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26/03/2014

Ron Carter, más que un contrabajista de leyenda

 

 

Ron Carter

Ron Carter en el Festival Jazz sous les pommiers. 2011 Coutances (Francia)

© RETRAC PRODUCTIONS INC.

 

"Creo que el bajista es el estratega en cualquier grupo, y debe encontrar un sonido del que esté dispuesto a ser responsable." ("I think that the bassist is the quarterback in any group, and he must find a sound that he is willing to be responsible for."). Es la frase que aparece en la página de inicio de la web de Ron Carter (roncarter.net).

 

En el artículo sobre Javier Colina (El contrabajo de Javier Colina) escribí algo acerca de la importancia del contrabajo en los grupos musicales y especialmente en el jazz y di algunos nombres de los primeros contrabajistas de jazz y de algunos de los más importantes y entre ellos estaba Ron Carter, que ha tenido una gran influencia en muchos de los contrabajistas actuales. De entre los que siguen en activo, y Ron Carter a sus 76 años (nació en Ferndale, Míchigan, en mayo de 1937) aún lo está, ha sido y es el contrabajista de referencia para cuantos han seguido su escuela, que son muchos. Compositor y bajista, Ron Carter tiene numerosos premios, distinciones y nominaciones, ha tocado con los mejores músicos y orquestas, fue director artístico del prestigioso Instituto Thelonious Monk y actualmente es Profesor Emérito Distinguido del Departamento de Música del City College de Nueva York. Y por supuesto sigue grabando y actuando en directo. Lleva cerca de 60 años tocando el contrabajo y ha contribuido como nadie a la evolución de este instrumento y a su consideración de básico en las bandas de jazz. En una entrevista que concedió a Mike Hennessey Carter dijo: “Cuanto mejor sea la calidad del tono del contrabajista, cuanto mejor sea su sonido, mejor podrá atraer la atención de los otros miembros de la banda. Y el contrabajista debe sentir que es realmente el encargado de fijar la dirección de la música, siempre que sea competente y vigoroso y se pueda ganar la confianza de sus colegas. He tratado de seguir ese punto de vista con todas las bandas diferentes con las que he tocado”.

 

Comenzó estudiando chelo cuando tenía 11 años, instrumento que más tarde cambió por el contrabajo cuando ingresó en la Eastman School of Music de Rochester. Eran los primeros años de la década de los 50 del siglo XX y por aquel entonces no era fácil ver a un músico de raza negra en las orquestas sinfónicas. Quizá fuera ese el motivo por el que se decidió a abrazar el jazz, aunque sin apartarse del todo de la música clásica. Se graduó en 1959, pero unos años antes ya estaba tocando en diferentes grupos de jazz en Nueva York y en algunas otras ciudades de los Estados Unidos. Después formó parte del famoso quinteto de Miles Davis entre los años 1963 y 1968, sustituyendo a Paul Chambers y dejó el quinteto cuando Davis, que ha pasado por todos los estilos posibles, se adentró en el free jazz (estilo que más tarde abandonó). A Carter lo sustituyó el inglés Dave Holland en el quinteto de Davis. Entre las numerosas formaciones en las que Carter ha participado destaca también el quinteto VSOP con Herbie Hancock, Tony Williams, Wayne Shorter y Freddie Hubbard, los conciertos y grabaciones del cuarteto que formó con Sonny Rollins, al saxo, McCoy Tyner al piano y Al Foster a la batería o posteriormente el grupo con Hancock, Williams y Wynton Marsalis. Altamente prolífico, Ron Carter ha grabado más de 30 discos como líder, ha participado en más de 2.500 grabaciones con otros intérpretes y ha compuesto la música de varias películas. Y es que Ron Carter es algo más que un contrabajista que ha creado escuela. Carter es uno de los músicos más importantes de la historia del jazz y su contribución a esta música como compositor, instrumentista y formador ha sido y sigue siendo enorme.

 

Ha tocado en los clubs, teatros, auditorios y festivales más importantes de todo el mundo y ha estado varias veces en España (perdón porque me centre más en lo que es más próximo para mí). Palma, Valladolid, San Sebastián, donde recibió el premio Donosti Jazzaldia en 2010, Barcelona y Madrid lo han visto actuar con su Golden Striker Trío. La última vez que actuó en Madrid lo hizo en el Teatro Lara en marzo de 2013, acompañado por el guitarrista Russell Malone y el pianista Donald Vega, que sustituía a su pianista habitual, Mulgrew Miller, que falleció en mayo de ese mismo año. No pude asistir a ese concierto, yo que vivo en Madrid, y ha tenido que ser en Milán donde lo haya visto en directo por primera vez. Coincidió un viaje mío reciente a Milán con una actuación suya durante dos días en el Blue Note milanés y no podía dejar pasar la oportunidad de ver a Ron Carter en directo y por añadidura conocer el Blue Note de esa ciudad. Así que, con suficiente antelación, compré un par de entradas para el mismo día de mi llegada a Milán, que era el segundo y último de su actuación.

 

 Blue Note 1

Entrada del Blue Note Milano

 

Blue Note 2 

Programación de Blue Note Milano de marzo 2014

 

El Blue Note de Nueva York se inauguró en el año 1981 y es considerado uno de los clubs de jazz más famoso del mundo. A raíz de su éxito, se abrieron otros Blue Note en modalidad de franquicia en otras ciudades. Actualmente se mantienen cuatro: Nueva York, Tokio, Nagoya y Milán. Todos son parecidos (personalmente no conozco los dos de Japón), amplios, con una decoración moderna, buena acústica y buena iluminación. El de Milán ha sido el último en abrir sus puertas, en marzo de 2003. Tiene una muy buena distribución de sus mesas, lo que permite una visibilidad perfecta del escenario desde cualquier lugar, incluida su barra. Uno va a estos lugares a escuchar buen jazz, pero también a tomarse una copa y en eso falla estrepitosamente el Blue Note milanés. Pedimos un mojito (yo que suelo pedir whisky) y un "Aida jazz" (un cóctel sin alcohol) que se quedó casi entero en la mesa. El mojito era todo hielo picado, con algunas gotas de ron, un poco de soda o bebida parecida más el añadido de unas hojas de hierbabuena y una rodaja de limón. Por lo que me sirvieron a mí, a buen seguro que de una botella de ron sacan más de cien mojitos. Eso sí, tan caro como el mejor.

 

 Blue Note 3

Minutos antes del concierto de Golden Striker Trio (Blue Note Milano, 19 marzo 2014)

 

Pero vayamos al concierto que es lo que interesa. En el Blue Note de Milán suele haber dos pases, el primero a las 21:00 y el segundo a las 23:00. Nosotros fuimos al segundo. No estaba lleno pese a que la programación era muy atrayente. Quizá la hora y que fuera miércoles contribuyera a ello. Salió Ron Carter al escenario con los dos músicos que le acompañaron en este concierto. El pianista Donald Vega y a la guitarra Anthony Wilson, que formará parte del trío sustituyendo a Russell Malone en esta gira por varios países europeos en 2014. Donald Vega es un excelente pianista de origen nicaragüense y formado en Estados Unidos que lleva con Ron Carter y su Golden Striker Trio desde el fallecimiento de Mulgrew Miller. Anthony Wilson es un guitarrista, compositor y arreglista estadounidense, con varios discos y premios en su haber y que forma parte del cuarteto que acompaña habitualmente a Diana Krall.

 

 Blue Note 4

Concierto de Ron Carter Golden Striker Trio (Blue Note Milano, 19 marzo 2014)

 

Ron Carter con su porte distinguido y su elegancia habitual, corbata y pañuelo a juego, pero sobre todo con su contrabajo, que toca con una maestría forjada a lo largo de más de sesenta años, nos ofreció un concierto que, aunque breve (es lo que tiene lo de los dos pases independientes), satisfizo mis expectativas y creo que las de todos los allí presentes a tenor de los aplausos que recibió. Tocaron temas clásicos y alguna composición propia, como Candle light. Y Ron Carter se lució especialmente en Laverne walk, un tema compuesto por otro contrabajista de leyenda como fue Oscar Pettiford. Otros tres temas muy conocidos fueron The Golden Striker, My Funny Valentine y Soft Winds. Y hubo algunos temas más, no muchos porque el concierto, como ya he dicho, fue corto, rondando una hora de duración. Supongo que a los empresarios de Blue Note les resulta más rentable este modelo, así lo hacen en todos sus clubs y en muchos otros, pero creo que el espectador agradecería poder asistir a dos pases con un pequeño intermedio entre ambos.

 

Y cierro este artículo reiterando la satisfacción que me ha producido ver en directo a una de las grandes estrellas y leyendas del jazz actual y de todos los tiempos.

 

 

 

 

Domingo 23 de Marzo de 2014 21:32

SUAREZ

por Juan Pedro Escanilla

Se había ido ya hace tiempo, pero los hombres tenemos de marcar con cruces las fechas del calendario y él decidió esperar a la primavera para la suya.

Unos y otros se están dedicando ya al ejercicio de hipocresía habitual en estos casos. Algo relativamente normal tras cualquier defunción, pero esta inmersión en el túnel del tiempo a que nos están sometiendo periódicos y televisiones, empieza a sobrepasar los limites de los razonable. Se han convertido en un coro que recuerda los gritos de “santo subito” a la muerte de Juan Pablo II. Ayer oí en televisión a una señora de Cebreros contar cómo, de pequeño, había querido regalar sus zapatos a un niño que no tenia.

Supongo que todos los hombres y mujeres que como se dice “entran en la historia” lo hacen de una manera un tanto abrupta, con el tiempo encargándose de poner las cosas en su sitio

Nunca podremos saber como hubiera evolucionado España en otras circunstancias. Y aunque algunos pensemos que los cambios sociales y económicos llevaban necesariamente a una apertura democrática y que el franquismo sin Franco era imposible de imaginar, es difícil refutar la tesis oficial de el hombre casi providencial que nos llevó de una orilla a otra del mar Rojo sin (apenas) mojarnos el culo.

Tampoco importa mucho. Después de todo, los propios israelitas renegaron de Moisés una vez el trabajo hecho y probablemente con razón, ya que cada momento requiere sus hombres y su equipo. Lo que Adolfo Suarez tenia que hacer lo hizo, bien o mal, y a partir de ahí ya no servía ni a unos ni a otros aunque todos lo alaben ahora.

Pero esas alabanzas no son ni mucho menos desinteresadas. No es la primera vez que se trata de utilizar la transición como coartada para mantener el régimen con un discurso que se podría resumir cómo: “fue tan difícil, tan improbable, que no podemos arriesgarlo”. Sobre todo que no se nos ocurra imaginar que podía haber sido de otra manera.

Y nos pasaran una y mil veces la imagen de Adolfo Suarez sentado en su escaño mientras el resto de los padres de la patria buscaban el inútil cobijo de las mesas de los suyos. Hasta el rey ha salido a chupar rueda.

De los dos colegas que montaron el tinglado, el rey ha tenido el viento de popa mientras que a Suarez la vida y los amigos lo han tratado cruelmente. Tiene por eso la simpatía romántica que despiertan los vencidos y, por eso, resulta patética la intentona de aprovechar su aura para apuntalar un régimen que hace agua por todas partes.

Adolfo Suarez fue el último presidente del gobierno franquista y el primero de la democracia. Gracias ello, el rey nombrado por Franco pudo mantenerse. No es de extrañar que quieran sacarle jugo hasta el final.

Por favor, déjenlo descansar en paz.

El reinado de Fernando VII fue uno de los mas azarosos, y en la opinión de la mayoría de los historiadores, nefasto, reinado de la Historia de España. Cuando Fernando es aclamado como Rey por la población de Madrid en marzo de 1808 tras el motín de Aranjuez, el derrocamiento del ministro Manual Godoy y la abdicación de su padre, Carlos IV, ningún español pensaba que en los siguientes 25 años la monarquía hispánica fuera a atravesar por tal cúmulo de vicisitudes, alternativas y calamidades que la iban a hacer pasar de ser uno de los Estados mas prósperos y respetados de Europa, a una suerte de territorio desdichado que viviría una situación de guerra declarada, contra Francia, o latente, entre las distintas facciones que se disputaban el gobierno, lo que terminaría liquidando sus colonias americanas, empobreciendo la vida de los ciudadanos, despertando la animosidad entre éstos y perdiendo el papel de potencia mundial que venía desempeñando desde el tiempo de los Reyes Católicos.

El primer avatar a afrontar fue la llamada Guerra de la Independencia, en la que España fue uno de los países que se enfrentó abiertamente con los ejércitos napoleónicos para, ciertamente, defender sus instituciones tradicionales, pero también para muchos españoles, para asegurarse la garantía de que sus intereses quedaran amparados por estas instituciones, no solo por la benevolencia de los reyes, que al comenzar estas crisis no habían dudado en poner por delante sus intereses personales y dinásticos relegando los de sus súbitos, haciendo de la Corona una parte mas de su patrimonio familiar, como se evidenció por las posiciones tomadas por Carlos IV y Fernando VII frente al poder de Napoleón.

Esta Guerra de Independencia, no fue un conflicto al uso de los que venían enfrentando a las potencias europeas desde el Renacimiento o de los que mantuvieron: Inglaterra, Austria o Rusia, frente al Imperio Napoleónico, reducido a algunas batallas campales entre ejércitos profesionalizados liquidado con concesiones territoriales en un tratado de paz, sino que fue una lucha a ras de tierra donde se combatía por el poder en cada ciudad o ayuntamiento y en el que los derrotados de un bando o de otro sufrían atroces represalias con fusilamiento de los que no estaba excluida la población civil, con saqueo de ciudades, demolición de viviendas y destrucción de cultivos.

A lo largo de la Guerra se va desarrollando tanto en el ejército, como en las guerrillas y en la población civil en general que combatía contra José Bonaparte, un sentimiento de reivindicación de la soberanía que va dejando de ser atribuida a los reyes, para ser considerada como un atributo del pueblo, la soberanía nacional, que podría ser delegada en sus representantes, en línea con la doctrina liberal formulada por los enciclopedistas franceses y especialmente por Juan Jacobo Roseau en su obra El Contrato Social. A este sentimiento contribuyen factores tan aparentemente opuestos como el contacto de los españoles con las tropas de Inglaterra, que ya había asumido su revolución liberal en 1688, que ayudaron decisivamente a  España contra Napoleón, como los soldados franceses que también, como el propio Emperador, eran hijos de la Revolución Francesa, cuyos principios contribuyeron a extender por Europa.

Desgraciadamente, el triunfo sobre Francia y la expulsión de sus ejércitos de España en 1814 no fue aprovechada por un restaurado Fernando VII para consolidar el régimen al que debía el trono, expresado por la Constitución de 1812 elaborada en Cádiz por Cortes elegidas por sufragio universal, sino que en línea con lo que estaba ocurriendo en Europa, supuso el restablecimiento en su integridad del llamado Antiguo Régimen, la derogación de un Parlamento representativo, la vuelta de la Inquisición, el fortalecimiento del poder real absoluto, y una represión que impulso la ejecución de todos aquellos que apoyaban un régimen liberal.

