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Ultimamente parece que la forma de enterarse, por lo menos en Madrid, de si es fin de semana sin tener calendario es mirar al cielo: si llueve es sábado, domingo o viernes por la tarde, mientras que si hace 27º y un sol espléndido, es martes, son las tres de la tarde y te toca volver  a trabajar...Conclusión: a mi este tiempo me está tocando un poco...la moral!

 

 

 

 

Pero como dicen que al mal tiempo buena cara, habrá que hacer como mis amigos los ingleses: sacar la tetera, el acento inglés y a disfrutar de una merienda a lo Elizabeth Bennet en Pride and Prejudice. Falta Mr Darcy, pero por ahora habrá que conformarse con un Victoria Sponge con Buttercream de Naranja y Frambuesas. Lo malo es que a este paso, como cada vez que llueva me dé por arrasar con la mantequilla que tengo en casa... esto más que operación biquini va a parecer misión imposible!

 

 

 

 

El bizcocho es, probablemente uno de los más fáciles de mi repertorio y de los que más hago. Además aparece en centenares de libros, pero yo como buena anglófila  fiel a mi querida Nigella, hago la versión que aparece en su primer libro: "How to eat". La receta es ridícula: son dos líneas de instrucciones, pero gracias a los ingredientes (probablemente a la cantidad de mantequilla y la esencia de vainilla), salen unos bizcochos ligeros, sabrosos y PERFECTOS. Es la típica receta "chollo": 1% trabajo, 99% satisfacción, no como esas que tienen una infinidad de pasos, en las que ensucias 3 boles, 4 platos y no sé cuántas cosas más, para que luego la cosa no salga como en la foto... Esas recetas me ponen de mal humor, pero ésta, ésta es UNA JOYA. De hecho, con el miedo que le tiene la mayoría de la gente a la repostería, todo el no iniciado en el arte se pensará que has tardado tres horas en hacer la tarta cuando, en realidad la has hecho en 10 minutos!

 

 

 

 

Al hacer el buttercream ni he medido las cantidades, ni he seguido ninguna receta: he puesto un poco de mantequilla en un bol, lo he mezclado con azúcar glas y rayadura de naranja, con lo cual mi Victoria Sponge es, más bien, una tostada con mantequilla y mermelada refinada (lo suficiente como para que le pusieran el nombre de una reina). Se ve que las reinas de aquella época pasaban del pan Bimbo y solo desayunaban bizcochos con su nombre...

 

 

 

PD. Esta es una página web que he creado con mi hermana: www.hermanasarce.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Victoria Sponge

 

 

225gr harina

225gr azúcar

225gr mantequilla a temperatura ambiente

2 cucharaditas de levadura en polvo

1 cucharadita de extracto de vainilla

4 huevos

2-4 cucharadas de leche entera.

 

 

 

1. Precalentar el horno a 180ºC y engrasar dos moldes de 21cm de diámetro.

2. Echar todos los ingredientes, excepto la leche en el "food processor" y mezclar. Añadir la leche y volver a mezclar.

3. Dividir la masa entre los dos moldes y cocer durante unos 25 minutos, hasta que un palillo que insertemos en el centro salga limpio.

 

 

 

 

 

ESTATUTOS DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA


TÍTULO I.- CONSTITUCIÓN, NATURALEZA ÁMBITO Y FINES.

Artículo 1º.- Con la denominación de “ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA”  ha quedado constituida una Asociación, sin ánimo de lucro, que se regirá por los presentes Estatutos y por lo dispuesto en la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación.

Artículo 2º.- La Asociación, de ámbito nacional, está dotada de personalidad jurídica propia, plena capacidad de obrar y se constituye por tiempo indefinido. Se fija su domicilio en Madrid, calle del Marqués de Cubas número 23, piso tercero.

Artículo 3º.- Los fines de la Academia Española de la Administración  Pública son apoyar, promover, estimular y desarrollar los valores de una administración pública profesional basada en una gestión eficaz y eficiente orientada al servicio de los ciudadanos.

Para su consecución, la Academia realizará las siguientes actividades:

a). La promoción y defensa de la imagen pública de los profesionales de las   administraciones  públicas.
b).Las encaminadas a la exigencia de valores éticos a los profesionales públicos, especialmente a los miembros de la Academia.
c).El requerimiento a los profesionales públicos de la dedicación al servicio de los ciudadanos y la defensa de los intereses de la sociedad.
d). La difusión y el intercambio de estudios, programas y  experiencias en el ámbito de las administraciones públicas.
e). El establecimiento de intercambios científicos y culturales con entidades similares.
f). La promoción de conferencias, seminarios, congresos, talleres y cualesquiera otras reuniones nacionales e internacionales.
g). La promoción de la formación y el perfeccionamiento del personal profesional o directivo de las administraciones públicas, directamente, o en colaboración con las administraciones u otras entidades.
f). Cuantas otras funciones de análoga naturaleza se consideren necesarias o convenientes para cumplir sus fines.

 

TÍTULO II.- DE LOS MIEMBROS DE LA ACADEMIA

Artículo 4º.- Podrán ser miembros de la Academia, y de acuerdo con lo establecido en estos Estatutos, las personas físicas que sean profesionales en cualquier ámbito de las actuaciones de las administraciones públicas y del sector público.

Las personas interesadas en formar parte de la Academia habrán de formular su solicitud de ingreso al Presidente, quien la someterá a la Junta Directiva en su primera reunión.

Artículo 5º.- La Academia se compone de los siguientes miembros:

1. Miembros fundadores. Son los que firmen el acta fundacional en el acto de constitución de la Academia, o se hubieran adherido al manifiesto fundacional.
2. Miembros de número. Son los que ingresen tras la constitución de la Academia. Habrán de cumplir los siguientes requisitos:

a) Haber desarrollado o desarrollar su actividad profesional cualificada en cualquier ámbito de la función pública y el sector público.
b) Haber alcanzado el nivel superior de su actividad profesional.
c) Ser presentado por cinco académicos.
d) Ser admitido como académico por acuerdo de la Junta Directiva.

3. Miembros de honor. Son aquéllas personas que, por sus cualidades personales o por lo excepcional de su aportación a los fines de la Academia, designe la Asamblea General a propuesta de la Junta Directiva. Los miembros de honor están exentos de pago de cuotas de cualquier tipo.

4. Socios colaboradores. Son personas físicas o jurídicas que colaboren en coadyuvar a la consecución de los fines de la Academia, por estar activamente comprometidos en la mejora de las Administraciones Públicas, y que sean admitidos por la Junta Directiva.

Artículo 6º.- La condición de miembro se perderá:
a) Por voluntad propia
b) Por acuerdo de la Junta Directiva o de la Asamblea General, por mayoría simple, basado en el incumplimiento habitual de sus deberes o por perjudicar gravemente los intereses de la Academia.
c) Por falta de pago de las cuotas establecidas.

Artículo 7º.-  Los Miembros fundadores y los Miembros de número de la Academia tendrán los siguientes derechos:
a) Tomar parte en las Asambleas Generales con voz y voto.
b) Ser electores y elegibles para cargos electivos.
c)  Formar parte de las comisiones y grupos de trabajo que se determinen.
d) Disfrutar de los servicios de la Academia y participar en las actividades que se organicen.
e) Recibir las publicaciones de la Academia y toda la información que soliciten sobre sus actividades, en todos los campos.

Artículo 8º.-  Los Miembros fundadores y los Miembros de número de la Academia, tendrán las siguientes obligaciones:
a) Cumplir las normas de los presentes Estatutos, así como los acuerdos de los órganos rectores válidamente adoptados.
b) Contribuir económicamente a la marcha y funcionamiento de la Academia
c) Aportar ideas, conocimientos y experiencias para el buen desarrollo de las actividades que se programen.
d) Cuidar los intereses genéricos de la Academia poniendo en conocimiento de esta los hechos que constituyan perjuicio para sus fines.
e) Observar un comportamiento ético y deontológico profesional que no ponga en entredicho la imagen y el buen nombre de la Academia.

Artículo 9º.-  Los Miembros de honor de la Academia tendrán los mismos derechos que los miembros fundadores y de número salvo el del apartado b) del artículo 7.
Asimismo, tendrán las mismas obligaciones a excepción de las previstas en  el apartado b) del artículo 8.

Artículo 10º.-

1. Los socios colaboradores de la Academia tendrán los siguientes derechos:
a) Recibir las publicaciones de la Academia.
b) Colaborar en los trabajos y debates de las Comisiones que se constituyan cuando así lo determine la Junta Directiva.
c) Asistir a todos los actos que convoque la Academia.

2. Los socios colaboradores tendrán las siguientes obligaciones:
a)  Cumplir las normas de los presentes Estatutos así como los acuerdos de los órganos rectores, válidamente adoptados.
b)  Satisfacer puntualmente las cuotas o derramas a las que se hayan comprometido para contribuir al sostenimiento de la Academia
c) Realizar los trabajos que les sean asignados por los órganos competentes de la Academia, mientras no renuncien a ellos o sean sustituidos.
d)  Observar un comportamiento ético y deontológico profesional que no ponga en entredicho la imagen y el buen nombre de la Academia.


Artículo 11º.-  La Junta Directiva podrá dar de baja en la Academia, de conformidad con el procedimiento que se establezca y, en cualquier caso, previa audiencia del interesado y por acuerdo motivado, a cualquiera de los miembros por la inobservancia de los deberes enumerados en los artículos anteriores.
En cualquier momento podrá cualquiera de los miembros darse de baja en la Academia mediante notificación a la Junta Directiva, estando el solicitante obligado al pago de las cuotas pendientes, si las hubiere.

 

TÍTULO  III.  DE LA ORGANIZACIÓN Y FUNCIONAMIENTO DE LA ACADEMIA


Artículo 12º.- El Gobierno de la Academia Española de la Administración  Pública estará a cargo de la Asamblea General, y su representación a cargo de la Junta Directiva.

Artículo 13º.- El funcionamiento de la Academia estará a cargo de la Secretaría General en los términos previstos en el Capítulo III de este Título.


CAPÍTULO I. DE LA ASAMBLEA GENERAL

Artículo 14º.- La Asamblea General es el órgano supremo de gobierno de la Academia y estará compuesto por la totalidad de los miembros fundadores y de número de la misma.

La Asamblea General podrá reunirse con carácter ordinario y extraordinario. Con carácter ordinario se reunirá, al menos, una vez al año. Podrá reunirse con carácter extraordinario cuando así lo solicite el treinta por ciento de los miembros o lo estime necesario la Junta Directiva.

Artículo 15º.- La Asamblea General será convocada con quince días de antelación, como mínimo, salvo casos de urgencia apreciada por la Junta directiva, en cuyo caso la convocatoria se deberá hacer, por cualquier medio, con una antelación mínima de cuatro días. La convocatoria irá acompañada del orden del día y de todos aquéllos documentos necesarios para un eficaz seguimiento de las deliberaciones y de los trabajos de la Asamblea.
La Asamblea quedará constituida de pleno derecho en primera convocatoria, si se encontraran presentes la mitad mas uno de sus miembros, y en segunda convocatoria, pasada media hora de la primera, cualquiera que sea el número de asistentes.

Artículo 16º.- La Asamblea General tiene las siguientes atribuciones:

a) Elegir, de entre sus miembros, la Junta Directiva y su Presidente, así como al Secretario  General  y al Tesorero.
b) Estudiar y aprobar, en su caso,  la Memoria anual y el balance económico elaborado por la Junta Directiva.
c) Aprobar el plan de actuación y las cuentas y los presupuestos anuales de la Academia, así como las cuotas necesarias para cubrirlos.
d) Aprobar o reprobar las actuaciones de los órganos representativos de la Academia.
e) La aprobación y reforma de los Estatutos.
f) La aprobación del Reglamento de Régimen Interior, que, entre otros, regulará el régimen de admisión y expulsión de miembros, el procedimiento de elección de la Junta Directiva, así como el Código Ético y de Buen Gobierno de la Academia.
g) La disposición o enajenación de bienes.
h) La disolución y liquidación de la Academia.
i) Acordar los premios que considere convocar o conceder.
j) Cualesquiera otras competencias que le vengan atribuidas por ley o por los Estatutos.

Artículo 17º.- Las decisiones se tomarán en la Asamblea General por mayoría simple de votos, excepto en el supuesto de revisión de Estatutos o disolución de la misma, en cuyo caso se requerirá la mayoría de los dos tercios de los asistentes. En caso de empate decidirá el voto de calidad de quien presida la Asamblea General. De cada reunión se levantará acta expedida por el Secretario con el visto bueno del Presidente.

Artículo 18º.- En las reuniones únicamente podrán ser tratados o conocidos los asuntos que la Junta Directiva haya incluido en el Orden del Día. Se deberán incluir en el mismo todas aquéllas propuestas o asuntos que sean solicitados, al menos, por veinte miembros de la Academia.

CAPÍTULO II. DE LA JUNTA DIRECTIVA

Artículo 19º.-  La Junta Directiva es el órgano de representación de la Academia que la dirige y administra, y estará compuesta por:
a) El Presidente.
b) El Vicepresidente o Vicepresidentes, hasta un máximo de tres.
c) Los Vocales, hasta un máximo de diez.
d) El Tesorero.
e) El Secretario, que lo será también de la Asamblea.

La Junta Directiva será elegida por la Asamblea, y podrá proponer provisionalmente el nombramiento de miembros de la misma, en caso de vacante, que deberán ser ratificados en la primera Asamblea que se convoque con posterioridad a la designación.

Artículo 20º.- La Junta Directiva se reunirá, previa convocatoria del Presidente, en sesión ordinaria dos veces al año. Con carácter extraordinario podrá reunirse siempre que el Presidente la convoque.

Artículo 21º.- Los miembros de la Junta Directiva serán convocados, al menos, con 7 días de antelación, y, en caso de urgencia, con la que el Presidente estime. Será válida la constitución con la asistencia de la mitad más uno de sus miembros. Si existe una causa justificada, un Vocal está facultado para delegar su representación en el Presidente de la Academia o en cualquier otro miembro de la Junta directiva.

Los acuerdos se adoptarán por mayoría de los presentes o representados. En caso de empate decidirá el voto del Presidente.

Artículo 22º.- Son atribuciones de la Junta Directiva:

a) Dirigir las actividades para cumplir los fines de la Academia y llevar la gestión económica y administrativa de la misma, pudiendo, en consecuencia, ejecutar los actos y celebrar los contratos que sean necesarios y convenientes, sin otras limitaciones que las establecidas en las disposiciones aplicables o en estos Estatutos.
b) Velar por el fiel cumplimiento de los Estatutos, así como por la buena marcha de la Academia.
c) Organizar la Asamblea General y las conferencias, seminarios y demás actividades.
d) Elaborar las normas de régimen interior.
e) Admitir a los nuevos miembros o acordar su baja.
f) Convocar los premios acordados por la Asamblea General.
g) Cualquier otra función, propia de su cometido, contemplada en la legislación aplicable.

Artículo 23º.- El Presidente de la Junta Directiva, que lo será al mismo tiempo de la Academia y de su Asamblea General, tiene las siguientes atribuciones:

a) Convocar y presidir las reuniones, ordinarias y extraordinarias, de la Junta Directiva y de la Asamblea General.
b) Representar a la Academia en todos los órdenes, actuando en su nombre en la ejecución de los acuerdos tomados por la Asamblea General o la Junta Directiva.
c) Fijar el orden de día, con la antelación precisa.
d) Autorizar las actas de las reuniones con su visto bueno.
e) Con carácter general, todas las demás funciones propias del cargo.

Artículo 24º.- El Vicepresidente o Vicepresidentes, por su orden, asumirán las funciones del Presidente en los casos de ausencia, vacante o enfermedad, y las que éste les pueda delegar.

Artículo 25.- Son funciones de los Vocales, colaborar con los restantes miembros de la Junta Directiva en la ejecución de los acuerdos y asumir la personal responsabilidad de las funciones concretas que la junta Directiva acuerde encomendarles.

Artículo 26º.- Son funciones del Tesorero:

a) Custodiar los fondos de la Academia y llevar los libros de contabilidad y la documentación probatoria respectiva.
b) Preparar los balances y presupuestos de la Academia para que la Junta Directiva los someta a la aprobación de la Asamblea.
c) Cobrar las cuotas establecidas a los miembros.
d) Gestionar todos los ingresos económicos y realizar los pagos por servicios prestados en el ejercicio de las actividades de la Academia.


Artículo 27º.- El Secretario, cargo que ostentará el Secretario General de la Academia, tiene los siguientes cometidos:

a) Llevar los libros de actas de la Asamblea y de la Junta Directiva, pudiendo expedir certificaciones con el visto bueno del Presidente.
b) Redactar las convocatorias de los órdenes del día de los órganos colegiados.
c) Llevar el Libro registro de altas y bajas de los miembros y el fichero de los mismos y de los socios colaboradores.
d) Las funciones que le sean delegadas por la Asamblea General, la Junta Directiva o por el Presidente.

Artículo 28º.- Los miembros de la Junta directiva son elegidos por la Asamblea General por el voto de la mayoría simple de los miembros. El mandato tendrá una duración de tres años, reelegibles.
Los cargos directivos cesarán:

a) A petición propia.
b) Por acuerdo de la Asamblea General adoptado por mayoría absoluta de sus miembros, conforme al procedimiento que se establezca en el Reglamento de Régimen Interior.
c) Al término de su mandato.

