Suscribirse

Blogs

Blogs

 

La crème de la crème “VALDERRAMA” valderrama 1

Nunca me podía imaginar hacer unos años que tendría el privilegio de jugar en unos de los campos de golf más exclusivos de España, como es VALDERRAMA. Un campo en el que en 1998 se jugó la RYDER CUP y en el que han jugado los más prestigiosos profesionales y maestros de golf (Woods, Mickelson, García y Montgomerie, por citar sólo a unos pocos)


Tras franquear el puesto de seguridad en la entrada (primera indicación de que este club es exclusivo), y dar unas caleway “inmaculadas” en la cancha de prácticas, allí el “mortal” de Fernando estaba en la salida del hoyo 1 de VALDERRAMA ¡¡ qué sensación más gratificante !!.

 


valderrama 2

En toda Europa sólo dos campos británicos figuran delante de Valderrama, los históricos escoceses Kingsbarns y St. Andrews. Valderrama avanza además en la clasificación mundial de Golf World hasta situarse en el puesto número 12, justo a continuación de Augusta.

En un enclave natural único encontramos lo que muchos considerarían la obra maestra golfística del prestigioso diseñador americano Robert Trent Jones. Construido en 1974, se denominó originalmente Nuevo Sotogrande, más tarde en 1981 Las Aves. En 1984, Jaime Ortiz-Patiño adquirió el campo para transformarlo en un campo profesional capaz de acoger las máximas competiciones. Patiño decidió cambiar el nombre a Valderrama en honor al antiguo cortijo que estuvo situado en este lugar.

Para rediseñar el trazado original acudió Robert Trent Jones. A finales de los 90, Valderrama sufrió pequeños retoques, principalmente en el hoyo 17 (considerado uno de los más interesantes del campo), realizados por Roger Rulewich, quien trabajó junto a Trent Jones durante más de treinta años. En el 2010 el australiano Greg Norman, apodado “el Tiburón Blanco” compró Valderrama. Más de 100 bunkers, greenes elevados, vegetación abundante… son algunas de las características de este magnífico campo.

Dos hoyos me han llamado especialmente la atención el 4 (la cascada) uno de los pares 5 como dice la guía más bonitos del mundo y cuya foto se veía en el cuadro que colgaba tras el sillón del despacho de Jaime Ortiz Patiño y el ya legendario 17 (los gaviones), espectacular en su llegada al Green, con un obstáculo de agua que protege todo su acceso, en donde Tiger se fue al agua en dos ocasiones durante la Ryder de 1997, es uno de los más difíciles, tras la remodelación que para el torneo entre Europa y América hizo Severiano Ballesteros.

 

valderrama 3


Valderrama es un campo 10, las calles son alfombras, los greenes terciopelo y el entorno natural increíble. Ha sido una de las pocas veces que he sentido terminar de jugar, hubiera vuelto a comenzar por el hoyo 1.

 


valderram 4

 

Tuvimos la suerte de tener una temperatura muy agradable lo que nos permitió disfrutar si cabe aún más. Un lujo que será difícil repetir. Quiero agradecer a mi amigo Javier Gómez, la oportunidad que me ha dado de disfrutar de esta experiencia increíble.

La Copa Ryder o Ryder Cup es un torneo bienal de golf que enfrenta a los equipos de Europa y los Estados Unidos. Nació en 1926, cuando compitieron los equipos estadounidense y el de Gran Bretaña en el East Course del Wentworth Club en Virginia Water. Después de más de 45 años de dominio estadounidense (los británicos sólo ganaron el trofeo una vez entre 1935 y 1973), al equipo británico se le unieron jugadores de Irlanda en 1973, y posteriormente también jugadores del resto de Europa (a partir de 1979). Esta inclusión de jugadores hizo que el torneo fuera más competitivo. Actualmente, los partidos son dirigidos conjuntamente por la USPGA y la PGA European Tour.


valderrama 5

Valderrrama fué la sede de la Ryder Cup en el año 1997, capitaneada por Severiano Ballesteros, en la que Europa se impuso al equipo americano. Es la única vez, hasta la fecha, que la Ryder Cup se ha celebrado fuera de Estados Unidos o en las Islas Británicas. Desde 1988 a 1996, y de 2002 a 2008,

La Ryder Cup de 2018 se disputará en el campo de 'Le Golf National', en Saint-Quentin en Yvelines, cerca de Versalles (París).  Con la designación de la sede parisina, la Ryder Cup se disputará por segunda edición en suelo continental, desde su origen en 1927. Ha sido una pena que no se adjudicara a la Comunidad de Madrid, hubiera sido una buena oportunidad de disfrutar de cerca del torneo más prestigioso que se realiza en Golf.

 

Sábado 01 de Octubre de 2011 23:12

La curación por el espíritu: Stefan Zweig.

por Ana C.López

La curación por el espíritu: Stefan Zweig.

Con el el sello inconfundible de Stefan Zweig, una escritura que fluye como la palabra hablada y bien hilada, se nos abre en este ensayo un recorrido fascinante por la vida y obra de tres seres humanos extravagantes: F.A. Mesmer, Mary Baker-Eddy y Sigmund Freud.

Los tres, a su modo, indagaron y tomaron posiciones acerca de cómo se puede curar la enfermedad sin recurrir a medicamentos y fueron conscientes, en distinto grado, de las expectativas de los enfermos y de la obsesión humana por alterar  la realidad y adaptarla a los mandatos de la esperanza.

Uno de los seres retratados por Zweig es Mesmer, científico de prestigio en su época que, al final, a causa de sus experimentos con el magnetismo (el magnetismo de imanes) y la sugestión (el magnetismo que, como un fluido, Mesmer creía que él mismo segregaba) fue denigrado por sus colegas, si bien logró sanar a personas deshauciadas, personas que creían ciegamente en sus poderes, utilizando procedimientos no al uso.

Aquí, me gustaría recomendar la lectura de El quinto invierno del magnetizador (1964), novela de Per Olov Enquist basada en un episodio de la vida de Mesmer, si bien el protagonista en esta novela recibe el nombre de Friedrich Meisner.

Pero de "La curación por el espíritu" (Ed. Acantilado), la historia que me ha impresionado más, quizás porque no tenía conocimiento alguno sobre ella, es la de la norteamericana Mary Baker-Eddy. Nacida en New Hampshire, perdió décadas de su vida postrada en la cama alegando todo tipo de enfermedades. Un día, sin motivo aparente, vuelve a la verticalidad, por así decirlo, le roba a un tal Quimby, ex relojero en Belfast, un manual sobre la curación con la mente "Mind cure". Para curar a alguien basta con convencerle de que no está enfermo.

Mary Baker-Eddy convierte el método "Mind cure" en la base de la "Christian Science". Paso a paso, crea un movimiento imparable, con sus sanadores titulados, sus seguidores fanáticos, su propio periódico y sus fondos millonarios. Para curarse basta con tener fe. Para hacerse millonaria, basta tener una idea simple, ser una creyente en una misma y ser un lince del marketing. El relato que Zweig hace de la vida de "Mother Mary" es escalofriante.

 

También Zweig relata cómo se fue fraguando, por parte de Freud, la teoría del psicoanálisis. Esta parte del ensayo, quizás por tener más referencias, no es tan reveladora como las otras dos.

Todos deseamos curar nuestros males o los de nuestros allegados. Cuando el dolor llega a veces la racionalidad nos abandona y llegamos a creer en cualquier remedio que ponga a nuestro alcance la esperanza de la curación. En el Siglo XVIII se decía que los imanes devolvían la salud: había casos de personas que la recuperaban tras someterse al influo de las fuerzas magnéticas. En pleno Siglo XX Mary Baker-Eddy sentenciaba que negar la enfermedad es vencerla: miles de seguidores renunciaban a tratamientos médicos y preferían financiar a la Christian Science jugándose la vida en nombre de la Fé.

De la lectura de estos tres casos, lo que más impacta es comprobar cómo a día de hoy siguen anunciándose curanderos con disfraz de pseudocientíficos que dicen curar el cáncer con dietas basadas en fruta, sanadores con ínfulas chamánicas que predican que con la energía de sus manos erradican el mal y salvan vidas...

El ardiente deseo de no morir todavía, o de vivir con salud corporal y mental, nos da esperanzas, pero, aunque en principio no nos hace mal, puede llegar a hacernos crédulos e, incluso, insensatos cuando vemos que la medicina tradicional no nos cura. Pero la ciencia, con mayúscula, hace tiempo ya que descubrió los mecanismos del poder de la sugestión y los riesgos de aceptar sin más las ofertas de salvación basadas en la desesperada demanda de los dolientes.

 

Redes en el futbol

 

Presentación

Después de un verano plagado de incertidumbres financieras y políticas,  todavía sin  solución,  comenzar el periodo otoñal se hace más que nunca muy cuesta arriba. Para aligerar esta pesadumbre creo será bueno recurrir al tradicional y  perenne bálsamo social y nacional: ¡hablaremos de futbol!

Pero respetuoso con el objeto de este blog hablaremos de futbol desde una perspectiva de red; de la red de vínculos creada por el desarrollo del juego en el campo.  Confrontaremos las redes tejidas en encuentros celebres e intentaremos con algunas de las medidas comentadas en blogs anteriores explicar como se ganaron o perdieron los partidos.

 

Motivación

El éxito del trabajo en equipo en cualquier organización se sustenta en la colaboración y coordinación entre sus miembros, especialmente en entornos competitivos. El análisis de redes sociales ofrece herramientas para comprender y evaluar como colaboran y se coordinan las personas mediante sus relaciones con otras personas. Este conocimiento resulta esencial para mejorar cualquier desempeño grupal.

Los jugadores  de un equipo de fútbol se relacionan entre ellos de muy diversas formas tanto dentro como fuera del campo. Todas estas relaciones inciden en el éxito del equipo.

El pase en el fútbol es la relación básica con la que se teje la labor de un equipo en cualquier confrontación. El análisis de las redes de los pases en el fútbol proporciona información de gran utilidad para entender como ha sido la actuación de los  equipos en un partido.

Hoy os presento el análisis de la red formada por los pases de balón  entre jugadores en el encuentro celebrado el pasado 28 de mayo entre el FC Barcelona y el  Manchester United y que permitió al club catalán ganar Liga de Campeones de la UEFA.

Representaciones graficas

En los gráficos que siguen los pases entre jugadores se representan por flechas. La dirección de la flecha indica el sentido del pase; el tamaño y color indican el volumen de pases.

Figura 1

En la figura 1 observamos como en el  Barcelona destaca el juego de ataque centrado en Messi, coordinado desde medio campo por Iniesta y Xavi y el apoyo desde la banda derecha de Dani Alves

Mientras que el equipo del Manchester (Figura 2) presenta un juego más débil y disperso. Destaca Ronney en la recepción de pases de ataque, y Ferdinand en la coordinación de las posiciones de  defensa.

Figura 2

La debilidad de la red del Manchester se hace más notable si eliminamos todos los enlaces inferiores a tres pases, teniendo como consecuencia una fuerte reducción de su conectividad; mientras que  la estructura de la red de juego del Barcelona permanece prácticamente  sin cambios (Figura 3).

Figura 3


Pases por tipo de jugador

Un análisis interesante es integrar los datos y observar como se han comportado las distintas líneas de juego: defensa, media y delantera (Figura 4)

Figura 4

En general tal y como habíamos vistos en el apartado anterior el volumen de juego del FC Barcelona fue superior al de Manchester United dentro y entre cada línea de juego.

Los mayores flujos de pases en el Barcelona fueron  entre:

Media    => Media          112

Media    => Delantera    111

Defensa => Media          111

Indicando juego con dominio del centro y ofensivo

En el Manchester  sin embargo los mayores flujos de pases se produjeron  entre jugadores:

Defensa => Media         51

Media    => Defensa      36

Defensa => Defensa      33

Indicando  juego muy defensivo

 

Estudio de medidas de centralidad

En los análisis de redes siempre resulta útil estudiar como se posicionan los actores de manera individual dentro del conjunto de la red. Las medidas de centralidad nos ayudan a describir sus posiciones

Hemos elegido, por su valor para mostrar la importancia de los jugadores en la red de pases, las siguientes medidas de centralidad:

Centralidad de grado de entrada

Centralidad de grado de salida

Centralidad de flujo de intermediación

Centralidad de grado de entrada

Esta medida muestra los jugadores que han recibido mayor número de pases. Destacan Xavi, Iniesta y Messi (Figura 5)

Figura 5

Centralidad de grado de salida

Esta medida muestra los jugadores que han dado  mayor número de pases. Destacan Xavi e Iniesta. (Figura 6)

Figura 6

Centralidad de flujo de intermediación

Esta medida estima la centralidad de cada jugador en el conjunto de los flujos (secuencias de pases) que forman la red . Destaca de manera sobresaliente Xavi (Figura 7).

Figura 7

Próximo blog

En el próximo blog abordaremos el estudio de triadas abiertas lo que nos permitirá identificar y cuantificar los roles principales desempeñados por los distintos jugadores: coordinador, consultor, representante, introductor e intermediario.

También analizaremos la formación de cliques, es decir  subgrupos de jugadores fuertemente conexionados, en los que cada jugador da y recibe pases de todos los demás

 

 

Domingo 18 de Septiembre de 2011 22:38

Larry Martin Band

por Leopoldo Simó

18/09/2011

Larry Martin Band 

  

LMB 

 

Larry Martin Band (LMB) es un grupo de Jazz & Blues totalmente consolidado en el panorama musical español. Llevan 24 años tocando (el grupo se creó a finales de 1987) y siempre con la misma composición instrumental, en la que predomina la sección rítmica. Actualmente lo forman Larry Martin (líder del grupo y batería), Domingo Sánchez (piano), Enrique García (guitarra), Richie Ferrer (contrabajo) y Sheila Blanco (vocalista), que se ha incorporado al grupo a principios de 2011 sustituyendo a la anterior cantante Yoio Cuesta. 

Larry Martin y Enrique García son miembros fundadores del grupo, pero por éste han pasado músicos como Moises P. Sánchez (pianista sobre el que ya escribí un artículo en este blog), Tony García, José Luis Yagüe, Mariano Diaz, Rafael Quesada o Pablo Gutiérrez y cantantes como la citada Yoio Cuesta, Lourdes del Pino, María Caneda, Carmen Terrón o Doris Cales.

 

Su líder, Larry Martin, es un batería (o baterista) que comenzó a tocar en grupos de pop y rock, pasó al jazz, estuvo tocando en una orquesta durante un par de años (1974-75) por distintos países de África y empezó a ser verdaderamente conocido cuando se unió a los guitarristas Andrés Olaegui y Luis Cobo “Manglis” para crear el grupo Guadalquivir en el año 1978. Eran los años de mayor éxito del rock andaluz y el jazz-rock, con grupos como Triana, Imán o Medina Azahara. Con Guadalquivir grabó tres discos y estuvo hasta el año 1984. En ese mismo año comenzó a trabajar en la ópera-rock Jesucristo Superstar, junto a Pablo Abraira y Pedro Ruy-Blas, con quien ha actuado en numerosas ocasiones, y es por entonces cuando empieza a madurar su proyecto de crear su propia banda, lo que hizo en 1987. Y hasta hoy.

 

La propuesta musical de Larry Martin Band se encuadra dentro del jazz & blues vocal, con temas propios y arreglos de algunos de los temas más conocidos e inolvidables que interpretaron cantantes como Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Stevie Wonder y otros. Temas a los que Sheila Blanco da un toque personal con su prodigiosa voz y su dominio de la escena. He visto en alguna ocasión a la banda con su anterior cantante, Yoio Cuesta, que me parece excelente, no sólo por su voz, sino por su manera de interpretar. Yoio provenía de la danza y del teatro y eso, unido a su voz, le proporciona una gran presencia escénica. Pero una vez que dejó el grupo, creo que ha sido un verdadero acierto la incorporación de Sheila, que se adapta perfectamente al estilo que siempre ha tenido la banda, y a la que aporta el suyo propio.