Esta etapa del reinado de Fernando VII quedó interrumpida ante el pronunciamiento en Cabezas de San Juan del ejército que, al mando del general, Riego, debía partir para América en 1820 para sofocar la rebelión de las colonias americanas. Ésto daría lugar a un paréntesis, el llamado trienio liberal (1821-1823), en el que el rey hubo de restablecer la Constitución de 1812 y nombrar un gobierno representativo.

La intervención de la llamada Santa Alianza, coalición de las potencias absolutistas de Europa, con la entrada en España de tropas francesas, los llamados cien mil hijos de San Luis, permitió a Fernando VII la restauración del régimen absolutista durante la llamada “década ominosa” (1823-1833) que solo concluiría con la muerte del Rey en 1833, dejando en el trono a una menor de edad: Isabel II, bajo la regencia de su esposa: María Cristina, ante la cual quedaban alineadas las fuerzas políticas: los llamados “apostólicos” partidarios de la sucesión en la persona de Carlos, hermano del rey, y los liberales, partidarios de Isabel II, cuya lucha armada ensangrentó a España a través de tres guerras civiles consecutivas, a lo largo del siglo XIX.

Estas vicisitudes políticas que hemos brevemente sumarizado, tuvieron un directo reflejo en las emisiones numismáticas de este reinado, especialmente en las peninsulares, ya que en los territorios americanos de la corona española, el conflicto fue entre realistas e independentistas. Particularmente, las emisiones de piezas de 8 Reales en Madrid, ya asentada en 1814 como capital de la nación, emitió uno u otro tipo de moneda, dependiendo del tipo de régimen: absolutista, liberal y nuevamente absolutista. Así, la pieza de la FIGURA 132.5 es representativa del tipo de moneda emitida a nombre de Fernando VII por las Juntas que en diferentes ciudades se pronunciaron a favor de los derechos del Rey y en contra de Napoleón. En este caso, la pieza fue emitida por la llamada Junta Suprema del Reino durante su estancia en Sevilla (1808-1810) antes de tener que trasladarse a Cádiz, ante la ocupación de esta ciudad por el ejército francés.

 

Figura 132.1

La pieza de la FIGURA 132.1, por el contrario, está emitida bajo el gobierno absolutista de Fernando VII, en Madrid en 1816, ya abolida Constitución de Cádiz de 1812. El régimen liberal que gobernó España de 1820 a 1823, bajo la advocación de Fernando VII una vez recortados sus poderes, está representada en esta entrada, por dos piezas: la de la FIGURA 132.2, emitida en Madrid en 1822 y la de la FIGURA 132.3, emitida en Barcelona en 1823. Debemos notar que así como la pieza de 1816 porta la leyenda tradicional en latín con el título de Rey de las Españas por la Gracia de Dios, en estas dos últimas monedas, la leyenda atribuye los títulos del rey, no solo a la Gracia de Dios, sino también a la Constitución, en la manera que se continuaría procediendo con la hija de Fernando: Isabel II.

Esta mención a la Constitución, en este caso la de 1876, que restauró a los Borbones tras el derrocamiento de Isabel en 1868, continuará apareciendo, si bien atemperada, en las monedas de su hijo: Alfonso XII, y de su nieto: Alfonso XIII, bajo el título de Por la Gracia de Dios Rey Constitucional de España. Por último, la moneda de la FIGURA 132.2, acuñada en 1824, vuelve al tipo de retrato tradicional del Rey con corona de laurel, con exclusión del nombre de la Constitución en la leyenda, así como a la denominación en Reales de Plata (8 Reales) en lugar de Reales de Vellón (20 Reales) como se había dado durante el reinado de José Bonaparte a partir de 1809.

La tirada de las piezas de 8 Reales de Fernando VII de Madrid nos son dadas, para la mayoría de los años, por HERRERA en El Duro en 1914, por lo que podemos observar un cierto incremento en las cantidades emitidas respecto a la de las piezas de 8 Reales de Madrid de Carlos IV, que merced a su identidad de contenido metálico, continuaron circulando hasta bien entrado el reinado de Isabel II. Para Fernando VII, desde 1814 a 1820 se emitieron una media de 1.050.000 ejemplares de 8 Reales en Madrid, aproximadamente un 50% mas de piezas que las de Carlos IV (700.000) y un 300% respecto a las de Carlos III (350.000). Esto hace que las piezas de Fernando VII de 8 Reales del periodo de 1814 a 1820, así como las de Sevilla, sean mas escasas que las de Carlos IV, acuñadas en estas dos ciudades. En cuanto a su precio, estimamos que en grado Fine (F) son la tercera parte de los precios de las piezas comunes de Carlos III (450€), ésto es 150€ en F, y un tercio mas que las de Carlos IV (225€).

Mucho mas difíciles son las piezas de 8 Reales emitidas por Fernando VII después del trienio constitucional (1820-1823). Así, la de 1823 con un tiraje de 10.984 ejemplares la valoramos como entre Muy Rara (RR) y Rarísima (RRR), con un precio de 6 veces el de las piezas comunes (1814-1820); la de 1824, con un tiraje de 55.984, entre Rara y Muy Rara con un precio de tres veces el de los ejemplares comunes; la de 1825, con 22.305 ejemplares, como Muy Rara, con un precio de cuatro veces el de las piezas comunes; y la de 1830, con 652 ejemplares, como extraordinariamente Rara (RRRR) , con un precio de 16 veces el de los ejemplares comunes.

En cuanto a las piezas emitidas por Fernando VII durante el trienio constitucional, todas ellas son mas difíciles de conseguir que las del periodo de 1814 a 1820. La de 1823 de Madrid tiene la condición de Rarísima (8 veces el precio de las piezas comunes), y la de 1822 de Barcelona, la de Muy Rara (4 veces el precio de las piezas comunes), siendo las de: 1822 y 1823 de Madrid, 1823 de Barcelona y 1822 y 1823 de Sevilla, la de Raras (con un precio de 2 veces el de las piezas comunes).

La pieza que aparece en la FIGURA 132.1 es un 8 Reales de Fernando VII acuñado en Madrid en 1816 con los Ensayadores Gregorio Lázaro y José Sánchez (GJ). Esta pieza es valorada en CALICÓ 2008 en 150€ en VF, estimación que consideramos muy ajustada a su valor real de mercado. CAYÓN 1998, por el contrario, la valora también en 25.000P pero si por coherencia, con lo que estamos suponiendo para el resto de las piezas, este precio es para un ejemplar en F, este precio sería alto. Por su interés en relación con las piezas de Fernando VII citaremos los precios de salida de los tipo de piezas que figuran en esta entrada en las subasta organizada por el Círculo Cilatelico y Numismático en Barcelona en el 29 de marzo de 2000 con prácticamente todos los tipos y fechas de monedas de este Rey.

Pues bien, la pieza de 1816 de Madrid en XF- se valora en 20.000P. El presente ejemplar tiene gastaje en las partes mas elevadas como la patilla del rey y la mitad de los nervios de la corona, por lo que la graduaremos como VF+. En estas condiciones su valor y precio de mercado, de acuerdo con el criterio que anteriormente hemos expuesto será de 200€ (185€ en VF y 250€ en XF).

 

Figura 132.2

La pieza fotografiada en la FIGURA 132.2 es un 8 Reales acuñado a nombre de Fernando VII en 1824 en Madrid, con los Ensayadores Antonio Rafael Narvaez y José Garcés (AJ). Esta pieza está valorada en CALICÓ 2008 en 500€. CAYÓN  1998 valora esta pieza, a nuestro juicio exageradamente, en 200.000P; si asumimos igual que en el caso anterior que la conservación es F, por el contrario, este precio no sería excesivo si nos atemos a la indicación que figura en el comienzo del catálogo en el sentido que los precios indicados, lo son para conservaciones en EBC; no obstante, creemos que ello es así, para las piezas del Centenario, pero no para las anteriores, ya que de lo contrario, la mayoría de esas piezas estarían claramente minusvaloradas.

En la subasta referida el ejemplar de 1824 en VF salió en 50.000P, mientras que el Extraordinariamente Raro 1830 en F+ salió en 400.000P. Esta pieza se encuentra en F+ ya que su desgaste es generalizado, viéndose el contorno de las hojas de laurel de la corona, pero no sus nervios, ni tampoco parte alguna de la corona del león del segundo cuartel del escudo del reverso. En estas condiciones, su valor y precio de mercado es algo mas que tres veces el de los 160€ en F+ de las piezas de 8 Reales comunes de Fernando VII, ésto es 500€.

 

 

Figura 132.3

La pieza que aparece en la fotografía de la FIGURA 132.3 es un 20 Reales de Vellón de Fernando VII acuñado en Madrid en 1822 con los Ensayadores José Sánchez y Isidoro Ramos (SR). Esta pieza se valora en CALICÓ 2008  en 500€, precio que consideramos excesivo en conservación VF. En este caso creemos que es mas ajustada la valoración de CAYON 1998: 25.000P en lo que suponemos grado F. En la subasta mencionada el ejemplar de 1822 de este tipo, en VF, salió en 15.000P, mientras que el Rarísimo 1821 de Madrid salió en XF en 250.000P.

Pese al buen aspecto de esta pieza, atribuido fundamentalmente al brillo original que rodea a sus leyendas, no podemos llegar a graduarla mas allá de VF+ debido al gastaje evidente que presenta en sus partes mas altas como son la patilla del Rey y la mecha central del pelo, así como en la melena del león del segundo cuartal del escudo del reverso. En estas condiciones, el valor y el precio de mercado de esta pieza, que consideramos como Rara, será el doble de el de las piezas comunes de Fernando VII en VF+ (200€), ésto es 400€.

 

Figura 132.4

La pieza de la FIGURA 132.4 es un 20 Reales de Vellón de Fernando VII acuñada en Barcelona en 1823 con los Ensayadores Simeón Sola Roca y Francisco Paradaltas (SP). A nuestro juicio, esta fecha de Barcelona está sobrevalorada tanto en CALICÓ 2008, como en CAYÓN 1998, con 500€ en VF y 800.000P en F, respectivamente, como creemos que queda acreditado por el precio de 30.000P de salida, que se fijó en la subasta mencionada para un ejemplar de esta misma fecha y Ceca en XF.

La presente pieza muestra gastaje solo en una pequeña parte de la patilla y parte de la melena del león del segundo cuartel del escudo del reverso; también mantiene un brillo completo a lo largo de toda la superficie de anverso y reverso, por lo que la pieza tiene la apariencia de nueva. En estas condiciones, podemos asignarla el grado XF. Dada la condición de Rara que ya hemos comentado, su precio sería el doble del de las comunes de 8 Reales de Plata de Fernando VII (250€ en XF),  por lo que su valor y precio de mercado sería de 500€ en XF.

Figura 132.5

Por último la pieza de la FIGURA 132.5 es un 8 Reales de Fernando VII acuñado en Sevilla en 1809 con un tipo específico de busto del Rey que solo se utilizó en Sevilla durante los años 1908 y 1809. Los Ensayadores son Carlos Tiburcio de Roxas y Nicolás Lamas (CN). Creemos que tanto CALICÓ 2008, como CAYÓN 1998 sobrevaloran este tipo de pieza, con 300€ en VF y 30.000P en F, respectivamente. Nosotros creemos que este tipo es solo ligeramente mas escaso que el tipo normal empleado en Madrid y Sevilla desde 1814. En la subasta mencionada, la pieza de 1809 de Sevilla en XF, tuvo un precio de salida de 20.000P.

La presente pieza tiene buen aspecto, así como gran  parte de su apresto original, con desgaste solo en las partes mas altas como son la zona central del pelo, las melenas de los leones y los pies de los castillos del escudo del reverso. Pese a ello, no podemos llegar al grado XF, quedándonos con el de VF+. En estas condiciones su valor y precio de mercado es el de las piezas comunes de Fernando VII: 200€ en VF+.

 

12. THE ISSUES OF MADRID OF 8 REALES DE FERDINAND VII

 

The reign of Ferdinand VII was one of the most eventful, and in the opinion of most historians, the most disastrous reign of the history of Spain. When Fernando is proclaimed King by the population of Madrid in March 1808 after the Mutiny of Aranjuez, the overthrow of the Minister Manuel Godoy and the abdication of his father, Charles IV, any Spanish thought that in the next 25 years the Hispanic monarchy would go through such cluster of vicissitudes, alternatives and calamities that will make one of the most prosperous and respected States in Europe, a fate of unfortunate territory that would live a State of war declared against France, or latent, between the various factions which were vying for the Government, what would end liquidating its American colonies, impoverishing the lives of its citizens, arousing the animosity between them and losing the role of world power that came to play from the time of the Catholic Monarchs.

The first avatar to face was the so-called War of Independence, in which Spain was one of the countries clashed openly with the Napoleonic armies certainly for defending their traditional institutions, but also for many Spanish, to ensure the guarantee that their interests were covered by these institutions, not only by the benevolence of the Kings, who at the beginning of these crises had not hesitated to put their personal and dynastic interests ahead relegating those of their subjects, making the Crown become a part of their family wealth, as evidenced by the positions taken by Charles IV and Ferdinand VII against the power of Napoleon.

This War of Independence was not a conflict as those they came to face the European powers since the Renaissance or as those which England, Austria or Russia held against the Napoleonic Empire, reduced to some pitched battles between professional armies paid with territorial concessions in a peace treaty, but it was a fight at ground level where they fought for the power of every city or town hall and in which the defeated of a side or another suffered atrocious reprisal execution of which the civilian population was not excluded, with plundering of cities, demolition of houses and destruction of crops.

Throughout the War it grows in the army, as well as in the guerrillas and civilians in general that fought against Joseph Bonaparte, a sense of vindication of sovereignty which stopped being attributed to the Kings, and start to be considered as an attribute of the people, national sovereignty, which could be delegated to their representatives according to the liberal doctrine formulated by the French Encyclopaedists and especially by Juan Jacobo Roseau in his work The Social Contract. Factors so apparently opposed as the Spanish contact with troops from England, which had already assumed his liberal revolution in 1688, which decisively helped Spain against Napoleon, as the French soldiers who, as the emperor himself, were also sons of the French Revolution, whose principles contributed to expand it over Europe contribute to this feeling.

Unfortunately, the triumph over France and the expulsion of its armies of Spain in 1814 was not used by the restored Ferdinand VII to consolidate the regime to which he owed the throne, expressed by the Constitution of 1812 drawn up in Cádiz by courts elected by universal suffrage, but in line with what was happening in Europe, there was the restoration in its entirety of the so-called Old Regime, the repeal of a representative Parliament, the return of the Inquisition, the strengthening of The absolute royal power and repression that boosted the execution of the ones who supported a liberal regime.