El desempeño de cargo en la Junta Directiva de la Academia será incompatible con el de cargo representativo en cualquier nivel o alto cargo  en cualquiera de las Administraciones Públicas

CAPÍTULO III. DE LA SECRETARÍA GENERAL

Artículo 29º.- La Secretaría General es el órgano el que le viene encomendado el funcionamiento y desarrollo de las actividades de la Academia. A su frente, estará el Secretario General que será nombrado por la Asamblea General de entre sus socios fundadores. Tendrá las siguientes competencias:

a) Ejecutar e implementar operativamente las decisiones de los órganos colegiados, según las instrucciones dadas por el Presidente.
b) Informar a la Junta Directiva del resultado e incidencias de su gestión.
c) Dirigir los servicios de la Academia.
d) Llevar el registro y fichero de los miembros.
e) Asesorar a la Junta Directiva y a la Asamblea General, así como tener informados a los Miembros de los asuntos que puedan ser de interés.
f) Realizar las actuaciones oportunas para fomentar el uso de las nuevas tecnologías de la información con el fin de dar a conocer las actividades de la Academia y mantener informados a sus miembros, lo que podrá ser llevado a cabo directamente o mediante acuerdo con otras organizaciones.


TÍTULO IV. DEL RÉGIMEN ECONÓMICO DE LA ACADEMIA


Artículo 30º.- Los recursos económicos y otros bienes de la Academia, estarán constituidos por:

a) Las cuotas ordinarias de sus miembros.
b) Las cuotas extraordinarias que la Asamblea General acuerde.
c) Las subvenciones y ayudas, públicas o privadas.
d) Las herencias, legados y donaciones que se hagan en su favor.
e) Los rendimientos por la explotación de sus bienes.
f) Cualesquiera otros que se puedan obtener para sufragar los fines de la Academia.

Artículo 31º.- Las cuotas obligatorias se establecerán por la Asamblea General a propuesta de la Junta Directiva, dedicándose a atender las necesidades de la Academia.

La administración de los recursos compete a la Junta Directiva quien la llevará a efecto a través de la Tesorería.

Artículo 32º.- Los fondos dinerarios de la Academia se depositarán en una entidad bancaria a nombre de la misma. Serán necesarias las firmas del Presidente y del Tesorero para disponer de los mismos.

La Junta Directiva llevará a cabo una auditoria anual con el fin de garantizar la transparencia económica.


TITULO V. DE LA DISOLUCIÓN DE LA ACADEMIA


Artículo 33º.- La Academia podrá disolverse por voluntad de la Asamblea General Extraordinaria, que acuerde la cesación de sus actividades por una mayoría de dos tercios.

Artículo 34º.- Acordada la disolución, la Asamblea General Extraordinaria designará como Entidad Liquidadora a la última Junta Directiva. Al haber resultante se le dará un destino acorde con lo previsto en la Ley Orgánica 1/2002.

DISPOSICIÓN ADICIONAL

En todo lo no previsto en estos Estatutos se aplicará la vigente Ley Orgánica 1/2002, reguladora del Derecho de Asociación y sus disposiciones complementarias.

 

 

 

 

 A la mañana siguiente, lunes 9 de junio, después de dar cuenta de un buen desayuno a base de tortitas y mojicones de chocolate, salimos temprano para el Bryce Canyon National Park. La carretera

89 discurre paralela al río Kanab por un paisaje de verdes praderas en las que se ven pacer rebaños de vacas, con una cordillera montañosa al este como telón de fondo, las White y Vermilion Cliffs. Pasado Hatch, hay que desviarse en dirección este para entrar al parque. Éste se encuentra en una mesa a 2.400 metros de altitud; una carretera de unos 30 kilómetros lo recorre de norte a sur, hasta Rainbow Point, la máxima altura con unos 2.800 metros. Una vez allí se puede ir andando varios kilómetros por el borde de la mesa para ver el profundo anfiteatro natural que se abre a los pies del visitante repleto de unas caprichosas formaciones de arenisca llamadas hoodoos (judús, en español; deformación de la voz africana vudú, que significa mágico, encantado).

 

Bryce Canyon 

 

El Parque de Bryce es una especie de jardín de escultura tallada en piedra, además de un paisaje impresionante por la tremenda erosión que ha sufrido la arenisca. Es el territorio de los hoodoos, una estilizada y frágil formación rocosa de color rojizo, anaranjado y rosa con vetas de yeso blanco, de las que hay decenas -probablemente centenares- de miles en el parque, y que hacen de éste un territorio único, casi mágico. Una vez más, los hoodoos son el resultado de la acción del agua, la nieve y el viento sobre la piedra arenisca, que los ha esculpido como si fuera un descomunal ejército de formas fantásticas. Al parecer, hace millones de años se produjo un sobrealzamiento del terreno creándose la mesa en donde nos encontramos, mientras que las corrientes fluviales horadaron un valle entre los dos niveles así formados. El valle se ensancharía posteriormente al socavar los sedimentos de tierra y piedras arrastrados por el río los bordes y laderas de la mesa, ablandando la piedra arenisca y creando barrancos. Con el tiempo, y por la misma acción de los agentes de la naturaleza, los sedimentos fluviales fueron aflorando a la superficie de la tierra y originando formaciones rocosas de tipo fusiforme. Luego, la erosión hizo el resto; al introducirse el agua helada por las grietas de la roca en invierno, desbroza los estratos y talla pináculos y agujas de brillantes colores hasta componer los mágicos hoodoos, que luego, al disminuir de grosor, se quiebran en una acción de la naturaleza que se repite ad infinitum.

 

Hoodoo 

 

Aunque también se dice, ¡cómo no!, que en la zona habitaron los anasazi, son los indios paiute -que en sus leyendas transmitidas  oralmente  decían  que los hoodoos eran personas que habían sido petrificadas como consecuencia de un hechizo- los primeros de los que se conservan testimonios. Hacia 1870 éstos fueron desplazados de la región por los colonos mormones que crearon pequeñas comunidades. Uno de ellos fue Ebenezer Bryce, que se instaló en el valle del río Paria, dedicándose a la ganadería y la explotación de la madera, y que acabó dando su nombre al cañón. A título de curiosidad, llegó a decir que el anfiteatro donde se levantan los hoodoos era “un o lugar endiablado para perder una vaca”; qué otra cosa iba a decir, pues no es sino un auténtico laberinto de frágiles pináculos de arenisca que hacen que el lugar parezca encantado. A principios del siglo XX, como sucedió en el Gran Cañón, empezaron a acudir visitantes a la zona para ver las maravillosas formaciones rocosas. Desde entonces, se tomaron las primeras medidas para garantizar la conservación del lugar hasta que en 1924 fue declarado Parque Nacional de Utah, cambiándose el nombre por el actual unos años más tarde.  Anualmente  lo  recorren  unos dos millones de visitantes y, salvo temporales de nieve, está abierto todo el año.

 

Navajo Loop Trail

 

Bryce, debido a su altitud y a las montañas que lo rodean, es un parque que tiene un microclima especial con un régimen de lluvias que permite que haya bosques pese a la aridez de la zona. Las panorámicas que se divisan desde el borde de la meseta son realmente espectaculares, y hay un sinfín de puntos de renombre evocador o local en torno al anfiteatro: Inspiration, Rainbor, Sanrise, Subset, Fairland, Yovimba, Paria, etc.

 

 

En el Subset Point, justo enfrente de la imponente mole de Thor’s Hammer (Martillo de Thor), unas rocas de piedra arenisca que han sufrido una tremenda erosión (las rocas más duras se convirtieron en columnas, adquiriendo formas extrañas en la parte superior), descendimos por el Navajo Loop Trail, un sendero muy pendiente que evoluciona en zigzag por la pared del desfiladero.

 

 

En pocos minutos estábamos en el fondo, 160 metros más abajo, en un entorno de grandes estructuras rocosas y angostos cañones en umbría. Tras pasar por Wall Street, un estrecho cañón con altos muros de piedra arenisca e imponentes abetos, recorrimos sin excesivas prisas los casi cuatro kilómetros del sendero circular, deleitándonos con las prodigiosas vistas del “bosque” de hoodoos desde la base del anfiteatro y con los enhiestos árboles que surgían por doquier. La vegetación del parque es muy rica en biodiversidad: pinos ponderosa, piñoneros, abetos, álamos, etc.

 

 

Ya arriba, volvemos a ver la panorámica del cañón y cómo éste empieza a cambiar con la luz lateral del sol que crea nuevas y sugerentes formas. Prácticamente desde cualquier punto del borde cuasi circular, y a lo largo de varios kilómetros, se divisan vistas indescriptibles que se pierden en el lejano horizonte, cerrado al sureste por las montañas Black y Navajo. El juego de luces y sombras hace que los colores cambien por momentos, produciendo un efecto casi hipnótico en quien lo contempla.

 

 

Si en algún sitio he lamentado no estar presente al atardecer éste ha sido sin duda el Bryce Canyon, donde las texturas de la piedra y la casi transparencia de las cresterías de los pináculos hacen que sea inigualable verlo con la luz rasante de un sol que no levante mucho en  el  horizonte.  Pero,  qué le vamos a hacer, tenemos que seguir nuestro derrotero hacia el oeste. De lo que no cabe duda es de que Bryce es un parque único, uno de los más espectaculares que he visitado.

 

Manolo con la abuela conductora de autobus

 

Por el mismo camino  -esto es, la carretera 89- regresamos en dirección sur hasta un  villorrio llamado Orderville, en donde nos alojamos en un motel regentado por una extensa y simpática familia mormona, en la que todos los miembros eran rubios, altos y pecosos. Al igual que venía aconteciéndonos los últimos días, en la habitación no había conexión para Internet; además, la oferta de canales que podían verse en el televisor era muy reducida, por lo que  nos ofrecieron una se- lección de DVD –bastante mala, por cierto- para entretenernos. Pero muy amables ellos, nos deja- ron utilizar el único ordenador de que disponían en la recepción, un renqueante trasto que nos permitió conectarnos a Internet y enterarnos de la salvaje huelga de transportistas en España que amenazaba con paralizar el país. Por no haber, en el villorrio no había ni una triste hamburguesería, así que hubimos de desplazarnos unos ocho kilómetros hasta Mount Carmel Jonction, donde dimos cuenta de una cena a base de sopa de picatostes, ensalada y chuletas de cerdo a la bar- bacoa. Estaba claro que nos encontrábamos  en el corazón de la América profunda, arraigada al terruño y ajena a los hábitos consumistas.

 

Cena en Mount Camel Jonction

 

Utah es el estado donde los mormones - dirigidos inicialmente por Joseph Smith y luego por Brigham Young- encontraron refugio para practicar libremente sus creencias religiosas, tras un largo y arduo peregrinaje a mediados del siglo XIX que los llevó desde la región de los Grandes Lagos hasta los vastos territorios allende las Montañas Rocosas. Por entonces, Utah era una tierra de nadie, un desierto, pero la laboriosidad de los pioneros mormones (la abeja es su símbolo) logró que en breve plazo levantaran ciudades como Salt Lake City, numerosos pueblos y asentamientos agrícolas. La religión mormona, que en principio permitía la poligamia, está basada en el trabajo, la austeridad y la cooperación entre sus gentes y con los demás, además de fomentar la natalidad. Utah es el feudo de los once millones de mormones que hay en el mundo, por eso no se ven en el estado muchos inmigrantes ni gentes de color. Sus feligreses han de pagar un diezmo a su iglesia, los más jóvenes deben dedicar un tiempo a la propagación de su fe por el mundo (los vemos en cualquier ciudad andando por parejas, con sus rostros apolíneos, camisas blancas y encorbatados, intentando captar adeptos para su causa) y todos colaborar en labores humanitarias con los más desfavorecidos.

 

 

A la mañana siguiente –lunes 8 de junio- reanudamos el cami- no después de repostar y desayunar en el mismo restaurante de Mount Carmel Jonction donde habíamos cenado la noche anterior. Desde allí hay unos 25 kilómetros hasta Zion National Park, por una carretera realmente espectacular con espléndidas vistas del cañón del río Virgin a lo largo de una serpenteante ascensión en la que hay que atravesar dos largos y estrechos túneles, que sólo permiten la circulación en un sentido, por lo que a veces hay largas colas de espera.En la zona, las montañas son de arenisca grisácea en forma de placas que parece estuvieran pegadas con una argamasa. El cañón se estrecha permitiendo ver la esforzada subida de los vehículos por la cárretera abierta entre las pendientes laderas. Luego, el sorprendente color gris deja paso a los tonos rojizos característicos de la arenisca, menos erosionada aquí por la acción de los elementos. Tras el último túnel el paisaje cambia totalmente y se ensancha hasta formar un inmenso valle en medio de un circo de montañas cortadas en ocasiones a pico (las montañas de Zion y El Capitán de Yosemite Nacional Park constituyen un paraíso para los escaladores de paredes, a los que puede verse en vertiginosas cordadas subiendo las abruptas paredes).

 

Placas de arenisca grisácea

 

El Parque de Zion es un oasis, un santuario al borde del desierto (su nombre deriva de la voz hebrea homóloga, que significa “refugio” o “ciudad celestial”), un auténtico vergel creado por el curso del río Virgin, que fluye sinuoso por el valle entre hileras de álamos, robles y sauces, así como de numerosas praderas cubiertas de flores silvestres, y que está cercado por cumbres que se elevan enhiestas hasta casi 700 metros por encima suyo. El parque tiene varios microclimas según las diferentes alturas del territorio que ocupa, y en consecuencia diversos ecosistemas. Las cumbres de la zona norte son más desérticas y, aunque la pluviometría es baja, en el valle se oye siempre el rumoroso fluir de las aguas, que hace que haya una frondosa vegetación. El parque, enclavado en el extremo suroeste de Utah, a 20 kilómetros apenas del límite de Arizona, es de los más visitados de EE.UU. con cerca de tres millones de personas al año. Hay que dejar el coche estacionado a la entrada y, luego, utili- zar los curiosos autobuses eléctricos del par- que para desplazarse a los diferentes puntos de interés. Éstos tienen una hilera de ventanas cuadradas en el techo que, aparte de ventila- ción, proporcionan las mejores vistas posibles de las verticales paredes del cañón. La verdad es que Zion no se parece en nada al resto de los parques que hemos visitado. Es un parque de extraordinaria belleza natural, pero que no tiene ningún hito /llámase cañón espectacular, hoodoo, arcos naturales o viviendas quasitrogloditas) que lo hagan único, insustituible. Es un parque al que se viene para disfrutar de la naturaleza, para oir el rumor de las aguas, para practicar senderismo, para hacer escalada, para perderse por los cañones y escarpadas montañas…

 

Cañón del río Virgin

 

El Zion Canyon -la base del parque- fue excavado en tiempos remotos por las impetuosas aguas del río Virgin.  Las paredes del cañón –abiertas en el valle, casi cerradas en las estrechas gargantas- son por lo general abruptas y tienen cerca de 700 metros de alto, con los picos dentados y tonos rojizos y blancos. Es lo primero que salta a la vista, la imponente presencia de los farallones de arenisca. Luego, el agua que discurre pacíficamente por el río Virgin, pero, sobre todo, que cae por las paredes del cañón formando cascadas y pequeños estanques.

 

 

Autobus con ventanas en el techo

 

Es la música del agua fluyendo por los entresijos de la piedra. Por desgracia, este paisaje cuasi idílico puede cambiar bruscamente cuando hay tormenta, pues el agua irrumpe con inusitada fuerza entre las estrechas gargantas provocando riadas repentinas que inundan todo el valle.  En suma, es el río Virgin el que hace que el parque de Zion sea como es, pues sus impetuosas aguas, que han quebrado los bordes de la piedra hasta formar los cañones, hacen que la vida aflore en el valle. La orografía del parque tiene una explicación muy similar a la de los otros enclaves de la zona que ya hemos visitado, por lo que no creo procedente extenderme más.

 

 

  

Por la altitud a que se en- cuentra Zion –entre 1.200 y 2.700 metros-, la tierra es ideal para los cultivos, sobre todo de cereales. En su perímetro también hay animales silvestres: ciervos, cabras monteses y pavos. Como en el cercano Bryce, los primeros pobladores del parque fueron los indios paiute. En la segunda mitad del siglo XIX se instalaron en él los pioneros mormones, pero con el tiempo abandonaron sus asentamientos pues las inundaciones repentinas –tan peculiares de este valle- destruían los poblados y la sequía arruinaba las cosechas. Quizás haya que agradecer a semejantes avatares el que Zion se haya conservado en su estado prístino como un oasis de vida en medio de un territorio semiárido.

 

River Walk Trail

 

En un autobús fuimos hasta el extremo norte del parque. Recorrimos, a la par que un variopinto desfile de visitantes (algunos incluso en sillas de ruedas), el River Walk. Éste es un precioso sendero pavimentado, de poco más de un kilómetro, que discurre por un vergel fresco y húmedo, una auténtica delicia comparado con las fatigosas marchas que, bajo el inclemente sol estival, hicimos en los parques precedentes. Al final del sendero, las imponentes paredes del cañón se estrechan, el camino se acaba y quien quiera continuar debe remangarse los pantalones y hacerlo por mitad del río. No seguí más adelante por no disponer de calzado adecuado y no poder andar, debido a mi afección plantar, sobre el lecho de cantos rodados. Mis tres compañeros sí que hicieron una breve incursión por el río, donde empieza la aventura sin la romería de visitantes, pero no tardaron en regresar. En aquel lugar, la vegetación es muy frondosa y puede escucharse el constante goteo del agua. Nos encontramos con una pareja de orondos aragoneses, nuestro primer contacto con paisanos desde que llegamos (aunque nos cruzamos con algún otro más), que estaban también visitando los parques de la región y decían sentirse fascinados por lo que habían visto.