 

Fui a ver a Larry Martin Band hace unos días al Café Jazz Populart de Madrid con unos amigos que, como yo, son amantes de la música y la noche, y ese mismo día tuve la oportunidad de hablar con Larry durante cerca de una hora. Tiempo en el que estuvimos repasando no sólo su trayectoria y la del grupo, sino también la situación actual del jazz. Hablamos de sus inicios en el pop-rock, de su gira africana que le supuso una experiencia musicalmente muy enriquecedora, de sus actuaciones junto a Pedro Ruy-Blas, a quien tiene en gran estima. Hicimos un repaso de la situación actual de los clubs de jazz en su ciudad, Madrid, asunto sobre el que coincidimos bastante. Hay numerosos clubs de jazz en Madrid, pero últimamente hay una tendencia a que sus programaciones no se dediquen exclusivamente al jazz, incluyendo otros estilos. Algo que evidentemente no puede parecerme mal, son muy dueños de hacerlo (faltaría más), pero algunos de estos clubs mantienen la palabra “jazz” en su nombre cuando esta música no representa más del 20 ó 30% de su programación. No es el caso del Populart, que dedica toda su programación al jazz. Creo que en una ciudad de cuatro millones de habitantes hay suficientes aficionados al jazz como para llenarlos todos diariamente.

 

Larry me habló de que están preparando un nuevo disco, hasta ahora han editado cinco, en el que intercalarán composiciones propias con temas tradicionales. Y de lo que para él representa el directo, “el directo, eso es lo que me tiene atrapado del jazz. Saber que cada día es distinto, que cada actuación es diferente de la anterior”. “Disfruto lo mismo en un club de jazz que en un auditorio, pero necesito el directo”.

 

Y me habló de los componentes de su banda, con los que se siente muy a gusto. Enrique García es su mano derecha, se incorporó al grupo pocos meses después de su creación. Larry lo define como un compendio de “sensibilidad y sabiduría”. Domingo Sánchez es un magnífico pianista, compositor y arreglista. Empezó a tocar el piano de niño y ha recibido numerosos premios. Richie Ferrer es uno de los mejores contrabajistas españoles, ha tocado con músicos internacionales y últimamente colabora también con Pedro Iturralde. Sheila Blanco es la última incorporación de la banda. Joven cantante salmantina de excelente voz, de gran proyección y enormes posibilidades y que aporta frescura al grupo.

 

En un Populart totalmente lleno pudimos asistir a una actuación magnífica de LMB, en la que fueron alternando temas propios con otros de los compositores más conocidos.  

 Concierto LMB

Interpretaron baladas como Everything must change, Brother can you spare a dime (magnífica versión) o la conocidísima Let’s do it de Cole Porter y otros temas más rítmicos entre los que destacar Fascinating rhythm, de George & Ira Gershwin, una particularísima versión de Alright, Okay, you win o How high the moon/ornithology que figura en su disco Here’s to life. Y temas propios compuestos por Enrique García, Richie Ferrer y Larry Martin.

 

En una época en que nos están bombardeando continuamente con noticias sobre la prima de riesgo (ha subido, ha bajado), la deuda soberana (tiene tela el eufemismo) y las agencias de calificación (incalificables), se agradece sobremanera desconectar de ese mundo tenebroso de especuladores y disfrutar con la música de LMB.

 

Santo Tomás definió la belleza como “id quod visum placet” (lo que agrada a la vista). No seré yo quien corrija al santo, pero sí interpreto que por extensión se refería a todos los sentidos (id quod sensus placet). Pues eso, momentos de belleza musical es lo que nos proporciona LMB.  Os lo recomiendo.

 

 

 

Aunque ya la Real Cedula de 1475 y las Ordenanzas de Toledo de 1480 se habían ocupado de establecer las equivalencias entre las distintas monedas de oro y plata circulantes en Castilla, así como su valor expresado en maravedís como unidades de cuenta, sería finalmente la Pragmática de Medina del Campo de 13 de junio de 1497 la que fijaría con carácter estable las características de las monedas de oro y plata a acuñar en las distintas Cecas peninsulares, así como sus diseños y tipos de cambio con el numerario de otros países europeos, en especial con los comprendidos en el área del ducado que nacido en Venecia que se había convertido en la moneda franca del área mediterránea.
La Pragmática establecería una relación entre pesos equivalentes de oro y plata de 10´44 a 1 elevando algo la cotización del oro que en disposiciones anteriores se encontraba en una proporción de 10´11 a 1 respecto a la plata. Las monedas que debían acuñarse desde aquel momento eran el Medio Excelente de 1477 con un valor de 375 maravedís equivalente a un Ducado con un peso de 3´52 gramos y una relación de cambio de 11 reales y 1 maravedís, el Cuarto Excelente de 1497 con un valor 187´5 maravedís equivalente a Medio Ducado y el Real de plata con 3´43 gramos de peso y una equivalencia de 34 maravedís.
La Pragmática de Medina del Campo no establece acuñaciones en plata de valores superiores al Real, aunque tampoco prohíbe su producción. Así, con la misma metrología y ley se empezarían a acuñar múltiplos del Real en América, primero en Méjico a nombre de Carlos y Juana, y después en Méjico y en Potosí ya con Felipe II.
De esta manera, a partir del momento del descubrimiento de ricos nacimientos de plata en Potosí en 1545 y la apertura de su Casa de Moneda con sus primeras emisiones en 1574, la acuñación de plata americana se orienta fundamentalmente a los 8 Reales con un valor de 272 maravedís y un peso de 27´44 gramos.
Paralelamente, en torno a 1534 de acuerdo con las investigaciones publicadas por DASí comenzarán las acuñaciones de piezas de 2,4 y 8 Reales en Cecas peninsulares de acuerdo con la metrología autorizada en la Pragmática de 1497 para el Real, y el mismo diseño de estas piezas a nombre de Isabel y Fernando, establecido en esta disposición.
Este tipo de leyendas a nombre de los Reyes Católicos, largo tiempo atrás fallecidos, evitaba la espinosa cuestión de tener que decidir si estas piezas se acuñaban a nombre de  Juana, de su hijo Carlos o de ambos. También en estos momentos comienza la acuñación de Escudos de oro a nombre de Juana y Carlos en las Cecas castellanas. Estas monedas tenían un valor equivalente al llamado escudo de plata con un valor de 10 reales que nunca llegó a acuñarse y cuyo valor de cambio era de 350 maravedís.
Estas monedas realmente circulantes del Escudo y sus múltiplos y del Real y sus múltiplos, cuyo valor de cambio se expresaba en maravedís, así como la moneda de cobre expresada en maravedís, tras las vicisitudes monetarias del siglo XVII con las sucesivas crisis del vellón, seria las que compondrían la base del sistema monetario español en la época de los Borbones desde 1700 a 1833, año de la muerte de Fernando VII. Dentro de este sistema, las monedas acuñadas en oro eran el Medio Escudo o durillo con un peso de 1´69 gramos y un valor de 8 Reales equivalente a 272 maravedís, el Escudo con 3´38 gramos y un valor de 16 reales equivalente a 544 maravedís, el Doble Escudo, la Media Onza o 4 Escudos de 13´5 gramos y la Onza o 8 Escudos, de 27 gramos. Los pesos y ley de estas piezas oscilan algo a lo largo del siglo XVIII pero en términos generales podemos hablar de una ley de 22 quilates (916 milésimas) y una relación de oro a plata de 16 a 1. En la orden de Felipe II de 1566 el valor del Escudo se fija en 400 maravedís, el de Ducado a 340 maravedís y el del real en 34 maravedís.
Los envíos de plata americana se realizarán en cantidades crecientes a lo largo de todo el siglo XVI. Así, en el periodo 1511 a 1535 tenemos una media de 1 millón de pesos anuales (el peso aquí referido equivalía a 350 maravedís, siendo por tanto, el llamado de minas, con un peso muy superior al Peso ordinario, equivalente a 8 Reales de plata), en torno a 1550 se llegaba a 9 millones de pesos y a fin de siglo, en el periodo 1590-1600, a 35 millones de pesos.
Este aumento espectacular en la cantidad de plata importada no tuvo parangón con la de oro que a partir de 1571 se estabilizó en un 3% aproximadamente de la producción de plata. Ésto determinó una importante revaluación de oro que ya a finales del reinado de Carlos I se situaba en una relación 12´12 a 1 respecto a la plata.
En cuanto al diseño de la moneda de plata, la Orden de Felipe II de 23 de noviembre de 1566 impuso el tipo de escudo imperial coronado en el anverso y cruz en el reverso, ocupando los huecos entre los brazos de la cruz, los castillos y leones del reino castellano en cuanto a las acuñaciones en plata, y este mismo escudo en el anverso y cruz potenzada en el reverso con adornos entre los brazos de la cruz en el reverso. En oro se debían acuñar piezas de 4, 2 y 1 escudo, y el plata, de 8, 4, 2 y 1 real. En cuanto a las leyendas, desaparecen las alusiones a Fernando e Isabel, siendo substituidas por la leyenda “Felipe II por la Gracia de Dios Rey de las Españas”, expresada en latín. Las emisiones en oro y plata no serán fechadas hasta el año 1589, y la leyenda se mantendrá invariable hasta 1597 cuando se cambie por la de OMNIVM HISP REGNORVM REX enmarcada por una circunferencia en anverso y reverso. Ya con Felipe III en un periodo que va de 1610 a 1604  la llamada leyenda OMNIVM va desapareciendo, antes o después, dependiendo de los distintos Ensayadores y Cecas en favor de la leyenda anterior. La cruz potenzada en oro, y los leones y castillos en la plata van enmarcados por 4 lóbulos en oro, y por 8 lóbulos, 4 de ellos terminados en punta, en la plata.
En cuanto a la abundancia de metal preciso, a mediados del siglo XVI era muy grande, por lo que las monedas de oro y plata utilizadas en el tráfico mercantil eran muy numerosas. Esta abundancia va disminuyendo a medida que el siglo avanza´, por lo que llegando a su final prácticamente había desaparecido. Este efecto se debía fundamentalmente a dos factores. Por una parte el oro y la plata tendían a atesorarse como se evidencia en su utilización en la fabricación de utilería en oro y plata, como forma de disponer de un valor refugio frente a las continuas subidas de precio y las 4 bancarrotas que tiene lugar durante el reinado de Felipe II. Por otra parte la mayor porción del numerario en oro y plata eran exportada bien ilegalmente o bien legalmente como medio utilizado por la corona para hacer frente a sus pagos en el extranjero. A finales del siglo XVII podía estimarse en unos 10 millones de ducados el valor del metal precioso importando de América, mientras que las salidas hacia al exterior podían evaluarse en 3 millones por cuanta del Estado y 3 millones con cuenta de particulares, por lo que el fantasma de la escasez de capital circulante empezó otra vez a aparecer en la misma forma que en 1470 al comenzar el reinado de los Reyes Católicos.
En 1928 se publicó el primero trabajo de Hamilton dedicado a la evolución de los precios en España entre los siglos XV y XVII. El objetivo de este trabajo era estudiar la correlación entre la llegada a Sevilla de metal americano y el nivel de los precios en la misma Sevilla, sus alrededores y España en general. Era natural que en 1928, en pleno el periodo de entreguerras, se pensara que la investigación histórica podía aportar importante luz sobre la conveniencia o no, de ligar la circulación monetaria a las reservas de oro y plata, recuérdese la vuelta de Gran Bretaña al patron oro en 1925, tras la tremenda inflación que siguió a la Gran Guerra en Europa. Así, mediante la superposición de la curva de importación de metal americano, y la del nivel de precios en España, podía concluirse que, en efecto, la subida de los precios se había producido en proporción semejante a la de la llegada de remesas de oro, y especialmente de plata.

FIGURA 73.1


Sin embargo, las teorías de Hamilton entran en crisis a partir de los años 50 del siglo XX como consecuencia de los trabajos de Pierre Vilar y Jorge Nadal que evidencian que el incremento de los precios en Castilla había sido mas importante en la primera mitad del siglo XVI, mientras que el incremento mas notable en la importación de metal americano había tenido lugar sobre todo en la segunda mitad del siglo.
Actualmente, se considera que la causa fundamental de la salida de la moneda hacia otros países europeos fue la progresiva substitución de la exportación de materias primas y manufacturas que llevó a cabo Castilla en el siglo XV, por remesas de oro y plata procedentes de América, lo que implicó algo mas importante que el crecimiento de los precios, como fue el hundimiento de la producción de productos transformados que experimentó la economía castellana en el siglo XVI.
La FIGURA 73.1 muestra un 4 Reales de Potosí acuñado en 1738 a nombre de Felipe V con el Ensayador M. La pieza tiene un diseño similar al de las que aparecen en las FIGURAS 72.4 y 72.5 de la entrada anterior, si bien en la fecha de la parte baja del reverso, los dígitos acuñados son 3 (738) con objeto de indicar la centuria, circunstancia necesaria después de 1700.
La pieza tiene una visibilidad media, ya que se pueden apreciar 2 fechas (la del reverso, solo en su último dígito), dos marcas de Ceca (P,P) en el anverso, 1 marca de Ensayador (M, en la parte superior derecha del anverso)y las dos marcas de valor (4 y 4) en las partes superiores del anverso y reverso. La superficie de la pieza tiene también una calidad media, ya que los vanos de acuñación aunque son grandes solo afectan a los laterales de la moneda. También aunque la pieza esta limpiada aún retiene una parte substancial de su oxido original probablemente por provenir de un naufragio.
La pieza presenta desgaste generalizado, con toda probabilidad anterior a su depósito en el mar, pero todas sus partes substanciales son reconocibles y tiene relieve suficiente pese al desgate. Por tanto la pieza se encuentra claramente en un grado F estándar. En estas condiciones creemos que su precio de mercado debe ser de 100€ en la línea de lo indicado en PELLICER 1971, creyendo excesivamente altas las estimaciones de KRAUSE 2002 (325$ en F), de CALICÓ 2008 (300€ en VF) y de CAYON 1998 (30.000 P).

FIGURA 73.2


La FIGURA 73.2 reproduce la fotografía de un 4 Reales acuñado en Méjico a nombre de Juana y Carlos I, hija y nieto de los Reyes Católicos, acuñada con el Ensayador O, durante el reinado de este último cuya madre aunque victima de enfermedad mental y recluida en un convento en la ciudad castellana de Tordesillas desde poco después de la muerte de su esposo Felipe, nunca llegó a perder “de iure” su título de reina de Castilla, aunque compartió nominalmente el trono con su hijo.
Estas piezas fueron acuñadas en gran cantidad por la Casa de Moneda de Méjico a partir de 1536,con denominaciones de 4,3,2,1, medio y cuarto real con un diseño con columnas de Hércules que fue imitado posteriormente en las primeras acuñaciones de Lima en el periodo 1568-1570 con Rincón como Ensayador. De esta serie son muy raras las primeras acuñaciones en las que las columnas de Hércules son mucho mas gruesas y el 4 del valor está situado encima de la leyenda PLVS VTRA.