This stage of the reign of Ferdinand VII was interrupted by the pronouncement in Cabezas de San Juan of the army which, under the command of the General Riego, should depart for America in 1820 to stifle the rebellion of the American colonies. This led to a parenthesis, the so-called Liberal Triennium (1821-1823), in which the King had to restore the Constitution of 1812 and appoint a representative Government.

The intervention of the so-called Holy Alliance, coalition of the absolutist powers of Europe, together with the entrance in Spain of French troops, the so-called one hundred thousand sons of Saint Louis, allowed Ferdinand VII the restoration of the absolutist regime during the so-called "Ominous Decade" (1823-1833) which would only end with the King's death in 1833, leaving the throne to a minor: Isabella II of Spain, under the Regency of his wife: Maria Cristina, to which political forces were aligned: the so-called "Apostolic" supporters of the succession in the person of Charles, the King's brother, and the Liberals, supporters of Isabella II, whose armed struggle stained Spain with blood through the three consecutive civil wars, during the 19th century.

These political vicissitudes, that we have briefly summarized, had a direct reflection on the numismatic issues of this reign, especially in the peninsular ones, because in the American territories of the Spanish Crown, the conflict was between independentists and royalists. In particular, issues of coins of 8 reales in Madrid, already based in 1814 as capital of the nation, were minted with one or another type of coin, depending on the type of regime: absolutist, liberal and absolutist again. Thus, the coin of Figure 132.5 is representative of the type of currency issued in the name of Ferdinand VII by the Juntas which voted in favour of the rights of the King and against Napoleon in different cities. In this case, the piece was issued by the so-called Supreme Junta of the Kingdom during his stay in Seville (1808-1810) before being moved to Cadiz, because of the occupation of this city by the French army.

The coin of Figure 132.1, on the other hand, is issued under the absolutist Government of Fernando VII, in Madrid in 1816, after being abolished the Constitution of Cadiz of 1812. The liberal regime which ruled Spain from 1820 to 1823, under the appealing of Ferdinand VII once his powers were reduced, is represented in this post, by two pieces: Figure 132.2, issued in Madrid in 1822 and Figure 132.3, issued in Barcelona in 1823. We should note that as well as the coin of 1816 has the traditional legend in Latin with the title of King of the two Spains by the grace of God, in these last two coins, the legend attributes the titles of the King, not only to the grace of God, but also to the Constitution, in the way which would continue proceeding with the daughter of Ferdinand: Isabella II.

This mention of the Constitution, in this case that of 1876, which restored the Bourbons after the overthrow of Isabella in 1868, will continue to appear, although attenuated, in the coins of his son: Alfonso XII, and his grandson: Alfonso XIII, under the title of the grace of the constitutional God King of Spain. Finally, the coin of Figure 132.2, coined in 1824, used again the type of traditional Portrait of the King with the crown of laurel, with the exclusion of the name of the Constitution in the legend, as well as the denomination in Reales of silver (8 Reales) rather than Reales of billon (20 Reales) as it had been during the reign of Joseph Bonaparte from 1809.

The production of coins of 8 reales of Ferdinand VII in Madrid are given, for most of the years, by HERRERA on El Duro in 1914, which is why we can observe some increase in quantities issued on the coins of 8 reales in Madrid of Charles IV, that thanks to its identification of metal content, they continued to circulate until well into the reign of Isabella II. For Ferdinand VII, from 1814 to 1820, an average of 1.050.000 copies of 8 reales in Madrid were issued, approximately 50% more coins than for Charles IV (700,000) and a 300%more than for Charles III (350,000). This makes that coins of Ferdinand VII of 8 reales of the period from 1814 to 1820, as well as those of Seville, are scarcer than those of Charles IV, minted in these two cities. In terms of price, we estimate that, in grade Fine (F), they are the third part of a common coin of Charles III (€450) prices, this is €150 in F, and a third more than those of Charles IV (€225).

In terms of price increases with each grade of conservation, for these pieces of Ferdinand VII, we believe that the increase is of 25%, while Charles III was of 100% and Charles IV of 50%. This is due to the time of circulation of these coins, which was much inferior, since as we have indicated, they were being withdrawn in the early years of the reign of Isabella II. On the other hand, coins of four and two reales of Ferdinand VII of this period, especially those of Seville, continued its circulation for a long time, so although they were issued in large quantities, today is much more difficult to find them in conservation VF or more than coins of eight reales of this king.

It is much more difficult to find coins of 8 reales issued by Ferdinand VII after the Liberal triennium (1820-1823). Thus, the coins of 1823, with a production of 10.984 copies, we value them between very rare (RR) and extremely rare (RRR), with a price of 6 times that of common coins (1814-1820); coins of 1824, with a production of 55.984, between rare and very rare with a price of three times of the common copies; those of 1825, with 22.305 copies, as very rare, with a price of four times that of common coins; and those of 1830, with 652 copies, as extremely rare (RRRR), with a price of 16 times that of the common copies.

As regard the coins issued by Fernando VII during the Liberal Triennium, all of them are more difficult to obtain than those of the period from 1814 to 1820. Those of 1823 of Madrid have the status of extremely rare (8 times the price of the common ones), and those of 1822 of Barcelona, very rare (4 times the price of common coins), being those of 1822 and 1823 of Madrid, those of 1823 of Barcelona and 1822 and 1823 of Seville, rare (with a price of 2 times of common coins).

The coin that appears in Figure 132.1 is an eight-real coin of Ferdinand VII coined in Madrid in 1816 with the Assayers Gregorio Lázaro and José Sánchez (GJ). This piece is valued by Calicó 2008 at €150 in VF, a value that we consider very close to its actual market value. On the other hand, Cayón 1998 also valued it at 25,000 pesetas but being consistent with what we are assuming for the rest of the coins, this price for one copy in the F would be high. For its interest in relation to coins of Ferdinand VII, we will mention the starting prices of the types of coins contained in this post in the auction organised by the Círculo Cilatelico y Numismatico in Barcelona on 29 March 2000, with practically all types and dates of coins of this King.

Thus, the coin of 1816 of Madrid in XF- is valued at 20,000 pesetas. The present copy has wear in the higher parts as the King’s sideburn and half of the nerves of the crown, which is why we give it a grade of VF+. In these circumstances, its value and market price, according to the criteria which we have previously outlined will be €200 (€185 in VF and €250 in XF).

The coin photographed in Figure 132.2 is a coin of 8 reales minted in the name of Ferdinand VII in 1824 in Madrid, with the Assayers Antonio Rafael Narvaez and José Garcés (AJ). This piece is valued in Calicó 2008 at €500. Cayón 1998 values this coin in our view overly, at 200,000 pesetas; if we assume as well as in the previous case that its conservation is F, on the contrary, this price would not be excessive if we abide to the indication contained in the beginning of the catalogue in the sense that the indicated prices are for a conservations EBC; however, we believe that this is so, for coins of the centenary, but not for the previous ones, since otherwise, the majority of these coins would be clearly undervalued.

In the aforementioned auction, the copy of 1824 in VF was sold at 50,000 pesetas, while the extremely rare of 1830 in F+ was sold at 400,000 pesetas. This piece is in F+, because its wear is widespread, being able to see the outline of the leaves of the crown of laurel, but not its nerves, nor any part of the crown of the lion of the second quadrant of the coat of arms of the back. In these circumstances, its value and market price is a little more than three times the price of €160 in F+ of common coins of 8 reales of Ferdinand VII, this is €500.

The coin that appears in the picture of Figure 132.3 is a 20 reales of billon of Ferdinand VII coined in Madrid in 1822 with the Assayers José Sánchez and Isidoro Ramos (SR). This coin is valued in Calicó 2008 at €500, price that we consider excessive in a conservation VF. In this case, we believe is more adjusted the valuation of Cayón 1998: 25,000 pesetas in, what we assume, grade F. In the aforementioned auction, the copy of this type of 1822, in VF, was sold at 15,000 pesetas, while the extremely rare of 1821 of Madrid in XF was sold at 250,000 pesetas.

Despite the good aspect of this piece, mainly attributed to the original sparkle that surrounds its legends, we cannot come to graduate it more beyond VF+ due to the obvious wear that presents in its highest parts as the King’s sideburn and the central lock of hair, as well as the mane of the lion of the second quadrant of the coat of arms in the black. In these circumstances, the value and the market price of this piece, which we consider as rare, will be twice of the common coins of Ferdinand VII in VF+ (€200), this is €400.

The piece of Figure 132.4 is a 20 reales of billon of Ferdinand VII minted in Barcelona in 1823 with the Assayers Simeón Sola Roca and Francisco Paradaltas (SP). In our view, this date of Barcelona is overestimated by both Calicó 2008 and Cayón 1998, with €500 in VF and 800,000 pesetas in F, respectively, as we believe that there is already credited by the starting price of 30,000 pesetas, which was set at the auction referred to a copy of this same date and mint in XF.

This coin shows wear only in a small part of the sideburn and in a part of the mane of the lion of the second quadrant of the coat of arms of the back; It also maintains a full brightness over the entire surface of front and back, so that the coin has the appearance of new. In these circumstances, we can assign it the XF grade. Given the status of rare that we have already discussed, its price would be the double of the common coins of 8 reales of silver of Ferdinand VII (€250 in XF), so its value and market price would be €500 in XF.

Finally, the coin of Figure 132.5 is an 8 reales of Ferdinand VII coined in Seville in 1809 with a specific type of the bust of the King solo used in Seville during the years 1908 and 1809. The Assayers are Carlos Tiburcio de Roxas and Nicolás Lamas (CN). We believe that both, Calicó 2008 and Cayón 1998 over-value this type of coin, with €300 in VF and 30,000 pesetas in F, respectively. We believe that this type is only slightly scarcer than the normal type used in Madrid and Seville from 1814. In the aforementioned auction, the coin of 1809 of Seville in XF had a starting price of 20,000 pesetas.

This piece has good appearance, as well as much of its original finishing with wear only in the higher parts as the central area of the hair, the manes of lions and the foot of the castles of the coat of arms of the back. Despite this, we cannot reach the XF grade, giving it the VF grade. In these circumstances, its value and market price is that of the common pieces of Ferdinand VII: €200 in VF+.

 

 

 

 

 

Lunes 10 de Marzo de 2014 23:11

Speak Jazzy

por Leopoldo Simó

10/03/2014

Speak Jazzy

 

Speak Jazzy

Cartel anunciador de la presentación de Speak Jazzy

 

No se trata de un nuevo artículo en este blog, sino de anunciar el nacimiento de un nuevo grupo español de jazz que de alguna manera da continuidad a uno de los que más han perdurado en el panorama jazzístico en España.

 

En los últimos meses del año 1986, Larry Martin (Manuel Martín Arriaga), que había iniciado su andadura musical en 1967, consiguió ver cristalizado un proyecto que llevaba tiempo madurando: la creación de su propia banda de jazz, la Larry Martin Band (LMB). Larry falleció el 30 de noviembre de 2013, a los 63 años, víctima de un cáncer y en esos 26 últimos años de su vida, Larry Martin Band ha sido uno de los pocos grupos de jazz españoles que ha sabido y podido permanecer estable (aunque haya habido cambios en su composición) y se ha consolidado como una de las mejores bandas de jazz en España.

 

Larry Martin fue un gran músico del que yo guardo un gratísimo recuerdo personal y ahora, pocos meses después de su desaparición, los músicos que le acompañaban últimamente en esta singladura han decidido continuar la obra iniciada por Larry y mantener el grupo incorporando a él un batería que le sustituya. Y es así como nace el grupo Speak Jazzy, con Enrique García (guitarra), Domingo Sánchez (piano), Richie Ferrer (contrabajo), Sheila Blanco (voz) y la incorporación de Valentín Iturat en la batería que dejó Larry.

 

Su presentación, como indica la foto, será del 20 al 23 de marzo en Café Populart de Madrid, en un concierto que rendirá homenaje al gran Larry.

 

 

 

Las emisiones de 8 Reales de Carlos III y Carlos IV por lo que respecta a la península, se habían efectuado solamente en las Cecas de Madrid y Sevilla, siempre con el mismo diseño para cada rey, con retrato del monarca en el anverso con peluca y coleta al estilo de la época sobre un busto revestido de túnica, y escudo con las armas alternadas de Castilla y León en el reverso, enmarcado por la leyenda HISPANIARUM Rex. Este diseño difiere fundamentalmente del empleado en las monedas emitidas en las Cecas hispanoamericanas como: Méjico, Lima y Potosí, en el que la cabeza del rey aparece con corona de laurel sobre un busto con coroza al uso de la moneda romana, mientras que el escudo, aunque también con las armas de Castilla y León alternadas, tiene forma rectangular y no curvilínea apareciendo flanqueado por las columnas de Hércules con la inscripción PLVS VLTRA, sobre banda que rodea a éstas. Estas piezas peninsulares y americanas tienen exactamente la misma métrica de peso y ley, con unos 27 gramos de peso y 900 milésimas de ley.

Este tipo de piezas son las que se continúan acuñando en las cecas americanas, una vez que Fernando VII es reconocido en estos países como rey de los territorios hispánicos, una vez producida la abdicación de Carlos IV en 1808  y rechazada en la totalidad de las colonias americanas la asunción del trono por José Napoleón, en ese mismo año. Sin embargo, el diseño dual de las monedas anteriores respecto a las monedas peninsulares y americanas, no se dará en el caso de Fernando VII respecto a los anversos de las piezas. En principio, a partir de 1812 se estandarizará el busto del rey a emplear en todas las cecas tanto peninsulares como americanas, con busto con corona de laurel revestido a la manera romana (FIGURAS 131.4 y 131.5), mientras que en los reversos se continuó operando con tipos de escudo y leyenda diferentes (HISPAN ET IND REX), para los anversos, y HISPANIARUM REX, para las peninsulares. Monedas con este diseño se baten en Madrid de 1814 a 1830, con el paréntesis del trienio constitucional (1820-1823) y en Sevilla, de 1814 a 1820.

Sin embargo, durante el periodo de la Guerra de la Independencia (1808-1814) hasta quedar asegurada la soberanía de Fernando VII sobre todo el territorio peninsular, no serán solamente las Cecas de Madrid y Sevilla las que emitan moneda. Con la dilución de poder que significó la guerra, diferentes territorios emitieron moneda, de una manera u otra a nombre de Fernando VII, en algún caso con la característica de busto del monarca según modelos propios pero con un reverso idéntico al de las emisiones peninsulares de Carlos III y Carlos IV, como es el caso de Madrid (de 1812 a 1814), Sevilla (de 1808 a 1810), Valencia (en 1811) y la zona de Cataluña no ocupada por los franceses (desde 1809 en Reus y hasta 1814 en Palma de Mallorca).