 

Remontando el río Virgin

 

Luego, de nuevo en el autobús, descendimos en una parada próxima para, después de subir una pequeña pendiente, visitar el paraje denominado Weeping Rock -o roca llorona-, una peña de la que cuelga una profusa vegetación por la constante humedad provocada por las aguas que, goteando en cascada, vierten sobre la base. En este lugar nos encontramos con la atractiva treintañera Sue Rakes con la que nos habíamos cruzado casualmente en dos parques anteriores -Arches y Mesa Verde, si mal no recuerdo- y que iba acompañada de sus tres hijos, de cuatro a doce años de edad aproximadamente. Manolo, especialmente, se había fijado en ella desde el primer momento porque llevaba una novísima y costosa cámara digital, lo que le indujo a pensar que pudiera tener algo que ver con el mundo de la fotografía. Al inquirirle al respecto, la dinámica madre se mostró sumamente locuaz nos dijo que era fotógrafa profesional especializada en vistas de la naturaleza. Viajaban desde muy lejos, desde la costa Este –Carolina del Norte para más señas- y casi parecían un grupo de scouts.

 

 

Las criaturas eran de lo más independiente y responsable que uno pueda imaginarse para su edad y la mujer, que estaba francamente orgullosa de su bien avenida troupe, nos dijo que estaba tomando notas para un futuro viaje profesional mientras visitaban la zona. Para ilustrarnos, conectó la cámara y en la pequeña pantalla nos mostró unas espectaculares fotografías de las simas de arenisca próximas al lago Powell. En ese momento comprendí que quizá no habíamos tomado la decisión más adecuada cuando, en una encrucijada del camino, hubo que decidir entre seguir hasta el North Rim o pararse y hacer noche en Page, junto al mencionado lago artificial. Al inclinarnos por la primera opción, no pudimos ver lo que ahora esta mujer nos mostraba en su cámara como ejemplo de imágenes sugerentes. Pero son cosas que pasan en un viaje tan largo en el que a veces hay que improvisar sobre la marcha. La conclusión es que no siempre se puede acertar. Finalmente, la jovial fotógrafa nos dio su tarjeta, la dirección de su página web -www.suerakes.com- y nos despedimos de todos ellos.

 

Los tres hijos de la fotografa. Foto Sue Rakes

 

Seguidamente, y pese a la advertencia que se hacía en el cartel de acceso de que había parajes en los que podía experimentarse vértigo (en los parques, todo -ve- getación, orografía, senderos, fauna, etc.- está perfec- tamente documentado en pequeños paneles), ascendi- mos por un empinado sendero que discurría a lo largo de las abruptas paredes del cañón. En los lugares más difíciles había cadenas en la roca para poder agarrarse a ellas y evitar así la sensación de vértigo, tanto mayor a medida que ascendíamos. En un estrecho punto sin nada a que aferrarse y con la pared prácticamente cor- tada a pico a los pies, tuve miedo y decidí de nuevo no seguir adelante.

 

Weeping Rock Trail. Paso estrecho con cadenas

 

Tenía que haber avanzado lentamente de cara a la roca y con los brazos extendidos sobre ella, sin mirar hacia abajo para no sen- tir vértigo. Pero desistí y desanduve el camino andado, mientras mis compañeros proseguían la ascensión, no especialmente dificultosa sal- vo por algún que otro pasaje angosto. Por unas razones u otras, no había tenido mi día, pese a la indiscutible belleza del parque, posiblemen- te el más a la medida del ser humano de los que habíamos visitado hasta entonces. En el camino de vuelta, me detuve a ver la Court of Patriarchs, un trío de grandes picos dentados a la entrada del parque que llevan los nombres de Abraham, Isaac y Jacob, que destaca por su singular forma.

 

Cauce seco del arroyo

 

Unas dos horas después, vuelvo a encontrar- me con mis compañeros en el gran estaciona- miento que hay junto al centro de visitantes. Me cuentan la bonita excursión, a través del encajonado cauce de un arroyo seco, que me he perdido y las simpáticas e improvisadas compañeras de marcha que han encontrado en las personas de dos jóvenes mormonas, con las que por fortuna han podido hablar en es- pañol. Poco después salimos por la misma carretera, si bien ahora en dirección oeste. Los  pueblos que  hay  en  las  inmediacio- nes del parque son bastante turísticos, con mucho arbolado y están dotados de toda clase de servicios, sobre todo restaurantes y moteles. En uno de ellos, Rockville, nos detuvimos a comer algo y tomar unos des- comunales y deliciosos conos con cinco bo- las de helado surtidas, que nos costaron la bagatela de cuatro dólares. A lo largo del viaje, nos sorprendió bastante que el perso- nal de servicio en restaurantes y cafeterías fuera mayoritariamente nativo (claro que se trataba de zonas no demasiado pobladas), al contrario de lo que suele suceder última- mente en España.

 

Rockville 

 

Durante un buen rato, circulamos por bellos parajes de maizales y praderas en las que pastaban vacas, punteados de pueblitos turísticos bien conservados, hasta la confluencia con la autopista interestatal 70, cerca de St. Georges, en el límite con Arizona. A medida que descendemos, el paisaje empieza a cambiar, a volverse más desértico. Unos kilómetros más y ya estamos en Nevada, en Mesquite en concreto, en donde ya puede avistarse el inmenso desierto que cubre toda la región. A la izquierda, una carretera lleva a la zona vacacional del inmenso lago Mead formado gracias a la presa Hoover sobre el río Colorado, que cuando se construyó a principios de los años treinta fue la más grande del mundo y posibilitó la existencia de ese sinsentido en mitad del desierto que es Las Vegas. Continuamos por largas rectas en mitad del desolado paisaje  hasta que distinguimos en la lejanía las primeras siluetas, vagamente recortadas entre la contaminación y la calima del desierto, de la ciudad del juego por excelencia. La ventisca ensucia de polvo el aire, haciendo que revoloteen montones de pequeños trozos de plásticos y otros restos que parecen dar una vida no deseada al paisaje. A la vista de aquello me pregunto a quien se le ocurriría la infeliz idea de crear esta mastodóntica ciudad del juego en semejante yermo.

Llegando a Las Vegas

 

Como vehículo y ocupantes llegásemos secos a la entrada de tan singular urbe, repostamos ambos en una estación de servicio antes de adentrarnos en su perímetro. La atmósfera está impregnada de un calor seco que nos impele a beber ansiosamente los líquidos carbónicos para sofocar la sed. El galón de gasolina costaba un 15 por ciento más de lo que pagábamos al inicio del viaje, cantidad que fue subiendo paulati- namente y que aquí alcanzó su cenit (de 3,90 pasó a algo más de 4,50 dólares). A un lado de la gasolinera están estacionados en hilera varios enormes camiones, todos ellos emitiendo el brillo resplandeciente del 

sol  crepuscular,  reflejado en el acero cromado de los grandes tubos de escape que sobresalen por encima de la caja. Estos camiones de enormes y vistosas –a veces estridentes- cabezas tractoras son el orgullo de sus conductores y, junto con las esplendorosas Har- ley, los auténticos reyes de la carretera en EE.UU.

 

 

La política expansionista seguida por Felipe II en relación con Holanda e Inglaterra terminó con la muerte del monarca en 1598. La posibilidad de restaurar la Universalidad Cristiana, basada en la alianza entre el Sacro Imperio y su prolongación en la Monarquía Hispánica (ambas regidas por la Casa de Hagsburgo) y el Papado como rectores, temporal y espiritual, de la Cristiandad se había desvanecido completamente con la consolidación de la Reforma Protestante en Inglaterra, Holanda y los Países Nórdicos, por lo que el mantenimiento de la unidad católica de Europa, ya no era un objetivo alcanzable.

 

 

Este sentimiento de pesimismo responsable será el que impregne todo el reinado de Felipe II y del Duque de Lerma como ministro principal del monarca en quién quedaron depositados todos los instrumentos ejecutivos de gobierno, durante la mayor parte del reinado. Lerma, con independencia de la corrupción económica que a favor de su familia y clientela política introdujo en la hacienda real, comprendió pronto que si los delicados equilibrios entre los suministros de metales preciosos americanos y el coste de los ejércitos españoles en Italia y Flandes, no habían impedido cuatro bancarrotas sucesivas durante el reinado anterior, la situación ahora era mucho peor como consecuencia del decrecimiento del ritmo del sistema de arribada de los metales americanos, en la medida en que se hacía necesarios nuevos yacimientos y nuevas tecnologías para asegurar los suministros.

 

 

Por ello, necesariamente el gobierno de Felipe II ejercido a través de su ministro hubo de ser necesariamente conservador, con el reconocimiento de que ya no era posible mantener tres frentes abiertos, al mismo tiempo: Francia, los Países Bajos e Inglaterra. Así, en 1598 se llega a una paz con Francia que se prolongaría hasta la entrada de Richelieu, ya con Luis XIII, en la Guerra de los 30 Años, mientras que los enfrentamientos religiosos entre católicos y hugonotes ensangrentaban el país. En cuanto a los Países Bajos, la entrega de los mismos a Alberto de Austria, hijo del Emperador, como dote en su matrimonio con Isabel Clara Eugenia, hija del Rey Felipe II, fue un intento de orientar la política hacia una conciliación que limitara la rebeldía a los territorios del Norte y que permitiera conservar el sur de Flandes y el Bramante.

 

 

En este sentido se movió la actuación del Archiduque Alberto que en 1604 con el tratado de Londres suscrito con Jacobo I, que había sucedido a Isabel, que puso fin a las hostilidades con Inglaterra, y hasta cierta medida, al apoyo que ésta prestaba a los independentistas de las Provincias Unidas. En cuanto a los Países Bajos, la toma de Ostende por Ambrosio Spinola en 1604 y un aumento temporal en la remesas de plata americana (1602-1603) permitieron prolongar la ofensiva hasta el corazón de Holanda, llegando hasta Frisia, interrumpiendo la comunicación de ésta con Alemania. Pese a ello, la campaña de Yssel hubo de darse por terminada en 1606 ante la resistencia Holandesa y las dificultades para asegurar el pago de los salarios a los soldados del ejército multinacional que conformaban los Tercios españoles.

 

 

De esta manera el Archiduque Albero concluyó un arto al fuego con Holanda en marzo de 1607 que constituyó el prologo de la llamada Tregua de los 12 Años firmada con los Países Bajos en 1609, que constituyó un reconocimiento implícito de la independencia de las Provincias Unidas, dentro de las cuales, además, no fue posible garantizar la libertad de cultos para la población católica. No obstante, la paz las escaramuzas marítimas con la poderosa flota comercial holandesa prosiguieron, tanto en el Caribe, como en Indonesia.

 

 

En 1618 ya en los años finales de esta tregua, tuvo lugar en un obscuro lugar de Bohemia, la llamada defenestración de Praga, que supuso la chispa que avivó la Guerra de los 30 Años que, por espacio de ese tiempo, enfrentó a la Casa de Austria con los Príncipes protestantes alemanes, sucesivamente apoyados por los luteranos daneses y suecos, y finalmente, por Francia. Esta Guerra liquidada por la Paz de Westfalia en 1648, con el reconocimiento de la soberanía de los Príncipes protestantes alemanes en sus Estados, supuso el reconocimiento internacional de las Provincias Unidas y la liquidación de la hegemonía española en Europa.

 

 

Si bien el apoyo de España a los Hagsburgos Austriacos fue acordado por Felipe III en 1618, llevado por razones familiares y dinásticas, la implicación a fondo de la monarquía española en la Guerra de los 30 Años, se produjo principalmente por la decisión del Conde Duque de Olivares, ministro principal de Felipe IV, que al subir éste al trono tras la muerte de Felipe III en 1621, decidió poner fin a la tregua con Holanda mas por razones de Política comercial en América para defender el monopolio del  intercambio con la colonias americanas, que por motivos de carácter religioso. En el comienzo de esta lucha, se consiguieron ciertos éxitos como la captura de la ciudad de Bahía en Brasil, ocupada por Holanda, que hubo de rendirse ante la acción de una potente escuadra hispanolusa, con 52 barcos de Guerra y una fuerza expedicionaria de mas de 12000 hombres.

 

 

También en Holanda, el ejército español consiguió importantes triunfos en el periodo 1624-1626, en el que logro la toma de Breda, estratégica plaza fuerte holandesa, inmortalizada por Velázquez en su famoso cuadro La Rendición de Breda. Sin embrago, el interés español en establecer una base naval y comercial en el Báltico bajo el control de la Casa de Austria, supuso el enfrentamiento, primero con Dinamarca, y luego con Suecia, lo que pese a la derrota de ésta en Nordlingen a manos del Cardenal Infante Fernando, supuso el germen de la entrada de la católica Francia en la guerra, a favor de los protestantes alemanes. Finalmente, la derrota de España a manos de Francia en Rocroi en 1643, supuso el fin de las esperanzas españolas en la recuperación de los Países Bajos.

 

 

A partir de ese momento, la soberanía española se extendió únicamente al territorio de las Provincias del Sur (la actual Bélgica), hasta el momento en que en el transcurso de la Guerra de Sucesión española (1700-1714), fueron invadidas por las tropas austriacas, defensoras del archiduque Carlos en su pugna con Felipe IV, candidato de Luis XIV, para la provisión del trono de España e Indias tras la muerte de Carlos II. El primer paso para el dominio de Flandes por los austriacos, fue la victoria de Margorongh en Ramilles tras la que se produjo la caída de Bruselas, y el 23 de junio la de Amberes, renunciando Felipe V en 1709 a todos sus derechos sobre los Países Bajos a favor de Maximiliano, Príncipe elector de Baviera, renuncia que quedó confirmada, otorgando a Austria la soberanía sobre estos territorios, en los tratados de Utrecht y Rastadt que liquidaron la Guerra de Sucesión.

 

 

Desde el punto de vista numismático, los reinados de: Felipe IV, Carlos II y Felipe V hasta 1706, supusieron la continuidad en la emisión de Ducatones y Patagones de plata, con un peso unos 32 gramos y 29 gramos respectivamente. Todas estas piezas continuaron siendo acuñadas a martillo en las Cecas de Amberes (FIGURAS 136.2 y 136.5) y Bruselas (FIGURAS 136.3 y 136.4), principalmente. Tanto Alberto y Isabel como Felipe IV acuñaron también Ducatones y Patagones (solo con Alberto e Isabel) en Tournai (FIGURA 136.1), algo mas escasos que los producidos en Amberes y Bruselas. La marca de la Ceca de Amberes (la mas prolífica) es una mano extendida con los dedos hacia arriba; la marca de Bruselas, una cabeza de ángel, y la marca de Tournai, una torre fortificada. La Ceca del Bramante que acuñó monedas mas raras fue la de Bois le Duc, utilizando un árbol como marca de Ceca.

 

 

A partir de 1687 se generalizó la acuñación de Ducatones y Patagones en prensa de volantes, con el retrato de Carlos II ya maduro. Las piezas a nombre de Felipe IV, del periodo 1702-1705 son todas ellas, en mayor o menor medida, Raras, por lo que las valoramos con un precio doble del de las piezas comunes de los restantes monarcas. También son Muy Raros lo Dobles Ducatones y Patagones con un peso doble (doble espesor) y un valor de cuatro veces el de los Ducatones y Patagones simples y Rarísimos los triples Ducatones con un valor de ocho veces el de las piezas simples. Los tirajes de las piezas del Bramante son citados por HERRERA 1914 en base a los datos investigados por De Witte. Estos datos no siempre se refieren a años completos, por lo que nosotros hemos tomado para el análisis de las piezas de este tipo, las cifras indicadas en el libro referido en la entrada anterior “Las Monedas del Bramante” (1600-1790) que correlacionan notablemente con las anteriores.

 

 

Figura 136.1

 

 

La pieza mostrada en la FIGURA 136.1 es un Patagón acuñado en Tournai a nombre de Alberto e Isabel no fechado. La marca de Ceca es una torre. Esta pieza, es citada por CAYÓN 1976 como acuñada en Mons, no incluyéndose piezas con la marca de Tournai. Para ellas el valor citado es aproximadamente el doble del de las piezas de las cecas mas comunes. Este valor se eleva a 24.000P en CAYÓN 1980, mientras que en la redición de CAYÓN del HERRERA 1914 (1992), se valora en 25.000P. DAVENPORT 1984, fija unos precios mas reducidos: 100$ en VF y 225$ en XF.

 

 

 La presente pieza tiene un desgaste muy generalizado, no siendo visibles ninguno de los detalles interiores del escudo imperial en el reverso. Por ello, de acuerdo con la escala de precios que venimos manejando, su valor en F-, sería de 40€. No obstante, por su buena pátina y la rareza relativa de su Ceca, elevamos este valor hasta un precio de mercado de 60€.

 

 

Figura 136.2

 

 

La pieza cuya fotografía aparece en la FIGURA 136.2 es un Ducatón acuñado en Amberes en 1635 a nombre de Felipe IV. En ella, como en todas las emisiones de 1628-1636 se muestra al monarca con cuello almidonado. Los títulos del Rey además de los de España e Indias, son el de Duque de Borgoña, Bramante y Zelanda. El tiraje de esta pieza, común a los años 1634 y 1635, es de: 1.236.298 ejemplares, siendo los precios indicados en el libro citado anteriormente (1974): 1500FB en F, 3.000FB en VF y 6.000FB en XF (1 FB = 2,5 P en 1974).