FIGURA 73.3


Estas monedas, especialmente los 4 Reales, son muy comunes y suelen encontrarse en muy buen estado de conservación. La pieza mostrada tiene buena acuñación pero desgaste generalizado, con buena apariencia debido a la conservación de su pátina original. Su grado es VF-. Creemos exagerada la valoración de este tipo en CALICÓ 2008 con 500€ (VF), siendo mas afinada la de CAYON 1998 (30.000 P en F) y KRAUSE 2002 (200$ en F). Nosotros consideraremos un precio de mercado de 200€.
La pieza de la FIGURA 73.3  corresponde a los primeros 4 Reales acuñados en Méjico a nombre de Felipe II o Felipe III con escudo coronado en anverso y cruz de Jerusalén en reverso con castillos y leones entre sus brazos, y con el Ensayador F, de acuerdo con los términos establecidos por la orden de Felipe II de 23 de noviembre de 1566. Estas piezas con la leyenda PHILIPPVS II DEI GRATIA (anverso) HISPANIARVM ET INDIARVM REX (reverso) no están fechadas hasta 1607, ya en el reinado de Felipe III. De ellas se conocen dos Ensayadores, el O que acuñó en primer lugar, y el F que acuñó en la parte final del reinado de Felipe II y en la primera del de Felipe III, por lo que en las piezas no fechadas anteriores a 1607, si no es visible el numeral del rey, como en este caso, no es posible determinar a nombre de cuál Felipe, II o III están acuñadas. Ceca y Ensayador aparecen a la izquierda del escudo y el valor (4) en reales, a la derecha, frecuentemente en cifra arábiga.
La pieza tiene buen relieve pese a los fallos de acuñación, aunque su desgaste es generalizado y su limpieza muy probable, por lo que su grado sería F. Estas piezas no fechadas de Méjico son bastantes comunes aunque algo mas las del Ensayador O que las de F. Creemos que PELLICER 1971  la asigna acertadamente la rareza R2 y el precio de 80$ en G, así como CAYON 1998  que la valora en 10.000 P. Nosotros creemos que su precio de mercado en F es 50€, siendo excesivamente alta la valoración de CALICÓ (500€ en VF) incluso la de KRAUSE 2002 (375$ en VF).

FIGURA 73.4


La pieza de la FIGURA 73.4  corresponde a un 4 Reales acuñado en Méjico en 1639 a nombre de Felipe IV con nombre de Ensayador D, único que operaba en esta época en esta Ceca, aunque su inicial no es visible por caer fuera del cospel. Las piezas de 4 Reales de Méjico correspondientes al periodo 1612-1729 son todas ellas muy raras y algunas de ellas rarísimas, como las acuñadas durante los años 30 y 40 del siglo XVII. Llama la atención el buen ojo de PELLICER que ya en 1971 asignaba a estas piezas rareza R4 y sobre todo un precio de 500€. En esta misma línea se sitúa CAYON 1998 que fija a esta pieza un valor de 85.000 en F (aproximadamente 500€), mientras que las valoraciones de CALICÓ 2008 (250€ en lo que estimamos como VF) y de KRAUSE 2002 (375$ en F) nos parecen excesivamente bajas y lejos de la realidad del mercado.
Es especialmente significativo que en la subasta de SEDWICK de 7-9 de abril de 2010 en la que se remató la importante colección de John Pullin con 212 lotes de monedas Macuquinas de Méjico del periodo 1536 a 1733, solamente figuraran 15 piezas fechadas de 4 Reales, de las cuales ninguna pertenecía al periodo 1522-1651. La pieza presenta un aspecto deficiente debido a los defectuosos procedimientos de acuñación de esta Ceca en esos años, así como a las oxidaciones en su superficie por inmersión en agua marina. No obstante, creemos que su grado es F con un valor de 600€, aunque la no visibilidad de la Ceca y lo flojo de la acuñación de 2 dígitos de la fecha reduciría su precio de mercado a 300€.

FIGURA 73.5


La pieza fotografiada en la FIGURA 73.5 corresponde a un 4 Reales acuñado en Méjico en 1658 a nombre de Felipe IV con el Ensayador P. Las piezas de 4 Reales así como las de 8 Reales de Méjico de esta década son muy raras  pero con todo, son las mas fáciles de encontrar de todas las de Méjico comprendidas entre 1621 a 1729, excluidas las de 8 Reales de 1712 a 1714 de las que se han recuperado cierto número de ejemplares con corrosiones marinas al extraer restos de naufragio ocurrido en 1715. Baste decir que en la subasta SEDWICK 2010 a la que acabamos de hacer referencia, de 15 piezas fechadas de 4 Reales Macuquinos de Méjico, 6 de ellas pertenecían a la década de los 50 del siglo XVII.
Estas piezas así como la mayor parte de las supervivientes de la década de los 50 tienen una acuñación muy esquemática en la que no se presta atención a los detalles de las figuras, sino a que la fecha, la Ceca y la sigla del Ensayador queden bien marcadas, por lo que el golpe de martillo de acuñar se centra en ellas. Esta circunstancia puede deberse a la necesidad de que los datos identificativos hicieran posible  la localización de responsables de posibles alteraciones de peso y ley, como había tenido lugar en Potosí, como se demostró en los procesos de 1652. La rareza y el valor de esta moneda son por tanto algo inferiores al de la anterior. Nosotros tendremos en cuanta un valor de 300€ de esta pieza en F, conservación que estimamos que reduciría su precio de mercado hasta 300€, a causa de no ser visible la parte superior de los 4 dígitos de la fecha.

73. CHANGE CURRENCY DESIGN CASTELLANA

Although the Royal Cell of 1475 and the Ordinances of Toledo in 1480 were in charge of establishing the equivalences between the various gold and silver coins circulating in Castile, as well as its value expressed in maravedis as units of account it was eventually Pragmatic Medina del Campo of June 13, 1497 which would set in a stable characteristic of gold and silver coins to mint in different peninsular mints and their designs and exchange with cash from other European countries, especially the area covered by the Ducado born in Venice that had become the currency franca of the Mediterranean area.
The Pragmatic establish a relationship between equivalent weights of gold and silver from 10'44 to 1 by raising a little the price of gold that was in previous provisions at the rate of 10'11 to 1 compared to the silver. The coins that had to be minted from then were the Medio Excelente in 1477 with a value equivalent to 375 maravedis equivalent to the Ducado with a weigh of 3'52 grams and an exchange rate of 11 reales and 1 maravedi, the Cuarto Excelente of 1497 with a value of 187'5 maravedis equivalent to the Medio Ducado and the real of silver with 3'43 grams and an equivalence of 34 maravedis.
The Pragmatics of Medina del Campo does not set silver coinage of values superior the Real, but it does not prohibit their production. Thus, with the same metrology and fineness begin to coin multiples of the Real in America, first in Mexico in the name of Charles and Joanna, and then in Mexico and in Potosi with Philip II.
Thus, from the time of the discovery of rich silver births in Potosí in 1545 and the opening of its Mint with its first issues in 1574, the coinage American of silver is aimed primarily at 8 reales with a value of 272 mrs and weighing 27'44 grams.
Similarly, around 1534 according to the research published by Dasi, the coinage of pieces of 2.4 and 8 reales started in peninsular Mints according to the metrology authorized in the Pragmatic of 1497 for the Real and the same design of these pieces in the name of Ferdinand and Isabella in this provision.
Such type of legends on behalf of the Catholic Monarchs, who died long ago, avoided the thorny issue of having to decide whether these pieces were minted in the name of Joanna, of her son Carlos, or of both. Also at this time the minting of gold Escudos began on behalf of Joanna and Charles in Castilian mints. These coins have a value equivalent to the so-called silver Escudo with a value of 10 reales that was never coined, and whose exchange value was 350 mrs.
These coins actually circulating of the Escudo and its multiples and the real and its multiples, whose exchange value was expressed in maravedis, as well as the copper coin expressed in maravedis, following the monetary vicissitudes of the seventeenth century with the successive crises of the vellon, would be which compose the base of the Spanish monetary system at the time of the Bourbons from 1700 to 1833, the year of death of Ferdinand VII. Within this system, the gold coins which were minted were in the Middle Escudo or durillo, 1'69 weighing grams and a value of 8 reales equivalent to 272 maravedis, the Escudo with 3'38 grams and a value equivalent to 16 reales equivalent to 544 maravedis, the Doble Escudo, the Media Onza or 4 Escudos of 13'5 grams and the Onza or 8 Escudos of 27 grams. The weight and fineness of these pieces vary something throughout the eighteenth century, but in general we can talk about a fineness of 22 carat (916 mils) and a relation between gold and silver of 16 to 1. In order of Philip II of 1566 the value of the Escudo is fixed at 400 mrs, the Ducado at 340 mrs and the Real at 34 mrs.
American silver shipments will be made in increasing numbers over the sixteenth century. Thus, in the period from 1511 to 1535 there an average of 1 million pesos per year (the peso here referred was equivalent to 350 maravedis, being therefore called of the mine, with a weight well above the normal weight, equivalent to 8 reales of silver), around 1550, it reached 9 million pesos and at the end of the century, in the period 1590-1600, 35 million pesos.
This dramatic increase in the amount of imported silver was not comparable with the gold one that from 1571 remained stable at about 3% of silver production. This led to a significant revaluation of gold that by the end of the reign of Charles I stood in a relationship of 12'12 to 1 compared to the silver.
In the design of the silver coin, the Order of Philip II of November 23, 1566 imposed a type of imperial crowned shield on the front and the back cross, occupying the spaces between the arms of the cross, castles and lions of the Castilian kingdom as to the coinage of silver, and this shield on the front and potent cross on the back adorned the arms of the cross on the back. In that gold were coining pieces of 4, 2 and 1 escudo, and in silver, 8, 4, 2 and 1 real. As for the legends, it disappear the allusions to Ferdinand and Isabella, being replaced by the words "Philip II by the Grace of God King of Spain", expressed in Latin. Issues in gold and silver will not be dated until 1589, and the legend will remain unchanged until 1597 when it changed to that of OMNIVM HISP REGNORVM REX framed by a circle in the front and back. But with Philip III in a period from 1610 to 1604 the so-called legend OMNIVM disappears, sooner or later, depending on the various assayers and Mints for the legend above. The gold potent cross, and the lions and castles are framed in silver with 4 lobules of gold, and 8 lobules, 4 of them pointed, in silver.
As for the precise metal abundance, in the mid-sixteenth century was very large, so the gold and silver coins used in the trade were very numerous. This abundance is declining as the century progresses, so coming to an end it had almost disappeared. This effect was due mainly to two factors. On one hand, the gold and silver tended to be treasured as evidenced by its use in the manufacture of props in gold and silver, as a way to have a safe haven on the ongoing price increases and the 4 bankruptcy that occurs during the reign of Philip II. Moreover, the greater portion of cash in gold and silver were exported illegally or legally as a mean used by the Crown to meet its payments abroad. At the end of the seventeenth century, it could be estimated at 10 million ducados the value of precious metals imported from America, while the outputs to the outside could be assessed by 3 million by the state and 3 million by private account, so the phantom of the shortage of capital began once more to appear in the same way as in 1470 at the beginning of the reign of Ferdinand and Isabella.
In 1928, it was published the first work of Hamilton dedicated to the evolution of prices in Spain between the fifteenth and sixteenth century. The aim of this work was to study the correlation between the arrival in Seville of the American metal and the level of prices in the same Seville, its surroundings and Spain in general. It was natural that in 1928, right in the interwar period, it was thought that historical research could provide important light on whether or not to link the money supply to reserves of gold and silver, remember that in Britain the pattern gold in 1925, after the tremendous inflation that followed the Great War in Europe. Thus, by superimposing the import curve of American metal, and the price level in Spain, it could be concluded that, in effect, the rise in prices had occurred in similar proportion to the arrival of shipments of gold and especially silver.
However, the theories of Hamilton enter into crisis from the 50s of the twentieth century as a result of the work of Pierre Vilar and Jorge Nadal showing that the increase in prices in Castile had been more important in the first half of the sixteenth century, while the most notable increase in the import of American metal had taken place mostly in the second half of the century.
It is now considered that the root cause of the output of the coin to other European countries was the progressive replacement of the export of raw materials and manufacturing conducted in the fifteenth century of Castile, by remittance of gold and silver from America, which meant something more important than the price growth, as the sinking of the production of processed products that experienced the Spanish economy in the sixteenth century.
Figure 73.1 shows a 4 Real of Potosi coined in 1738 in the name of Philip V with the Assayer M. The piece has a design similar to that shown in Figures 72.4 and 72.5 in the previous post, although the date of the lower part in the back, the digits coined are 3 (738) to indicate the century, a circumstance necessary after 1700.
The piece has an average visibility, as 2 dates can be seen (one on the back, alone with its last digit), two Mintmarks (P, P) on the front, an Assayer mark (M, at the top right of the front) and the two value marks (4 and 4) in the upper parts of the front and back. The surface of the piece also has an average quality, because the openings of coinage are large, but only affect the sides of the coin. Also, although the piece is cleaned it still retains a substantial part of its original oxide probably coming from a shipwreck.
The piece presents a general wear, in all probability previous to its deposit in the sea, but all substantial parts are recognizable and it has enough relief despite the wear. So the piece is clearly in a standard F degree. Under these conditions we believe that its market price should be 100€ in the line indicated by Pellicer 1971, believing excessively high the estimations of Krause 2002 (325$ in F), Calico 2008 (300€ in VF) and Cayon 1998 (30.000P).
Figure 73.2 reproduces a photograph of a 4 Reales minted in Mexico on behalf of Joanna and Charles I, daughter and grandson of Ferdinand and Isabella, stamped by the Assayer O, during the reign of the latter whose mother, though victim of a mental illness and detained in a convent in the Castillian city of Tordesillas shortly after the death of her husband Philip, never lost "de jure" the title of Queen of Castile, although she nominally shared the throne with her son.
These pieces were minted in large quantities by the Mint of Mexico in 1536, with denominations of 4, 3, 2, 1, half and a quarter of a real with a design with columns of Hercules which was later imitated in the early coinage of Lima in the period 1568-1570 with Rincon as Assayer. In this series, they are very rare the first coinages in which the columns of Hercules are much thicker and the 4 of the value is above the legend PLVS VTRA.
These currencies, especially the 4 reales, are very common and are usually in very good conservation. The piece shown is well minted but with general wear and good appearance due to the preservation of its original patina. Its grade is VF-. We inflated the valuation of its type in Calico 2008 with 500€ (VF), being more in tune Cayon of 1998 (30,000P in F) and Krause 2002 (200$ in F). We consider a market price of 200€.
The piece of the Figure 73.3 corresponds to the first 4 Reales minted in Mexico on behalf of Philip II and Philip III crowned shield in the front and cross of Jerusalem in the back with castles and lions in its arms, and the Assayer F, according to the terms established by order of Philip II of November 23, 1566. These pieces legend PHILIPPVS II DEI GRATIA (front) and HISPANIARVM INDIARVMET REX (back) are not dated until 1607, as well as in the reign of Philip III. Of these, two assayers are known, the O, who coined first and F, who coined at the end of the reign of Philip II and in the first of Philip III, so that in the pieces dated earlier than 1607, It is not visible the numeral of the king, as in this case, it is not possible to determine the name of which Philip II or III are minted. Mint and assayer appear on the left of the shield and the value (4) in real, in the right, often in Arabic numeral.
The piece has good relief despite the failure of issue, although widespread wear and cleaning is very likely, so that its degree would be F. These pieces not dated in Mexico are quite common but a little more those of the Assayer O than of F. We believe that Pellicer 1971 accurately assigns an R2 rarity and a price of 80$ in G, as Cayon 1998 that values it at 10,000P. We believe that its market price is 50€ in F, with the excessively high valuation of Calico (500 € in VF) and even Krause 2002 (375$ in VF).
The piece of the Figure 73.4 corresponds to a 4 Reales minted in Mexico in 1639 on behalf of Philip IV named Tester D, one operating at this time in the Mint, though its initial fall is not visible outside of the blank. 4 Reales parts of Mexico for the period 1612-1729 are all very rare and some of them rare, and those minted during the years 30 and 40 of the seventeenth century. Of note is the good eye in 1971 Pellicer already assigned to these rare pieces R4 and above all a price of 500 €. In the same vein is located Cayon 1998 that attaches to this piece a value of 85,000 in F (about 500 €), while valuations Calico 2008 (250€ in what we believe as VF) and Krause 2002 ($ 375 in F) seem too low and far from market reality.
It is especially significant that in the auction Sedgwick of April 7th -9th, 2010 in which topped the large collection of John Pullin with 212 lots of coins cobs from Mexico 1536-1733 period, it only included 15 dated pieces of 4 reales, none of which belonged to the period 1522-1651. The piece presents a poor appearance due to flawed procedures of issue of this Mint in those years, as well as oxidation on its surface by immersion in sea water. However, we believe that its grade is F with a value of 600€, although the no visibility of the Mint and loose coinage of the 2-digit date would reduce its market price at 300€.
The piece pictured in Figure 73.5 corresponds to a 4 reales minted in Mexico in 1658 on behalf of Philip IV with the Assayer P. The 4 reales pieces, as well as the 8 reales of Mexico of this decade, are very rare but yet they are the easiest to find of all of the Mexican between 1621 to 1729, excluding the 8 reales from 1712 to 1714, of which they have recovered a number of copies with marine corrosion by removing the wreck occurred in 1715. Suffice to say that 2010 Sedgwick in the auction to that we just referred to, of 15 pieces dating from Mexico of 4 reales cobs, 6 of them belonged to the decade of the 50 of the seventeenth century.
These pieces, as well as most of the survivors of the decade of the 50 have a very schematic coinage in which there is no attention paid to the details of the figures, but to well marked date, the mint and assayer, so the hammer to coin focuses on them. This may be due to the need for identifying data that make it possible to locate responsible for possible changes in weight and fineness, as it had taken place in Potosí, as shown in process of 1652. The rarity and value of this coin are therefore a little lower than the previous one. We will take into account a value of 300€ of this piece in F, we estimate that conservation would reduce its market price to 300€, because of not being visible at the top the 4-digit date.