En otras zonas como: Gerona, Lérida, Palma de Mallorca, Tarragona y puede que Tortosa, se batieron piezas con la métrica de los 8 Reales pero denominadas en Duros o 5 Pesetas, a nombre de Fernando VII, pero sin el busto del Rey y con un tipo simplificado de grabado en base a punzones independientes, lo que da a estas monedas un carácter obsidional por haberse emitido en la mayoría de los casos en situación de extrema necesidad, fundamentalmente para el pago de las tropas, en ciudades sometidas al acoso o asedio del ejército francés. Por último en la ciudad de Cádiz, asiento de la Junta de Regencia durante gran parte de la guerra, se acuñaron también 8 Reales del tipo que se emplearía en Madrid y Sevilla desde 1814, durante el periodo 1819-1814, utilizando como marca de Ceca una C (Cádiz) coronada, representativa de ser la sede del poder soberano (las Cortes Constituyentes en ausencia y representación del Rey.

Esta variedad de tipos de emisiones en diferentes zonas del país, se dio también el caso del territorio dominado por los franceses. La emisión de 8 Reales de Plata y 20 Reales de Vellón de José Napoleón, comentadas en las entradas anteriores, se efectuaron solamente en las ciudades de Madrid (1808-1813) y Sevilla (1812) y únicamente en los momentos en que estas ciudades estuvieron en poder de las tropas francesas, los que ocurrió con ciertas alternancias, lo que explica que en los años 1812 y 1813 se emitieran piezas en Madrid, tanto a nombre de José Napoleón como del de Fernando VII. Esta simultaneidad de emisiones no se dio, sin embargo, en la ciudad de Barcelona que en poder de las tropas francesas desde el 12 de febrero de 1808, permaneció bajo su dominación hasta el principio de 1814. Ello posibilitó la continuidad de las emisiones de moneda en la Ceca de Barcelona desde su apertura, decretada el 21 de agosto de 1808, hasta su cierre el 30 de mayo de 1814.

 Las emisiones de Duros y medios Duros en Barcelona durante el dominio francés se atienen estrictamente a la misma métrica (peso y ley) que las emisiones de 8 y 4 Reales de los Borbones, por lo que aunque no se encontraban denominadas en reales, las trataremos en este volumen como antecedente de los dólares americanos, aunque de hecho, nunca tuvieron una circulación significativa en América en ningún momento. Hemos de advertir que, sin embargo, el menor divisor del Duro era una moneda que no equivalía a su cuarta parte, sino a su quinta parte (probablemente para asemejarla al Franco francés de la época), dando en ser denominado como Peseta (Peso pequeño, en idioma catalán) coincidiendo su métrica con la de la pieza de cuatro Reales de Vellón emitidas por José Napoleón en Madrid y Sevilla, en lugar de a las de 2 Reales de los Bobones.

Completan las emisiones de Barcelona, la acuñación de 20 Pesetas en oro de 1812 a 1814 y la de: 4, 2, 1 y medio Cuarto en bronce con un diseño equivalente al de los Duros. Estas piezas (Duro) estaban denominadas como de 5 Pesetas, con un anverso en el que rodea a la denominación una orla, tras la que se inscribe la leyenda EN BARCELONA y el año de emisión flaqueado por dos estrellas de 8 puntas que constituirán la marca de la Ceca de Barcelona durante los reinado de Isabel II y Alfonso XII (para la emisión en bronce de 10 y 5 céntimos de peseta, apareciendo en la parte central del reverso el escudo de Barcelona en forma de rombo con cuarteles alternados con la bandera de la ciudad (cruz) y la de Cataluña (barras verticales) rodeada de corona completa de hojas de roble.

El mas completo estudio sobre esta emisión (de la que mostramos dos ejemplares de 5 Pesetas de 1808 y 1811 en las Figuras 131.1 y 131.2) es el efectuado por E. GOIG en su libro La Moneda Catalana de la Guerra de la Independencia, cuya segunda emisión se publicó en 1977 en Barcelona, en la que se cita pormenorizadamente todas las disposiciones que regularon la reapertura de la Ceca de Barcelona, así como sus normas de funcionamiento. Cuestión central del capítulo de su obra sobre las Acuñaciones de Barcelona, es para el autor, la razón del empleo de un diseño tan radicalmente diferente del de la serie castellana de José Napoleón, sin el retrato ni la inclusión del nombre del rey, llegando la conclusión de que esta cuestión no había obedecido a un impulso aleatorio sino que obedeció mas bien, a un móvil político, dada la probable previsión francesa de anexionar a ese territorio a Francia como se había procedido con el Bramante y los Piases Bajos, a diferencia del resto de territorio español sobre el que se pretendía asentar la monarquía del Rey José, Hermano de Napoleón.

El acontecimiento que mas rotundamente confirma esta hipótesis, es que, de hecho, la anexión de Cataluña al Imperio Francés llegó a ser decretada por Napoleón el 26 de febrero de 1812, si bien ésto no significó ni un cambio de diseño ni de métrica, en la emisión de Duros en Barcelona, en la forma que había tenido lugar en Holanda, con la substitución de la emisión de la moneda anterior (los 40 Stuivers de Luis Napoleón, emitidos en 1807 y 1808) por la de 5 Francos con diseño idéntico a la francesa (cabeza coronada de Napoleón I) , acuñada en la Ceca de Utrecht.

Las piezas de 5 Pesetas se acuñaron en todos los años de 1808 a 1814, citando el Repertorio de las Monedas Napoleonidas de Mey y Poindessault, la cifra de 1.000.146 piezas, producidas durante los 7 años. Cuatro de estos años (los de 1809 1812) no son raros, por lo que aunque su tiraje medio anual es del orden de la tercera parte del de las piezas de 8 Reales de Plata o 20 Reales de Vellón de Carlos IV y José Bonaparte, su frecuencia de aparición en todas las conservaciones hace que las consideraremos equivalentes a las de las piezas comunes de gran módulo en plata, de estos monarcas. El hecho de que la frecuencia de aparición en estas piezas en subasta y el precio que alcanzan en ellas sea asimilable al de las piezas comunes correspondientes de Carlos IV y José Napoleón, siendo su tirada global del orden de tres veces inferior, solo puede ser explicado por una menor proporción de piezas fundidas que en el caso de las piezas de los Borbones estimábamos de 1 ejemplar superviviente por 100 acuñados, y que en este caso pudiera ser de 1 por cada 30, probablemente porque el diseño es mas llamativo, lo que a igualdad de contenido metálico suele conducir a un mayor acaparamiento.

Los medios Duros de Barcelona acuñados fundamentalmente en 1808 y 1809, en cantidades muy pequeñas en 1810, e ínfimas en 1814, con un tiraje global 154.640 ejemplares, son lógicamente mucho mas raros que los Duros. En cuanto a los Duros, la fecha de 1808 que debió de acuñarse en menor cantidad, al empezar el funcionamiento de la Ceca bien entrado el año, la consideraremos como Rara, con un valor doble del de las piezas comunes (1809-1812), mientras que la de 1813 producida ya en el momento de declive del poder francés en España, la consideraremos como Muy Rara con un valor de cuatro veces el de las piezas comunes, y la de 1814 como Rarísima, ya que solo se acuñaron en los comienzos del año  hasta que se suspendió la acuñación en Barcelona el 30 de mayo de 1814, con un valor de ocho veces el de las piezas comunes. En cuanto al incremento del valor de esta moneda con la conservación, consideraremos que el incremento de un grado supondrá multiplicar por vez y media su precio, ya que su patrón de gastaje por circulación, se asemeja al del de las piezas de 8 Reales de Carlos IV y del 8 Reales de Plata y 20 Reales de Vellón de José Bonaparte.

  

Figura 131.1 

  

 La pieza de la FIGURA 131.1 es un 5 Pesetas de José Napoleón acuñada en Barcelona en 1808. En nuestra opinión esta pieza aparece sobrevalorada en Cayón 1998 con un valor de 125.000P en F. Mas ajustada es la estimación de CALICÓ 2008 que solamente llega a 600€ en VF. La presenta pieza tiene un desgaste generalizado que afecta prácticamente tanto como anverso como reverso, aunque el cuidado diseño de la pieza hace que no haya perdido todavía gran parte de su relieve. En estas condiciones su grado es F. La fecha ya hemos indicado que la consideraremos como Rara por lo que su valor y precio de mercado de este ejemplar sería el doble del de las piezas comunes (225€ en F) siendo por tanto de 450€ en F.

 

Figura 131.2 

 

La pieza de la FIGURA 131.2 es también un 5 Pesetas de José Napoleón acuñado en Barcelona en 1811. En nuestra opinión esta pieza continua estando sobrevalorada en CAYÓN 1998, con 80.000P en F. Por su parte CALICÓ 2008 fija un valor en VF, mitad del de la pieza de 1808: 300€. En la subasta aludida en entradas anteriores de 25 de octubre de 2011, una pieza de esta fecha en VF con un precio de salida de 350€ no recibió oferta. Por su parte una pieza de 1808 en VF sí fue adjudicada en 550€. El presente ejemplar se encuentra en muy buena conservación con brillo original y pátina, llegando al grado XF-. Al tratarse de una pieza común de Barcelona, su valor y precio de mercado en XF- sería de 450€, el mismo que correspondería en esta conservación a una pieza equivalente de Madrid de Carlos IV o José Napoleón.

Figura 131.3

La pieza de la FIGURA 131.3 es un 8 Reales acuñado en Madrid en 1813 a nombre de Fernando VII con los Ensayadores Isidoro Ramos y José Sánchez (IJ). Esta pieza, como todas las llamadas “cabeza de loco” de Madrid está también en nuestra opinión sobrevalorada en CAYÓN 1998 con 140.000P en F. Nuevamente vuelve a estar mas ajustada la valoración de CALICÓ 2008 con 600€ en VF, en la línea de los precios alcanzados en la subasta mencionada de 2011, donde una pieza de este mismo tipo con fecha 1812 (algo mas escasa) en F se pagaron 480€ mas gastos. Este ejemplar tiene un desgaste que afecta a la tercera parte del relieve del pelo, al dije de sujeción del manto y a la melena de los leones y el pie de los castillos, por lo que su conservación solamente alcanza el grado F-. Este tipo de pieza lo consideramos como Muy Raro, con un valor de 4 veces el de las piezas comunes de Madrid de 8 Reales de Fernando VII (130€ en F-) por lo que su valor y precio de mercado sería de 520€ (600€ en F).

Figura 131.4

La pieza de la FIGURA 131.4 es un 8 Reales del tipo usual acuñado a nombre de Fernando VII en Madrid de 1814 con los ensayadores Gregorio Lázaro y José Sánchez (GJ). La valoración de esta pieza en CAYÓN en 1998 vuelve a ser alta con 30.000€ en F, mientras que CALICÓ 2008 la asigna un precio de 200€ en VF. En la subasta mencionada de 2011 un ejemplar de 1814 en VF no recibió ofertas, teniendo un precio de salida de 200€. La presente pieza tiene los contornos de las hojas de la corona de laurel completos aunque solamente la mitad de los nervios es visible. Parte de la melena de los leones y del pie de los castillos es todavía visible, por lo que la graduaremos como VF, conservación que para una pieza común de Madrid de Fernando VII nos daría un valor y precio de mercado de 185€ (150€ en F).

Figura 131.5

La pieza de la FIGURA 131.5 es del mismo tipo que la anterior, pero con fecha de 1815, algo menos escasa que la de 1814. En este caso la valoración de CAYÓN 1998 es ya algo mas ajustada: 25.000P en F. CALICÓ 2008 asigna esta pieza un valor de 200€ en VF. En la subasta mencionada un ejemplar de 1815 F+ fue adjudicado en 140€. En este caso el desgaste llega afectar a dos tercios de las hojas de la corona y la melena de los leones y los pies de los castillos aparecen totalmente desgastados, no siendo visible de alguna del dije de sujeción del manto. En estas condiciones el grado es F- con un valor y precio de mercado de 120€, el correspondiente a las piezas de 8 Reales comunes de Madrid de Fernando VII (150€ en F).

131. THE ISSUES OF JOSEPH NAPALEON IN CATALONIA

 

The isues of 8 Reales of Charles III and Charles IV, as regards to the peninsula, had been made only in the Mints of Madrid and Seville, always with the same design for each King, with the portrait of the monarch on the front with wig and ponytail in the style of that time, on a bust covered with tunic and shield with the alternate arms of Castile and León in the back, framed by the legend HISPANIARUM Rex. This design is fundamentally different from the one used in coins issued in the Latin American Mints as: Mexico, Lima and Potosí, in which the King's head appears with laurel wreath on a bust with breastplate as in Roman coins, while the shield, even with the alternate arms of Castile and León, has rectangular shape and no curvilinear appearing flanked by the columns of Hercules with the PLVS VLTRA inscription, on a band that surrounds them. These Peninsular and American pieces have exactly the same metric of weight and fineness, with about 27 grams of weight and 900 thousandths of fine metal content.

This type of pieces is the one that continue to be coined in the American mints once Ferdinand VII is recognized in these countries as King of the Hispanic territories, after taking place the abdication of Charles IV in 1808 and rejected the assumption of the throne by José Napoleon in the whole of the American colonies, in the same year. However, the dual design of previous coins as regard Peninsular and American coins will not be employed in the case of Ferdinand VII on the front of the pieces. In principle, from 1812 the bust of the King will standardize in both Peninsular and American mints with bust with laurel wreath covered in the Roman way (Figures 131.4 and 131.5), while in the back they continued operating with different types of coat and legend (HISPAN ET IND REX), for the front and HISPANIARUM REX, for the Peninsular. Coins bearing this design were minted in Madrid from 1814 to 1830, with the parenthesis of the Liberal Triennium (1820-1823) and in Seville, from 1814 to 1820.

However, during the period of the War of Independence (1808-1814) until the sovereignty of Ferdinand VII over the Iberian Peninsula was guaranteed, the mints of Madrid and Seville will not be only which issue currency. With the dilution of power that lead to war, different territories issued currency, in one way or another in the name of Ferdinand VII, in some cases with the characteristic of the bust of the monarch according to own models but with the back identical to those of the peninsular issues of Charles III and Charles IV, as in the case of Madrid (from 1812 to 1814), Seville (from 1808 to 1810), Valencia (in 1811) and the area of Catalonia not occupied by the French (from 1809 in Reus to 1814 in Palma de Mallorca).

In other areas such as: Gerona, Lérida, Palma de Mallorca, Tarragona and maybe Tortosa, coins were minted with the metric of the 8 Reales but denominated in Duros or 5 Pesetas, in the name of Ferdinand VII, but without the bust of the King and with a simplified  type of engraving based on independent hallmarks, which gives these coins a character obsidional for being issued in most of cases with extreme need, primarily for the payment of the troops which were in cities subjected to harassment or siege of the French army. Finally, in the city of Cadiz, settlement of the Junta of Regency during much of the war, eight-real coins were also minted with the type employed in Madrid and Seville from 1814, during the period 1819 - 1814, using as mintmark a C (Cadiz) crowned, known as being the seat of the sovereign power (The Constituent Assembly in the absence and representation of the King).