 

 

Los precios en CAYÓN  son  algo mas elevados: 8.500P en 1976 y 16.000P en 1980. DAVENPORT 1984 valora este tipo, algo mas alto que el posterior (sin cuello almidonado) con: 200$ en VF y 375$ en XF. Esta pieza tiene una pátina completa intocada con gastaje solo en las partes mas altas del pelo del Rey. Tiene además la armadura completa, apreciándose solo gastaje en los castillos y leones del escudo imperial del reverso. En esta condiciones, su grado es VF+, por lo que su valor y precio de mercado, de acuerdo con la escala de precios que proponemos, es de 270€.

 

 

Figura 136.3

 

 

 La pieza mostrada en la FIGURA 136.3 es un Ducatón acuñado en Bruselas a nombre de Felipe IV en 1662, correspondiendo al tipo sin cuello almidonado acuñado entre 1640 y 1665. El tiraje de esta pieza es de 285.361 ejemplares. Los precios según el libro indicado, para esta pieza serían: 1.300FB en F, 2.500FB en VF y 5.000FB en XF; CAYÓN, al tratarse de la Ceca de Bruselas, valora esta pieza aproximadamente en un 50% mas que la de Amberes: 12.000€ en 1976, 18.000€ en 1980 y 30.000€ en 1992; todo ello para piezas en conservación BC+ que consideraremos equivalente a F- en la escala que venimos manejando. DAVENPORT 1984 valora esta pieza en 175$ en VF y 350$ en XF.

 

 

El presente ejemplar presenta un extraordinario desgaste, no apreciándose detalle alguno ni del pelo ni de la barba del Rey. En el anverso solamente es visible una pequeña parte de la armadura, mientras que en el reverso el león de la derecha del escudo está completamente borrado. En estas condiciones, su conservación no sobrepasa el grado G+, por lo que su valor y precio de mercado es solamente de 40€ (50€ en VG y 25€ en G).

 

 

Figura 136.4

 

 

La pieza de la FIGURA 136.4 es un Patagón acuñado en Bruselas a nombre de Felipe IV en 1649, en el que aparece con los títulos de Rey de España e Indias, Duque de Borgoña y Conde de Flandes. El tiraje de este Patagón, correspondiente a este año, indicado en el libro citado es de: 72.348 ejemplares. Esta pieza fue emitida desde el año 1621 al de 1663. Los precios en el libro citado son: 1.500FB en F, 3.000FB en VF y 6.000FB en XF, todos ellos en 1974. Los precios para CAYÓN  van elevándose proporcionalmente en el tiempo (en F-): 12.000P, 20.000P y 25.000P en 1976, 1980 y 1992, respectivamente. DAVENPORT 1984 valora esta pieza, como todos los Patagones, con valores aproximadamente mitad de los de los Ducatones: 100€ en VF y 225$ en XF.

 

 

La presente pieza presenta la corona sobre la cruz de San Andrés del anverso prácticamente sin desgaste. En el reverso el desgaste solo se puede apreciar en las partes mas altas de los castillos y leones del escudo imperial. Además esta pieza presenta todavía considerable cantidad de su brillo original, por lo que su grado es VF. En estas condiciones su valor y precio de mercado es de 100€.

 

 

Figura 136.5

 

 

Por último la FIGURA 136.5 reproduce un Ducatón de Felipe V, acuñado en Amberes en 1703, con la marca de esta Ceca (mano extendida) bajo el busto del Rey. Esta variedad corresponde a la del busto pequeño del monarca, algo mas corriente que la de busto algo mas ancho. El tiraje de esta pieza correspondiente al conjunto de los años 1703 y 1704, es de 427.920 ejemplares. No obstante esta tirada , este tipo de moneda es considerablemente mas raro que el de los Ducatones de los reyes anteriores, debido a que tras el paso de la soberanía de los Países al Pretendiente Carlos III, posteriormente Emperador de Austria como Carlos VI, la mayor parte de estas piezas fueron fundidas para emitir los siguientes Ducatones a nombre del Archiduque Carlos.

 

En este sentido se manifiesta la obra citada sobre las monedas del Bramante, con: 3.300FB en F, 6.500FB en VF y 13.000FB en XF. CAYÓN 1976 y CAYÓN 1980 valoran esta pieza, creemos que mas bajo que la tendencia del mercado. Por el contrario, en la valoración de CAYÓN de las piezas incluidas en la reedición de 1992 de HERRERA 1914, ya el valor de esta pieza se acerca a la estimación del mercado: 70.000P en F- en 1992. En este mismo sentido se manifiesta DAVENPORT 1984, con valores de mas del doble del de los Ducatones de Amberes de reyes anteriores: 500$ en VF y 1.000$ en XF.

 

El relieve que presenta la cabellera del Rey en este tipo de moneda es muy alto (prácticamente similar al usual en medallas) por lo que es extraordinariamente difícil encontrar ejemplares en los que no se aprecien signos de desgate. Esta pieza presenta evidente desgaste solamente en la parte mas alta del pelo del Rey en el anverso, mientras que su reverso se encuentra prácticamente en XF. En estas condiciones, graduaremos este ejemplar en VF+. Como ya hemos indicado, al considerar esta pieza como Rara, su valor y precio de mercado sería el doble del de los Ducatones comunes de reyes anteriores (260€ en VF+): 520€.

 

16. THE DUCATONS AND PATAGONS OF BRAMANTE OF PHILIP IV AND PHILIP V

 

The expansionist policy pursued by Philip II with regards to Holland and England ended with the death of the monarch in 1598. The possibility of restoring the Christian universality, based on the Alliance between the Holy Roman Empire and its extension in the Spanish monarchy (both governed by the House of Hapsburg) and the Papacy as rectors, temporal and spiritual of the Christianity had vanished completely with the consolidation of the Protestant Reformation in England, Holland and the Nordic countries, which is why the maintenance of the Catholic unity in Europe, it was no longer an attainable goal.

This feeling of responsible pessimism will be the one that permeated throughout the reign of Philip II and the Duke of Lerma as Chief Minister of the monarch in who all executive instruments of Governmen were deposited during the greater part of the reign. Lerma, independently of the economic corruption that his family and political clientele introduced in the Royal Treasury, quickly understood that if the delicate balances between the supplies of American precious metals and the cost of the Spanish armies in Italy and Flanders had not prevented four successive bankruptcies during the previous reign, the situation now was much worse as a result of the decrease in the rate of the system of American metals arrival, that made necessary new deposits and new technologies to ensure supplies.

Therefore, necessarily the Government of Philip II exercised through his Minister had to be necessarily conservative, with the recognition that it was no longer possible to maintain three fronts opened, at the same time: France, the Netherlands and England. Thus, in 1598 he got to a peace with France, which lasted until Richelieu arrived and with Louis XIII, in The 30 Years War, while the religious clashes between Catholics and Huguenots stained the country with blood. As for the Netherlands, the surrender of them to Albert of Austria, the Emperor’s son, as a dowry in his marriage with Isabella Clara Eugenia, daughter of Philip II, was an attempt to guide policy towards a conciliation that would limit the rebellion to the territories of the North and that would preserve the South of Flanders and the Bramante.

The performance of Archduke Albert moved in this sense who in 1604 with the Treaty of London signed with James I, who had succeeded Isabel, who put an end to the hostilities with England, and to some extent, to the support that she lent to the independence of the United provinces. As for the Netherlands, the seizure of Ostend by Ambrosio Spinola in 1604 and a temporary increase in the shipments of American silver (1602-1603) made it possible to prolong the offensive into the heart of holland, reaching as far as Friesland, interrupting the communication between her and Germany. Despite this, Yssel campaign had to be terminated in 1606 because the Dutch resistance and the difficulties to ensure the payment of wages to soldiers in the multinational army that formed the Spanish thirds.

Thus, the Archduke Albert concluded a cease-fire with Holland in March 1607, which constituted the prologue of the so-called the Truce of the 12 years signed with the Netherlands in 1609, which constituted an implicit recognition of the independence of the United provinces, within which, moreover, it was not possible to guarantee the freedom of worship for Catholics. However, the peace and the skirmishes maritime with the powerful Dutch commercial fleet continued, both in the Caribbean and Indonesia.

In 1618, in the final years of this truce, it took place in a dark place of Bohemia, the so-called defenestration of Prague, which was the spark that fuelled the 30 years war which, for a period of that time, faced the House of Austria with the German Protestant princes successively supported by Lutheran, Danish and Swedish, and finally, by France. This war settled by the peace of Westphalia in 1648, with the recognition of the sovereignty of the German Protestant princes in their States, led to the international recognition of the United provinces and the liquidation of Spanish hegemony in Europe.

While the support of Spain for the Austrians Habsburgs was agreed by Philip III in 1618, led by dynastic and familiar reasons, the deeply involvement of the King of Spain in the 30 Years War took place mainly by the decision of the Count Duke of Olivares, Chief Minister of Philip IV, who, when the last came to the throne after the death of Philip III in 1621, decided to put an end to the truce with Holland, more for reasons of commercial policy in America for defending the monopoly of trade with the American colonies, than for reasons of a religious nature. At the beginning of this struggle, certain successes were achieved as the capture of the city of Bahia in Brazil, occupied by Holland, which had to surrender to the action of the Spanish and Portuguese powerful Squadron, with 52 warships and an expeditionary force of more than 12,000 men.

Also in Holland, the Spanish army achieved important triumphs in the period 1624-1626, when it achieved the seizure of Breda, strategic Dutch stronghold square, immortalized by Velázquez in his famous painting The surrender of Breda. However, the Spanish interest in establishing a naval and commercial base in the Baltic under the control of the House of Habsburg, meant the confrontation, first with Denmark, and then with Sweden, what, despite the defeat of this in Nordlingen at the hands of the Cardinal Infante Ferdinand, was the germ of the entry of the Catholic France in the war, in favour of the German Protestants. Finally, the defeat of Spain at the hands of France in Rocroi in 1643 marked the end of the Spanish hopes in the recovery of the Netherlands.

Thereafter, the Spanish sovereignty was extended only to the territory of the provinces of the South (current Belgium), until the moment when, during the War of the Spanish Succession (1700-1714), they were invaded by the Austrian troops of Archduke Charles in his conflict with Philip IV, candidate of Louis XIV for the provision of the Spain and Indian throne after the death of Charles II. The first step in the domain of Flanders by the Austrians was the victory of Margorongh in Ramillies after which the fall of Brussels occurred, and on 23 June that of Antwerp, giving Philip V in 1709 up all his rights on the Netherlands in favour of Maximilian, Prince-elector of Bavaria, resignation which was confirmed, giving Austria sovereignty over these territories in the treaties of Utrecht and Rastadt which settled the War of succession.

From a numismatic point of view, the reigns of: Philip IV, Charles II and Philip V until 1706, assumed the continuity in the issuance of Ducatons and Patagons of silver weighing about 32 grams and 29 grams respectively. All these coins continued to be minted by hammering in the Mints of Antwerp ( Figures 136.2 and 136.5) and Brussels (Figures 136.3 and 136.4), mainly. Both Albert and Isabella as Philip IV minted also Ducatons and Patagons (only with Albert and Isabella) in Tournai (Figure 136.1), a little scarcer are those produced in Antwerp and Brussels. The mintmark of Antwerp (the most prolific) is a hand with the fingers extended upward; the mark of Brussels is a head of angel, and that of Tournai, a fortified tower. The Mint of Bramante that minted rarer coins was that of Bois le Duc, using a tree as mintmark.

From 1687 the coinage of Ducatons and Patagons spread in flywheel press, with the portrait of Charles II already mature. The coins on behalf of Philip IV, of the period 1702-1705 are all of them, to a greater or lesser extent, rare, so we value with a double price of common coins of the other monarchs. Also the Double Ducatons and Patagons are very rare wth a double weight (double thickness) and with a value of four times the simple Ducatons and Patagons and the triple Ducatons are quite rare with a value of eight times the simple coins. The production of the coins of the Bramante are cited by Herrera 1914 based on the data investigated by De Witte. These data do not always refer to full years, so we have taken for the analysis of the coins of this type, the figures indicated in the referred book at the previous post The coins of the Bramante (1600-1790) that correlate significantly with the previous ones.

The piece shown in Figure 136.1 is a Patagon coined in Tournai on behalf of Albert and Isabella not dated. The mintmark is a tower. This coin is cited by Cayón 1976 as coined in Mons, not including coins with the mark of Tournai. For these the quoted value is approximately twice the coins of the more common mints. This value rises to 24,000 pesetas in Cayón 1980, while in the re-issue of Cayón of the Herrera 1914 (1992), is valued at 25,000 pesetas. Davenport 1984, fixed more reduced prices: $100 in VF and $225 in XF.

This piece has a very widespread wear, not being visible none of the interior details of the imperial coat of arms on the back. Therefore, according to the scale of prices that we have been using, its value in F- would be €40. However, by its good patina and the relative rarity of its Mint, we raise this value to a market price of €60.

The coin whose photograph appears in Figure 136.2 is a Ducaton coined in Antwerp in 1635 in the name of Philip IV. Therein, as in all issues of 1628-1636, shows the monarch with starched collar. The titles of the King, apart from Spain and Indian, were Duke of Burgundy, Bramante and Zealand. The production of this coin, which was common in the years 1634 and 1635, is: 1,236,298 copies, being the prices quoted in the book cited above (1974): FB1,500 in F, FB3,000 in VF and FB6,000 in XF (1 FB= 2.5 pesetas in 1974).

The prices of Cayón are a little higher: 8,500 pesetas in 1976 and 16,000 pesetas in 1980. Davenport 1984 values this type a little higher than the later (not starched neck) with: $200 in VF and $375 in XF. This coin has a full untouched patina just with wear in the higher parts of the hair of the King. It also has the armour full, just appreciating wear in the castles and lions of the imperial coat of arms of the back. In this conditions, its grade is VF+, so its value and market price, according to the scale of prices which we are proposing, is €270.

The coin shown in Figure 136.3 is a Ducaton coined in Brussels in the name of Philip IV in 1662, corresponding to the type without starched neck coined between 1640 and 1665. The production of this coin is 285,361 copies. Prices according to the indicated book, for this coin would be: FB1,300 in F, FB2,500 in VF and FB5,000 in XF; Cayón, considering that it is from the Mint of Brussels, values this coin approximately at 50% more than that of Antwerp: €12,000 in 1976, €18,000 in 1980 and €30,000 in 1992, for coins in conservation BC+, which we will consider equivalent to F- in the scale that we have been using. Davenport 1984 values this coin in VF at $175 and at $350 in XF.

This copy presents a special wear, not appreciating any detail of the hair or the beard of the King. In the front, just a small part of the armour is visible, while in the back, the lion on the right of the shield is completely deleted. In these circumstances, its conservation does not exceed the G+ grade, so its value and market price is only €40 (€50 in VG and €25 in G).

The piece of Figure 136.4 is a Patagon coined in Brussels in the name of Philip IV in 1649, with the titles of King of Spain and Indies, Duke of Burgundy and count of Flanders appears in it. The production of this Patagon, of this year, indicated in the cited book is: 72,348 copies. This coin was cast from the year 1621 to the 1663. The prices in this book are: FB1,500 in F, FB3,000 in VF and FB6000 in XF, all of them in 1974. For Cayón, prices rises according to the time (in F-): 12,000 pesetas, 20,000 pesetas and 25,000 pesetas in 1976, 1980 and 1992, respectively. Davenport 1984 valued this piece, as all the Patagons, with values of approximately half of the Ducatons: €100 in VF and $225 in XF.

This coin presents the Crown on the cross of St. Andrew of the front almost with no wear. In the back, the wear only can be seen in the higher parts of the castles and lions of the imperial coat of arms. Also, this piece also presents a considerable amount of its original brightness, so its grade is VF. In these circumstances, its value and market price is €100.

Finally, the Figure 136.5 reproduces a Ducaton of Philip V, coined in Antwerp in 1703, with the mark of this Mint (outstretched hand) under the bust of the King. This variant corresponds to that with the small bust of the monarch, something more common compared with the one with a wider bust. The production of this coin corresponding to the whole of the years 1703 and 1704, is 427,920 copies. Despite this production, this type of coin is considerably rarer than the Ducatons of the earlier Kings, because after the passage of the sovereignty of the countries to pretender Charles III, later Austria Emperor as Charles VI, most of these coins were melted to issue the following Ducatons on behalf of the Archduke Charles.

The cited work about the coins of Bramante declare in this sense, with: FB3,300 in F, FB6,500 in VF and FB13,000 in XF. Cayón 1976 and Cayón 1980 value this coin, we believe that, lower than the market trend. On the contrary, the value of this piece in the valuation of Cayón of the coins included in the re-issue of Herrera 1914 1992, is closer to the estimation of the market: 70,000 pesetas in F- in 1992. Davenport 1984 manifest in this sense, with values of more than the double of that of the Ducatons in Antwerp of earlier Kings: $500 in VF and $1,000 in XF.