 

El comercio marítimo y el asentamiento de las ciudades situadas en las riberas del Mediterráneo fue una constante en las últimas décadas de la Edad Moderna  conformando un proceso de desarrollo centrado en el eje del Mar Mediterráneo. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XV esta orientación comienza a cambiar, no solo debido al descubrimiento de América que tendrá lugar al final de la centuria. Los descubrimientos africanos de Portugal buscando la ruta marítima hacia la India, el inicio del poder naval de Inglaterra y el fortalecimiento de una industria textil en Flandes de carácter aún artesanal ya hacen que Castilla no vaya a estar sola en el traslado del punto focal de la economía europea del Mediterráneo al Atlántico.
Así, la conquista de la Canarias y el establecimiento de pesquerías en la costa noroccidental africana, procesos iniciados por Castilla ya en 1450 vienen acompañados de empresas mercantiles de gran envergadura llevada a cabo por Inglaterra, Portugal y los Países Bajos con un desarrollo que el avance tecnológico en los sistemas de navegación y en la construcción marítima hicieron posible. Afortunadamente para España el incipiente estado moderno, con ejército y burocracia permanente, creado por los Reyes Católicos aún no había alcanzado un desarrollo suficiente como para exigir una elevación de las cargas fiscales, lo que hubiera dificultado en gran medida la participación castellana en el proceso de desplazamiento del eje del crecimiento económico del Mediterráneo al Atlántico.
A lo largo del periodo 1350-1450, la cantidad de oro y sobre todo de plata acuñada y circulante se reduce drásticamente en Europa. La disminución del comercio con Oriente provocado por la práctica desaparición del Imperio Bizantino y la expansión turca en el Mediterráneo dificultó el suministro de metales preciosos a Occidente que pudieran ser acuñados. Así, en Cataluña, el territorio mas conectado con el resto de los países europeos, la cantidad de oro acuñado se redujo a la quinta parte de la producción media anual en el siglo anterior. Como consecuencia de ello todos los piases inician una escalada de medidas restrictivas para impedir la salida de metales preciosos de su territorio.
En el momento del auge del movimiento económico conocido como Mercantilismo impulsor de la idea de que la riqueza de un país dependía fundamentalmente del volumen de su capital amonedado circulante y en reserva. Como el comercio internacional se basaba en un sistema de pagos en oro y plata amonedados, los países con capacidad exportadora de mercancías tenían la posibilidad de aumentar sus reservas y como efecto derivado, él de incrementar su liquidez interna, lo que permitió un capitalismo inicial que propiciaba el progreso de las ciudades y la mejora del nivel de vida de la población agraria a través de un trasvase de los campesinos hacia las villas, con lo que los ingresos de los labradores y sobre todo de las poderosas organizaciones ganaderas, como la Mesta, se incrementaron  substancialmente.
En Castilla al contrario que en otros reinos europeos, a lo largo de los siglos XIV y XV el número de las Cecas que acuñaban oro aumentó extraordinariamente así como las cantidades amonedadas anualmente en oro y plata. Sin embargo, la imposibilidad de obtener rentas de los territorios de señorío reservados a la nobleza, que sería una de las características de los reinados de los últimos Trastamara determinó que la hacienda real tuviera que hacer frente a sus obligaciones a través de una alteración del contenido metálico de las monedas de oro y plata, admitiendo solo moneda de mejor calidad para el pago de impuestos y realizando sus abonos en monedas de menor peso y ley.
A poco de comenzar el reinado de los Reyes Católicos, mediante Real Célula de 1475 se fijan unas equivalencias estables entre las monedas de oro circulantes expresando su valor en maravedís, moneda de cuenta que habiendo sido inicialmente acuñada en oro a imitación del numerario musulmán acabó constituyendo una moneda imaginaria que aunque no se acuñaba, era empleada para expresar derechos y obligaciones en los contratos y para facilitar los cambios entre las variadísimas moneda circulantes, en base a la fijación del valor de cambio de cada una en función del número de maravedís a los que equivalía.
Esta utilización del maravedí como moneda de cuenta permitió que a lo largo de los siglos XVI y XVII, las monedas de oro y plata realmente circulantes no tuvieran que ser alteradas en peso y ley con objeto de evitar que el valor del metal superara el valor nominal de la denominación acuñada, con el consiguiente efecto de su fundición y exportación inmediata, con objeto de materializar el beneficio derivado de la diferencia entre su valor intrínseco y su valor nominativo. Así, la subida de los precios en maravedís, con la consiguiente disminución de su valor adquisitivo, se compensaba con la subida del precio de las monedas de oro y plata en una proporción semejante, expresada en una cantidad superior de maravedís para obtenerlas.
La única moneda cuyo valor expresaba una cantidad fija de maravedís era la moneda de cobre acuñada en piezas de a 8, 4 y 2 maravedís, durante los reinados de Felipe III y Felipe IV en las Cecas de: Sevilla, Madrid, Toledo, Segovia, Granada, Cuenca y Valladolid. Al subir los precios era necesario acuñar mas moneda de cobre para proporcionar mayor circulante. A su vez, el Estado emitía este tipo de moneda para adquirir con ella moneda de oro y plata en el mercado nacional para satisfacer las cantidades adeudadas a la Banca internacional de la época, debido en gran parte a los gastos de sostenimiento de los ejércitos.
Lógicamente ésto creaba una espiral inflacionaria en la que las propias monedas de cobre circulante fueron a su vez redenominadas en maravedís, aumentando en algunos casos su valor mediante el resello y en otras, disminuyéndolo por este mismo procedimiento, con objeto de tratar de estabilizar los precios mediante una reducción del capital circulante. Puede llamarnos a engaño que toda esta moneda de cobre que componía el circulante normal en la época de los Austrias sea denominada como moneda de vellón o simplemente “vellón”. Ello es debido a que la denominación del menor valor entre las  monedas realmente circulantes, ya en el tiempo de los Reyes Católicos, era la Blanca, pequeña moneda de cobre recubierta con un ligero baño de plata (vellón) con un peso y ley decreciente en el tiempo, llegando a pesar poco mas de un gramo, con una ley de 50 milésimas.
La citada Real Cedula de 1475 fijaba el valor del Enrique de oro en 435 maravedís y el de la Dobla de la Banda en 335 maravedís, y en cuanto a la plata o vellón, el del Real de plata en 30 maravedís y el de la Blanca en un tercio de maravedí.
La segunda ordenación monetaria de los Reyes Católicos se establece en las llamadas Ordenanzas de Toledo de 28 de enero de 1480, en las que se fijan los pesos y equivalencias de las nuevas monedas Castellanas de oro: el Excelente y sus divisores. Eran éstas el Excelente de 1480 o Doble Castellano con un peso de 9´2 gramos que se valora en 960 maravedís, el Medio Excelente de 1480 o Castellano con un peso de 4´6 gramos y un valor de 480 maravedís y el Cuarto Excelente o Medio Castellano con un peso de 2´3 gramos y un valor de 240 maravedís. Respecto a otras monedas de oro de circulación efectiva en Castilla, la Dobla de la Banda se valora en 365 maravedís y el Ducado en 375 maravedís. En cuanto a la moneda de plata  el Real de plata se valora en 31 maravedís. En el periodo comprendido entre 1480 y 1495, el Real llega a cambiarse por 32 maravedís, emitiéndose monedas de cobre de un Cuarto de Real (8 maravedís) y de un Octavo de Real (4 maravedís) con castillo en el anverso y león en el reverso, con la leyenda usual de los Reyes Católicos. Esta moneda se emitió en las ocho Cecas castellanas que acuñaban cobre en estos momentos. Unas piezas de diseño similar, pero a nombre de Felipe II, fueron acuñadas durante su reinado, en las Cecas castellanas.
El cambio mas menudo continuó reservado a las Blancas que fueron acuñadas en gran número en todas las Cecas de Castilla, llegando a alcanzar un valor de medio maravedí. Las Blancas, al principio del periodo, a semejanza de los Follis romanos de la época de la Tetrarquía, conservaban un baño de plata lo que les daba un aspecto semejante al de los Dineros medievales que continuaban circulando, por lo que su aceptación en las pequeñas transacciones entraba dentro de las costumbres de la población.

 FIGURA 72.1

Las cinco monedas a analizar en esta entrada corresponden a ejemplares fechados de 4 Reales acuñados en Potosí, aunque en los dos primeros no es visible ni un dígito de la fecha por caer ésta fuera del cospel. Las dos primeras piezas pertenecen al tipo de escudo coronado en el anverso y leones y castillos en el reverso, semejante al empleado en este tiempo en las acuñaciones peninsulares, mientras que las tres últimas piezas corresponden al tipo con columnas de Hércules en el anverso y cruz griega potenzada en el reverso, con castillos y leones situados entre los brazos de la cruz. En cuanto a leyendas, aunque en ninguna de ellas resulta visible prácticamente ningún carácter, en las dos primeras en el anverso figura del nombre del rey, D G HISPANIARVM y en el reverso ET INDIARVM REX debiendo ser seguida por la fecha, mientras que en las tres últimas, la leyenda del anverso es POTOSÍ ANNO XXXX EL PERV y la del reverso el nombre del Rey D G HISPANIARVM ET INDIARVM REX.
En las piezas de escudo coronado la Ceca y el Ensayador se sitúan a la izquierda del escudo, y el valor a la derecha en romano en las piezas que mostramos, y con 0 encima, mientras que en las piezas con las columnas de Hércules cruzada por la leyenda PLVS VLTRA en el anverso, el valor se sitúa en el centro sobre la leyenda, las marcas de Ceca en las partes superior izquierda e inferior derecha, y las del Ensayador en las partes superior derecha y inferior izquierda, con las marcas de Ceca y Ensayador repetidas por tercera vez a izquierda y derecha de los brazos de la cruz del reverso. La fecha también se inscribe en sus dos últimos dígitos, en el centro bajo la leyenda PLVS VLTRA del anverso y también con dos dígitos bajo la cruz del reverso.
La piezas de 1652 con el Ensayador Elgueta (E) se acuñan ya con el nuevo diseño, impuesto por la necesidad de diferenciar a primera vista las piezas emitidas con el debido peso y ley, después del proceso al que fueron sometidos los responsables de la Ceca, como consecuencia de las  alteraciones fraudulentas en peso y ley de las piezas acuñadas en Potosí antes de 1652.
La pieza de la FIGURA 72.1 es un 4 Reales acuñado a nombre de Felipe III o Felipe IV en Potosí durante el periodo 1618 a 1628 con el Ensayador P identificado en PAOLETTI 1999 como Martín de Palencia. El Ensayador P actuó en Potosí durante este periodo exclusivamente, por lo que la presencia de su sigla en esta moneda limita el intervalo de años en los que pudo ser acuñada. Las piezas de Potosí acuñadas entre 1618 y 1630 con los Ensayadores Martín de Palancia (P) y Juan Ximenez de Tapia (T) con el año identificable son rarísimas siendo imposible encontrar ejemplares con fecha segura reproducidos en las obras de referencia como las de CAYON, CALICÓ, PELLICER, SELLSCHOPP y KRAUSE. Es difícil encontrar ejemplares de 8 Reales de este periodo con fecha segura, pero en el caso de los 4 Reales es prácticamente imposible. La causa es el reducido tamaño de los cospeles en relación al de los escudos de anverso y reverso, lo que hace que prácticamente siempre la fecha quede fuera del cospel.

 FIGURA 72.2

CALICÓ 2008 incluye una sola referencia a estas piezas, el 1621P al que asigna un precio de 500 €, mientras que CAYON 1998  no incluye referencia alguna, mas allá del 1617M al que asigna un precio de 15.000 P. Nosotros estimamos un precio de referencia de 600€ en F para un ejemplar con estas características cuyo año pudiera ser identificado con seguridad. El ejemplar aquí reproducido podemos considerarlo en grado F ya que su aparente desgaste se debe mas bien a flojedad de acuñación. KRAUSE  2002 no incluye referencia a ejemplar alguno con fecha, y para los ejemplares fuera del cospel fija un precio de 60$ en G, 80$ en VG, 140$ en F y 200$ en VF que creemos exagerado. Por tanto, siguiendo el criterio de dividir por 9 el valor de una pieza Macuquina de escudo coronado cuando su fecha no es identificable en modo alguno, fijaremos en este caso el precio de mercado de esta pieza en 50€.
Todo lo anteriormente dicho es aplicable a la pieza cuya fotografía aparece en la FIGURA 72.2. Se trata de un 4 Reales acuñado en Potosí a nombre de Felipe III o Felipe IV en el periodo comprendido entre 1618 y 1630 con el Ensayador Juan Ximenez de Tapia identificado por la letra T de acuerdo con lo señalado en PAOLETTI 1999. La pieza es enteramente similar a la anterior en cuanto a la visibilidad de sus datos identificativos y su conservación (grado F). La sigla P de Potosí figura en el anverso a la derecha del escudo y la sigla T del Ensayador debajo de la marca de Ceca. Aunque el Ensayador T actúa en Potosí hasta 1628 según PAOLETTI, el arte de la pieza la sitúa como acuñada antes de 1630.

FIGURA 72.3


PELLICER 1971 incluye una sola referencia a estas piezas, la del 1624T a la que asigna una rareza R4 y un precio de 250$. CAYON 1998 solamente indica como conocida, la existencia de una pieza, el 1624T. CALICÓ 2008 incluye referencias del 1624 y 1628 con el Ensayador T, a las que asigna (asumimos que en VF) un precio de 250€. KRAUSE 2002 con fecha fuera de cospel las valora igual que las piezas de 4 Reales con el Ensayador P. Nosotros aplicamos el mismo criterio que en el caso de la pieza anterior. Por tanto, el valor de la moneda sería de 600€, pero al no poderse identificar en modo alguno el año de emisión, lo dividiríamos por 9, quedándonos con un precio aproximado de mercado de 50€.

FIGURA 72.4


Las piezas de las FIGURAS 72.3 y 72.5 corresponden a 4 Reales acuñados en Potosí a nombre de Carlos II en los años 1698 y 1694 respectivamente con el Ensayador Pedro Villar (VR). Estas piezas corresponden ya al diseño con la columnas de Hércules por lo que prácticamente siempre son identificables Ceca, Ensayador y año, ya que aparecen tres veces impresos en la moneda, cada uno de ellos. PELLICER 1971 considera estas piezas con rareza entre R2 y R3 con unos precios que oscilan entre 100 y 200$. CAYON 1998 las valora entre 22.000 P y 24.000 P en F y CALICÓ 2008 en 300€ (asumimos que en VF). Nosotros consideramos que el valor de este tipos de piezas de 4 Reales de Potosí posteriores a 1651 con visibilidad media de los datos y grado F, es de 100€, por lo que el precio de mercado de la primera pieza sería de 50€ en VG y el de la segunda, 35€ en F, una vez dividido su valor por 3 como consecuencia del agujero que atraviesa la pieza.