This variety of types of issues in different parts of the country was also the case of the territory dominated by the French. The issuance of 8 Reales of Silver and 20 Reales of bullion of Joseph Napoleon, discussed in previous entries, were made only in the cities of Madrid (1808-1813) and Seville (1812) and only in the moments when these cities were under the power of the French troops, what occurred with certain alternations, this explains that in the years 1812 and 1813 coins were issued in Madrid both on behalf of Joseph Napoleon and Ferdinand VII. However, this simultaneity of issues did not happen in the city of Barcelona, which hold by French troops since 12 February 1808, remained under their rule until the beginning of 1814. This enabled the continuity of issuance of currency in the Mint of Barcelona since its opening, enacted on 21 August 1808, until its closure on 30 May 1814.

The issues of Duros and half Duros in Barcelona during the French rule adhere strictly to the same metric (weight and fineness) as the issues of 8 and 4 reales of the Bourbons, so although they were not denominated in Real, we will consider them in this volume as antecedent of American dollars, although in fact, they never had a significant circulation in America at any time. However, we must note that the lower divider of the Duro was a coin that was not equivalent to its fourth part, but to its fifth part (probably to resemble to the French Franco of that time), so being denominated Peseta (low weight, in Catalan language) with the same metric of the coin of 4 reales of bullion issued by Joseph Napoleon in Madrid and Seville, in the place of the coins of 2 reales of the Bourbons.

To complete the issues of Barcelona, we have the 20 pesetas coinage in gold from 1812 to 1814 and of: four, two, one and half fourth in bronze with an equivalent design to the Duro. These coins (Duro) were so-called 5 pesetas, with a front where a border surrounded the denomination, after which fits the legend EN BARCELONA and the year of issue flanked by two stars of 8 tips that will constitute the mark of the Mint of Barcelona during the reign of Elizabeth II and Alfonso XII (for the issuances in bronze of 5 and 10 cents of peseta) appearing in the central part of the back the coat of arms of Barcelona in rhombus shape with quarters alternating with the flag of the city (cross) and that of Catalonia (vertical bars) surrounded by a full Crown of oak leaves.

The most comprehensive study on this issue (of which we show two copies of 5 pesetas of 1808 and 1811 in Figures 131.1 and 131.2) is made by E. Goig in his book La moneda catalana de la Guerra de la Independencia (The Catalan Coin of the War of Independence), whose second edition was published in 1977 in Barcelona, where all the provisions that regulated the reopening of the Mint of Barcelona as well as its rules of operation are cited in detail. A central matter of the chapter of his work about the coinages of Barcelona, is for the author, the reason for the use of a design so radically different from the one of the Castilian series of Joseph Napoleon, without the portrait or the inclusion of the name of the King, reaching the conclusion that this fact had not obeyed a arbitrary impulse, but it was rather due, a politician motive, given the likely French prediction of annexing that territory to France as it had happened with the Bramante and the Netherlands, unlike the rest of the Spanish territory where it was intended to settle the monarchy of King Joseph, brother of Napoleon.

The event which strongly confirms this hypothesis is that, in fact, the annexation of Catalonia to the French Empire came to be decreed by Napoleon on 26 February 1812, even though it meant nor a change of design or metric in the issuance of Duros in Barcelona, in the same way as it had taken place in Holland, with the substitution of the issuance of the previous coin (the 40 stuivers of Louis Napoleon, cast in 1807 and 1808) by the 5 francs with design identical to the French one (Napoleon I crowned head), coined at the Mint of Utrecht.

The coins of 5 Pesetas were minted in every year from 1808 to 1814, citing The Repertoir of Napoleonidas coins of Mey and Poindessault, the figure of 1.000.146 pieces, produced during the 7 years. Four of these years (from 1809 to 1812) are not considered uncommon because, even the annueal average of circulation is of the order of the third part of the pieces of 8 Reales of silver or 20 Reales of bullion of Charles IV and Joseph Bonaparte, its appearance frequency in all the conservations makes that we consider them equivalent to the common coins of large module in silver of these monarchs. The fact that the frequency of appearance of these coins at auction and the price that they reach is equivalent to the common coins of Charles IV and Joseph Napoleon, being its overall coinage of about three times less, only can be explained by a lower proportion of castings which in the case of the coins of the Bourbons we estimate one surviving copy for 100 minted, and in this case, it could be of one copy for 30, probably because their design is more striking, what in the same way as its metallic proportion use to lead to a higher hoarding.

The half duros of Barcelona minted mainly in 1808 and 1809, in very small quantities in 1810, and in insignificant quantities in 1814, with a global production of 154.640 copies, are logically much rarer than the duros. As for the duros, the date of 1808 when they were minted in smaller amounts, because the operation of the Mint started well entered the year, we will consider it as rare, with a value of the double of the common coins (1809-1812), while those of 1813 produced at the time of decline of the French power in Spain, we will consider it as very rare with a value of four times that of the common coins, and that of 1814 as extremely rare, as they only coined them at the beginning of the year till its minting was suspended in Barcelona on 30 May 1814, with a value of eight times of the common coins. As regards the increase of the value of this coin according to its conservation, we will consider that the increase of a grade will multiply by time and half the price, because its wear pattern caused by circulation resembles that of the coins of 8 reales of Charles IV and the 8 reales of silver and 20 reales of billon of Joseph Bonaparte.

Figure 131.1 is a 5 pesetas coin of Joseph Napoleon minted in Barcelona in 1808. In our opinion, this piece appears overestimated in Cayón 1998 with a value of 125,000 pesetas in F. More adjusted is the estimation of Calicó 2008 that only reaches €600 in VF. This coin has a widespread wear that affects almost both, the front and the back, although the careful design of the coin makes that it has not lost much of its relief yet. In these conditions the grade is F. We have already indicated that we will consider the date as rare so the value and market price of this copy would be the double of the common coins (€225 in F) therefore being €450 in F.

The coin of Figure 131.2 is also a 5 Pesetas of Joseph Napoleon coined in Barcelona in 1811. In our opinion, this piece continues to be overestimated in Cayón 1998 with 80,000 pesetas in F. For his part, Calicó 2008 sets a value in VF of half of the coin of 1808: €300. In the auction alluded to in previous posts on 25 October 2011, a coin of this date in VF with a starting price of €350 had not any offer. Meanwhile, a coin of 1808 in VF was sold for €550. This copy is in very good conservation with original brightness and patina, reaching the grade XF-. Being a common coin of Barcelona, its value and market price in XF- would be €450, the same that would correspond in this conservation to an equivalent coin of Madrid of Charles IV or Joseph Napoleon.

The coin of Figure 131.3 is an 8 Reales coined in Madrid in 1813 in the name of Ferdinand VII with the Assayers Isidoro Ramos and José Sánchez (IJ). This coin, as all so-called "crazy head" of Madrid is also, in our opinion, overestimated in Cayón 1998 with 140,000 pesetas in F. Again, the valuation of Calicó 2008 is more adjusted with €600 in VF, in line with the prices achieved in the above-mentioned auction of 2011, where a coin of the same type with date 1812 (a little scarcer) in F was sold for €480 plus expenses. This copy has a wear that affects the third part of the relief of the hair, to the hanging trinket of the mantle, the mane of the lion and the foot of the castles, so that its conservation only achieves the F- grade. This type of piece regard as very rare, with a value of 4 times that of the common coins of Madrid of 8 reales of Ferdinand VII (€130 in F-), so its value and market price would be €520 (€600 in F).

The coin of Figure 131.4 is an 8 reales of the usual type coined in the name of Ferdinand VII in Madrid in 1814 Madrid with the Assayers Gregorio Lázaro and José Sánchez (GJ). The valuation of this coin in Cayón 1998 is again high with €30,000 in F, while Calicó 2008 assigns it a price of €200 in VF. In the auction referred of 2011 a copy of 1814 in VF did not receive offers, with a starting price of €200. This coin has the contours of the leaves of the laurel wreath complete, even though only half of the nerves are visible. Part of the mane of the lions and the foot of the castle is still visible, so its grade would be VF, a conservation that for a common coin of Madrid of Ferdinand VII would give us a value and market price of €185 (€150 in F).

The coin of Figure 131.5 is of the same type as above, but with date of 1815, a little less scarce than the one of 1814. In this case, the assessment of Cayón 1998 is a little bit more adjusted: 25,000 pesetas in F. Calicó 2008 assigns to this piece a value of €200 in VF. In the aforementioned auction, a copy of 1815 in F+ was sold at €140. In this case, its wear comes to affect two thirds of the leaves of the crown and the mane of the lion and the feet of the castles appear completely worn-out, not being visible at all the hanging trinket of the mantle. In these conditions its grade is F- with a value and market price of €120, the corresponding to the common coins of 8 reales of Madrid of Ferdinand VII (€150 in F).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo el mundo sabe que hay un monstruo de la galletas, pero lo que no todo el mundo sabe es que también hay uno para las magdalenas: MI HERMANA. De pequeña era capaz de desayunar un número ingente de, nada más y nada menos, magdalenas "La Bella Easo" con una buena dosis de nutella. A simple vista puede parecer una combinación excesiva; a mí de hecho, antes de probarlo, me lo parecía, pero una vez que lo pruebas tienes que darle la razón al monstruo de las magdalenas y rendirte ante semejante dosis de colesterol.

Otro dato importante a resaltar es que al monstruo de las magdalenas no le gusta NADA cocinar. Para que os hagáis una idea, un día me pidió que le hiciese un bocadillo, yo contesté que no, a lo que ella repuso: pues no ceno. Vamos que lo de pelar fruta sí, pero más allá no se adentra en los "fogones". Tampoco suele ser muy entusiasta en eso de pedirme que haga recetas, con lo cual me extrañé cuando ayer me dijo unas 15 veces que tenía que hacer las famosas magdalenas de Xavier Barriga que ya me había enseñado otro día en el blog Uno de Dos. Cuando a las 7 de a tarde de ayer se puso a copiar la receta, porque la impresora, para variar, se nos rebeló, le toqué la frente, vi que no se trataba de un proceso febril, ¡decidí que no quedaba otra que darle por el gusto al monstruo de las magdalenas!

La receta es sencilla, suben bien, la costra de azúcar nos encantó y sobre todo SABEN A MAGDALENA!!!!! Esta última afirmación puede parecer una obviedad, pero yo hasta ayer no he conseguido ninguna receta de una magdalena que supiese a magdalena: o sabían a harina, o a muffin o a ... Ahora entiendo que el Xavier éste sea tan famoso...

El monstruo de las magdalenas quedó, por fin, satisfecha con la producción casera de su debilidad y probablemente, me las vuelva a pedir, lo cual es un gran mérito! Que conste que estamos hablando de una gran crítica culinaria: es capaz de distinguir ingredientes en un plato cual top chef. Escena típica en mi casa: mamá, hoy esto lo has hecho distinto, no? El problema es que cuando dice eso a la cocinera se le suele poner mala cara porque sabe que a la pregunta de: ¿te gusta más hoy o como siempre? el monstruo de las magdalenas contesta, en el 99.9999% de los casos: como siempre.

 

RECETA: aquí!

 

Martes 04 de Marzo de 2014 09:19

Viñetas de febrero 2014

por Elías

 

 

 

       

A partir del momento de asunción del trono de España por parte de Felipe V, descendiente en línea directa del rey de Francia Luis XIV, la Casa de Borbón pasa a regir los designios de dos de las grandes potencias europeas del momento: España y Francia. Estos dos países, aunque los tratados de Utrecht y Rastatt que liquidaron la Guerra de Sucesión reconociendo los derechos de Felipe V al trono de España disminuyendo su ámbito territorial en Europa (con la perdida de Milán y Bramante), prohibieron la unión dinástica de ambos cetros en una misma persona, sostuvieron a lo largo del siglo una política de alianzas; los llamados Pactos de Familia, que les llevó a sucesivos enfrentamientos con las otras potencias como: Austria, Inglaterra y Rusia.

Esta política de acercamiento a Francia (antaño su tradicional enemigo) solo quebró con ocasión de la entrada de España en la coalición de países europeos que trató de asaltar Francia tras la ejecución de Luis XVI, dando ocasión a la invasión francesa, del País Vasco y Cataluña, que los tratados de paz que liquidaron la coalición volvieron a quedar dentro de sus anteriores fronteras. A partir de ahí, Godoy como ministro de Estado de Carlos IV siguió una política de amistad con Francia, dentro de la cual el 27 de octubre de 1807 quedo suscrito un tratado secreto con Napoleón en virtud del cual España se comprometía a permitir el paso del ejército francés de general Junot a través de su territorio para ir a combatir a Portugal que en línea con su tradicional amistad con Inglaterra se había negado a unirse al llamado bloqueo continental contra ese país.

Paralelamente se fue desarrollando una pugna entre Carlos IV y su primogénito Fernando con relación al apoyo o no, a Godoy, cuya expresión fue el estallido del llamado motín de Aranjuez en los primeros meses de 1808 y la renuncia de Carlos IV a favor de su hijo. Ante esos hechos, Napoleón llamó a ambos a Bayona, (Francia) donde el 5 de mayo de ese año ambos acabaron renunciando la corona española en favor de Napoleón o persona que él designara. Entretanto, había estallado la rebelión frente a los franceses que pretendían el control total del territorio español, materializada en la sublevación del 2 de mayo en Madrid, seguida levantamientos semejantes en otras regiones impulsados por Juntas Locales que reconocían la soberanía de Fernando VII y exigían la retirada de los franceses.

Una vez sofocadas las revueltas en Madrid por Murat, mariscal de Napoleón, nombrado Lugarteniente General del Reino, el 6 de junio de 1809 Napoleón procedió a designar a su hermano José Bonaparte como Rey de España. Gran parte de los poderes tradicionales españoles aceptaron este nombramiento, aunque una parte del ejército y la mayoría de la población civil, con ayuda de las tropas británicas comandadas por Wellington se rebeló contra estos poderes, iniciando la llamada Guerra de la Independencia que se prolongó hasta 1813 con la salida del Rey José y de las últimas tropas francesas de territorio español.

De esta manera, durante este periodo tanto José Bonaparte en las zonas dominadas militarmente por Francia, como las Juntas Locales que reconocían a Fernando VII en las áreas que dominaban, recababan su soberanía para la emisión de monedas que, merced a su contenido metálico, circularon indistintamente por ambas zonas y posteriormente continuaron su curso durante el resto del reinado de Fernando VII y los primeros años del de su hija y sucesora Isabel II, en tanto eran substituidas por un nuevo tipo numerario acuñado en las Cecas de: Madrid, Sevilla y Barcelona, con los nuevos métodos basados en el empleo de la fuerza de vapor.