The relief that presents the hair of the King in this coin is very high (almost similar to the usual in medals) so it is extraordinarily difficult to find copies in which we do not appreciate signs of wear. This piece presents obvious wear just inthe higher part of the hair of the King in the front Davenport 1984, whileits back is practically in XF. In these circumstances, we will value this copy in VF+. As we have already indicated, considering this coin as rare, its value and market price would be the double of the common Ducatons of previous Kings (€260 in VF+): €520.

 

 

 

 

 

 

Parafraseando a Neil Amstrong, podríamos decir que la sorpresiva irrupción de PODEMOS en el espectro político ha sido un pequeño paso para la humanidad y un gran paso para Pablo Iglesias (No es descartable que algún puñado de votos le venga por su nombre) quien ha hecho, en la resaca de los resultados, unas declaraciones a la medida de sus ambiciones. Comprensible.

El éxito de PODEMOS en estas elecciones es una sacudida inesperada con la que, por fin, parece que la indignación de unos y otros puede estructurarse en una respuesta política. Sin duda aportará cambios en las relaciones de poder de unas y otras fuerzas y en nuestra manera de ver y entender la política. Cambios de los que, por supuesto, sólo tiempo que tenemos por delante nos dará el alcance exacto.

Lo que parece establecido, hoy por hoy, es lo siguiente:

- El PSOE se ha llevado un batacazo. No discuto si mayor o menor que el del PP, seguramente más doloroso.

- El PSOE sigue siendo la fuerza mayoritaria de la izquierda.

- La izquierda, en conjunto, gana a la derecha.

- Hay un bloque crítico con el sistema, en el que se puede meter incluso a UPyD , que sobrepasa holgadamente un tercio de los votantes.

Sin embargo, creo que hay que ser cauteloso con algunas aseveraciones que se hacen precipitadamente. Una de ellas es la que estos resultados pueden extrapolarse a futuras elecciones:

La abstención es una reserva de votos que pertenece sobre todo al PSOE y al PP. Si nos fiamos de las estadísticas, una parte de esos abstencionistas volverá a votar en las próximas elecciones. No descarto que algún desencantado vea ahora la luz y se anime a votar a PODEMOS o similares pero yo diría que, en principio, los indignados han echado el resto.

Las elecciones europeas tienen una mecánica diferente de las generales. Son las más proporcionales de España al tener una circunscripción única de nivel nacional. En las generales y muchas autonómicas la división en circunscripciones penaliza a los partidos pequeños cómo bien sabe IU por amarga experiencia.

Otra afirmación precipitada es la de que se acabó el bipartidismo. No es exactamente verdad. En primer lugar porque de lo que estamos hablando es de un bipartidismo imperfecto en el que en un número importante de legislaturas los nacionalistas han asegurado la gobernabilidad del partido mayoritario. Es una consecuencia del sistema electoral que les prima a ellos debido a la concentración de sus votos en pocas circunscripciones en vez de a los partidos nacionales con vocación de bisagra.

En segundo lugar porque con el sistema electoral actual ese bipartidismo imperfecto está más que asegurado (al menos a nivel nacional). Pablo Iglesias lo tiene claro cuando dice que su meta es sobrepasar al PSOE pero si lo consigue el bipartidismo se mantendría igual, salvo que el segundo partido sería PODEMOS (con permiso de UPyD e IU que aspiran a lo mismo). Sólo con un sistema electoral que asegurase una mayor proporcionalidad a nivel nacional se podría conseguir algo parecido al multipartidismo aunque dudo que catalanes y vascos lo acepten de no ser que venga en un paquete que incluya dosis mayores de soberanía. Y aun así.

Así las cosas, ¿qué conclusiones sacar? Estas son las mías:

Al menos para las generales IU y PODEMOS están condenados a entenderse. Cerca de 40 provincias tienen 7 o menos diputados. Así que, incluso aumentando sus porcentajes actuales, conseguirían muy pocos escaños si van separados. Juntos es otra cosa y parece que así lo entiende IU que ha empezado a mandar cables.

Más difícil parece un acuerdo con el PSOE, no sólo porque éste comienza ahora un periodo de "baño de realidad" del que no se sabe cómo saldremos, sino porque para el público de PODEMOS, dejar de cantar aquello de "PSOE PP la misma mierda es" de un día para otro es bastante improbable. Por su parte, Izquierda Unida tiene en la memoria una larga lista de agravios, reales o presuntos, que no parecen dispuestos a olvidar, cómo han demostrado en Extremadura, aunque no hayan sacado gran cosa de ello.

De todas maneras las generales están aún lejos y toca pasar por la casilla de las municipales y buena parte de las autonómicas. En algunas regiones, y en todos los grandes ayuntamientos, el sistema da una proporcionalidad bastante aceptable por lo que supongo que cada uno ira por su cuenta y las conclusiones definitivas de cara al futuro se sacarán a la vista de los resultados. En mi opinión la clave la darán los dos Madrid (Comunidad y Ayuntamiento)

Entonces veremos si los tres partidos son capaces de entenderse, si hay una posibilidad de una mayoría de izquierdas, si las reticencias de unos y de otros se liman y si el PSOE es capaz de abandonar lo que se llamó en su día patriotismo constitucional y sumarse al carro de los que quieren un cambio de régimen, de Constitución y de sistema electoral.

Para salir de la crisis por la puerta correcta.

Domingo 25 de Mayo de 2014 18:12

Canción Pop-folk

por FPP

Para escuchar y descargar las canciones puede pulsar AQUÍ

Nueva canción :

 

Viernes 23 de Mayo de 2014 10:24

Al rico helado!

por Ana Martínez Arce

 

Hace unos años pensaba que hacer helado en casa era cosa de profesionales: que habría que tener una mega máquina de 600 euros o algo así, pero el año pasado descubrí las heladeras sencillas y pedí una por mi cumpleaños. Desde entonces parezco publicista de la máquina. Me pasa con todo lo que me gusta: si me gusta un libro, una película o una canción se lo cuento a TODO el que conozco como si me llevase una comisión por incremento en las ventas. Pero es que en un mundo de electrodomésticos inútiles la heladera es una GRAN compra: las venden por unos 50 euros y te evitas viajes al VIPS a horas intempestivas porque se te ha antojado un helado de lo que sea!

 

 

 

 

 

Con las de 50 euros funciona mi querida "excusa de la amortización" (mi excusa para comprarme un electrodoméstico sin sentirme culpable): a 5, 6 o incluso 7 euros la tarrina de Ben & Jerrys, Häagen Dazs y compañía, en cuanto haces unas cuantas tandas de helado (sale más del medio litro tacaño de las tarrinas esas), ¡¡ya la has amortizado!!

 

Por cierto, hablando de cantidades, lo de las tarrinas de helado de 5 kilos que salen en las pelis americanas y que la pobre despechada tiene que llevar a dos manos desde el congelador hasta el sofá porque con una no podría ni Lebron James o alguien similar, ¿son una leyenda urbana o son de verdad?. Porque si existen yo quiero una, y cuando acabe el helado, ¡desecaré el recipiente y lo usaré como artículo de decoración!. Que a mí que soy de comer helado con cuchara grande (comer helado con cuchara pequeña es incluso peor que beber vino en vaso de plástico), las de medio litro me cunden más bien poco.

 

 

Me voy a centrar en los helados de hoy. Todavía tengo que probar a hacer combinaciones "gochas" del tipo: helado de vainilla con trozos de chocolate, chocolate fundido, trozos de galleta y churretones de caramelo, pero como la casa no se empieza por el tejado, habrá que empezar con una buena receta básica de helado de vainilla, y ¿quién mejor que David Lebovitz para eso? La que también probé hace unos meses fue la de helado con bacon confitado que aparece en la página de David y la tengo que volver a hacer porque el bacon confitado debería estar prohibido y venderse en el mercado negro: ES UNA LOCURA - menos mal que hay mucha gente que no lo ha descubierto... De todas formas, la siguiente vez que la haga, en lugar de cortar las tiras de bacon crujiente en trocitos y echarlos al helado, haré el helado y le pondré un chip de bacon confitado por encima - mmmm

 

 

El segundo helado de hoy - en tiempos de crisis no solo los supermercados hacen 2x1 - es uno de mis favoritos: el de "Strawberry Cheesecake". Cualquiera que no tenga heladera, que salga YA a comprársela, que por 50 euros puedes hacer en casa, y con las combinaciones que quieras, helados para hacerle la competencia a Häagen Dazs y compañía y encima son fáciles de hacer (vale, cocer al baño maría removiendo hasta que la mezcla se espesa lo suficiente es un poco coñazo, pero lo mejor es que lo haces un día que tienes tiempo, lo congelas y ¡tienes helado para rato!)

 

Bueno, tengo que reconocer que, aún con heladera, sigo haciendo viajes al VIPS y el otro día probé un helado de galletas "speculoos" que te puedes morir de bueno, así que lo siguiente será hacer galletas speculooos y un helado con ellas...

PD. Esta es una página web que he creado con mi hermana: www.hermanasarce.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Helado de vainilla

 

250ml leche entera

una pizca de sal

150gr azúcar

1 vaina de vainilla

500ml de nata (35% mat. grasa)

5 yemas de huevo

1 cucharada de extracto de vainilla. Yo no lo eché porque ya llevaba la vaina..

 

 

1. Calentar la leche, la sal y el azúcar en un cazo. Extraer las semillas de la vaina de vainilla e incorporarlas, además de la vaina vacía, a la leche. Cubrir, retirar del fuego y dejar infusionar durante una hora.

2. Verter la nata en un bol colocado encima de otro bol con agua fría y hielo.

3. En otro bol batir las yemas de huevo. Recalentar la leche. Añadir la leche a las yemas, poco a poco y removiendo con un batidor constantemente. Devolver la mezcla al cazo y cocer a fuego lento, removiendo, hasta que la mezcla tenga la consistencia suficiente para cubrir la parte trasera de la cuchara.

4. Colar esta mezcla sobre la nata, remover hasta que se enfríe la mezcla, añadir el extracto de vainilla y refrigerar, preferiblemente durante al menos 12 horas.

5. Verter la mezcla dentro de la heladera y seguir las instrucciones del fabricante.

 

 

 

 

 

 

 

 

Helado de Strawberry Cheesecake

 

480ml de "half-and-half": mitad del volumen de nata y mitad de leche

1/2 vaina de vainilla o 1/2 cucharadita de extracto de vainilla

115gr de queso philadelphia

60gr de yemas de huevo

130gr azúcar

fresas cortadas en trozos (cantidad al gusto)

trozos de galleta digestive

 

 

1. En un cazo a fuego medio-alto, hervir la mezcla de nata y leche con la vaina de vainilla. Retirar del fuego, extraer la vaina de vainilla, extraer las semillas e incorporar a la leche y la nata.

2. Mientras tanto, en un bol mezclar el queso, las yemas y el azúcar y batir durante unos dos minutos.

3. Poco a poco añadir a esta mezcla la de leche y nata caliente, removiendo constantemente para que no se cuaje.

4. Calentar la mezcla resultante al baño maría hasta que espese lo suficiente como para cubrir la parte trasera de la cuchara con la que se remueve.

5. Inmediatamente retirar la mezcla del fuego y remover para enfriarla. En este punto añadir el extracto de vainilla si se emplea en lugar de la vaina de vainilla. Añadir los trozos de fresas.

6. Refrigerar durante, al menos, 12 horas.

7. Pasadas las 12 horas, verter la mezcla dentro de la heladera, añadiendo trozos de galletas digestive y seguir las instrucciones del fabricante.

 

 

 

Miércoles 21 de Mayo de 2014 19:58

TRES DISPAROS EN LEON

por Juan Pedro Escanilla

“… cómo tres golpes secos dados en la puerta de la infelicidad”. No hace falta que Montserrat y Triana hayan leído a Camus para que, después de unos cuantos años entre rejas, comprendan las consecuencias de estos tres disparos que han hecho buena aquella frase de que “hay enemigos, enemigos a muerte y compañeros de partido” y que han desatado una cadena de despropósitos en un tiempo record:

Dos militantes del PP se cargan a tiros a su jefa política y la consecuencia más inmediata es … la dimisión de una concejal socialista, evidenciando hasta que punto la izquierda española esta presa de un complejo de “gallina en corral ajeno” y acepta, sin más las normas de comportamiento político que impone la derecha aunque ésta misma no las cumpla.

De acuerdo, era un exabrupto mezquino y miserable, pero no más que los que abundan en boca de políticos que ni se molestan en disculparse. Por ejemplo, el del candidato Arias Cañete. Que, por supuesto, es diferente: Es peor. Si dentro de unos días se produce una muerte violenta en España, hay muchas más probabilidades de que sea por violencia machista que de que se repita algo similar a lo de León.

Lo cual no ha impedido que se desaten los grandes medios y se inicie una caza de brujas contra algunos internautas, incapaces de comprender que Facebook y Twiter no son tertulias de taberna entre amigos, por parte de unos fiscales incapaces de determinar los limites de la libertad de expresión, por burda que sea. A este respecto, el azar de las cosas ha querido que esta misma semana el país semanal publicara un comentario de Juan José Millás a una foto del cardenal Bertone. El comentario, magnífico, termina así: Yo, de las monjas, le pondría cianuro en las natillas. Por supuesto, el estilo es mucho mejor, claro.

Y como para demostrar que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra ilustres portavoces del PP, con la honrosa excepción de Soraya Sáenz de Santamaría que todo hay que decirlo, se lanzaron a toda prisa a buscar chivos expiatorios en el 15M, la PAH y, en general, en el llamado “clima de crispación”. Por suerte para el PP, alguien debió de advertirles a tiempo que iban camino de repetir el mismo error que tras los atentados de Atocha y les recordó las consecuencias. A pesar de eso, aún de cuando en cuando se oye alguna tontería de ese tipo.

Probablemente, los estrategas de campaña que trataron de sacar tajada intentando convertir en martirio político lo que era, según todas las apariencias, un ajuste de cuentas y santificando a Isabel Carrasco no sabían lo que se traían entre manos. La fama es algo muy delicado. Cada uno se fabrica la suya con sus actos y la imagen de la Sra. Carrasco en Castilla y León estaba lejos de carecer de sombras, por decirlo suave. Ya sé que las oraciones fúnebres no son el momento de sacar defectos pero hay que tener mesura so pena que la gente, cabreada, te devuelva a la realidad.

Se dice que una imagen vale más que mil palabras y ha habido una que se la ha escapado en varias ocasiones a los guardianes de la TV: Donde cayó la Presidenta del PP de León apenas había al día siguiente cuatro velas y dos o tres ramos de flores. Los que recuerden imágenes similares de otros hechos luctuosos no tienen más que comparar y sacar sus conclusiones.

Viernes 09 de Mayo de 2014 09:01

5. El Gran Cañón en sus dos vertientes

por Manager

 Eran poco más de las 4 de la tarde cuando, después de pagar los consabidos 25 dólares (se pagan cinco dólares más cuando hay transporte, siempre gratuito, en el interior del parque), entramos  por el acceso de Desert View a unos 2.300 metros de altitud, en el South Rim, o borde sur, del Grand Canyon National Park. Desde allí puede verse una gran panorámica del curso previo del río y de la confluencia con el Paria, su afluente, a unos 1.400 metros por debajo del nivel en que nos encontrábamos. En la década de los treinta se levantó una torre vigía de tres pisos, a semejanza de las que construían los anasazi, desde la que puede contemplarse una grandiosa panorámica del parque. Una ancha carretera, la Desert View Drive, bordea durante unos 35 kilómetros el majestuoso cañón hasta el extremo este. A lo largo del camino hay varios miradores para satisfacer la demanda del incipiente turismo con la vista del cañón; el principal es Grand View Point adonde, al parecer, llegó en 1540 la expedición comandada por Coronado, de la que dio testimonio escrito 20 años después un clérigo apellidado Crespi. Por desgracia, en fecha muy reciente zonas muy extensas del bosque han sido pasto de las llamas, que han dejado un rastro de desolación a su paso. El centro propiamente dicho del parque está bastante más allá, en la zona de Grand Canyon Village, que cuenta con todos los servicios necesarios: el centro de visitantes, los alojamientos del parque (hotel, residencias, cabañas), la cafetería-restaurante, el supermercado, etc. En torno al conglomerado hay varios miradores más para contemplar el cañón en toda su majestuosidad: Yaki Point (en donde comienza el sendero de mayor pendiente para bajar al fondo del cañón, 13 kilómetros en los que se salvan más de 1.400 metros de desnivel) y Yavapai Point (de donde sale el otro y más largo sendero –20 kilómetros- para descender a las profundidades del cañón), ambos nombres evocadores de pueblos indígenas que vivieron en la zona. A partir de ahí comienza otra carretera, la Hermit Road, que en temporada alta sólo se puede transitar en autobuses del parque, y que tiene también varios puntos panorámicos igualmente sugerentes: Maricopa, Hopi, Mohave y Pima.

 

Panorámica del Gran Cañón desde la torre vigía en lña entrada de Desert View 

 

El Gran Cañón se inicia en la confluencia de los ríos Paria y Colorado, al este, y se extiende por el oeste más de un centenar de kilómetros hasta cerca de las aguas embalsadas del lago Mead. A finales del siglo XIX hubo varios intentos infructuosos de explotar el cobre del fondo del cañón (el acarreo del mineral en mulas no hacía rentable la empresa), a lo que siguió la construcción de hoteles para satisfacer el incipiente turismo en la zona. Pero sólo en 1908, a raíz de una visita del presidente Theodore Roosevelt al cañón en la que dijo que éste debía preservarse para las futuras generaciones “como la maravilla que todos los americanos deberían conocer”, quedaría el cañón bajo la protección del Estado.