FIGURA 72.5


Por último, la FIGURA 72.5 muestra un 4 Reales de Carlos II acuñado en Lima, en 1697 con el Ensayador H. Las piezas de Lima con este diseño se empiezan a emitir en 1694 y la última pieza conocida es de 1748 ya con Fernando VI. La pieza es valorada por debajo de las de Potosí por PELLICER 1971 y un 50% por encima por CAYON 1998, mientras que CALICÓ 2008 le asigna el mismo valor que a las de Potosí. Nosotros creemos que el valor de las piezas de Lima (identificadas por una L en lugar de una P como Ceca y ondas hacia abajo, bajo la fecha principal en lugar de hacia arriba como en las que Potosí) de 4 Reales es el doble que el de las de Potosí. En estas condiciones el precio de mercado de esta pieza en VG- sería 72€.

Miércoles 07 de Septiembre de 2011 19:18

71. Llega a Europa la plata americana

por Ernesto Gutiérrez Guinea

En las entradas precedentes hemos venido introduciendo los conceptos de moneda Macuquina, cuáles son las características que la definen, cuáles son los criterios que se pueden emplear para su valoración, cuál es la rareza relativa de las diferentes Cecas que acuñaron este tipo de moneda, cuáles fueron los Ensayadores mas caracterizados de cada una de las Cecas peninsulares, cuáles son las publicaciones de mayor interés donde podemos encontrar información sobre estas monedas, cuál ha sido la evolución de los precios de las Macuquinas a lo largo de los últimos 50 años y cuáles han sido las ventas públicas mas significativas en la que los 4 Reales peninsulares han sido ofrecidos.
Precisamente a la par que aportamos información sobre todos estos aspectos, hemos ido analizando un tipo particular de piezas Macuquinas como los 4 Reales peninsulares de mas fácil accesibilidad, en especial las emisiones de Sevilla y Toledo, para el coleccionista medio. De esta manera a través del estudio de piezas concretas hemos tenido ocasión de aplicar de forma práctica la información suministrada sobre los aspectos enumerados anteriormente.
Las monedas producidas en un país y una época determinada son producto de las circunstancias por las que atravesaba un país durante un cierto periodo de tiempo. Esto se refiere no solo a lo que los estudiosos llaman la metrología, ésto es el peso y la cantidad de metal precioso que viene asociada a la moneda, así como los diseños empleados, los procedimientos de fabricación y las disposiciones que regulaban la emisión y la admisión de las monedas con expresión de su valor liberatorio para efectuar pagos y consignar derechos y obligaciones en los contratos mercantiles.
Por ello, si tenemos como aspiración el llegar realmente a amar a las monedas, lo que nos retribuirá sobradamente el sacrificio de coleccionarla, debemos tener los elementos necesarios para apreciar las monedas en su contexto, lo que exige un conocimiento siguiera somero de los hechos mas significativos que tuvieron lugar en su país de emisión durante el tiempo en que éstas estuvieron circulando es decir entregadas y recibidas como medio de pago. Esta contextualización de las monedas la realizábamos en nuestro volumen sobre El Valor de los Sestercios a través de una breve síntesis de las circunstancias mas sobresalientes que jalonaron el reinado de cada emperador, haciendo especial hincapié en aquellas que tuvieron una influencia mas importante en la producción y en el diseño de los Sestercios.
La emisión de moneda Macuquina tiene lugar en España para las denominaciones superiores al Real, en los siglos XVI al XVIII, centrándose la producción por lo que respecta a las Cecas peninsulares en los reinados de Carlos I, Felipe II, Felipe III y Carlos II, ésto es durante el asiento de la Casa de Austria en la Monarquía Hispánica. Con posterioridad a Carlos II solo se acuñaron a martillo en tiempos de la Casa de Borbón contados ejemplares de Felipe V en Madrid y Sevilla en los primeros años del siglo XVIII, siendo el resto de las Macuquinas acuñadas por Fernando VI y Carlos III solamente en las Cecas Hispanoamericanas, principalmente Méjico hasta 1733, Lima hasta 1751 y Potosí hasta 1773.
De esta manera, el análisis del resto de las monedas Macuquinas divisionarias a las que pasaremos revista en estas páginas en las entradas 71 a 80, irá precedido de reflexiones sobre la evolución de las circunstancias por la que atravesó el Imperio Español en esta época, especialmente en los siglos XVI y XVII, haciendo especial hincapié mas que en los acontecimientos políticos de los cuáles podemos encontrar información exhaustiva en los libros de historia, en los fenómenos de carácter económico que influyeron en estos acontecimientos y a través de ellos en la abundante producción de instrumentos legislativos que regularon la producción y el curso de las monedas, en especial las de plata, y su expresión en unidades de cuenta cuyo elemento esencial tanto para el oro como la plata, continuó siendo el maravedí castellano.
Queramos verlo de una u otra manera, la realidad es que la unión de los Reinos de Castilla y de Aragón en las personas que conocemos como Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, tuvo un carácter personal, sin que en modo alguno se produjera una unificación de las instituciones de gobierno no solo ni de Castilla y Aragón, sino tampoco de cada uno de los Reinos que componían las llamadas Coronas de Castilla y de Aragón, conjunto cada una de ellas de los llamados reinos históricos como los de Galicia, León, Castilla y Granada dentro de la Monarquía Castellana, y de Aragón, Valencia, Mallorca, Nápoles y Principado de Cataluña de la Monarquía Aragonesa. Incorporaciones posteriores como la del Reino de Navarra y los virreinatos que se van creando en los países de América ya se enmarcaron en lo que podemos llamar Monarquía Hispánica, concepto que toma carta de naturaleza, aunque no institucional, con la subida al trono de Juana como hija Isabel y Fernando, y que se asienta definitivamente con las asociación al trono de su hijo Carlos I como “HISPANIARVM REX” es decir Rey de las Españas, título con el cual aparece reflejado junto con su madre ya en las monedas de 4,2,1 y medios Reales de Méjico, título que ya será distintivo de los reyes españoles desde de Felipe II hasta Isabel II.
Esta diversidad de instituciones de gobierno, muchas de ellas en el caso de los reinos de la Corona de Aragón, incorporando Cortes propias, tuvo un reflejo paralelo en las monedas, que continuaron siendo emitidas tanto en el sistema aragonés, con el Ducado, el Principat y el Croat catalanes, como el Florin mallorquín o valenciano, el Real navarro en las emisiones de oro y plata, y el Dobler catalán y el Cornado navarro en las de cobre. No obstante, el mayor peso económico y demográfico de Castilla determinó que la mayoría de las emisiones en plata fueran realizadas en Reales castellanos, especialmente a partir del momento en que el monopolio de Castilla en cuanto a la recepción de la plata americana tomo carta de naturaleza a través de la Casa de Contratación de Sevilla.

FIGURA 71.1

 


El desarrollo y el aumento del nivel de vida que se produjo en todos los reinos hispánicos en el tramo final del reinado de los Reyes Católicos, así como la bonanza económica que siguió a la recepción de las primeras llegadas de plata americana, y el creciente papel de España como potencia hegemónica en Europa hizo que a lo largo del siglo XVI, este pluralismo institucional no fuera visto como una rémora para el bienestar económico sino como un sistema de defensa de los derechos tradicionales de los habitantes de cada territorio que, en definitiva, habían experimentado una mejora general del bienestar en todos los reinos peninsulares. Sin embargo, al ir cambiando substancialmente las circunstancias económicas debido al empobrecimiento económico y demográfico de Castilla como consecuencia del mantenimiento casi permanente de un clima de conflicto bélico, lo que antes era mirado como una potencialidad, a lo largo del siglo XVII pasó a ser considerado como algo que tenía que ser uniformizado para restituir la riqueza al país, lo que en cierta medida una agotada Casa de Austria ya no se encontraba en condiciones de realizar, y que en cierta medida fue un papel que sería asumido por la dinastía borbónica a la muerte de Carlos II.
Realmente, el periodo 1500-1600 no fue en modo alguno un periodo uniforme en el que España se consolidaría como lo que hoy llamamos una Monarquía moderna con un ejército y una burocracia al servicio de los reyes. Es claro que la situación, optimista, al principio del siglo, y pesimista, a su final, eran claramente diferentes. Lo que ya no es tan claro para la mayor parte de los historiadores es en qué momento se da el punto de inflexión entre una u otra visión de la realidad nacional. Desde luego, este punto no tiene directamente que ver con el cambio de reinado, de Carlos I a Felipe II, que se da en 1556. Hay para unos u otros determinadas fechas, todas ellas en tiempo de Felipe II, que se consideran mas significativas para un cambio de tendencia, como 1559, 1567 o 1580. En todo caso, los testimonios de los autores contemporáneos coinciden en considerar que al final del reinado de Felipe II en 1598, ya que barruntaba la extrema dificultad de mantener el papel hegemónico de España entre las potencias europeas y de proporcionar a la población el incremento y aún el mantenimiento, de su nivel de vida.

FIGURA 71.2

 


En todo caso, es indudable que España constituye lo que hoy llamaríamos una experiencia de éxito en el denominado en la historia económica como capitalismo mercantil. En este modelo de crecimiento previo a la revolución industrial solo se divisaban dos procedimientos de incrementar la riqueza de una nación: la incorporación de nuevos territorios y la apropiación de recursos mediante la actividad militar. América sería el ámbito que permitiría que España se beneficiara de ambos procedimientos, aunque posteriormente, sobre todo en la segunda mitad del siglo XVII, ello acarreara finalmente el hundimiento de su economía.
La pieza de la FIGURA 71.1 es un 2 Reales acuñado en Sevilla a nombre de Fernando e Isabel sin marca de Ensayador. Esta moneda , como todo los múltiplos de Real acuñados a nombre de los Reyes Católicos, según la totalidad de las autoridades en materia de numismática española, no fueron emitidas en tiempo de su reinado, sino posteriormente desde mediados de los años 30 el siglo XV con Carlos I hasta 1566 con Felipe II, momento en que cambia el diseño de los Reales, pasando de escudo de los Reyes Católicos en anverso y yugo y flechas en reverso a escudo imperial de la Casa de Austria en anverso y leones y castillos en el reverso. Por tanto, la leyenda alusiva a Fernando e Isabel como Reyes de Castilla, León y Aragón es meramente figurativa, a imitación de la de las piezas de Real y divisores que se venían emitiendo con idénticas características, en virtud de la Pragmática de Medina del Campo de 1497.
Desde el punto de vista de su valoración, los precios de los Reales de a 2 y de a 4 de Sevilla con este diseño, depende fundamentalmente del tamaño de su módulo según éste permita o no la completa legibilidad de las leyendas de anverso y reverso. Así cabe entender que la valoración de este tipo de piezas en CALICÓ 2008 (130€) se refiere a ejemplares con legibilidad completa de su leyenda, como es éste el caso. La pieza es muy redonda y con una acuñación muy cuidada. La existencia o no de marcas de Ensayador y el tipo de éstas, en nuestra opinión, no altera excesivamente el valor comercial de estas piezas.
La conservación es VF, ya que el desgaste afecta exclusivamente a las partes altas de la moneda. En esta condiciones considerando que la pieza conserva gran parte de su pátina original, su precio de mercado sería de 159€.
La pieza cuya fotografía se muestra en la FIGURA 71.2 corresponde a un 2 Reales acuñado en Burgos a nombre de Isabel y Fernando emitido en el mismo periodo que la pieza anterior. El ejemplar presenta un módulo de menor  tamaño que el de la FIGURA 71.1, pero aún así la leyenda puede ser leída en su integridad, aunque al ser mayor el tamaño relativo de sus caracteres no quedó espacio para la mención a Aragón en el reverso. La marca de Ceca es una B situada en el reverso junto a la punta de las flechas, mientras que la del Ensayador se encuentra a la derecha del escudo.
Estas piezas de Burgos son muy raras en comparación con las correspondientes de Sevilla como la mostrada anteriormente. Creemos, por tanto, que su valor es del orden de 4 veces el de las de Sevilla. En este sentido estimamos que su valoración en CALICÓ 2008 (600€ en VF) es acertada, habiendo permanecido claramente minusvalorada en las ediciones de 1994 (22.000 P) y 1988 (18.000 P) en la misma forma en que lo hace CAYON 1998(20.000 P en F) y CAYON 1980 (15.000 P, en VG según nuestra opinión).

FIGURA 71.3

 


La pieza está notablemente circulada pero mantiene aún la visibilidad de los elementos básicos de su diseño: castillos, leones, yugo y flechas, aunque sin detalle alguno. Ello nos conduce al grado VG+ con un valor algo superior en este grado, al que da CALICÓ 2008 en VF, que correspondería a un valor de 150€ en VG, por lo que fijaremos un precio de mercado de 180€.
La pieza de la FIGURA 71.3 es un 2 Reales de Granada acuñado a nombre de Isabel y Fernando emitido en las mismas circunstancias que las de las dos monedas anteriores, sin que puede apreciarse en ella marca de Ensayador. La pieza se encuentra en un grado XF sin que pueda reconocerse en ella, sin ayuda de lupa, desgaste alguno producido por su circulación. Además la pieza conserva prácticamente el apresto y el brillo mate original impreso en su acuñación. En estas condiciones, si la moneda tuviera un módulo de las misma características que las de la FIGURA 71.1, su precio sería del orden de 300€.
No obstante, la pieza presenta dos características que disminuyen su valor notablemente: lo recortado de su módulo y la existencia de doble acuñación en el escudo del anverso, lo que minora su precio de mercado hasta casi un tercio de su valor, ésto es 115€.

FIGURA 71.4

 

La FIGURA 71.4 muestra una difícil pieza de 2 Reales acuñada en Granada en 1597 a nombre de Felipe II  con el Ensayador identificado con la letra C. Este mismo ejemplar, en concreto, ha supuesto a lo largo del tiempo una cierta dificultad para su clasificación, fundamentalmente debido a que no se conocían otros ejemplares de otras denominaciones de Granada con este Ensayador, en esta época.
Así, CALICÓ en sus ediciones de 1981 y 1988 consideraba esta pieza como acuñada en Cuenca con el Ensayador G y fecha invisible. Posteriormente, la importante subasta de Reales de a 2 rematada por AUREO el 9 de Abril de 2003  incluyó un ejemplar de este mismo tipo de 2 Reales de Granada de 1597 con el Ensayador M con un módulo muy grande que permitía la visibilidad de todos sus datos identificativos. Esta pieza tenía circunferencia entre leyenda y escudo en el anverso, pero no en el reverso. La pieza fue adjudicada en 420€.
Este tipo con fecha 1597 parece existir tanto con Ensayador M como con Ensayador G y tanto con circunferencia enmarcando la leyenda como sin ella, ya sea en anverso como en reverso o en ambos.
Esta misma pieza ya aparece fotografiada y clasificada correctamente tanto en CALICÓ 2008 (300€ en VF) como en CAYON 1980 (10.000 en F). Su conservación es F+ ya que presenta desgaste generalizado, pero no muy fuerte aunque la tosquedad de las acuñaciones de Granada de la época la haga parecer en peor conservación. Pese a la extrema rareza de la pieza de la que no conocemos otro ejemplar publicado, la falta de visibilidad de sus datos identificativos, limitados a la parte baja de los 4 dígitos (1597), aunque suficiente para su clasificación, reduce su precio de mercado a 200€.