 La emisión de moneda a nombre de José Napoleón comienza durante los primeros meses de 1809, una vez asentado el poder francés en Madrid tras la intervención personal de Napoleón que hubo de venir en socorro de su hermano, obligado a abandonar la capital, tras la derrota del ejército de Andalucía, comandado por Dupont, a manos del general español Castaños, en Bailén. Estas emisiones se caracterizan por la continuidad en tipos y denominaciones con los que venían siendo empleados desde la entronización de los Borbones en España. En este periodo, las únicas monedas acuñadas por José Napoleón son Reales de a 8 producidos en la Ceca de Madrid, por los Ensayadores: Idelfonso Urquiza y Gregorio Lázaro (IG) con el mismo peso y ley que los de Carlos III y Carlos IV (FIGURAS 129.2, 129.3 y 129.4).

Sin embargo a partir del Decreto de 19 de abril de 1809, aunque se continuó acuñando esta moneda con las mismas características de peso y ley, se cambió su denominación a la de 20 Reales de Vellón, denominación que ya venía usándose, llamándose Real de Vellón a la moneda de cuanta castellana desde el reinado de los Reyes Católicos con una equivalencia de 34 maravedís. En aquel momento  los 34 maravedís equivalían también a un Real de Plata. Sin embargo, las sucesivas elevaciones del llamado premio de la plata, consecuencia de las masivas emisiones de moneda de vellón o cobre que habían tenido lugar en los reinados de: Felipe II, Felipe III y Felipe IV, llevó a que este Real de Plata dejara de valer 34 maravedís, valor que acabará teniendo el llamado Real de Vellón que, sin llegar a ser acuñado, representaba 34 maravedís, con lo que el Real de Vellón y el Maravedí pasaron a desempañar el papel de monedas de cuenta, en la que se expresaban los precios y la mayor parte de las obligaciones de los contratos.

De esta manera, aunque las monedas de: 8, 4, 2, 1 y medio Reales de Plata continuaron acuñándose durante toda la época de los Austrias y, con ligera variación de precio y ley, durante la de los Borbones, su curso real se establecería mediante una determinada equivalencia en reales de vellón  en maravedís (en una proporción de 1 real de vellón por 34 maravedís). El sistema tiende a complicarse con la Pragmática de 1686 de Carlos II en la que se ordena la acuñación de la llamada Plata Nueva (las Marías) que aunque mantienen su denominación en reales, tienen un 20% menos de plata, por lo que el Real de a 8 de Plata Antigua pasa a correr por 10 Reales de Plata Nueva (las Marías). Estos Reales de Plata Nueva son el origen de los llamados en tiempo de Felipe IV, Reales de Plata provincial con un peso reducido en relación con los antiguos Reales de Plata que continuaron acuñándose en las Cecas americanas.

A partir de 16 de mayo de 1737 el Real de a 8, tanto el acuñado en España como en América, pasa a valer 20 Reales de Vellón, y por tanto 680 maravedís (recordemos que las primeras monedas de 8 Reales de Plata del tiempo de Carlos I, se cotizaban a 272 maravedís). Esta relación será la que se ha se estabilizará hasta el cambio del sistema monetario español en 1833 en el comienzo del reinado de Isabel II, cuando el Real de Vellón llega a acuñarse , abandonándose la emisión de los Reales de Plata producidos de acuerdo con la antigua métrica. Pues bien, este cambio que en nuestra época llamaríamos “estructural” tuvo su origen durante el breve reinado de José Napoleón bajo el impulso de acercar la regulación legal a planteamientos racionales demandados por la realidad de las cosas, ya que dejaba de tener sentido mantener la denominación de 8 Reales sobre las piezas grandes de plata, cuando eran tomadas en el comercio, y así nombradas, con un valor de 20 reales de vellón de 34 maravedís, que es lo que todo el mundo entendía cuando, entonces, se hablaba de 20 reales.

Como consecuencia de ellos los divisores emitidos por José Napoleón de las monedas de 20 reales, ya no siguieron el sistema tradicional de estar constituidos por denominaciones de: medios, cuartos, octavos y dieciseisavos de los 20 reales, sino que  se adoptaron denominaciones de 10 reales de vellón, 4 reales de vellón, 2 reales de vellón y 1 real de vellón. De esta manera, las populares monedas de 4 reales (inferiores en un 20%, aproximadamente, del peso de las antiguas de 2 Reales) pasaron a ser la quinta parte de las denominadas como de 20 reales. Esta moneda de 4 Reales de Vellón será la que en el lenguaje popular ( y en el oficial, en Cataluña) reciba el nombre de “Peseta”, origen de la nueva unidad monetaria nacional a partir de 1868, acuñándose con un peso y ley semejante a las adoptadas como unidades monetarias desde aproximadamente la mitad del siglo, por los países que suscribieron la Unión Monetaria Latina.

Esta moneda de 4 Reales de Vellón tendrá un contenido metálico semejante a las antiguas monedas de 2 Reales de la llamada Plata provincial, y un 20% aproximadamente menos de peso que los Reales de Plata antigua que, en forma de pesos (8 Reales) y sus divisores, continuaron emitiéndose en América, tanto en la época colonial como en los primeros tiempos de los países hispanoamericanos, una vez independizados. También estas monedas, los 8 Reales de la llamada Plata antigua, constituyen, en forma de Dólar, la unidad monetaria de los Estados Unidos y de los países americanos de su área. Por otra parte, el nombre de real (de vellón) continuó perviviendo en la época de la peseta, desde 1868 a 2002, recibiendo tradicionalmente la moneda de 50 Céntimos de peseta, el nombre de 2 Reales y la de 5 pesetas, el de 10 Reales o el de Duro.

Las piezas de 8 Reales de Plata o de 20 Reales de Vellón, en métrica equivalente, se acuñaron en cantidades bastantes semejantes a la de 8 Reales de Madrid de Carlos IV, con cifras del orden de 700.000 ejemplares de media anual, de 1809 a 1812, siendo emitidos en cantidades claramente menores los 20 Reales de 1808, 1813 en Madrid y el 1812 de Sevilla, así como todos los de 8 Reales. Por tanto, aunque hayan sobrevivido en un número algo menor de ejemplares, los consideraremos como con una rareza y precios equivalentes a los de las piezas de 8 Reales de Carlos IV, cuando se trata de tipos de piezas comunes, como los de 20 Reales de Madrid de: 1809AI, 1810AI, 1811AI y 1812AI.

 Consideraremos como Raros, con un precio del orden del doble, a los 8 Reales de 1809IG, 20 Reales de 1808 y 1813 de Madrid, y 1812 de Sevilla. Por último consideraremos como Muy Raro, con un valor cuádruple del de las piezas comunes, al 1810IA (con los Ensayadores Idelfonso Urquiza y Antonio Rafael Narváez), y como Rarísima con un valor de 8 veces el de las pieza comunes, el 8 Reales de 1810IG que debió de tratarse de una prueba por cuanto a partir de 18 de abril de 1809, ya no se debían de haber vuelto a emitir piezas denominadas en Reales de Plata. Para el conocimiento pormenorizado de las tiradas de estas piezas, recomendamos la consulta del libro: Repertorio de las Monedas Napoleonidas de Jean de Mey y Bernard Poindessault.

Las monedas que aparecen en las FIGURAS 130.1, 130.2 y 130.3 son todas ellas 20 Reales emitidos en Madrid a nombre de José Napoleón en los años: 1810, 1811 y 1812, todos ellas con los Ensayadores Antonio Rafael Narváez e Isidoro Ramos. Todas estas piezas tienen una rareza no muy diferente equivaliendo la de las dos primeras a la de 1809 de Madrid de 20 reales, siendo la de 1812 algo mas escasa, aunque sin llegar a merecer un sensible sobreprecio. La pieza de la FIGURA 130.1 tiene solamente gastaje (como las dos siguientes) en las partes mas elevadas de su diseño, concretamente en este caso, en el pelo del rey, la melena del león del escudo del reverso y la pechuga del águila imperial en el centro de este escudo. Concretamente esta pieza retiene gran parte de su brillo original aunque ha sufrido una ligera limpieza; por tanto su grado sería VF+, sin llegar a XF-, por lo que le correspondería un valor y un precio de mercado de 400€ (350€ en VF).

La pieza de la FIGURA 130.2 es idéntica a la anterior, si bien su fecha de emisión es 1811. Esta pieza tiene algo mas de relieve que la anterior, aunque su brillo es algo mas apagado con consecuencia de haber sido limpiada en forma no tan cuidadosa como la anterior, por lo cual con lupa de fuerte aumento se observan líneas paralelas de erosión a lo largo de los campos de anverso y reverso. Compensando el mayor relieve con lo menos cuidadoso de su limpieza, su grado de conservación sería equivalente: VF+, por lo que su valor y precio de mercado volvería a ser 400€, el mismo que el que tendría una pieza de 8 Reales de Carlos IV de los tipos de piezas comunes de Madrid.

La pieza de la FIGURA 130.4 es un 20 Reales acuñado a nombre de José Napoleón en Madrid de 1813 con los Ensayadores Isidoro Ramos y Antonio Rafael Narváez (RN). Esta pieza tiene un tiraje notablemente inferior al de las anteriores, ya que José Napoleón tuvo de abandonar Madrid mucho antes de terminar 1813. Esta pieza tiene un diseño ligeramente diferente de las anteriores con un relieve algo mayor en el pelo que muestra mayores líneas de detalle, cuando la conservación es alta. El grado de esta pieza es menor que el de las anteriores por cuanto además del desgaste en los puntos que ya hemos señalado en las otras piezas, aparecen gastadas un número significativo de líneas del pelo del rey, así como los castillos y leones del escudo del reverso, pese a que aun éstos conservan un cierto número de detalles interiores. Ya hemos indicado que esta fecha la consideramos como Rara, por lo que su valor en VF- sería el doble que el de las piezas comunes (300€ en F, en esta conservación). Por tanto su valor y precio de mercado de 600€ en VF-.

Por último la pieza de la FIGURA 130.5 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Sevilla en 1812 con los Ensayadores Isidoro Ramos y José Sanchez Delgado, representados por las siglas RS. Esta es la única pieza de este tipo de moneda acuñada en la Ceca de Sevilla, aprovechando el breve tiempo en ese año en que ésta ciudad estuvo en poder de las tropas francesas, por lo que su tirada es claramente inferior a la de las piezas anteriores. En general estas piezas suelen encontrarse en conservaciones menores que la de las piezas anteriores. En este caso solamente es visible el 50% del pelo del rey y el gastaje de la pechuga del águila se extiende a la práctica totalidad de las plumas de sus alas. No obstante el aspecto de la pieza no es malo, por conservar su pátina original, sin haber sido limpiada. Su grado de conservación, por tanto, es F+. En estas condiciones, al tratarse de una pieza que ya hemos indicado que consideramos como Rara será el doble del de las piezas comunes de José Napoleón (260€ en F+), llegando por tanto a un valor y precio de mercado de 520€.

10. CHARACTERISTICS OF THE CASTILIANS ISSUES OF JOSEPH NAPOLEON

 

 

 

Miércoles 26 de Febrero de 2014 21:17

EL 23 F DE JORDI EVOLE

por Juan Pedro Escanilla

Desde que en 1938 Orson Welles sembró el pánico en Nueva York con su versión radiofónica de la guerra de los mundos de Herbert Georges Wells, ¿Cuál es el medio que no ha soñado alguna vez con repetir la hazaña? Recuerdo especialmente cómo, hace relativamente poco tiempo, la radio belga engañó a mucha gente con un "informativo especial" en el que daba cuenta de que Flandes se había independizado unilateralmente de Bélgica.

El engaño, tanto el jocoso como el malintencionado, forma parte de la munición habitual de programas radiofónicos y televisivos: Cámaras ocultas; Cobayas que llegan al plató sin saber que van a reencontrarse con el amor de su vida o a enterarse de que tenían un hermano que desconocían; Maquillaje de declaraciones; Montajes de videos y escenas similares se repiten asiduamente para gozo o indignación de los espectadores.

Me atrevo a decir que lo que ha intentado Evole es más difícil que lo de Orson Welles o los belgas: Sembrar el pánico, o simplemente hacer creer algo imaginario es relativamente fácil. En el caso de Welles lo que “cantaba” era lo de los marcianos pero, ¿Acaso era eso lo importante? Si cuando vimos en la tele la caída de las torres gemelas el locutor nos hubiera dicho que habían sido atacadas por naves extraterrestres nos lo habríamos creído a pies juntillas. En aquél momento lo importante era lo que pasaba. Quién era el culpable sería importante al día siguiente.

También fue fácil en el caso de la emisión belga: se creyó porque era perfectamente creíble dado el ambiente caldeado del norte del país. Podría hacerse perfectamente en España: hasta el más novato de los realizadores podría fabular un "informativo" sobre una declaración unilateral de independencia de Cataluña que se creerían cientos de miles de espectadores, unos porque la temen, otros porque la desean: Bastaría con unas imágenes de archivo de manifestaciones multitudinarias llenas de senyeras; declaraciones de Mas o Rajoy; guardias civiles tirando pelotas al mar en la Barceloneta y hasta un locutor podría decirnos, para poner picante, que el ayuntamiento de Cervera se había declarado leal a la monarquía cómo en el siglo XVIII.

Sin embargo, el desafío de Evole era mucho mayor: Tenía que partir de un guion ya escrito, aunque algunas páginas estén aún en blanco; Tenía que rellenar esos huecos de manera que pudieran integrarse de manera creíble en lo que ya sabemos todos. Por supuesto, metiendo lo necesario para que el conjunto pudiera interpretarse de una manera diferente a la habitual pero respetando cosas obvias: No podía haber muertos, ni manifestaciones, ni tanques en más sitios que en Valencia, de la misma manera que no puede haber un reloj en la muñeca de un soldado romano.

¿Superó el desafío? Creo que sólo a medias. Supongo que el número de crédulos sería más importante durante los cinco primeros minutos que al final, ya que a medida que avanzaba el programa si iban viendo las cuerdas cada vez más gordas. En esto Jordi Evole violó la ley más importante de los cuentistas, la de que la tensión debe ir siempre en aumento.

Tuvo algunos errores de bulto. Ignoró anécdotas menores, como el hecho de que un diputado tuviera que ser evacuado al hospital tras sufrir un ataque de asma y/o ansiedad (¿no estaba al tanto del compló?) pero sobre todo se olvidó de algo que fue fundamental para el desarrollo de los acontecimientos y con lo que los golpistas no habían contado: Que Francisco Laína (un TAC, mira tu por dónde), poniéndose unas cuantas leyes por montera, constituyó a la comisión de subsecretarios en gobierno en funciones del país y paró el golpe: Desde el hotel Palace, precisamente.

Hay algo más, que no tiene nada que ver con los hechos. Si la tesis que desde el principio plantea el falso documental, la de que el rey se implicó en un ardid para frenar el aumento del golpismo, hubiera sido verdad, su difusión hubiera sido un balón de oxígeno para la monarquía. Ya aparece cómo salvadora en la versión aceptada de los hechos pero aquí se iba un pelín más lejos: Juan Carlos habría sido el buen doctor que nos hace un poco de pupita en brazo o en el culete para vacunarnos de cosas más terribles: Un benefactor ilustrado vaya.