 

Testimonio de la llegada de Coronado en 1540

 

En 1919 fue declarado parque nacional y, actualmente, es visitado por cerca de cinco millones de personas al año; se recomienda evitar las visitas en pleno estío, por el calor sofocante (sobre todo en el fondo) y las aglomeraciones. Además del servicio de autobuses del parque, un antiguo tren de vapor recorre el trayecto entre el parque y la ciudad de Williams, cien kilómetros al sur, en las cercanías de Flagstaff.

 

 

Vista desde un mirador de Desert View Drive

 

El cañón está formado por numerosos estratos de roca –caliza, sobre todo, arenisca y esquisto- que se superponen en paralelo, y ya en la base, e inclinados a causa de la mayor erosión, por otros de cuarzo y esquisto. Si bien su origen se remonta a tiempos remotos, los mayores cambios datan de fecha relativamente reciente para la geología: hace unos cuatro millones de años, las turbulentas aguas del río Colorado comenzaron a excavar las paredes del cañón, que hoy se encuentra a unos 1.400 metros de profundidad, siendo mayor la erosión en algunos puntos debido a la inclinación de la meseta del Kaibab que está en la base. La anchura del cañón y sus originales formaciones rocosas son consecuencia, una vez más, de la erosión que producen la lluvia, el viento y el hielo en las capas de arenisca y caliza.

 

Puesta de sol cerca de Canyon Village

 

Al congelarse el agua en invierno debido a las bajas temperaturas, las grietas que hay en la piedra se expanden y presionan sobre las rocas: las más blandas se erosionan y dan lugar a paredes inclinadas, mientras que las más duras resisten y forman paredes verticales. Tal es la panorámica que podemos ver a todo lo largo del Gran Cañón: laderas con montículos y pináculos erosionados que se sustentan sobre otros más anchos cortados a pico. El gradiente inclinado de las capas inferiores de la meseta y el gran volumen de sedimentos que arrastra el río son los principales causantes de la erosión. El cañón es una auténtica sinfonía de colores por los diversos estratos de piedra que lo forman, variando ésta en el curso del día según la incidencia y la intensidad solar. Si ya de por sí es monumental el cañón –por sus formas repetidas ad infinitum y por sus extraordinarias dimensiones, que lo hacen de todo punto incomparable- su belleza radica sobre todo en la iridiscente gama de colores de las rocas y en los sutiles cambios de luces y sombras según cómo incida la luz solar.

 

Las sombras se abaten sobre el Gran Cañón 

 

Pero volvamos ahora a lo que nos importa, a nuestra visita al parque. Nada más llegar nos  dirigimos  a  la  central  de  reservas para  buscar  alojamiento.  Era  un  jueves por la tarde y estábamos al comienzo de la temporada alta, así que difícilmente se podía ser optimista acerca de la posibilidad de  encontrar  un  sitio  donde  alojarnos. Pero no había más remedio que intentarlo. Por  fortuna,  mi  actitud  pesimista  no  se vio confirmada, pues alguien acababa de hacer una cancelación y había quedado libre una habitación doble con dos camas matrimoniales en una de las residencias del parque. Sin duda, podríamos arreglarnos para pasar una noche. Aprovechando la ocasión y la buena suerte que parecía acompañarnos, nos apuntamos en una lista de espera para alquilar una cabaña al día siguiente en Phantom Ranch al fondo del cañón, si bien nos advirtieron de que nuestras posibilidades de conseguirlo eran muy reducidas pues bastante gente lo había solicitado antes que  nosotros. Teníamos que volver allí a las 6,30 de la mañana del día siguiente, momento en que se distribuían las plazas vacantes entre los presentes por riguroso orden de lista. ¡Menudo madrugón nos esperaba, pues! 

 

Aprovechamos el resto de la tarde para descansar, visitar el Canyon Village, recorrer algunos miradores desde los que se divisa el cañón y cenar frugalmente. Lo mejor vino a la hora del crepúsculo, cuando la conjunción de los colores y formas de la piedra y la iridiscencia e intensidad de la luz vespertina crea una atmósfera única en el cañón, haciendo que los largos -¿o cortos?- minutos en que las últimas luces se pierden en el horizonte resulten poco menos que inolvidables, grabándose indeleblemente en nuestra retina. Seguidamente, tras los ecos de las exclamaciones de admiración de algún que otro visitante conmocionado ante tamaña belleza, el cañón empieza a difuminarse, a desdibujarse, a volverse imprecisos sus límites, a desaparecer, y todo el espacio circundante se cubre de sombras. Fue una experiencia casi mística, de comunión con la naturaleza, similar en cierto modo a la que vivimos días atrás en el Parque Nacional de Arches al contemplar el Delicate Arch bajo los iridiscentes matices de la luz crepuscular (aunque aquí debo señalar que, para Manolo, la sutileza del solitario arco visto bajo la luz crepuscular no tiene parangón).

 

Fotógrafo "retro" con diapositivas y cámara de placa

 

A la mañana siguiente estábamos los cuatro compañeros de fatigas puntuales a la cita que iba a determinar si podríamos bajar o no al fondo del cañón.  Los  americanos  acostumbran  levantarse al amanecer, por lo que las 6 de la mañana no es una hora intempestiva para ellos, pero en este caso tan temprana hora estaba plenamente justificada pues había que descender al fondo del cañón por un sendero  muy empinado de 13 kilómetros y, en lo posible, había que evitar hacerlo en las horas centrales del día. Llegada la hora, un empleado con aire somnoliento comenzó a pasar lista pero nadie  contestó  hasta  que  llegó  a  nosotros,  así que volvimos a recibir una agradable sorpresa: definitivamente podíamos alojarnos en una cabaña de Phantom Ranch y, por tanto, emprender de inmediato el descenso.

 

Bajando por el South Kaibab Trail

 

Como ya hubiéramos aprovisionado las mochilas previendo que pudiéramos pasar la noche en el fondo del cañón, tomamos un autobús del parque hasta Yaki Point (a 2.213 metros de altitud) y empezamos a descender por el South Kaibab Trail hasta Phantom Ranch (a 768 metros sobre el nivel del mar), en la otra orilla del río; en total, 13 kilómetros de pronunciada pendiente que salvaban 1.445 metros de escalofriante desnivel. Al inicio del sendero vemos una serie de carteles que llaman a la moderación y avisan del peligro que supone cualquier tentativa de bajar y subir en el mismo día, pues todos los años hay que rescatar una media de unos 200 excursionistas que desfallecen en el intento, además de que una  media docena pierden la vida sobre todo por despeñamientos.

 

Punto de observación

 

Durante largos trechos, el sendero tiene rellanos escalonados de algo menos de un metro de ancho para facilitar el paso de las mulas, que, formando expediciones, portan en sus lomos visitantes, comida (para Phantom Ranch) y basura (generada en el rancho). No hay ni gota de agua en el camino, pero ello no nos importaba pues cada uno de nosotros llevaba consigo al menos dos litros. Nos detenemos en las escasas y pequeñas explanadas del camino a contemplar las distintas panorámicas del cañón que la bajada nos ofrece. Como sea, quiero retener en la retina, en la memoria, en los pulmones, el espectáculo inigualable que el descenso me ofrece. A esa hora el calor era aún soportable. En dos o tres ocasiones nos cruzamos con reatas de mulas que subían con su correspondiente carga. Descendimos a paso -más bien diría a trote- ligero, saltando prácticamente de tramo en tramo y pasando a cuantos senderistas encontramos en nuestro camino, y tardamos un poco más de tres horas y media en llegar al fondo del cañón (lo normal es de cuatro a seis horas), en donde hubimos de cruzar un puente metálico colgante para pasar a la otra orilla. Mi calzado, que no era de montaña, salió maltrecho de la experiencia y sólo pedía que me aguantase hasta la ascensión del día siguiente.

 

Reata de mulas regrasando a South Rim

 

A la salida del puente hay un remanso del río Colorado con una pequeña playa en la que estaban varadas varias balsas de rafting, sin duda procedentes de esas expediciones que se hacen por el curso del río desde el lago Powell hasta el lago Mead para disfrutar durante varios días de la espectacularidad de los parajes del cañón y de las corrientes bravas. Uno sólo puede bañarse en la orilla de los remansos, pues de lo contrario correría el riesgo de que las fuertes corrientes lo arrastrasen río abajo. Hasta Phantom Ranch todavía hay que andar cerca de un kilómetro entre una vegetación de clima más cálido, como lo demuestra la profusión de chumberas y árboles caducifolios. Fácilmente, habría diez grados de diferencia entre el borde superior y el fondo  del cañón.

 

 

A esa altura, un arroyo de aguas bravas, el Bright Angel Creek, desagua en el Colorado, que lleva mucho caudal en esta época del año debido al deshielo. Phantom Ranch tiene una casona central que hace las veces de cantina y tienda de bebidas, alrededor de una docena de cabañas con cuatro literas cada una y unos corrales para los animales de carga. Junto al arroyo hay un terreno de acampada en el que algunos jóvenes han levantado sus tiendas. Bajar hasta allí siempre había sido un sueño desde la primera, y ya lejana, vez en que estuve por aquellos parajes: en el verano de 1970, con Ingrid y unos amigos de Phoenix, y en la Nochebuena de 1971, en que pese a nuestros deseos (iba con mi hermano y unos amigos de la Universidad de Santa Barbara) no pudimos bajar al fondo del cañón por encontrarse toda la zona cubierta de nieve. Así que a la tercera fue la vencida. Además, apenas estaba fatigado pese al impresionante descenso que hicimos en tan breve espacio de tiempo. Después de aquello me creía capaz de acometer cualquier proeza.

 

Cerca del río Colorado

 

Como en el interior de la cabaña hiciese calor, me fui a la orilla del riachuelo para tratar de aliviar la fatiga de los pies dentro del agua fresca. La vista desde el fondo del cañón es mucho menos dramática, menos impresionante, que desde arriba por la falta de perspectiva; también hay menos matices de color porque la sombra se echa pronto encima debido a la gran profundidad del cañón. Al atardecer, cenamos en el segundo turno –a las 19,30 horas- en la cantina de Phantom Ranch. Hay que contratar previamente el alojamiento y la comida arriba, pues no se puede superar el número de plazas libres y cada turno de comida  está calculado para unos 35 comensales. Eso sí, ponen las fuentes y las perolas a rebosar de comida, de manera que es muy difícil que uno salga con hambre de  allí.  Para  cenar  teníamos  una  copiosa ensalada con toda clase de  verduras frescas, un contundente estofado de ternera y un buen trozo de pastel. La atmósfera que reinaba en el lugar era sumamente distendida, como si todo el mundo se conociera de antemano, como  si  estuviéramos  en  un  albergue  de montaña.

 

 

Compartíamos la mesa y los bancos corridos con cinco mujeres de mediana edad que procedían de todas las partes del país, sobre todo de los estados del Este, de Nueva Inglaterra. Una de ellas era de Nuevo México y no paraba de cantar las excelencias de la vida cultural de Santa Fe, pequeña ciudad que cuenta con una numerosa comunidad de artistas (adquirió renombre sobre todo gracias a la pintora Georgia O’Keefe) y con una de las principales óperas del país. Tras presentarnos unos a otros, nos hicimos fotos, nos reímos de lo lindo, charlamos sobre viajes y actividades de senderismo, etc.

 

 

Algunas de aquellas mujeres se habían atrevido a hacer el recorrido del Rim to Rim, es decir, bajar el cañón desde el North Rim o cara norte, continuar por el North Kaibab Trail (unos 12 kilómetros por el fondo del cañón) y subir por el Bright Angel Trail hasta el South Rim, cerca de 50 kilómetros en total, con desniveles de 1.400 a 1.600 metros según la cara del cañón, que suelen hacerse en dos o tres días de marcha.

 

 

El problema es qué hacer con el coche, pues una vez completado el recorrido habría que recogerlo en el lado opuesto, a más de 300 kilómetros por carretera. Hay que reconocer que muchos americanos tienen auténtico espíritu aventurero y no se arredran ante nada. Por desgracia, mis queridos compañeros de viaje apenas podían comunicarse por su casi total desconocimiento del inglés. Al anochecer, y  para bajar la cena, hicimos una breve marcha (¡había que tener ganas después de la paliza que nos habíamos metido por la mañana y, más aún, de la que nos esperaba al día siguiente!) por el North Kaibab Trail, alumbrados por la luz de los frontales de Fernando y Pilar y por alguna que otra luciérnaga que encontramos al paso.

 

 

Cena en Phanton Ranch

  

A la mañana siguiente, después de aprovisionarnos de una bolsa de comida y bebidas energéticas que nos dieron en Phantom Ranch y de recoger la basura que tenemos que portar con nosotros, emprendimos el ascenso al South Rim por el sendero con menos pendiente, esto es, el Bright Angel. Hay que cruzar también otro puente colgante, si bien éste más corto. La ascensión es algo más fácil por aquí, aunque bastante más larga, unos 20 kilómetros en total. También hay más sombra y se puede encontrar agua en tres puntos a lo largo del camino.

 

Puente colgante sobre el Colorado

 

Tras iniciar con brioso ímpetu la subida, a los siete u ocho kilómetros empecé a desfallecer de cansancio y deshidratación. Conforme avanzaba el día el calor se hacía más sofocante y las zonas de sombra en el camino disminuían hasta desaparecer prácticamente. Al llegar a Indian Garden, casi mediada la ascensión, paré con Manolo junto a un manantial a la sombra -para entonces Fernando y Pilar se habían adelantado ya hasta perderlos de vista- y, tras descalzarnos, metimos los pies y la cabeza en el agua y descansamos un rato en aquel oasis de vegetación frondosa. Yo no hacía más que beber (probablemente mi agotamiento se debió en parte a que apenas comí nada durante la ascensión) y echarme agua por todo el cuerpo. Todavía quedaban dos fuentes de agua a unos cinco y tres kilómetros del Rim, pero para entonces yo estaba sin resuello y confieso que hubo momentos en que lo pasé francamente mal.

 

Panorámica de la subida por el Bright Angel Trail

 

Seguí subiendo a duras penas en compañía de Manolo, que también estaba pasando por un difícil trance. Pero el pundonor y la necesidad hicieron que sacara fuerzas de flaqueza. Tenía la frente empapada en sudor, y éste caía ya salado por los ojos causándome cierta picazón y nublándome la vista, lo que unido al cansancio no contribuía en nada a mejorar mi prestación. Al menos, a modo de consuelo podía ver las referencias de desnivel en los montículos de la cara norte y, al comprobar que me iba acercando al borde, recobraba ánimos. Ya en las dos últimas paradas con fuentes de agua podía verse a bastantes excursionistas que habían descendido hasta allí, en especial a la última, a algo menos de tres kilómetros del borde; por supuesto, luego regresaban. Claro que yo llevaba ya  17 kilómetros a mis espaldas, bastante más de mil metros de ascensión y un agotamiento que no tenía paliativos. Yo sufría, a la vez que sentía un inmenso gozo por la hazaña realizada; pero ciertamente que sufría bajo aquel sol de justicia que no cejaba de cebarse en mí desde las primeras horas del día. Mi calzado, casi destrozado por los continuos e implacables rebotes durante el apresurado descenso, apenas podía resistir más embates. Ya al límite del agotamiento, Manolo y yo pasamos un puente de arenisca y unos 200 metros más allá arribamos al South Rim. Nos dejamos caer derrengados en la hierba. Habíamos empleado 6 horas y 40 minutos en hacer la interminable ascensión, que por momentos devino angustiosa (la estimación media para hacerla es de seis a nueve horas). Fernando y Pilar habían llegado unos 20 minutos antes y, evidentemente, en mejor estado de forma. La verdad es que fue toda una machada pues la ascensión se las traía, pero decididamente me lo pensaría mucho a la hora de repetir la experiencia.

 

Punto de agua en la subida

 

Ya algo repuestos del tremendo esfuerzo, tomamos unos sándwiches, bebimos unas cervezas y compramos algunos recuerdos en Canyon Village, tras lo que proseguimos la ruta deshaciendo el camino andado. Durante  un  rato seguimos viendo las laderas escarpadas del cañón hasta que salimos del parque por el mismo lugar por donde habíamos entrado. Volvimos a Cameron y luego subimos por la carretera 89 hasta un punto cerca de Page en que ésta se bifurca,  dirigiéndonos hacia el oeste. En Mable Canyon, un paraje desértico en el que hay una presa, volvimos a encontrarnos con el curso del Colorado, encajonado entre estrechas paredes cortadas a pico. Aunque en principio teníamos intención de visitar la presa Hoover en las cercanías de Las Vegas, ya no volveríamos a ver más las aguas del impetuoso río. A partir de ahí, dejamos atrás el territorio semidesértico donde malviven los indios navajo y, tras una ligera ascensión, nos introdujimos en una vasta región boscosa. Después de 60 kilómetros atravesando bosques (una vez más, por momentos fantasmales, calcinados por los implacables incendios forestales), llegamos a Jacob Lake que era nuestra siguiente parada y fonda. Es curioso, lo que tomamos en el mapa por un pueblo más o menos grande aunque solitario, apenas era más que una estación de servicio, una cafetería, un motel y varias decenas de cabañas en medio del bosque nacional de Kaibab, una elevada meseta a unos 2.000 metros con un microclima propio.