FIGURA 71.5

 

La fotografía mostrada en la FIGURA 71.5 reproduce un 4 Reales de Felipe II o Felipe III acuñado en Potosí dentro de los periodos 1578-1586, o 1589-1602 con el Ensayador Juan de Ballesteros que de acuerdo con la investigaciones publicadas por PAOLETTI en su obra sobre los 4 Reales de Potosí (PAOLETTI 1999) ensayó en este Ceca durante estos periodos, marcando sus piezas con la sigla, B en este caso acuñada sobre la huella de  otra inicial no completamente discernible.
Las piezas de Potosí de esta época con Ensayador B son las mas comunes, siendo imposibles distinguir si son de Felipe II o de Felipe III al no estar fechadas y caer fuera del cospel, en la mayor parte de los casos, el numeral del rey. Esta pieza es la mas corriente de todos los 4 Reales Macuquinos acuñados en Cecas americanas. Los precios de estas monedas señalados tanto por CALICÓ como por CAYON  en sus últimas ediciones son básicamente coincidentes con los de las adjudicaciones en las subastas de los últimos años, con un valor en CALICÓ 2008 de 250€ (en VF según nuestra opinión) y en CAYON 1998 (16.000 P en F en nuestra opinión). La presente pieza se encuentra en un grado VG con desgaste sobre toda la moneda y zonas totalmente borradas en la parte central del anverso y del reverso. También la leyenda tiene pocos caracteres identificables, entre los que no se encuentra el numeral del rey. Por todo ello, estimamos un precio de mercado de 65€.

 

A nadie que haya ojeado con asiduidad catálogos de subasta donde aparezca suficiente número de piezas de 4 Reales peninsulares correspondientes a los reinados de Felipe III y Felipe IV le puede pasar desapercibido el hecho de las muy diferentes frecuencias con las que aparecen las piezas de cada uno de estos reyes. La misma impresión se obtiene si hacemos un recorrido por convenciones numismáticas en España, Europa, o América. Por cada ejemplar de Felipe IV que encontremos habremos visto varios de Felipe III y, en general, la conservación media de éstos es aproximadamente de un grado mas, y además los módulos de las piezas de Felipe IV suelen ser mas pequeños y su acuñación, en especial la de Sevilla, está mucho mas descuidada, por lo que la probabilidad de que la fecha sea visible es bastante mas pequeña que en el caso de las piezas de Felipe III.
Para poder aportar algún dato que contraste empíricamente esta situación podemos acudir una vez mas a la subasta CAYON 2000 en la cual se ofreció en venta una colección muy numerosa de piezas de 4 Reales de la Casa de Austria, en la cual figuraban 125 ejemplares de 4 Reales peninsulares de Felipe III y solamente 30 ejemplares de Felipe IV. Es decir que la proporción era aproximadamente de 4 a 1. También en el catálogo de la colección Casanovas, especializadas en piezas de Felipe IV rematada por AUREO en 14 de enero de 1982 podemos observar el escasísimo número de ejemplares de 4 Reales peninsulares incluidos en la colección totalizando menos piezas que las de 8 Reales peninsulares.
Es por ello que no podemos estar de acuerdo con la valoración de las piezas de 4 Reales peninsulares de Felipe IV que en las ediciones de CALICÓ tienden a alcanzar precios mas bajos que las piezas correspondientes de Felipe III. En las ediciones de CAYON  se corrige algo esta tendencia en base a fijar valores medios entre ambos tipos de piezas. Probablemente esta subestimación del valor de las piezas de 4 Reales peninsulares de Felipe IV proviene de las estimaciones de rareza y precios que realizó PELLICER en 1971, quizá por haber tenido ocasión de observar colecciones en las que las piezas de Felipe III se encontraban subrepresentadas.
Esta situación es especialmente llamativa en el caso del KRAUSE 2002  que a nuestro juicio valora muy ajustadamente las piezas de Felipe III acuñadas en las diferentes Cecas peninsulares que operan en este reinado, en 4 grados de conservación de VG a XF, pero que en el caso de las piezas correspondientes de Felipe IV, fija unos valores del orden de la mitad, en cualquier grado  de conservación.
Así, como tenemos que piezas como el 1627 o el 1634 de Sevilla (FIGURAS 64.4 y 64.2) se valoran en 50$ en VG, 100 $ en F, 185$ en VF y 350$ en XF; o sea que se está suponiendo que es posible, o al menos lo era en 2002, el obtener una pieza como éstas en XF por un precio aproximado de 250€, lo que en verdad parece difícil, cuando la mayor parte de los coleccionistas y de los comerciantes numismáticos especializados en Macuquinas han tenido ocasión de observar muy raramente una moneda de este tipo en esta conservación, en cualquier circunstancia de tiempo o lugar.
Ciertamente, existen piezas de 4 Reales de Felipe IV que no son difíciles de encontrar, en concreto las fechas de Toledo de 1622 a 1624, pero ésto no es mas que una excepción que confirma la regla. Nosotros estimamos que, en efecto, la rareza de las piezas de Toledo de 4 Reales de Felipe III y Felipe IV son equivalentes, alcanzando un valor en F del orden de 200€, pero éste no es el caso de las piezas de Sevilla donde estimamos que el valor de las de 4 Reales de Felipe IV es de unos 400€ en F, frente a las de Felipe III, mas fáciles de encontrar en especial las del Ensayador V, con un valor de unos 200€ en F.
En cuanto a las piezas de Madrid y Segovia mas fáciles de encontrar: el 1621V de Felipe III y el 1651A de Felipe IV para Madrid y el 1611A de Felipe III y el 1625R de Felipe IV para Segovia, estimamos que su valor es equivalente, ésto es, unos 400€ en F, es decir el mismo valor de las piezas de Sevilla de Felipe IV y el doble del valor de las de Toledo de Felipe III y Felipe IV.
Respecto a las piezas de Granada, relativamente fáciles de encontrar las de Felipe III y muy difíciles las de Felipe IV, consideraremos las primeras como raras, con un valor de 400€ en F, y las segundas como muy raras, con un valor de 800€ en F, mismo valor que estimamos para la única pieza fechada de Burgos conocida, el 1651BR de Felipe IV, una de las grandes rarezas de la serie de los 4 Reales Macuquinos peninsulares. Este valor, 800€, también lo asignaremos a la escasas piezas conocidas de Valladolid de Felipe III, todas ellas anteriores a 1616.
En cuanto a piezas de Valladolid fechadas en 1651, durante el reinado de Felipe IV, aunque es posible que existan, probablemente con un arte similar al de las piezas de 8 Reales, no podemos afirmar que efectivamente fueron acuñadas por no haber tenido ocasión de poder observar ninguna con Ceca segura, ya que los ejemplares reproducidos en algunos catálogos en los que no se puede leer la marca de Ceca, el tipo de diseño de la fecha y de los leones y castillos es muy distinto del empleado en el grabado de los 8 Reales de Valladolid de 1651, por lo que creemos que no fueron acuñados en esta Ceca.
La pieza mostrada en la FIGURA 70.1 corresponde a un 4 Reales de Felipe III acuñado en Segovia en 1611 con el Ensayador Andrés Pedrera identificado por la sigla A. Las acuñaciones de Segovia de 1611 y 1612 con el Ensayador A tienen una factura de grabado extremadamente cuidadosa que nos recuerda el arte empleado en las emisiones coetáneas efectuadas  en esta misma época en el Ingenio de Segovia mediante la producción por el sistema de rodillos en la Casa de Moneda situada a orillas de rio Eresma.

                                          

FIGURA 70.1


Aunque estas monedas, los 4 Reales Macuquinos de 1611 y 1612, fueron acuñados a martillo en la llamada Casa Vieja, si observamos un ejemplar en suficientemente buena conservación, podremos apreciar en el anverso todos los detalles de las figuras que aparecen en los distintos cuarteles. Igualmente, la marca de Ceca, ascendente en vertical con 3 arcos, es enteramente semejante a la de las piezas acuñadas a rodillo. También los caracteres empleados en las leyendas de anverso y reverso son de un acentuado clasicismo enteramente semejante al de los ejemplares de Ingenio. Particular identidad con éstos, se da en el tipo empleado para los castillos y leones que se pueden observar perfectamente en la pieza de la FIGURA 70.1, ya que el estado de conservación del reverso, lo permite. Los leones son rampantes y con las garras delanteras en la misma vertical y las traseras en la misma horizontal, mientras que los castillos tienen un frente en dos planos y ventanas en la parte central, en forma similar a los utilizados en piezas como el 8 Reales de Madrid de 1620 y los ejemplares del Ingenio de la época, así como el de los Cincuentines.
La pieza mostrada en la FIGURA 70.1, tiene un desgaste producido por la circulación limitado exclusivamente a las partes mas altas de la moneda, como el escudete de Portugal y la parte central de la corona sobre el escudo, mientras que el aparente desgaste del león inferior izquierdo del reverso, corresponde a falta de presión en la acuñación y no al uso de la moneda. La calidad de la acuñación de las fechas 1611 y 1612, no se da en fechas anteriores y posteriores de Felipe III de otros Ensayadores, por lo que no debe extrañarnos que corresponda al Ensayador Andrés Pedrera que posteriormente actuaria como  tal en el Ingenio Segoviano desde 1617 a 1621 cuando éste produce piezas con diseño de grabado similar.

                                          

FIGURA 70.2


La pieza que aparece en la FIGURA 70.2 es un 4 Reales acuñado en Burgos en 1651 a nombre de Felipe IV con el Ensayador Bernardo de Pedrera (BR entrelazadas). Esta es, quizá, la pieza mas rara de los 4 Reales peninsulares de Felipe IV con la posible excepción de 1621 de Granada del cual conocemos un único ejemplar, con la fecha y el Ensayador muy claros, pero tal como puede apreciarse contemplando su fotografía, con las dos primeras cifras romanas del numeral del rey (II) no legibles, por lo que aunque en los catálogos se suele atribuir a Felipe IV, creemos que no es posible realizar la asignación a Felipe III o a Felipe IV problema  que siempre se plantea con el año 1621 en el que cambia el monarca, cuando el numeral del rey no es visible en su integridad.
La pieza de 1621 de Granada se adjudicó en 290.000 P en la subasta CAYON 2000, habiendo formado parte de la venta pública de la colección CAYON de 4 Reales peninsulares de los Austrias. Esta pieza es reflejada en fotografía tanto en CALICÓ como en las diferentes ediciones de CAYON.
En cuanto al 1651 de Burgos, esta misma pieza fue adjudicada en la subasta de CAYON del 13 de diciembre de 2001 por un precio de 200.000 P, advirtiéndose en el catálogo que no figuraba en la colección CAYON y que sus autores solo conocían la existencia de otro ejemplar. Este otro ejemplar, con los 4 dígitos de la fecha visibles, es el que tras su publicación en PELLICER 1971 viene apareciendo en las sucesivas ediciones de CALICÓ y CAYON, con la excepción de CALICÓ 2008  en la que ya se recoge la reproducción fotográfica que, cedida por su actual poseedor, mostramos en la FIGURA 70.2. Nosotros consideramos esta pieza como muy rara, pero no como rarísima (con valor doble), categoría que reservaríamos para el 4 Reales no fechado de Felipe II de Cuenca o las acuñaciones de 4 Reales de Segovia tipo OMNIVM.
La pieza tiene visibles todas las partes substanciales de diseño, incluyendo cierto detalle del escudete de Portugal, las ventanas de los castillos y las cabezas de los leones del reverso, por lo que la consideraremos como VF-, ya que el vano que afecta a la corona en el anverso y la parte superior izquierda del reverso es producto de poca presión de acuñación y no a desgaste. Por tanto, el valor que le correspondería conforme a la escala usual que venimos empleando seria de 340€ como VF- multiplicado por 4, como pieza muy rara, dando un valor de 1.260€.

                                      

FIGURA 70.3


La visibilidad de los datos identificativos de la pieza, consideramos que es un claro ejemplo de los que venimos llamando visibilidad normal, visibilidad para la que venimos aplicando la escala de 100€ en VG a 800€ en XF para las piezas comunes de 4 Reales Macuquinos peninsulares. En este caso son completamente visibles Ceca, Ensayador, el tercer dígito de la fecha (5) y la mitad inferior del último (1). Por tanto, su precio de mercado sería también de 1.260€.
La FIGURA 70.3 muestra un 4 Reales acuñado en Sevilla a nombre de Carlos II con el Ensayador Manuel Manso, representado por la sigla M. Esta moneda pertenece a la serie de las llamadas “Marias” a causa de presentar en su anverso un monograma consistente en una M y una A enlazadas, sobre el que se sitúa una cruz que lleva a la izquierda la letra R (reales) y a la derecha la denominación en reales (8). En la parte inferior izquierda figura la fecha (de 1687 a 1694) que en la mayor parte de los ejemplares conservados no es visible a cause del escaso tamaño del cospel. En el reverso figura escudo coronado cuartelado con los castillos y leones característicos del Reino de Castilla y León, figurando en el pie del escudo una granada, emblema de ese Reino. Alrededor de todo ello, figura la inscripción CAROLVS II D G HISPANIAR REX / PROTECTIONE VIRTVTE que prácticamente nunca presenta ningún carácter visible.
Estas piezas son autorizadas por la Pragmática  de 14 de octubre de 1686 que da un paso mas en la devaluación de la moneda llamada de vellón (acuñaciones en cobre, cuyo valor se expresa en maravedís)  haciendo corresponder a esta nueva serie acuñada en plata, expresada en reales, un peso inferior al de los antiguos Reales (bajando el Real de a 8, de 27´6 gramos a 22´08 gramos). De esta manera el Real de a  8 tradicional de evaluaba en 12 reales de vellón, con un valor de 34 maravedís cada real de vellón, lo que antes representaba un Real de plata. Al propio tiempo, el nuevo Real a 8 tipo “María” se evaluaba en 15 reales de vellón o sea 510 maravedís. Esta disposición supuso  el establecimiento del maravedí como una auténtica moneda de cuenta que, aunque no se acuñaba, era utilizada en la mayor parte de los contratos entre particulares y cuentas públicas, siendo variable dependiendo de las circunstancias económicas, la cotización en maravedís de los Reales de a 8, tanto antiguos como nuevos, que continuaron acuñándose en España como en América (solo los de tipo antiguo).
La atribución de la pieza a Sevilla en lugar de a Madrid, podemos hacerla ya que en las de Madrid, la R y el 8 ocupan posiciones cambiadas respecto a la cruz (8 R, en lugar de R 8). De la fecha puede apreciarse la parte inferior del tercer dígito y la práctica totalidad del último. La difícil visibilidad de la fecha hace que estas piezas alcancen altas valoraciones, siendo inédita la fecha 1691 y valorándose en CALICÓ 2008 la fecha 1689 en 1.200€ y en CAYON 1998 en 90.000 P. Nosotros consideraremos a la pieza como muy rara por la citada difícil identificabilidad de los datos.

                                         

FIGURA 70.4


En cuanto a la conservación, aunque la pieza conserva la totalidad de la pátina original, lo cual hace agradable su aspecto, el desgaste afecta a la generalidad de su relieve (en especial a los leones y castillos) por lo que consideraremos  la pieza como F-, con un valor por tanto de 4 veces 170€, o sea 680€, aunque la escasa visibilidad de los datos (justo al límite para poder identificar la pieza) y el fallo de acuñación en el anverso baja su precio de mercado a 350€.
La pieza mostrada en la fotografía de la FIGURA 70.4 corresponde a un 4 Reales de Felipe II acuñado en Segovia en 1593 con el Ensayador Juan de Ortega, representado por la letra I. La marca de Ceca está constituida por un acueducto de factura muy tosca, situado en la parte inferior izquierda del escudo del anverso, justo debajo de la sigla del Ensayador, una I con un pequeño 0 encima. La fecha está indicada exclusivamente por sus 2 últimos dígitos, en este caso 93, de los cuales solo es visible su parte superior. Estos dígitos se sitúan en vertical en la parte superior derecha del escudo.
Estas piezas presentan generalmente defectos de acuñación, como en este caso, que dificultan la visibilidad de la fecha, contrastando estas acuñaciones de la llamada Casa Vieja con las acuñaciones a rodillo, de extraordinaria calidad, producidas en el llamado Ingenio de Segovia.
Pese a los defectos de acuñación, esta pieza tiene un desgaste muy pequeño, conservando incluso parte del brillo original, prácticamente sin gastaje en el reverso, y afectando solo a la parte alta de los leones y castillos y las flores de lis del dibujo del anverso, por lo que graduaremos a la pieza como VF-. La valoración de estas piezas CALICÓ 2008 (1.000€) y CAYON  1998 (80.000 P) es muy alta, opinión que no compartimos, considerándolas de una rareza similar a las de Sevilla o Toledo de la época, con un valor de 340€ en VF- que reduciríamos a 100€ como precio de mercado, por los problemas de visibilidad y defectuosa acuñación que hemos apuntado.