He seguido con cierta frecuencia programas de Jordi Evole. Creo que es uno de esos periodistas de investigación criados en el post Watergate que salieron de las escuelas de periodismo con una Remington cargada en la mochila y que piensan que su destino manifiesto es destapar un escándalo cada semana y si es posible dos. No me parece mal que sea así, pero no es el tipo de personalidad consistente con la tesis del documental de haber sido cierto.

Constatado esto, todo lo demás consistió en el juego de cazar el gazapo.

 

El siglo XVIII fue en Europa una época de estabilidad monetaria en sus líneas generales. A lo largo del siglo XVI se habían ido asentando en los diferentes países europeos, en especial  en los occidentales, sistemas monetarios basados en la concesión por parte de los estados nacionales de privilegios de emisión de moneda a diferentes establecimientos radicados en las ciudades de mayor importancia de cada país. Estos establecimientos o Casas de Moneda generalmente marcaban con alguna inicial las monedas que emitían, así como empleaban signos específicos para que pudieran ser identificados los responsables de ensayar la aleación metálica cuando está tenia contenido en metal precioso: oro o plata. Los sistemas monetarios eran, casi sin excepción, bimetálicos, reservándose en oro para la acuñación de las mayores denominaciones, la plata para las intermedias, y el cobre, puro o aleado con el estaño (bronce) para las menores, dirigidas a soportar las pequeñas transacciones.

El diseño de las monedas era impuesto mediante disposiciones legales emanadas de la autoridad central, que en el absolutismo de la época radicaba en el monarca, aunque la ejerciera a través de sus secretarios o jefes de su burocracia. También, el peso y la ley de las aleaciones a emplear en las monedas, se fijaba con  medida escrupulosidad, en estas mismas disposiciones. Operaran bajo directa administración real o en régimen de concesión a un particular, las Casas de Moneda aceptaban la entrega de metal precioso en forma de objetos de plata u oro (usualmente vajillas) en lingotes o en moneda fuera de circulación, para una vez fundido todo el metal, calculada la proporción en oro y plata por los ensayadores, y vuelta a acuñar de acuerdo con las regulaciones legales, devolverla en forma de moneda con los diseños, peso y ley autorizados, a quienes habían entregado la plata, reteniendo una cantidad proporcional al metal manejado, para sufragar los gastos de emisión, fijados por los reyes, normalmente regulada por las ordenanzas que gobernaban el funcionamiento de las Casas de Moneda.

El siglo XVII es un periodo en el que este sistema se consolida, generalizándose la emisión de moneda gruesa de plata (con peso de 30 a 25 gramos y ley de 850 a 950 milésimas) y sus divisores, siendo éste el tipo de moneda emitida en mayor cantidad en países como Francia (Ecus) o España (8 Reales), mientras que en otros como Inglaterra, la emisión de moneda gruesa (Coronas) era la excepción, cediendo el paso a la utilización de moneda pequeña de plata, reservándose al oro, el papel de medio de pago para las transacciones de cierta importancia. Estas prácticas, con una autoridad central que regulaba y múltiples Cecas que emitían la moneda no se llegó a generalizar en territorios como Alemania, Italia o Flandes, que carecían de un poder centralizado, quedando la soberanía dispersa entre diversos principados, ducados o ciudades episcopales que se regían en el aspecto monetario por sus propias disposiciones, aunque desde el punto de vista político existiera un cierto reconocimiento a poderes supranacionales como pudieran ser el Sacro Imperio Romano Germánico o el Papado.

En este sentido el siglo siguiente, el XVIII, fue una continuación de los dos anteriores, incorporándose a los mencionados métodos de emisión monetaria otros países europeos de gran significación por su población y territorio, como Rusia e incluso Turquía, que en este siglo aún retenía bajo su control una parte importante del área europea, como eran los Balcanes. Así en Rusia desde el comienzo del siglo se comenzaron a emitir Rublos bajo Pedro I, de acuerdo como patrones semejantes a los seguidos por los países mas occidentales. También en el Imperio Turco se emitieron las piastras, grandes piezas de plata reflejando siempre frases del Corán y datadas en función de los años transcurridos desde que había empezado el reinado de cada Califa. También los estados italianos y alemanes se sumaron al movimiento internacional de circulación de las monedas, a través de diferentes acuerdos de unión aduanera, y en alguno caso monetaria, que simplificaron en alguna medida, el gran problema de los cambios, lo que entorpecía el comercio y dificultaba el desarrollo.

Es de todos conocido el impacto que tuvo en nuestra vida social y cultura política el súbito estallido de la llamada Revolución Francesa en 1789 que con su secuela del Régimen Napoleónico, en un espacio de 25 años llegó a transformar totalmente el “modus vivendi” europeo e iberoamericano, con el prologo que había supuesto la revolución inglesa de 1688 con el derrocamiento de los Estuardos y la independencia de los Estados Unidos, y el epílogo constituido por las revoluciones liberales de 1830 y 1848 en Europa. La sociedad estamental, basada en el privilegio de la sangre, surgida en la Edad Media con el Feudalismo, había perdurado dentro de unos estados nacionales que consolidaron el estatus de la nobleza y del clero, hasta que fue derrumbada a instancias de una nueva clase social, la burguesía, primero en Francia y luego en casi toda Europa, que impondría en el siglo XIX los regímenes liberales, hoy consustanciales con todas las democracias occidentales.

El impacto de este brusco vuelco de las estructuras políticas, económicas y sociales en Europa, tuvo unas consecuencias significativas y perdurables en los sistemas monetarios de los distintos países y, a través de ellos, en la numismática europea. El punto focal de este impacto fue la creación del llamado Franco de Germinal (en alusión al mes del año IV de la Revolución, en el que nació). Esta unidad monetaria rompió con todo los patrones que había seguido Francia en los dos siglos anteriores, en cuanto al peso y ley a emplear en la emisión de sus monedas. El Franco se definió como una moneda de plata con 900 milésimas de ley y un peso de 5 gramos. Proporcionalmente, tal como se había procedido con la implantación del llamado Sistema Métrico Decimal, para los pesos y medidas, se estableció el curso de  monedas de múltiplos del Franco en forma de monedas de plata de 2 y 5 Francos (con la misma ley y peso incrementado proporcionalmente) y de oro 5,20, 50 y 100 Francos, así como submúltiplos de 50 y 25 céntimos de Franco, mientras que en bronce, deberían acuñarse monedas de 1, 2, 5 y 10 céntimos de Franco.

Los convulsos tiempos que siguieron al triunfo de la Revolución, con prácticamente toda Europa enfrentada a Francia tratando de restaurar a los Borbones en el trono, impidieron que se materializaran todas las previsiones respecto a la implantación del sistema monetario decimal. Así, la única moneda acuñada denominada en francos, fue la de 5 Francos, con 25 gramos de peso y ley de 900 milésimas de plata, con el trío representativo de la divisa revolucionaria de Libertad Igualdad y Fraternidad, según diseño de Dupré en el anverso, bajo  la leyenda Unión et Force, que se emitió desde el año IV de la Revolución hasta el año XI. Paralelamente, en los territorios que comenzaban a ser ocupados por las triunfantes tropas francesas mas allá de la metrópoli, bajo el mando, primero, del Directorio y después, del de Napoleón como Primer Cónsul de la Revolución, se comenzó a acuñar moneda con las mismas características de las francesas de 5 Francos, en la línea de los operado en la llamada República Cisalpina en el norte de Italia de donde habían sido expulsados los austriacos.

Será en los años posteriores, cuando bajo el dominio de Napoleón, primero como Primer Cónsul, y después como Emperador de los Franceses, cuando el sistema monetario diseñado por la Revolución se implantó no solo en Francia, sino también en todo el territorio Europeo sometido por sus tropas. Esta influencia francesa en los sistemas monetarios europeos no operó únicamente en una dirección sino que se desarrolló en dos sentidos diferentes. En algunos países como Holanda (donde se acuñaron monedas de 5 Francos en Utrecht) o Italia (donde se procedió de igual manera en la Ceca de Roma) se utilizaron las existentes Casas de Moneda para emitir piezas idénticas a las francesas (sistema del Franco) en la misma forma en que los hacían las Cecas provinciales metropolitanas (todas ellas con la efigie de Napoleón, coronado o no coronado). Sin embargo, en otros países como en las emisiones del Reino de Italia, se acuñaron monedas con la métrica francesa, pero denominadas en la unidad monetaria de cada país: en este caso la Lira. También, en los momentos en que la dominación francesa quedó asentada en gran parte de Europa, y Napoleón comenzó el reparto de Reinos hacia los miembros de su familia, las iniciales emisiones con la efigie de éstos, denominadas en Francos, cedieron paso a emisiones con estas mismas características, pero denominadas en la moneda nacional, como fue el caso de las monedas de Luis Napoleón de 40 Stuivers en Holanda, de 5 Francos de Jerónimo de Napoleón en Westfalia, de 5 Liras de Murat en Nápoles después de 1812, o de Elisa Bonaparte y su marido en Lucca.

En otros países dominados, total o parcialmente, por Francia, durante la época napoleónica se continuó emitiendo el mismo tipo de piezas tradicionales en las denominaciones acostumbradas, con la misma métrica anterior, si bien reflejando en el anverso de las monedas, la efigie de los nuevos soberanos (normalmente miembros de la familia del emperador). Éste fue el caso de José Napoleón que primero como rey de Nápoles emitió moneda con su efigie con Piastras de 120 Grani y después como Rey de España desde 1808, acuñó moneda de 8 Reales de Plata o de 20 Reales de Vellón con el mismo peso y ley que los de las monedas de 8 Reales de los anteriores reyes de la Casa de Borbón. Esta situación se mantuvo, con diferentes avatares, debido al cambiante curso de la llamada Guerra de la Independencia por los españoles y Guerra Peninsular por los británicos, hasta 1813, año en el que las derrotadas tropas francesas hubieron de abandonar el territorio nacional tras la firma del tratado de Valencay el 13 de diciembre de ese año.

Así, las monedas españolas a nombre de José Napoleón, como las que se muestran en ésta y en la próxima entrada, no constituyen un paréntesis en la historia numismática española, sino que siguen una línea de continuidad, en cuanto a su métrica, con la emisiones anteriores a nombre de Carlos III y Carlos IV, y las coetáneas y posteriores acuñadas a nombre de Fernando VII bajo cuyo auspicio y efigie se continuó emitiendo moneda en la zona peninsular dominada por ejercito hispano británico, así como en las colonias americanas. Las emisiones de moneda a nombre de José Napoleón se limitaron a las efectuadas a las Cecas de Madrid y Sevilla en cuanto a la plata, a la de Madrid para las de oro y a la de Segovia para los 8 Maravedís de bronce; aunque en Barcelona, como veremos posteriormente, también se emitieron monedas de 5, 2´5 y 1 Pesetas y 4, 2, 1 y medio cuartos en Barcelona, bajo la dominación francesa, pero sin la efigie de José Napoleón.

FIGURA 129.1

La pieza que aparece en a FIGURA 129.1 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Madrid en 1809 con los Ensayadores Antonio Goicoechea y Idelfonso de Urquiza, representados por las siglas AI. La disposición de José Napoleón de 18 de abril de 1809 ordenó el cambio de denominación para las monedas emitidas a nombre de este rey pasando de la de Reales de Plata a la de Reales de Vellón. Por tanto a partir de este momento las monedas pasaron a denominarse en la nueva unidad, con una equivalencia de 20 Reales de Plata por 8 Reales de Vellón. Por tanto, llama la atención que esta moneda fechada en 1808 esté denominada en Reales de Vellón. HERRERA en su obra El Duro nos señala que esta moneda fue acuñada con posterioridad a la citada disposición, y por tanto fue denominada en Reales de Vellón. Pero siguiendo una costumbre ya vigente en reinados anteriores, para señalar que el reinado de José Napoleón había ya comenzado el año anterior, la moneda fue fechada en 1808.

La tirada de esta moneda es una de las mas bajas de todas la de José Napoleón: 16.830 ejemplares. Sin embargo, su rareza no es excesiva ya que al estar datada en el primer año del reinado tendió a ser retenida como curiosidad por los particulares, por lo que ha sobrevivido una proporción mas alta de ejemplares que en el caso de las piezas datadas en años posteriores. Por ello la consideraremos Rara, pero no Muy Rara, con un precio doble del de los tipos de piezas comunes de 8 Reales de José Napoleón.

El presente ejemplar tiene un desgaste generalizado en anverso y reverso aunque acredita una buena pátina no alterada, por lo que lo consideraremos en un grado F-. Con objeto de proporcionar una referencia lo mas reciente posible respecto a los precios de estas monedas diremos en la subasta organizada por Martí Hervera, Soler y Llach y Sagarra el 25 de octubre de 2011, un ejemplar de esta fecha en XF- alcanzó el precio de 900€ y otro en F, el de 500€. En nuestro caso el presente ejemplar si fuera de fecha común tendría un precio de 175€ en F- (como el de las piezas comunes de Carlos IV). Al tratarse de un pieza considerada como Rara, su valor seria el doble de la cifra anterior, ésto es 360€, lo que coincidiría con su precio de mercado.

Las tres piezas siguientes corresponden a monedas de José Napoleón emitidas en 1809 antes del decreto de 18 de abril al que hemos hecho referencia. Por tanto están denominadas en Reales de Vellón, en la misma forma que los de los dos reyes anteriores. Las tres piezas tienen como siglas de los Ensayadores: IG.

FIGURA 129.2

La pieza de la FIGURA 129.2 presenta un león en el anverso con un gran gastaje, no distinguiéndose ninguno de los pelos de su melena. Menor gastaje se observa en el pelo del rey en el anverso. La pieza está limpiada aunque con el tiempo ha recuperado cierta pátina. En la subasta mencionada un ejemplar en XF- alcanzó en precio de 850€. La rareza de esta pieza es similar a la de la anterior (1808) por lo que la consideraremos como Rara y la asignaremos un precio doble al de las piezas comunes de José Napoleón. En nuestro caso el ejemplar se encuentra en grado F, por lo que su valor si fuera un tipo de pieza denominada en Reales de Vellón, le correspondería un precio de 225€. Al tratarse de un ejemplar de 1809 denominado en Reales de Plata, su valor y precio de mercado sería el doble de esta cantidad: 450€.

FIGURA 129.3

La pieza de la FIGURA 129.3 es en todo similar a la anterior, no variando en ella mas que la conservación. En este caso la melena de los leones del escudo del reverso está tan gastada como en el caso anterior, aunque el pelo de rey se encuentra mas resaltado que en aquella y así mismo la pieza conserva parte de su brillo original entre las letras de la leyenda, y fuera de ellas, cierta pátina original. En este caso su conservación es algo superior, por lo que asignaremos el grado F+, lo que significaría un valor y precio de mercado doble del de las piezas comunes de este rey: 500€ (260€ en F+, si fuera del tipo y fechas comunes de las de José Napoleón.

