Manrique y en el que se ve también su huella-se concentra, prácticamente, la mayoría de la población isleña. Arrecife, a pesar de su actividad comercial y animación, no parece, sin embargo, dominada por las prisas. En cuanto a actividad comercial hay que aludir como emblemática a la calle de León y Castillo, próxima a La Marina, y en donde se halla la Casa Amarilla, antiguo Cabildo Insular.

Se encuentran en esa zona la iglesia de San Ginés, siglo XVI, restaurada y ampliada y con atractivo artesonado; el mercado de La Recova, buen ejemplo de arquitectura tradicional canaria; la Casa de los Arroyo, con depurado trabajo de carpintería. Y en la Avenida Marítima hay que mencionarel Puente, fortificado, de las Bolas, consistente en dos columnas con éstas en su parte superior y plataforma levadiza que une la ciudad con el Castillo de San Gabriel, siglo XVI, emblema de Arrecife, erigido en un islote; El Parque J. Ramírez Cerdá, que fue Presidente del Cabildo Insular y cuyo papel fue determinante para la ejecución de los proyectos de Manrique; el entrañable quiosco de madera de la Música; la Casa de Cultura Agustín de la Hoz, con frescos de Manrique de su etapa figurativa, siendo estudiante de Bellas Artes; el Centro Científico-Cultural Blas Cabrera, que es Museo de Ciencia y Técnica; el Charco de San Ginés, núcleo originario de Arrecife y lago natural de aguas tranquilas unido al Océano por un pequeño canal en torno al cual se edificaron las primeras casa de pescadores; el Castillo de San José, siglo XVIII, que en la actualidad-y con intervención de César Manrique para su espléndida rehabilitación que incorpora una gran cristalera circular con magníficas vistas al Atlántico-es Museo Internacional de Arte Contemporáneo y en cuyo interior pueden contemplarse obras vanguardistas de Picasso,Miró, Tàpies, Millares, Oscar Domínguez, Zóbel…

Y,“thelastbutnotleast”, enfrente de la costa norte de Lanzarote está la isla de La Graciosa, isla de unos 27 km2. de extensión- que tan espléndidamente se observa desde el Mirador del Río, y a la que se arriba desde el puerto de Órzola, que cuenta con una población en torno a los seiscientos habitantes. Las construcciones responden, en el núcleo poblacional más importante, Caleta de Sebo, a lo típico de la arquitectura tradicional de Lanzarote, de casas blancas de una o dos plantas y puertas, en este caso, predominando el color azul. La isla vive de la pesca y del turismo, dispone de magníficas playas, y de importantes avifauna marina y reserva de peces. La tranquilidad y la calma están garantizadas. Hay que olvidarse de automóviles y de asfaltos en este paraíso natural.

UNAS ÚLTIMAS OBLIGADAS REFERENCIAS

En 2019, con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de Manrique, se inauguró, en la sede de la Fundación que lleva su nombre, la exposición “César Manrique. Es un placer”.Pues bien: en el acto de la inauguración de la muestra, que refleja la versatilidad del artista y de su proceso de creación, el director de la Fundación, Fernando Gómez Aguilera, manifestó que Manrique “desarrolló una estética del placer que transformó el arte en vida y la vida en arte de habitar” (3) y señaló cómo, estando el artista tan asociado a la isla, se ha convertido en su logotipo. ¿Qué mejor colofón que estas palabraspara situar hoy a César Manrique, desaparecido en 1992, pero encontrándose tan presente como él está en Lanzarote?.

Y el que esto suscribe no puede, finalmente, evitar una referencia a la Estrofa, plena de hondura, que dedicó Rafael Alberti, en Taro de Tahiche, 1979, a César Manrique y que se encuentra expuesta en la Fundación que lleva el nombre del artista. En esa ocasión le definió, de forma bellísima, como “pastor de vientos y volcanes” y, ciertamente, vale la pena entresacar unos versos de la Estrofa:

“Vuelvo a encontrar mi azul,/mi azul y el viento, /mi resplandor, /la luz indestructible/que yo siempre soñé para mi vida”

……

“Mi Voz, mi Canto, debe acompañaros/ más allá, más allá de las edades./He venido a vosotros para hablaros y veros,/arenales y costas sin fin que no conozco,/ dunas de lavas negras, /palmares combatidos, hombres solos,/ abrazados de mar y de volcanes. /Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo. /Siento que va a habitarme el fuego que os habita”.

Volviendo,en fin, al encabezamiento de este artículo, y parafraseando a Mark Twain, César Manrique no sabía que era imposible, así que lo hizo, vaya si lo hizo.

(1) “José Saramago en sus palabras”. Ed, Alfaguara. 2011.

(2) Ibidem

(3) Diario El PAÍS. 31-X-2019.

Fernando Díaz de Liaño y Argüelles.

Febrero 2020

 

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