                                          

FIGURA 70.5


La FIGURA  70.5 muestra un 4 Reales de Felipe II acuñado en Valladolid en 1592 con el Ensayador identificado por la letra D con un pequeño 0 encima. Estas piezas de Valladolid son de una factura bastante semejante a las de Segovia de esta época, si bien con una acuñación algo mas cuidada. Las piezas de Valladolid no fechadas son bastantes mas raras que las de Sevilla y Toledo de este tipo, aunque no se puede decir lo mismo de las monedas fechadas, que en nuestra opinión son de una rareza prácticamente equivalente a las piezas comunes de Sevilla, Toledo o el 1595 de Granada.
En esta moneda, la fecha del anverso (ya que algunas de ellas también incorporan los 2 últimos dígitos de la fecha al final de la leyenda del reverso) formada por sus dos últimos dígitos, se sitúa en vertical en la parte superior a la izquierda del escudo del anverso. La Ceca, identificada por 2, 3 o 4 jirones horizontales (3, en este caso), se sitúa debajo de la fecha  y la denominación, a la derecha del escudo. La pieza tiene desgaste generalizado pero suficiente relieve, por lo que la consideraremos como F+. El ejemplar tiene doble acuñación lo que dificulta la visibilidad de la marca de la Ceca que para apreciarla hay que tener en cuenta que la fecha 92 corresponde la primera acuñación, y la marca de Ceca, a la segunda. A F+ le corresponderá un valor de 270€ considerando a la pieza como usual. Este valor debemos bajarle en un 40% aproximadamente, a causa de la doble acuñación y a las oxidaciones del reverso, lo que nos daría un precio de mercado de 165€

En esta entrada nos dedicaremos al estudio de los precios de los 4 Reales peninsulares de Felipe III, así como al de su evolución en las últimas décadas, realizando un análisis crítico de las valoraciones realizadas en diferentes momentos por los autores que mas se han esforzado en guiar al coleccionista en cuanto a la situación de los precios en el mercado. También continuaremos nuestro análisis pormenorizado de piezas concretas de esta denominación acuñadas en este reinado en Cecas no usuales que emitieron en este periodo como son las de  Granada ( 3 ejemplares) Valladolid (2 ejemplares).
Antes de cualquier otra consideración, diremos que en nuestra opinión un ejemplar de 4 Reales de Felipe III es básicamente (salvo para fechas específicas) mas corriente que un ejemplar de Felipe IV para cualquiera de las Cecas que estudiemos. Esto puede chocarnos un poco, porque estamos acostumbrados a que con los 8 Reales peninsulares ocurra justamente lo contrario. Un 8 Reales de Felipe III es siempre mas raro (con la salvedad hecha anteriormente) que un 8 Reales de Felipe IV para cualquiera de las Cecas.
Una explicación a este fenómeno puede establecerse en base a que la exportación de plata acuñada durante el reinado de Felipe III desde América a España, experimentó un crecimiento muy importante como consecuencia del sistema de extracción mediante amalgama con mercurio, y además, al hecho de que la inmensa mayoría de esta plata se acuñaba en piezas de 8 Reales que eran la que permitían un mayor rendimiento y una disminución de los costes de producción. Por tanto en este periodo las necesidades del comercio en la península, lo que exigían era la circulación de piezas con denominaciones menores como las de 4 Reales que fueron las que se emitieron en mayor cantidad en este reinado.
La situación varía substancialmente en el reinado de Felipe IV en el que por una parte el volumen de los envíos a la península de plata americana se reduce y por otra parte la mayoría de la piezas de 8 Reales americanas se reenvían de inmediato hacia los banqueros flamencos, alemanes o italianos que facilitan los créditos para el sostenimiento de las continuas guerras interiores y exteriores que jalonan el tiempo de Felipe IV. Por ello, esta falta de pesos americanos tuvo que ser suplida por un incremento en la producción de 8 Reales peninsulares, principalmente en Sevilla, Toledo y Madrid, en especial en determinadas fechas como en 1651 (en la que emitieron moneda de plata, las 8 Cecas peninsulares) cuando la falta de confianza en la moneda potosina por falta de peso y ley, exigió su fundición y reacuñación en la Casas de Moneda españolas. De otro lado, la sobreproducción de moneda de cobre expresada en maravedís y la existencia de un remanente importante de moneda de plata de 2 y 4 Reales acuñado en los reinados de Felipe II y Felipe III, hizo innecesaria la emisión de cantidades importantes de moneda divisionaria en plata.
La primera impresión que nos producen los precios de 4 Reales peninsulares de Felipe III que aparecen en las distintas ediciones de CALICÓ es la de ser excesivamente altos. Efectivamente, si comparamos los precios de CALICÓ  con los de CAYON en ediciones aproximadamente de la misma época, vemos que los precios del primero son casi 4 veces los del segundo. Esto no nos debe sorprender si tenemos en cuenta lo que ya hemos venido señalando en el sentido de que así como en todas las ediciones de CALICÓ los precios de las Macuquinas siempre corresponden a una conservación VF, sin embargo en las distintas ediciones de CAYON las conservaciones de las Macuquinas han ido tendiendo a hacerse mas exigentes, ya que en la primera los precios que hemos ido deduciendo a falta de indicación en el propio catálogo corresponden a una conservación G, conservación que en ediciones mas avanzadas llega a VG, y en las últimas a F.
Así, podemos explicarnos que un ejemplar común de Felipe III de 1613 de Sevilla con el Ensayador V se valore en CAYON 1980 en 8.000 P y este mismo ejemplar se valore en CALICÓ 1981 en 30.000 P. Estas diferencia resulta lógica si tenemos en cuenta que en un caso (CAYON) nos referimos a una pieza en conservación VG y en el otro (CALICÓ) a una pieza en conservación VF, cuya diferencia de precio, por conservación, es del orden de 4 veces el de la anterior.
En cuanto a la visibilidad de los datos identificativos, nuestra opinión es que tanto en CALICÓ como en CAYON  las valoraciones se refieren a visibilidades medias tal como las hemos definidos en entradas anteriores, ésto es la de aquellos ejemplares para los cuales se puede efectuar en forma segura la atribución de la Ceca, el Ensayador y la fecha, en función de los datos identificativos que aún sean visibles, el arte o estilo de diseño de la pieza, en particular los detalles del escudo del anverso y los leones y castillos del reverso, así como de los datos publicados en obras de referencia en las que constan en qué fechas y Cecas se acuñaron determinadas denominaciones y que Ensayador o Ensayadores operaban en ese momento en cada Casa de Moneda. Cuando este tipo de piezas aparecen en subastas lo usual es que los datos que son atribuibles en forma segura aparezcan entre paréntesis ya sean Ensayador, Ceca o algún dígito del año, con objeto de diferenciarlos de los datos legibles directamente.
Los índices de rareza asignados por PELLICER 1971 a los 4 Reales de Felipe III de Sevilla y Toledo que hemos mostrado, oscilan desde R1 para 1611 de Sevilla con Ensayador B, hasta el R4 para el 1618 de Sevilla con Ensayador G. La mayor parte de las piezas tienen asignada una rareza R2 o R3. Los grados R4 y R5 son, en general, reservados para los ejemplares acuñados en el resto de las Cecas. Así, el 1621 de Madrid y las piezas de Granada reciben el R4, y el 1620 de Madrid y los ejemplares de Valladolid, el R5.
Es de destacar la extraordinaria influencia de PELLICER 1971 en los catálogos posteriores en los cuales se referencian los 4 Reales de los Austrias. Esta es, cronológicamente, la primara obra que se ocupa de su catalogación, por lo que en nuestra opinión debemos darle una importancia equivalente al que en su momento supuso el HERRERA para los Reales de a 8. Las estimaciones de rareza e incluso los ejemplares reproducidos en PELLICER 1971 han ejercido una influencia directa, especialmente en las distintas ediciones de CALICÓ desde la primera hasta la de 2008 por lo que se refiere a la valoración de los 4 Reales peninsulares de la Casa de Austria.
Mención aparte respecto a la evolución de los precios de los 4 Reales peninsulares del siglo XVII, merece el KRAUSE 2002 dedicado en exclusiva a las monedas de España, Portugal y del Nuevo Mundo, posteriores a 1600. Su antecedente inmediato cabe situarlo en el KRAUSE, editado en 1994 sobre Coronas y Talers emitidos desde 1600 hasta nuestros días. En él se recogen por primera vez estimaciones de precios de los 8 Reales españoles de Cecas peninsulares e iberoamericanas posteriores a 1600, en 4 grados de conservación, de VG a XF, siguiendo la tipología y el sistema de numeración del DAVENPORT. El segundo paso en este sentido, es proporcionado por la publicación de KRAUSE de 1996 en la que se catalogan todas la monedas a nivel  mundial emitidas en el siglo XVII, completando de esta manera, el sistema de catalogación por siglos desde el XVII en distintos volumenes, ante la imposibilidad de referenciar todas las monedas emitidas desde 1800 en un único volumen, práctica que tuvo que ser abandonada después de la publicación de la 20 edición “de Monedas del Mundo”, a favor de la publicación en  varios tomos, cada uno dedicado a un siglo. En la edición correspondiente al siglo XVII ya se referenciaban todas las denominaciones de Macuquinas, y no solamente las piezas de 8 Reales.

                                         

FIGURA 69.1


Los precios de KRAUSE 2002 para los 4 Reales Macuquinos se inspiran directamente en la edición 1994 de CALICÓ. Si bien los precios se expresan para 4 conservaciones: VG, F, VF y XF, es fácilmente constatable que el salto de grado, supone aproximadamente la duplicación de valor, aunque no en una forma completamente automática. Es también fácilmente perceptible que los precios del CALICÓ corresponden a los de la columna VF de KRAUSE, al menos respecto a las piezas que hasta ahora hemos analizado, como los 4 Reales peninsulares de Felipe III. Así, las piezas de Madrid y Granada son valoradas en Krause 2002 aproximadamente al doble que los ejemplares de Sevilla y Toledo, y los de Valladolid a unas 4 veces mas que estos últimos. En general, creemos que esta publicación supone una guía realista para los precios de los 4 Reales Macuquinos peninsulares de Felipe III, una vez que hagamos los inevitables ajustes que procedan en función de la paridad €/$.
Los precios del KRAUSE 2002 son muy similares a los de los 4 Reales Macuquinos peninsulares en el KRAUSE 1996, correspondiendo al hecho de no haberse producido elevación del valor de las Macuquinas en el periodo intermedio entre la publicación de ambas obras. Sin embrago, CALICÓ 2008 ya sí registra un incremento importante en el valor de estas monedas, que como en el caso de todas las Macuquinas ya sí se inicia en 2000, habiendo seguido una tendencia creciente, llegando a la práctica duplicación en términos de euros corrientes, en 2011 respecto a 2000.
La FIGURA 69.1 muestra un 4 Reales de Felipe III acuñado en Granada en 1611  con el Ensayador Francisco Minguez (M). Las piezas de Granada de 4 Reales acuñadas desde 1600 a 1609 corresponden al tipo OMNIVM, apareciendo ya en PELLICER 1971 las piezas de 1610 y posteriores, referenciadas con la leyenda usual D.G. HISPANIARVM REX. Pese a ello, en 1611 y quizá también en 1610 debieron continuar acuñándose ejemplares con la leyenda OMNIVM como da fe la pieza reproducida en la FIGURA 68.5.
Esta pieza tiene una extraordinaria legibilidad en cuanto a su fecha, apareciendo sus 4 dígitos en caracteres góticos, Ceca, Ensayador, denominación (IIII) y numeral del rey (III). La moneda tiene algunos vanos en ambas superficies, inevitables en la acuñación a martillo. El escudo tiene una forma que le diferencia claramente del empleado en Granada en fechas anteriores, siendo mucho mas corto y ancho, con forma casi cuadrada. El cuartel correspondiente a la bandera de Austria esta atípicamente constituido por dos líneas inclinadas y una horizontal.
La pieza se encuentra en una conservación agradable, con un buen aspecto debido mas a su visibilidad de datos que a la ausencia de gastaje, que es generalizado aunque no intenso, por lo que su grado es F, al que le corresponde un valor de 400€ ya que las piezas de Granada son raras. También en consideración a la oxidación en los bordes y los vanos de acuñación, así como su alta legibilidad , fijamos su precio de mercado en 900€.

                                        

FIGURA 69.2


La FIGURA 69.2 reproduce la fotografía de otro ejemplar de 4 Reales de Felipe III acuñado en Granada en 1611 con el Ensayador Francisco Minguez (M). La pieza lleva la fecha en caracteres góticos, y su leyenda en anverso y reverso es la misma que la de la pieza anterior.
Sin embargo, esta pieza es inmediatamente distinguible de la reproducida en la FIGURA 69.1, ya que el escudo tiene una forma rectangular y no cuadrada, siendo mucho mas largo que ancho, con las dimensiones usuales en las piezas de Granada anteriores a 1610. La forma del escudo dificulta la visibilidad de la corona que a diferencia de la pieza anterior, apenas es perceptible. También es de destacar la forma de la bandera de Austria, representada en este caso por dos líneas horizontales, completamente diferente de la de la pieza de la FIGURA 69.1.
En la subasta CAYON 2000, todas las piezas de Granada de 1611 ofertadas tenían la enseña de Austria dispuesta de esta misma manera. El ejemplar mejor conservado con un grado equivalente al de esta pieza, pero con doble acuñación, se adjudicó en 75.000 P. La pieza se encuentra algo peor conservada que la anterior por lo que la consideraremos como F-. Su valoración en CALICÓ 2008  es 900€ y en CAYON 1998, 60.000 P. Para nosotros su valor es de 400€ y su precio de mercado de 700€ por tener menor visibilidad (numeral del rey) y módulo mas irregular que el de la pieza anterior.

                                           

FIGURA 69.3


La FIGURA 69.3 muestra un 4 Reales de Felipe III acuñado en Granada con el Ensayador D. PELLICER 1971 no recoge la existencia de ninguna pieza de Granada emitida en 1614 por ningún Ensayador. Sin embrago, las sucesivas ediciones de CAYON  en 1976, 1980 y 1998  sí incluyen referencia del 4 Reales de Granada de 1614, si bien con el Ensayador M que es el usual en esta Ceca dentro de la década de los 10. CAYON valora esta pieza aproximadamente al doble del resto de los 4 Reales de Granada de esta década.
CALICÓ, por el contrario, no registra la existencia de esta fecha hasta su edición de 2008, y aun entonces, con el Ensayador M en lugar de D. En KRAUSE 2002 tampoco aparece la fecha 1614 entre los 4 Reales de Granada. La atribución de la fecha a 1614 es segura, ya que en el reverso se pueden apreciar con claridad las partes bajas de los 2 últimos dígitos (14). Además, en la subasta CAYON 2000 se adjudicó un ejemplar de 1614 de 4 Reales de Granada con Ensayador D en 90.000 P. Esta pieza tiene exactamente la misma representación de la bandera de Austria y la misma banda de la corona sobre el escudo, en base a eslabones encadenados, que las de la presente moneda. La conservación es similar a la de la pieza anterior, con desgaste bastante generalizado, por lo que su grado es F-. Por las circunstancias apuntadas consideramos a la pieza como muy rara, por lo que su valor sería de 800€. No obstante, la escasísima visibilidad de la fecha, reduciría su precio de mercado hasta la novena parte de este valor, ésto es 90€.