FIGURA 129.4

La pieza de la FIGURA 129.4 es igual que las anteriores, si bien su conservación es claramente superior. El ejemplar solo presenta gastaje en las líneas mas altas de pelo del rey, en el león y el pecho de águila imperial, en el reverso. El anverso conserva parte de su brillo original puesto que la pieza ha circulado muy poco. No obstante, se evidencian unas claras corrosiones limpiadas a la derecha del retrato del rey que disminuye notablemente su precio. Una pieza con estas mismas características en VF fue adjudicada en la subasta mencionada en 186€, si bien su conservación era VF, ciertamente inferior al de la presente pieza.

En nuestro caso la conservación de la pieza haciendo abstracción de las corrosiones, llega a XF-, por lo que si tratara de un tipo y fecha común su precio sería de 450€ en esta conservación. Al tratarse de una moneda de 1809 denominada en Reales de Plata la consideraremos como Rara y por tanto su precio sería doble del que correspondería para una pieza común (450€ en XF-). No obstante, aunque su valor si careciera de los defectos mencionados sería doble de esta cantidad: 900€, las corrosiones estimamos que divide por dos su precio de mercado, llegando solo a 450€.

FIGURA 129.5

Por último la pieza de la FIGURA 129.5 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Madrid en 1810 con las siglas de Ensayadores AI. Esta pieza es la mas corriente de todas las de esta denominación acuñadas a nombre de José Napoleón. Su estado de conservación es notoriamente mas bajo que el de las cuatro piezas anteriores. En ella el pelo del rey, el león, el águila y los castillos del escudo se encuentran totalmente empastados sin poderse distinguir ningunas de sus líneas interiores. Pese a ello se conserva todo el dibujo de borde de la pieza. Con este desgaste el grado que le corresponde es VG.

En la subasta de 2011 mencionada un ejemplar de esta misma fecha en XF+ se adjudicó en 600€, cantidad que no llegó a pagarse como precio de salida por un ejemplar XF. El valor y precio de mercado de esta pieza en VG sería el mismo que correspondería a una pieza de Carlos IV en esta misma conservación: 100€ (250€ en F).

 

9. THE NAPOLEONIC COINS AND THEIR EXPRESSION IN SPAIN

 

In Europe, the 18th century was a time of monetary stability in its general lines. During the 16th century, they had been settling in different European countries, especially in the West, monetary systems based on the grant of privileges of coin issuing given by the national States to various centre establishments in the cities of greater importance in each country. These establishments or Mints generally marked with some initial the coins they minted, as well as they employed specific signs by which the responsible for testing the metal alloy could be identified when it contained precious metal in it: gold or silver. Monetary systems were, almost without exception, bimetallic, reserving gold for the coinage of the highest denominations, silver for the intermediate, and the copper, pure or alloyed with tin (bronze) for the minors, aimed at supporting small transactions.

The design of the coins was imposed by legal provisions arising from the central authority that, in the absolutism of that period, was in the monarch’s hands, although he exercised it through his Secretaries or Heads of the bureaucracy. Also, the weight and the fineness of the alloys to be used in coins were set with measure conscientiousness, in these same provisions. They worked under the direct Royal administration or under concession to an individual regime, the Mints accepted the delivery of precious metal objects of silver or gold (usually crockery), ingots or currency out of circulation, for once the metal was molten and calculated the proportion of gold and silver by the assayers, they minted again in accordance with legal regulations, returning it in the form of coin with their designs, authorized weight and fineness to who had handed the silver, retaining a proportional amount of the minted metal, to cover the costs of issuing, set by the Kings, usually regulated by ordinances governing the operation of the Mints.

The 17th century is a period when this system was consolidated, generalizing the issue of thick coin of silver (with 30 to 25 grams weight and law of 850 to 950 thousandths) and its divisors, becoming this the type of currency issued in most of the countries as France (Ecus) or Spain (8 Reales), while in others such as England the issue of thick currency (Crown) was the exception, giving way to the use of small silver coin, reserving to the gold, the role of means of payment for transactions of some importance. These practices, with a central authority which regulated and multiple Mints that issued the currency did not generalize in territories such as Germany, Italy or Flanders, which lacked a centralized power, leaving the sovereignty dispersed between various Principalities, Duchies or Episcopal cities governed in terms of currency by its own provisions, although from the political point of view, there was a true recognition of supranational powers such as the Holy Roman Empire, or the Papacy.

In this regard, the following century, 18th, was a continuation of the previous two, incorporating into the above-mentioned methods of monetary issue other European countries of great significance because its population and territory, such as Russia and even Turkey, which in this century it still retained under its control an important part of the European area, such as the Balkans. So, in Russia, since the beginning of this century, it began issuing roubles under Peter I, according to the patterns resembling those followed by more Western countries. Also, in the Turkish Empire, it issued the piastras, large pieces of silver that always reflected phrases from the Koran and dated according to the years gone by since the year when the reign of each Caliph began. Also, the Italian and German States joined to the international movement of circulation coins, through different Customs Union, and in some cases monetary, agreements, what simplified somewhat, the great problem of the exchange, which hampers trade and made development dificult.

We all know the impact in our social life and political culture of the sudden outbreak of the French revolution in 1789 which with its sequel of the Napoleonic Regime, in 25 years came to completely transform the European and Ibero-American "modus vivendi", with the prologue that had resulted in the English revolution of 1688 with the overthrow of the Stewarts and the independence of the United States, and the epilogue constituting by the Liberal revolutions of 1830 and 1848 in Europe. The Estates of the realm, based on the privilege of the blood, that has emerged in the Middle Ages with Feudalism had survived in a some Nation-States that consolidated the status of the nobility and the clergy, until it was overthrown at the behest of a new social class, the bourgeoisie, first in France and then in almost the whole Europe, that would impose in the 19th century liberal regimes, nowadays inherent in all Western democracies.

The impact of this sudden turnaround of the political, economic and social structures in Europe, had a significant and enduring impact in the monetary systems of different countries and, through them, in the European numismatics. The focal point of this impact was the creation of the so-called French Franc (in allusion to the month of the 4th year of the revolution, in which the Revolution was born). This monetary unit broke with all the patterns that France had followed in the two previous centuries, for its weight and fineness to use in the issue of its currencies. The franc was defined as a silver coin with 900 thousandths of fineness and a weight of 5 grams. Proportionately, as it had been with the introduction of the so-called Metric Decimal system for weights and measures, it was established the circulation of multiples of the Franc in the form of silver-coins of 2 and 5 francs (with the same fineness and weight proportionally increased) and gold-coins of 5.20, 50 and 100 francs, as well as submultiples of 50 and 25 cents of franc, while in bronze coins of 1, 2, 5 and 10 cent of Franc should be minted.

The turbulent times following the triumph of the Revolution, with virtually the whole Europe faced with France trying to restore the Bourbons on the throne, prevented all forecasts with regard to the introduction of decimal coinage to materialize. Thus, the only coined currency denominated in francs, was the 5 francs, with 25 grams of weight and fineness of 900 thousandths of silver, with the trio representative of the revolutionary motto of liberty, equality and fraternity, according to Dupré's design on the front, under the Union et Force legend, which was issued from the 4th year of the Revolution until the 11th year. At the same time, in the territories which started to be occupied by the triumphant French troops beyond the metropolis, under the command, firstly, of the French Directory and then of Napoleon as first consul of the Revolution, coins with the same characteristics of the French 5 francs began to be minted, in line with those operated in the so-called Cisalpine Republic in the North of Italy, from where the Austrians had been expelled.

It was in later years, when under the rule of Napoleon, first as First Consul, and later as Emperor of the French, when the monetary system designed by the Revolution had been introduced not only France, but also throughout the whole European territory subjected by his troops. This French influence in the European monetary system did not operate only in one direction it was developed in two different directions. In some countries such as Holland (where 5 franc-coins were minted in Utrecht) or Italy (where they proceeded similarly in the Mint of Rome) the existing Mints were used to issue identical coins to the French ones (the Franc system) in the same way that the Metropolitan provincial mints made them (all of them with the effigy of Napoleon, crowned or not crowned). However, in other countries as with the issues in the Kingdom of Italy, coins were minted with the French metric, but with the denomination of the currency of each country: as in the case of the Lira. Also, at a time when French rule was settled in much of Europe and Napoleon became kingdom-sharing towards the members of his family, the initial issues with the effigy of these, with denominations in francs, gave way to issues with these same characteristics, but with the denominations in the national currency, as it was the case with the currencies of Louis Napoleon of 40 Stuivers in Holland, of 5 francs of Jerome Napoleon's in Westphalia, of 5 lire of Murat in Naples after 1812, and of Elisa Bonaparte and her husband in Lucca.

In other dominated countries, total or partially, by France, during the Napoleonic era the same kind of traditional pieces in the usual denominations was continued to issue, with the same previous metric, while reflecting on the front of the coins, the effigy of the new sovereigns (usually members of the family of the Emperor). This was the case of Joseph Napoleon who coined firstly as King of Naples currency with his effigy with Piastras of 120 Grani and later as King Spain from 1808, he issued 8 real-coins of silver or 20 real bullion coins with the same weight and fineness as the coins of 8 Reales of the previous Kings of the House of Bourbon. This situation remained, with different avatars, due to the changing course of the so-called War of Independence by the Spanish and Peninsular War by the British until 1813, the year when the defeated French troops had to leave the national territory after the signing of the Treaty of Valencay on December 13th of that year.

In this sense, the Spanish coins on behalf of Joseph Napoleon, as those shown in this and the next post, do not constitute a break in Spanish Numismatic history, but they follow a line of continuity, as in their metric, with previous issues on behalf of Charles III and Charles IV, and the contemporary and subsequent minted in the name of Ferdinand VII bass whose sponsorship and effigy they continued issuing currency in the Peninsular area dominated by British Hispano Army, as well as in the American colonies. The coins issued on behalf of Joseph Napoleon were limited to those carried out at the Mints of Madrid and Seville regarding silver, at Madrid for those in gold and at Segovia for the 8 Maravedís of bronze; while in Barcelona, as we shall see later, they also issued coins of 5, 2´5 and 1 Pesetas and 4, 2, 1 and half fourth in Barcelona, under French rule, but without the effigy of Joseph Napoleon.

The coin that appears on Figure 129.1 is a 20 real coin of Joseph Napoleon  coined in Madrid in 1809 with the Assayers Antonio Goicoechea y Idelfonso de Urquiza, represented by the acronym AI. The provision of Joseph Napoleon of April, 18th 1809 ordered the change in the denomination of coins issued in the name of this King from Reales of silver to the Reales of bullion. Therefore, from this point coins became renamed in the new unit, at a rate of 20 reales of silver for 8 Reales of bullion. Therefore, it is striking that this coin dated in 1808 is denominated in Reales of bullion. Herrera, in his work The Duro, tells us that this coin was coined after the abovementioned provision, so it was denominated in real of bullion. But following an already existing custom in previous reigns, to point out that the reign of Joseph Napoleon had already begun in the previous year, the coin was dated in 1808.

The production of this coin is one of the lower of all of Joseph Napoleon: 16,830 copies. However, its rarity is not excessive, as being dating in the first year of the reign people tended to retain it as a curiosity, so a higher proportion of copies have survived than in the case of the coins dated in later years. Therefore, we will consider it rare, but not very rare, with double prize of the types of common pieces of 8 reales of Joseph Napoleon.

This copy has widespread wear on the front and back although it has a no altered good patina, so that we will consider it in a grade F-. In order to provide a reference the most recent as possible with respect to the price of these coins we can say that in the auction organized by Martí Hervera, Soler and Llach and Sagarra on October 25th, 2011, a copy of this date in XF- reached the price of €900 and another in F, €500. In our case, if this copy were of a common date would be priced at €175 in F-(such as the common coins of Charles IV). Considering it is a rare coin, its value would be double of the previous amount, this is €360, which would coincide with its market price.

The three following pieces correspond to Joseph Napoleon’s coin issued in 1809 before the Decree of April 18th to which we have referred. Consequently, they are denominated in Reales of bullion in the same way as the two previous Kings. The three pieces have the Assayers’ initials: IG.

The piece of Figure 129.2 presents a lion on the front with a great wear, not distinguishing any of the mane hairs. There is lower wear in the hair of the King on the front. The piece is cleaned, although with time passed it has regained some patina. In the aforementioned auction, a copy in XF- reached the price of €850. The rarity of this piece is similar to the previous (1808) so we will consider it as rare and we will assign the double price of the common coins of Joseph Napoleon. In this case, the copy is in grade F, which is why its value if it were a type of piece denominated in Reales of bullion, would be €225. As it is a copy of 1809 denominated in Reales of silver, its value and market price would be the double of this amount: €450.

The coin of Figure 129.3 is completely similar to the previous one, varying in it only its conservation. In this case, the mane of the lions of the coat of arms of the back is so worn as in the previous case, although the hair of the King is clearer than in the other and the piece also retains part of its original brightness between the letters of the legend, and outside them, some original patina. In this case its conservation is a little higher, so we assign the grade F+, what will mean a value and a market price of the double of the common pieces of this King: €500 (€260 in F+, if it would be of the common type and dates of Joseph Napoleon).

The piece of Figure 129.4 is the same as the previous ones, while its conservation is clearly superior. The copy only presents wear in the higher lines of the hair of the King, in the lion and in the chest of the imperial eagle on the back. The front retains part of its original brightness since the piece has not much circulated. However, a few clear cleaned corrosions on the right of the portrait of the King are evident which decreases significantly its price. A piece with these same characteristics in VF was sold in the mentioned auction at €186, but its conservation was VF, certainly less than the one of the present piece.

In our case, the conservation of the piece, ignoring the corrosions, reaches XF- so if it were a common type and date its price would be €450 in this conservation. Being a 1809 coin denominated in Reales of silver we consider it as rare and therefore its price would be the double that correspond to a common piece (€450 in XF-). However, although its value, if it lacks the above-mentioned defects, would be the double of this amount: €900, we believe that corrosions divide by two the market price, reaching only €450.

Finally, the piece of Figure 129.5 is a 20 real coin of Joseph Napoleon coined in Madrid in 1810 with the initials of the Assayers AI. This piece is the most common of all of this denomination minted in the name of Joseph Napoleon. Its conservation status is significantly lower than the previous four coins. In it, the hair of the King, the lion, the eagle and the castles of the shield are totally pasted without being able of distinguishing none of its internal lines. Despite this, the drawing of the edge around the piece is preserved. The grade that corresponds with this wear is VG.

In the auction of 2011 referred to, a copy of the same date in XF+ was sold at €600, amount which failed to pay as starting price for a copy in XF. The value and market price of this piece in VG would be the same that would correspond to a piece of Charles IV in this same conservation: €100 (€250 in F).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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