 

Último esfuerzo bajo el inclemente sol

 

Aunque ya era tarde, por fortuna el motel aún no estaba lleno; nos dieron una habitación y una cabaña de madera. La noche no tardó en echarse encima y, cuando fuimos a cenar, sólo estaba abierta ya la barra de la cafetería, una curiosa barra en forma de U en la que los parroquianos (trabajadores forestales, moteros, viajeros de paso como nosotros...) mantenían animadas conversaciones entre sí. Parecía que fuésemos una gran familia en la que todos nos conociésemos, exponente ilustrativo de esa virtud que tienen los americanos de comunicarse sin prejuicios con el primer desconocido que tienen a su lado. Al poco apareció, habladora y sonriente, una mujer grande y bella enfundada en una chupa de cuero y con un pañuelo anudado al estilo pirata a la cabeza, vestimenta típica de los moteros que viajan con sus majestuosas Harley Davidson. Habladora y sonriente, enseguida se alzó el tono jovial del resto de los presentes, intensificándose el cruce de conversaciones, a la vez que las apuestas entre nosotros sobre si la motera viajaría sola o iría acompañada de un arrogante colega.

 

Motero sin casco

 

A lo largo del camino vimos a muchos moteros, la mayoría en la cincuentena y enfundados en sus chupas y pantalones de cuero, surcando parsimoniosamente el asfalto con sus poderosas y relucientes motos (entre otros, un grupo de cinco cubanos y portorriqueños que hacían el trayecto de ida y vuelta entre Miami y los Angeles en dos semanas). Marchan en general en grupo, conducen con aire marcial –los brazos alargados, los pies extendidos- y no se les ocurre hacer alardes en la carretera. Es como un modo de entender la vida, una filosofía: cuando uno es maduro y tiene una posición desahogada puede darse el capricho de tener una Harley y enrolarse en un club en el que encuentra a otros aficionados como él. Conducir una Harley, y no otra marca de moto por muy buena que sea, es un símbolo de poderío y prestigio, una ostentación recatada que, por lo general, no está al alcance de todos. Tener una Harley es tener un estatus entre los moteros, a la vez que un estilo de vida: elegante, poderoso, sereno, distinto y distante, algo narcisista y muy ligado a la idea de libertad.

 

Grupo de moteros y sus relucientes Harley Davidson

 

Nos sorprende mucho –especialmente a Fernando, que es motero de toda la vida y se muere de la envidia- ver a estos jinetes del asfalto sin el consabido casco de uso obligatorio en nuestras latitudes. Pero es que estamos en EE.UU. y los conceptos de libertad y responsabilidad tienen aquí diferentes matices. Ahora que, eso sí, las leyes están para cumplirlas, por eso nadie se excede en la velocidad. Vimos, pues, muchos moteros sin casco, así como circular artilugios rodantes de impensable homologación en nuestras carreteras, pero en los más de 4.000 kilómetros que recorrimos no vimos ni un solo accidente.  A modo de colofón, puedo decir que aquella singular barra de aquella cafetería en medio de un bosque era un espejo de cierta América profunda, en la que los parroquianos mezclaban tradición con modernidad, el sombrero vaquero con el pañuelo pirata y la chupa motera,  la carcajada espontánea y sonora con la risa amortiguada, la ingenuidad del vaquero con la sutileza del viajero urbano, etc., etc.

 

Panorámica del Gran Cañón desde el North Rim

 

Desde Jacob Lake hubimos de recorrer aún 60 kilómetros más entre pinos, abetos y abedules (por momentos calcinados, cómo no), hasta llegar al North Rim del Grand Canyon National Park, que está en una meseta unos 300 metros por encima de la cara sur. El lugar más alto del parque es el Point Imperial, a 2.684 metros sobre el nivel del mar, desde el que se divisa una vista espectacular del cañón. Hay un sendero –el North Kaibab- que desciende hasta el fondo del cañón, habiendo de  recorrer  luego  unos 10 kilómetros por él para llegar hasta el  lecho  del  río  Colorado,  que fluye junto a las paredes del South Rim  y  prácticamente  no  puede verse desde allí. El sendero para descender, de unos 13 kilómetros, es muy empinado. Pero nosotros nos dábamos por satisfechos con nuestra  hazaña  del  día  anterior.

 

Terraza del centro de visitantes

 

Dimos un largo paseo por el borde para contemplar las espectaculares vistas  que  se  nos  ofrecían  a  la vista, si bien me parecieron más impresionantes las del otro lado, quizá por haber podido gozar de la magia de los iridiscentes colores crepusculares.  Desde la amplia terraza de la cafetería-restaurante se disfrutaba de una vista realmente espectacular. Debido a la mayor altitud y a la orientación, este lado es más frío y tiene una vegetación más alpina. En realidad, está cerrado desde noviembre hasta mediados de mayo a causa de la nieve, mientras que la otra cara está abierta todo el año (si bien, como ya he dicho, la Nochebuena de 1971 no pude bajar con unos amigos al fondo del cañón por estar cubierto de nieve).

 

Grandes extensiones de bosque quemadas

 

En el camping vimos unas caravanas enormes, casi auténticos remolques vivienda, así como grandes camionetas y vehículos todoterreno con las ruedas increíblemente sobrealzadas, entre ellos algún que otro Hummer, transporte originariamente militar reconvertido para fines pacífico. También, alguna pandilla de moteros maduros con inmensas Harley, en una de las cuales nos hicimos fotos. En el recinto había un cine al aire libre (esto es, un drive-in) con un gran anfiteatro para el esparcimiento nocturno de los campistas. Además de las habituales ardillas, vimos algún que otro pavo silvestre.

 

Exuberante naturaleza

 

Pero había muchísima menos gente en este lado del parque, debido posiblemente a que está más aislado y es de más difícil acceso, tiene un clima bastante más frío gran parte del año, cuenta con menos instalaciones y a que las vistas que se divisan desde él son algo menos sobrecogedoras pues apenas puede verse el río. Quizás había sido excesivo el esfuerzo que hubimos de hacer para llegar hasta allí: recorrer más de 300 kilómetros por espacios semidesérticos y gigantescos bosques, por territorios despoblados para ver la otra cara del cañón. Habría valido más la pena, seguramente, visitar el entorno de Page con el lago Powell y sus incomparables simas de arenisca fragmentada. De momento, nos habíamos saturado de bosques y, en menor medida, de vistas panorámicas del cañón, siempre más espectaculares al atardecer gracias a los juegos de luces y sombras.

 

 

Por el mismo camino regresamos a Jacob Lake. Luego, siempre entre bosques, tomamos la carretera 89nen dirección a Kanab, ya en el estado de UTA, en donde al parecer nos había precedido hace unos meses la mujer del presidente Bush que, junto con unas amigas, había pernoctado allí para visitar el parque Bryce. Tras cenar ricamente, pasamos la noche en uno de los muchos moteles que hay en la localidad.

 

El lodge es la categoría superior

 

Creo que es el momento de hablar un poco de esa institución tan americana que es el motel. Incluso se dice que es una de las cosas más genuinamente americanas junto con el béisbol, la coca cola y el pastel de manzana (apple pie). El motel (vocablo que es una contracción de motor y hotel) nació a finales de los años veinte, designándose por dicha voz aquellos hoteles de determinadas características que estaban situados a las afueras de las ciudades para albergar a los primeros turistas motorizados. Posteriormente se extendieron por los centros de los pueblos, las zonas turísticas y, de modo especial, por el desértico oeste americano, en el que lo que sobra es terreno. Muchos se levantan junto a estaciones de servicio o centros comerciales, y por lo general en lugares tranquilos y aislados o en torno a un gran patio retranqueado junto a la carretera. La arquitectura suele ser sencilla e impersonal, anodina, con edificios bajos de una o dos plantas y alargados; el motel se extiende en horizontal, no crece en vertical.  Casi parece que fueran hangares a la orilla de la carretera. Suelen tener letreros grandes de neón con nombres exóticos o evocadores, para atraer al viajero; la magnitud y luminosidad de los letreros son aspectos importantes a la hora de ejercitar el reclamo. Junto a las habitaciones debe haber un estacionamiento para el vehículo, por lo que prácticamente no hay distancia del maletero a la puerta. Las habitaciones –de unos 20 metros de media, incluido el cuarto de baño- tiene dos camas grandes y son totalmente asépticas, austeras, casi diría espartanas, sin el menos lujo ornamental (bueno, a veces algún horrible paisaje idílico cuelga de la pared) ni otro aparato que el indispensable televisor; muchas veces ni siquiera hay teléfono.

 

Motel

 

En ocasiones tienen pequeñas placas de cocina, sobre todo cuando el motel dispone de apartamentos familiares (dos habitaciones con uno o dos baños y un saloncito). El espacio destinado a la recepción es mínimo –con un timbre o campanilla para avisar en caso de ausencia de quien hace las veces de recepcionista- y apenas hay más servicios en ella que una cafetera melita, con algún cookie o caramelo, y un frigorífico de pago con bebidas no alcohólicas; a veces, también una selección, bastante mala por lo general, de DVD. La comunicación entre los cliente es prácticamente nula pues no hay salas de uso común y no suelen servirse desayunos. Todo lo más, los clientes pueden encontrarse en la pequeña piscina, allí donde la hay.  Las pernoctaciones suelen ser breves, de uno a tres días. Lo característico del motel es esa sensación de estar de paso en el hospedaje y en la localidad. Las mayores ventajas del motel es que el precio de la estancia es módico en comparación con otras instalaciones hoteleras y que garantiza el anonimato. Se rellena un escueto formulario, se paga por adelantado y, a cambio, se reciben las llaves de la habitación; por las mañanas uno cierra la puerta, deja la llave y se larga.

 

 

 

 

 

 

 

En el presente volumen como ya explicamos en su primera entrada se pretende dar pautas para la valoración de las monedas españolas que han sido antecedente del Dólar, de los Dólares propiamente dichos en los Estados Unidos y de las monedas emitidas por los países hispanoamericanos después de su independencia, tanto las denominadas en Reales como en Pesos, tomando como referencia la métrica tanto de los 8 Reales como de los Dólares americanos. Evidentemente, las monedas comprendidas directamente en este ámbito son los 8 Reales acuñados tanto en las cecas peninsulares españolas como en las americanas como: Méjico, Lima, Potosí, Santa Fe o Santiago, a las que hemos pasado revista en entradas anteriores.

 

Sin embargo, no podemos olvidar que existen otro tipo de monedas no denominadas en Reales, emitidas a nombre de los Reyes de España, que aunque tienen una métrica diferente también tenemos constancia de que han circulado por América, incluido el territorio de los Estados Unidos y por tanto son en cierto sentido antecedentes de Dólar del que no se separan tanto, en cuanto a su peso y a su composición metálica. Estas monedas, como los 8 Reales, también constituyen un medio de pago que fue aceptado como tal tanto, en porciones importantes de América (como la zona de Caribe) como en Asia (principalmente en el territorio de la actual Indonesia).

 

La generalidad de su circulación se debió al hecho de tener unas denominaciones y una métrica semejante a la de las piezas emitidas por los Reyes españoles en el territorio de Flandes (que inicialmente comprendía el actual territorio de Bélgica y Holanda) que tras la separación definitiva en 1580 de las llamadas Provincias Unidas (Países Bajos) quedó limitado a la actual Bélgica. Este último territorio continuó bajo la soberanía española hasta que como consecuencia de la Guerra de Sucesión (1700-1715) permaneció bajo el dominio de Austria.

 

Este conjunto de piezas también circuló en América como lo prueba el relativamente alto número de ejemplares que aparecen con resellos que habilitaron su curso en determinadas zonas, así como la existencia de piezas de 8 Reales emitidos en cecas hispanoamericanas que llevan resellos (como el de eslabones de la cadena de la Orden del Toisón de Oro) para habilitarlas para circular por los Países Bajos con un valor de 40 Stuivers. Por tanto, podemos afirmar que existe evidencia del curso simultaneo de estas monedas con las propiamente españolas de 8 Reales, por las que serian intercambiadas por su contenido en plata, teniendo en cuenta la diferencia de peso y ley entre ellas. Esta circulación siguió verificándose en los siglos XVII y XVIII una vez producida la independencia de Holanda, cuyas monedas basada en la métrica anterior continuaron siendo masivamente utilizadas para las necesidades del comercio holandés, especialmente activo con sus propias colonias como las Antillas o la Guayana holandesa.

 

Los Países Bajos, tierras situadas alrededor de la desembocadura del Rhin, entre Francia y Alemania, eran en el comienzo de la Edad Moderna, una zona de extraordinaria riqueza, siendo el primer lugar de Europa donde se consolidó una burguesía que a partir de los capitales acumulados por el cultivo de tierras irrigadas y feraces, habían llegado a desarrollar una industria textil competitiva que precisaba de mercados para la exportación y territorios de donde pudiera importar materia prima para sus telares, lana fundamentalmente.

 

Estos territorios habían venido pertenecido (a través de un complicado sistema de trasmisión de derechos feudales) a los Duques de Borgoña que aunque estaban bajo la teórica soberanía de los Reyes de Francia, ejercían a su vez la suya, en relación con condados, señoríos y obispados de los Países Bajos. Este país fue el heredado por Carlos I, como herencia de su abuela María de Borgoña, esposa del emperador Maximiliano del que también, como archiduque de Austria, recibió sus derechos de sucesión al Sacro Imperio Romano Germánico. Durante todo el reinado de Carlos I, la soberanía del Monarca sobre estos territorios no supuso lastre alguno para su pobladores, ya que Carlos, que había nacido en Gante, siempre se consideró como un flamenco, aunque progresivamente fue estableciendo una relación mas directa con Castilla, reino que había heredado de su abuela Isabel, y con Aragón, heredado a su vez de su otro abuelo Fernando.

 

Tras la abdicación y muerte de Carlos I, estos territorios, a diferencia de Alemania y Austria que pasaron a depender de su hermano Fernando, quedaron bajo la soberanía de su hijo Felipe II, que pronto encontró razones de peso para no abandonar estos países, pese a la cerrada vocación de independencia que éstos mostraron frente el centralismo de la política del Rey, materializada en la rebelión de las Provincias del Norte amparadas en la adopción de la Reforma religiosa de Lutero.

Este deseo de Felipe II de conservar los Países Bajos, en contra de lo que suele creerse, no solo obedecía al propósito del Rey de mantener la unidad religiosa en sus dominios, sino también al fuerte carácter de complementariedad que presentaban la economía flamenca y la castellana. En efecto, los puertos de Bilbao y Laredo, en el norte de España, mantenían un flujo continuo de intercambio de mercancías con los de Roterdam o Amberes en los Países Bajos. Es este sentido, inicialmente Flandes vio con buenos ojos el tener una relación política especial con España que le permitiera ventaja comparativa en relación con Francia e Inglaterra, países con los que arrastraba un déficit comercial de desfavorable.

 

Así se aseguró la recepción de la apreciada lana de la cabaña merina castellana a través de la Mesta y la disposición de un amplio mercado para sus telas y vestimenta a ser adquirida en España, no solo para su uso en la península, sino también en los países americanos que Castilla empezaba a colonizar. España, a través de la poderosa marina comercial flamenca, podía importar a coste razonable, grano de la Europa del Norte para suplir la ineficiencia de su agricultura, y exportar a las colonias americanas toda clase de productos manufacturados. Este equilibrio en la relación de Castilla con Flandes, acabó rompiéndose, por razones fundamentalmente fiscales. En 1542, Carlos I había llegado a un acuerdo con los Estados Provinciales (asambleas representativas de la burguesía  de las principales ciudades flamencas) para consolidar un impuesto del 10% sobre la renta de los bienes raíces, y un porcentaje algo menor sobre los bienes personales y los salarios.

 

Mientras vivió Carlos I, la administración de los impuestos recaudados en base a este acuerdo, quedó en manos de los Estados Provinciales, pero tras su abdicación, Felipe II, agobiado por los gastos a los que le conducía su política de rivalidad con Inglaterra respectó al comercio americano, trató de recabar para la Hacienda Real, tanto el cobro como la disposición de las rentas resultantes de estos impuestos. Esto desembocó en una rebeldía, primero encabezada por los Condes de Egmont y Horn y después por Guillermo de Orange, que acabó en la independencia de las Provincias de Norte (la actual Holanda), pese a los esfuerzos militares realizados por España a través del envío como Gobernadores de prestigiosas figuras militares como el Duque de Alba o Juan de Austria.

 

De esta manera, quedaron agrupadas las provincias del sur, como: Flandes, Hainaut, Artois, Lieja y la parte sur del Bramante, en la llamada Unión de Arrás, reconocedora de la soberanía española, y las del norte: Holanda, Zelanda, Gueldres, Utrecht, Groninga y la parte norte del Bramante, en la Unión de Utrecht. Así a partir de 1580 quedó consolidad la división del país en dos zonas: la del norte del mayoría protestante de sustrato calvinista y la del sur de mayoría católica y fiel a Felipe II. Desatada la Guerra abierta entre ambas zonas, éxitos militares de Alejandro Farnesio permitieron a España la ocupación de las importantes ciudades flamencas de Brujas, Gante, Bruselas y finalmente, Amberes (conquistada el 17 de agosto de 1585). No obstante éste fue el límite del poder español.

 

Las amargas derrotas de los españoles en los Países Bajos llevaron a Felipe II a entregarlos como dote a su hija Isabel Clara Eugenia al casar con Alberto Archiduque de Austria, gobernador y después soberano de estos países. Alberto e Isabel emitieron Ducatones y Patagones en Flandes de acuerdo con la misma métrica que los acuñados por Felipe II, especialmente en Amberes y Bruselas. Tras su muerte sin sucesión, los Países Bajos pasaron nuevamente a manos de la Corona española en la persona de Felipe IV en 1621.

 

 Los Ducatones con un peso de 34 a 32 gramos, son piezas relativamente comunes, especialmente los acuñados en Amberes. La tendencia actual del mercado fija para ellos un precio de 100€ en F, cantidades que de acuerdo con su amplia circulación, se multiplican por dos con cada cambio de grado, con: 200€ en VF, 400€ en XF y 800€ en AU, siempre que la acuñación no sea demasiado descuidada. Por su parte, los Patagones con un peso entre 29 y 28 gramos, son bastante mas corrientes, con unos `precios aproximadamente la mitad de los anteriores: 50€ en F, 100€ en VF, 200€ en XF y 400€ en AU. Los Ducatones muestran en el anverso el busto del soberano y los Patagones (de origen borgoñón) la cruz de San Andrés (emblema de Borgoña). La subasta de una importante colección de Duros españoles realizada por CAYÓN el 4 de febrero de 2012 presenta una gran variedad de piezas de este tipos, con Ducatones y Patagones, con unos precios de salida en la línea de los comentados.

  

 

Figura 135.1

  

 

La pieza de la FIGURA 135.1 es un Ducaton de Tournay acuñado en Mons en 1589 a nombre de Felipe II. En el anverso presenta el busto del Rey con los títulos de rey de Inglaterra y Zelanda, así como el de Señor de Tournay, y en el reverso el escudo imperial rodeado de la leyenda DOMINVS MIHI ADIVTOR. Esta pieza se valora en CAYÓN 1976 en 30.000P en conservación BC (que nosotros consideramos como equivalente a nuestro G), mientras que en 1980 se evalúa en 47.500P. También CAYÓN en su redición del HERRERA de 1992 valora esta pieza en 80.000P. Nosotros creemos que esta valoración, si trata de esta conservación es exagerada. Mas de acuerdo estamos con la valoración de DAVENPORT 1984: 275$ en VF. La presente pieza presenta un buen anverso gracias a la protección que le ha proporcionado su convexidad. No obstante su desgaste es generalizado afectando aproximadamente a un 50% de la barba del Rey. Por ello su grado será el de F+, lo que en una pieza común de este tipo supondría un valor de 130€. Como consecuencia de la rareza relativa de esta Ceca respecto a la de Amberes, elevaremos el valor al doble: 260€.

  

Figura 135.2

  

 La pieza de la FIGURA 135.2 es un Ducatón de Gerlanda acuñado en Nimega en 1558 a nombre de Felipe II. Su diseño es semejante al anterior apareciendo Felipe II con los mismo títulos, si bien ahora se recoge el de Duque de Geldrés en lugar del anterior. La pieza presenta, a diferencia de la anterior, circunferencias rodeando a las leyendas. CAYÓN 1976 valora esta pieza mas razonablemente, con 15.000P, mientras que CAYÓN 1980 llega hasta 14.500P y en 1992, a 200.000P.Creemos razonables los dos primeros valores, pero en modo alguno el tercero. Nuevamente volvemos situarnos en línea con la valoración de DAVENPORT: 250$ en VF y 400$ en XF. Esta pieza presenta solo desgaste en sus partes mas altas con los detalles completos de la armadura del rey y del escudo, con un 60% de la barba y el pelo del monarca todavía visible. El valor de esta pieza en VF sería de 260€, valor que subiríamos hasta un precio de mercado de 300€, como consecuencia del brillo original que retiene la moneda.

  

 

Figura 135.3 

  

 La pieza de la FIGURA 135.3 es un Patagón de Felipe II acuñado en Utrecht en 1588. CAYÓN 1976 la valora en 19.000P y CAYÓN 1980 en 33.000P. DAVENPORT 1984 la valora en 200$ en VF. La presente pieza tiene una bella pátina irisada, pero presenta claro desgaste en la corona escudo y cadena del toisón de oro que le rodea. Por ello, su grado es F+ al que corresponde un valor de 65€, que duplicaremos por tratarse de un pieza de Felipe II, menos común que las posteriores, y presentar pátina intocada.

 

Figura 135.4

 

La pieza de la FIGURA 135.4 es un Ducatón de Alberto e Isabel como archiduques de Austria y Duques de Borgoña y Bramante, acuñado en Bruselas (cabeza de ángel) en 1619. El tiraje de esta pieza es solo de 14.430 ejemplares tal como se indica en el libro Las Monedas del Bramante de May y Keymeulen publicado en 1974, en el que se asigna a esta pieza un precio de 5.000FB en VF, 10.000FB en XF y 20.000FB en AU (un FB igual a 1,5P en 1974). CAYÓN 1976 valora esta pieza en 12.000P, CAYÓN 1960, en 19.000P y en la redición de HERREA aparece con 40.000P. DAVENPORT 1984 la valora en 250$ en VF y 450$  en XF. El presente ejemplar carece de barba, pero conserva un 75% del pelo y la armadura completa, merced a su anverso cóncavo, así como muy buena pátina. Por ello, su grado es VF y su valor: 200€, aunque su precio de mercado sería superior por rareza de la ceca y del soberano, así como por la pátina, llegando a 240€ en VF.

 

Figura 135.5

 

 Por último, la pieza de la FIGURA 135.5 es un Patagón de Alberto e Isabel acuñado en Amberes sin fecha. Esta pieza de acuerdo con la obra citada anteriormente tiene un tiraje muy alto: 2.528.501, que contrasta con el de los ejemplares fechados posteriores de 1612 a 1620 que son del orden de la decima parte para cada año. La valoración en la obra citada es de 600FB en VF, 1.200FB en XF y 2.400FB en AU, en 1974. También la valoración de CAYÓN en 1976, 1980 y 1992 es claramente una de las mas bajas para este tipo de piezas: 6.000P, 9.500P y 25.000P, respectivamente. En la misma forma, opera DAVENPORT 1984, con 100$ en VF y 225 en XF. En grado F+ esta pieza tendría un valor de 65€ que elevaríamos hasta un precio de mercado de 90€ como consecuencia de su redondez y bella pátina

 

15. THE DUCATONS AND PATAGONS OF PHILIP II AND ALBERT AND ISABELLA IN THE NETHERLANDS

 

In this volume, as we already explained in its first post, we intend to give guidelines for the assessment of the Spanish coins that have been the precedent for the dollar, the dollar of the United States strictly speaking and of the coins issued by the Latin American countries after their independence, denominated in both Reales and Pesos, taking as a reference the metric of not only the 8 reales, but also the American dollars. Obviously, the coins precisely within this scope are the 8 reales, minted in the Spanish Peninsular mints the American ones such as: Mexico, Lima, Potosí, Santa Fe or Santiago, to which we have reviewed in previous posts.

However, we should not forget that there are other coins not denominated in reales, issued in the name of the Kings of Spain, which, although they have a different metric we have also proofs that had circulated in America, including the territory of the United States and therefore, they are, somehow, antecedents of the dollar, which are not far in terms of its weight and its metal composition. These currencies, such as the 8 reales, also constitute a means of payment that was accepted as such not only in a large territory of America (such as Caribbean), but also in Asia (mainly in the territory of the present Indonesia).

Most part of its circulation was due to the fact of having denominations and a metric similar to the coins issued by the Spanish kings in the territory of Flanders (which initially included the current territory of Belgium and Holland) that after the definitive separation in 1580 of the so-called United provinces (Netherlands) was limited to the present Belgium. This last territory continued under the Spanish sovereignty until, as a result of the war of Spanish Succession (1700-1715), remained under the rule of Austria.

This group of pieces also circulated in America, as evidenced by the relatively high number of copies appearing with the stamps that authorized their course in certain areas, as well as the existence of coins of 8 reales issued in Latin American mints that carry these stamps (like the links in the chain of the Order of the Golden Fleece) to enable them to circulate in the Netherlands with a value of 40 Stuivers. Therefore, we can say that there is evidence of the simultaneously course of these coins with the actual Spanish 8 Reales, that would be exchanged for its silver content, taking into account the difference in weight and fineness between them. This circulation continued to be confirmed in the 17th and 18th

centuries, after the independence of the Holland, whose previous metric-based currencies continued being massively used by the Dutch, especially active for trade needs with its own colonies as the West Indies or Dutch Guiana.

The Netherlands, land located around the mouth of the Rhine, between France and Germany, were at the beginning of the modern age, an area of extraordinary wealth, being the first place in Europe where a bourgeoisie consolidated who, from the capital accumulated by the cultivation of irrigated and fertile lands, had come to develop a competitive textile industry that needed markets for exporting and territories where it could import raw materials for its looms, mainly wool.

These territories had belonged (through a complicated system of transmission of feudal rights) to the Dukes of Burgundy who, although they were under the theoretical sovereignty of the Kings of France, exercised in turn theirs in relation to counties, domain and bishoprics of the Netherlands. This country was inherited by Charles I, as a legacy of his grandmother Mary of Burgundy, wife of the Emperor Maximilian of who, as Archduke Austria, also received his succession rights to the Holy Roman Empire. During the reign of Charles I, the sovereignty of the monarch on these territories was not any burden for its inhabitants, because Charles I, who was born in Ghent, always considered himself as a Flemish, although he was progressively establishing a relationship more direct with Castile, the Kingdom he inherited from his grandmother Isabella, and with Aragón, inherited in turn from his other grandfather Ferdinand.

After the abdication and death of Charles I, these territories, unlike Germany and Austria that came to rely on his brother Ferdinand, were under the sovereignty of his son Philip II, who soon found compelling reasons not to abandon these countries, despite the closed vocation of independence that they showed against the centralism of the policy of the King materialized in the rebellion of the northern provinces supported by the adoption of the reformation of Luther.

This desire of Philip II in preserving the Netherlands, contrary to popular belief, was not only obeying the purpose of the King of maintaining the religious unity in his domains, but also because the strong character of complementarity that presented the Flemish economy and the Castilian. In fact, the ports of Bilbao and Laredo, in the North of Spain, maintained a steady exchange of goods with the Rotterdam or Antwerp in the Netherlands. It is in this sense that initially Flanders saw with good eyes to have a special political relationship with Spain which allowed comparative advantage in relation to France and England, countries with which it dragged a unfavourable trade deficit.

Thus it ensured the receipt of the prized wool of the Castilian Merino hut through the Mesta and a broad market for its textile material and clothes to be purchased in Spain, not only for its use in the peninsula, but also in the American countries that Castile began to colonize. Spain, through the powerful Flemish commercial Navy, could import at a reasonable cost grain of the Northern Europe to make up for the inefficiency of its agriculture, and export all kinds of manufactured goods to the American colonies. This balance in the relationship of Castile with Flanders ended up breaking with the mainly fiscal reasons. In 1542, Charles I had reached an agreement with the provincial States (representative assemblies of the bourgeoisie of the major Flemish cities) to consolidate a 10% on income tax of the real state, and a little less percentage on the personal property and wages.

While Charles I was alive, the administration of the taxes collected on the basis of this agreement, it was in the hands of the provincial States, but after his abdication, Philip II, burdened by the costs that his rivalry policy with England related to the American trade was leading to, he tried to seek for the Royal Hacienda, both the collection as the provision of the resulting income from these taxes. This led to a rebellion, first led by the counts of Egmont and Horn and later by William of Orange, which ended with the independence of the northern provinces (the current Holland), despite the military efforts made by Spain through the sending of prestigious military figures as governors such as the Duke of Alba and John Austria.

In this way, the provinces of the South were grouped in: Flanders, Hainaut, Artois, Liège and the part South of Bramante, in the so-called Union of Arrás, which recognized the Spanish sovereignty, and in the North: Holland, Zealand, Gueldres, Utrecht, Groningen and the northern part of Bramante, in the Union of Utrecht. So, since 1580, the Division of the country was consolidated in two zones: the North one of Protestant majority of Calvinist substrate and the South one of Catholic majority and loyal to Philip II. Unleashed the opened war between the two areas, military successes of Alessandro Farnese allowed Spain to occupy the important Flemish cities of Bruges, Ghent, Brussels and finally, Antwerp (conquered on 17 August 1585). However this was the limit of the Spanish power.

The bitter losses of the Spanish in the Netherlands led Philip II to give them his daughter Isabella Clara Eugenia as dowry to marry Archduke Albert of Austria, Governor and then ruler of these countries. Albert and Isabella issued Ducatons and Patagons in Flanders with the same metric as coined by Philip II, especially in Antwerp and Brussels. After his death without succession, the Netherlands went again at the hands of the Spanish Crown in the person of Philip IV in 1621.

The Ducatons with a weight of 34 to 32 grams, are relatively common coins, especially those coined in Antwerp. The current trend of the market set for them a price of €100 in F, amounts which, according to its wide circulation, multiply by two with each change of grade, with: €200 in VF, €400 in XF and €800 in AU, provided that the coinage was not too careless. For its part, the Patagons weighing between 29 and 28 grams, are quite more common, with some prices about half of the previous ones: €50 in F, 100€ in VF, €200 in XF and €400 in AU. The Ducatons show in the front the bust of the sovereign and the Patagons (of Burgundian origin) the cross of St. Andrew (emblem of Burgundy). The auction of an important collection of Spanish Duros held by Cayón on 4 February 2012 presents a great variety of pieces of these types, with Ducatons and Patagons, with starting prices in the commented line.

The coin of Figure 135.1 is a Ducaton of Tournay coined in Mons in 1589 in the name of Philip II. On the front, it features the bust of the King with the titles of King of England and Zeeland, as well as Sir of Tournay, and on the back the imperial coat of arms surrounded by the legend DOMINVS MIHI ADIVTOR. This piece is valued by Cayón 1976 at 30,000 pesetas in conservation BC (which we consider equivalent to G), while in 1980 it is valued at 47,500 pesetas. Also Cayón, in his re-issue of Herrera of 1992 value this coin at 80,000 pesetas. We believe that this assessment, if it is in this conservation is exaggerated. We agree more with the valuation of Davenport 1984: $275 in VF. This coin presents a good front, thanks to the protection provided by its convexity. However its wear is widespread affecting approximately 50% of the beard of the King. Therefore its grade is F+, what in a common coin of this type would be a value of €130. As a result of the relative rarity of this Mint compared to that of Antwerp, we would increase the value to the double: €260.

The coin of Figure 135.2 is a Ducaton of Gerlanda coined in Nijmegen in 1558 in the name of Philip II. Its design is similar to the previous one appearing Philip II with the same titles, while now there is that of Duke of Geldrés instead of the previous one. Unlike the previous, this piece presents circles surrounding the legends. Cayón 1976 assess this piece more reasonably, with 15,000 pesetas while Cayón 1980 reaches 14,500 pesetas and in 1992, 200,000 pesetas. We believe that the first two values are reasonable, but in no way the third one. One more time, we return to situate ourselves in line with the assessment of Davenport: $250 in VF and $400 in XF. This piece only presents wear in its higher parts with full details of the King’s armour and the coat of arms, with 60% of the beard and hair of the monarch still visible. The value of this coin in VF would be €260, a value that we increase to a market price of €300 as a result of the original brightness that the coin retains.

The coin of Figure 135.3 is a Patagon of Philip II coined in Utrecht in 1588. Cayón 1976 valued it at 19,000 pesetas and Cayón 1980 at 33,000 pesetas. Davenport 1984 valued it at $200 in VF. This coin has a beautiful iridescent patina, but it presents a clear wear in the Crown, coat of arms and chain of the Golden Fleece around it. Therefore its grade is F+ which has a value of €65, which we will double because it is a coin of Philip II, less common than the later ones, and it present an untouched patina.

The coin of Figure 135.4 is a Ducaton of Albert and Isabella as Archdukes of Austria and Dukes of Burgundy and Bramante, coined in Brussels (head of Angel) in 1619. The production of this coin is only 14,430 copies such as the book The coins of the Bramante of May and Keymeulen stated which was published in 1974, which  assigns to this coin a price of FB5.000 in VF, FB10.000 in XF and FB20.000 in AU (one FB was equal to 1,5 pesetas in 1974). Cayón 1976 asses this piece at 12,000 pesetas, Cayón 1960 at 19,000 pesetas and in the re-issued of Herrera appears with 40,000 pesetas. Davenport 1984 valued it at $250 in VF and $450 in XF. The present copy lacks beard, but it retains 75% of the hair and full armour, thanks to its concave front, as well as a very good patina. Therefore, its grade is VF and its value: €200, although its market price would be higher for the rarity of the Mint and of the sovereign, as well as the patina, reaching €240 in VF.

Finally, the coin of Figure 135.5 is a Patagon of Albert and Isabella coined in Antwerp undated. This piece, according to the work cited above has a very high production: 2.528.501, which contrasts with the posterior dated copies from 1612 to 1620 which are about the tenth part for each year. The assessment in the work cited is FB600 in VF, FB1,200 in XF and FB2,400 in AU, in 1974. Also the assessment of Cayón in 1976, 1980 and 1992 is clearly one of the lower for this type of coins: 6,000 pesetas, 9.500 pesetas and 25,000 pesetas, respectively. Davenport 1984 operates in the same way with $100 in VF and $225 in XF. In grade F+, this piece would have a value of €65, which we increase up to a market price of €90 as a result of its roundness and beautiful patina.

 

 

 

 

 

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