                                          

FIGURA 69.4


La fotografía de la FIGURA 39.4 corresponde a una pieza de 4 Reales de Valladolid acuñada a nombre de Felipe III en 1600 con el Ensayador D con un pequeño 0 encima. La Ceca de Valladolid  se encuentra representa por 3 jirones alineados verticalmente. Todas las piezas de Valladolid posteriores a 1596 son muy raras, tanto de 8 Reales como de 4 Reales. En este caso, los 2 últimos dígitos de la fecha, no son en absoluto visibles por lo que la atribución a 1600 debemos hacerla en base a que la única fecha conocida de 4 Reales de Valladolid con 16 al comienzo de la fecha, y leyenda tipo OMNIVM, con círculo entre la leyenda del anverso y el escudo, es la de 1600, tanto en 4 como en 8 Reales.
Por otra parte, ayuda a la identificación el examen de una pieza con idéntico arte reproducida en CAYON 2000, adjudicada en 200.000 P en la que la fecha es plenamente legible, 1600. En ambas piezas son característicos los leones con corona y el diseño descuidado de los castillos que también aparecen dan en las piezas de 8 Reales de esta época en esta Ceca.
Las piezas de 4 Reales de Valladolid de Felipe III las consideraremos como muy raras, por lo que sus valores serían los de la escala usual que venimos aplicando, multiplicados por 4. En este caso, consideraremos a la pieza como VG- ya que aunque la acuñación es fuerte, la moneda esta notablemente gastada por su circulación, apareciendo borradas partes notables de su diseño. Su valor, por tanto, sería de 340€ que debemos reducir a un precio de mercado de 110€, por la no visibilidad de los 2 últimos dígitos de la fecha.

                                         

FIGURA 69.5


La FIGURA 69.5 muestra un 4 Reales acuñado en Valladolid a nombre de Felipe III con el Ensayador H. En CAYON 1980  se referencia una pieza de este tipo con el Ensayador H fechada en 1611, no en 1610, y en CAYON 1998 aparecen las piezas de Valladolid de 1611 con el Ensayador H, de 1609 con el Ensayador V (sic) y 1612 con el Ensayador F. Las distintas ediciones de CALICÓ señalan la existencia del 1611 con el Ensayador H, pero no la de 1610. En la subasta CAYON 2000 se adjudicó un 4 Reales de Valladolid de 1611 con el Ensayador H, pieza que es reproducida tanto en PELLICER, como en distintas ediciones de CALICÓ.
El examen visual de la pieza muestra con claridad los 3 jirones horizontales característicos de la Ceca de Valladolid, así como los 2 primeros dígitos de la fecha (16) y la sigla del Ensayador (H). Del tercer dígito solo es visible su base que tiene un trazo grueso  algo inclinado hacia a la derecha, que eliminando el resto de los dígitos solo podríamos identificar como un 1. La cuarta cifra es muy difícilmente visible aunque entre la atribución a un 0 o a un 1, los dos únicos dígitos posibles con el Ensayador H, nos quedamos con la primera.
El estado general de la pieza es VG+ al que le correspondería un valor de 130€ que multiplicamos por 4 al tratarse de una pieza de Valladolid, y por tanto considerada como muy rara, dando un total de 520€. Sin embargo, la escasa visibilidad del último dígito de la fecha disminuiría su precio de mercado hasta 150€.

En la presente entrada, continuaremos analizando ejemplares de 4 Reales de Felipe IV de la Ceca de Madrid correspondientes a las décadas de los 40, 50 y 60 del siglo XVII (FIGURAS 68.1,68.2 Y 68.3), así como ejemplares de Granada de Felipe II (FIGURA 68.4) y de Felipe III ( FIGURA 68.5), determinando y justificando los grados de rareza de estas piezas para su valoración con relación a la escala de precios de 4 Reales peninsulares comunes de Felipe II a Felipe IV que venimos utilizando, recordemos una vez mas, que para ejemplares con una visibilidad de datos de identificación normal, es: 100€ en VG, 200€ en F, 400€ en VF y 800€ en XF.
Como indicamos en la entrada anterior antes de estudiar pormenorizadamente estas piezas, nos detendremos en establecer la evolución de los precios y del significado real de la denominación de los grados de conservación en los distintos catálogos que incluyen este tipo de piezas, distinguiendo entre Ceca y año de acuñación. Baste ahora recordar la hipótesis que hemos formulado en las entradas iniciales dedicadas a los 4 Reales peninsulares Macuquinos. En general los precios de este tipo de piezas, en particular los de las mas comunes de Sevilla y Toledo, se han mantenido prácticamente invariables en moneda corriente de 1965 a 2000, mientras que en la última década se han duplicado.
El PELLICER 1971 es la primara obra que se ocupa con detalle de los 4 Reales Macuquinos, no solo peninsulares sino de Cecas Hispanoamericanas y del Imperio Español en Europa. En la Introducción a esta obra no se formula indicación de a qué conservación se refieren los precios que se consignan en la Guía de Valoraciones que acompañan al libro sobre “El Medio Duro”. Debemos entender, por tanto, que los precios se refieren a la conservación y visibilidad media que tenían la mayor parte de los ejemplares que salían al mercado en esos años.
Siendo su publicación aún no muy lejana, el YRIARTE 1965 sobre 8 Reales, indica en su Introducción que los precios que se consignan en el catálogo se refieren a piezas en buena conservación. Si atendemos a la conservación real de los ejemplares cuya fotografía se muestra en el catálogo, apreciamos de inmediato su diferencia radical en cuanto a la conservación de los ejemplares reproducidos que fueron producidos por el sistema de acuñación a molino (en general posteriores a 1728), de las acuñaciones a martillo (Macuquinas). En el primer caso podemos apreciar que la conservación media pode llegar a EBC (XF), mientras que en el caso de las Macuquinas, en especial de las peninsulares, la conservación media es solo BC (G), y la visibilidad media en la mayoría de los casos es solo la suficiente para identificar las monedas.
Es circunstancia, junto con la comparación de los precios del PELLICER 1971 (con el dólar a 70 P) con los de adjudicación de este tipo de piezas en las subastas que tienen lugar en esta época, nos lleva al convencimiento de que en el caso de los 4 Reales Macuquinos peninsulares los precios se están refiriendo a ejemplares de lo que se consideraba en esos años como ejemplares en buena conservación (BC o G) que es evidente que no tiene nada que ver con lo que actualmente en el lenguaje coloquial llamamos ejemplares en buena conservación que sin duda, todos reconocemos que solo lo empleamos para calidades MBC/EBC, equivalente al VF o superior.
Este cambio, presente en un modo u otro en todos los países, sobre lo que quiere decir que un ejemplar de una moneda que ha sido acuñada a martillo se encuentra en buena conservación es lo que nos puede dar la impresión, completamente falsa, de que en los últimos 45 años se ha producido una elevación de valor, en términos reales, de este tipo de monedas que al menos ha ido acompañando a la inflación, cuando la realidad es que su valor real se ha dividido por 10 aproximadamente, pese a duplicarse, en términos corrientes, en la última década.
La tendencia actual respecto a las entidades de mayor solvencia que actúan en el campo de los estándares en la definición de los grados de conservación de las monedas, como la asociación Americana de Numismática (ANA) o la Corporación de Garantía Numismática (NGC), es considerar la definición del grado de una moneda, atendiendo a la circulación que se estima ha tenido, siempre que no se considere defectuosa, con independencia de que sea una pieza que se encuentre fácil o difícilmente en el mercado en una determinada conservación. Por ello, a la hora graduar una moneda Macuquina debemos tener presente la escala estándar de definición de grados, evitando tener en mente ideas como “La conservación es F para este tipo de piezas”. La conservación será o no F, pero no por consideración especiales aplicables a este tipo de piezas.
Hechas estas consideraciones, nos encontramos que el PELLICER asigna unos grados de rareza altos (R3 o R4) a los 4 Reales de Sevilla de 1589 a 1591, con precios de 150$ mientras que considera a las piezas de 1592 (R1) y 1593 (C) como mucho mas comunes, con precios de 50 y 40$ respectivamente. Con respecto a las piezas posteriores a 1594 vuelve a elevar los índices de rareza pero no demasiado los precios, que se sitúan en un intervalo de 70 a 100$. La cotización media de estas piezas nos parece correcta en términos generales, para la época, si bien hemos de tener en cuenta que en nuestra opinión, de acuerdo con las cotizaciones en subasta, estos precios eran válidos en 1971 siempre que se tratara de piezas en la conservación que ahora llamaríamos BC o G, según utilicemos el sistema español o americano de graduación. En cuanto a las piezas de la Ceca de Toledo de Felipe II, PELLICER asigna rareza R5 a las anteriores a 1593 y rareza R3 a las de 1593 y posteriores, aunque los precios que asigna a todas ellas son bastante homogéneos.
En general, creemos que las cotizaciones medias de piezas de Sevilla fechadas en grado G se sitúa en unos 70$ de 1981 que equivalían a unas 4.000 P de la época, por lo que su precio actual, de unos 50€ aproximadamente, equivalentes a 8.000 P, supone un incremento de 100%, localizado a nuestro juicio de 2000 a 2010. PELLICER señala una rareza superior a las piezas de Toledo, criterio que salvo para las piezas de fechas diferentes de 1592 y 1595, no creemos que corresponda a la apreciación actual.
En cuanto a CAYON  1976, al proporcionar 3 columnas de precios, especificidad  no frecuente en los catálogos de piezas españolas anteriores 1869, la comparación de estos precios con los de adjudicación en subastas de la época, nos hace suponer que lo que en la versión en inglés de la Introducción se describe como primera, segunda y tercera conservación (a falta de esta descripción en la versión en castellano de la Introducción) se refiere en realidad a RC/BC (AG), BC (G) y BC/MBC (VG) por lo que se refiere a las Macuquinas, aunque es evidente que el criterio es otro, cuando se trata de piezas producidas a máquina.
Con esta salvedad, vemos que los precios siguen una tendencia semejante a los del PELLICER 1971, con una valoración claramente mas alta para la fechas anteriores a 1593 y mas baja (del orden de la tercera parte) para el 1593 de Sevilla y fechas posteriores, hasta la aparición del tipo OMNIVM. Cabe destacar que CAYON  siempre incluye en sus catálogos el 1594 de los 4 Reales de Sevilla, lo que no hace CALICÓ en ninguna de sus ediciones. Nosotros no hemos visto ningún 1594 que pueda afirmarse con seguridad que sea de la Ceca de Sevilla. Algunos ejemplares ofrecidos en subastas como de Sevilla, estimamos que en realidad son de Toledo, como puede deducirse por el estilo de los castillos enladrillados en su reverso.
En CAYON 1976, el precio de las fechas de Felipe II tipo OMNIVM, así como el 1591 con el Ensayador C aparece multiplicado por 4, con lo que estamos en completo acuerdo por considerar a ambos como muy raros. Igual que en PELLICER 1971, en CAYON 1976 en nuestra opinión aparecen sobrepreciados los ejemplares comunes de Toledo como el 1592 o el 1595 que no son mas difíciles de encontrar que los de Sevilla. En las ediciones de 1980 y 1998 de CAYON se continúan estas tendencias, por lo que solo nos queda recalcar que los precios de la primera columna en nuestra opinión, para este tipo de piezas, se refieren al grado VG (BC/MBC) y de la segunda en F (MBC).

                                          

FIGURA 68.1


En cuanto a las ediciones de CALICÓ, en la de 1988 se fijan unos precios aproximadamente dobles que los establecidos en las ediciones coetáneas de CAYON, lo que es absolutamente consistente con la tesis que venimos defendiendo y que el propio autor reafirma en las Introducciones a sus catálogos, en el sentido de que los precios se refieren a piezas en conservación de lo que él llama MBC, y que nosotros, de acuerdo con el criterio de correlación entre la escala española y americana de graduación, llamaremos VF (MBC/EBC).
Los precios señalados por CALICÓ para las piezas sevillanas de 4 Reales de Felipe II de Toledo son del mismo orden de magnitud que los de las piezas de Sevilla, con lo que estamos en completo acuerdo por lo en nuestra escala de valoraciones, no diferenciaremos entre los precios de las piezas comunes de Sevilla y Toledo. Aunque creemos que los puntos de partida en los 80, y de llagada en 2008, de los precios de CALICÓ son realistas, sin embargo estimamos que el crecimiento de los precios en términos corrientes no ha sido uniforme, sino que éstos se mantuvieron constantes hasta el 2000, y posteriormente se duplicaron.
La FIGURA 68.1 muestra una pieza de 4 Reales de Felipe IV acuñada en Madrid en 1644 con el Ensayador B. Las piezas de Madrid acuñadas entre 1638 y 1645 así como en 1651 son considerablemente menos raras que las de la década de los 30, que hemos analizado en la entrada anterior. Por tanto, así como a estas últimas  las hemos considerado como muy raras, las anteriores las consideraremos únicamente como raras, utilizando por tanto para su valoración la escala usual para los 4 Reales mas comunes de Sevilla y Toledo, multiplicando los precios por 2.

                                         

FIGURA 68.2


Esta pieza presenta la particularidad de incorporar la sigla del Ensayador B como las de los años anteriores, en lugar de la BI que caracteriza a las piezas usuales de 1644 y 1645. CALICÓ en sus distintas ediciones reconoce la existencia de dos piezas de Madrid, fechadas en 1644, con Ensayador B y con Ensayador BI, estableciendo un precio ligeramente mas alto para la primera, mientras que las distintas ediciones de CAYON no recogen la existencia del año 1644 con el Ensayador B. La pieza tiene desgaste generalizado, pero poco intenso, por lo que le asignaremos un grado F-, al que le correspondería un valor de 340€. La visibilidad de los datos es muy buena, con los 4 dígitos de la fecha, Ceca y Ensayador. No obstante, la pieza presenta oxidaciones que penetran profundamente en la moneda, por lo que reduciríamos su valor en un 20%, llegando a un precio de mercado de 275€.
La FIGURA 68.2 muestra una pieza de 4 Reales acuñada en Madrid en 1651 con el Ensayador A, sigla que corresponde a Agustín Mayens. Como ya hemos indicado, consideraremos esta pieza rara, pero no como muy rara, siendo aplicable por tanto, la usual escala de valores multiplicándolos por 2. Lo 4 Reales de esta fecha suelen estar acuñados en un cospel algo mayor que los de la década de los 40, por lo que es frecuente que sus 4 dígitos sea claramente visibles, como es éste el caso.
Las piezas de 1651, tanto de 4 Reales como de 8 Reales de Madrid, conservan el diseño de los castillos en el anverso, de forma claramente cuadrada, empleados en las acuñaciones de Madrid de los años 40. La pieza analizada tiene una alta visibilidad de datos por lo que se refiere al Ensayador, los 4 Dígitos de la fecha, la denominación en reales (IIII) y el numeral del rey (IIII). El único dato esencial no visible por caer fuera del cospel, es la Ceca que en esta fecha estaba constituida por las dos letras MD alineadas verticalmente.

                                           

FIGURA 68.3


No obstante, su asignación a la Ceca de Madrid es absolutamente segura tanto por la no existencia de piezas de otras Cecas con el Ensayador A en este año, como por su arte, con la enseña de Austria en el cuartel intermedio izquierda del escudo, sin tocar sus bordes y con una única fila de flores de lis en el de Bolgoña. La pieza se encuentra en grado F con desgaste generalizado pero suficiente relieve aún. Por tanto, su valor sería de 400 €, que reduciríamos en un 25% hasta un precio de mercado de 300€, por  falta de visibilidad de la Ceca.
En la FIGURA 68.3 tenemos la fotografía de un 4 Reales de Madrid acuñado en 1662 a nombre de Felipe IV con el ensayador A. Este tipo de pieza con esta fecha es referenciada en todas ediciones de CAYON y CALICÓ que hemos tenido ocasión de consultar. Nosotros no hemos visto directamente ninguna pieza en la que la fecha sea suficientemente legible para afirmar con seguridad que se trata de 1662. No obstante, creemos que efectivamente en esta fecha se acuñaron Reales de a 4 en Madrid, ya que sí hemos tenido ocasión  de analizar varias piezas de 8 Reales de esta fecha con una visibilidad, al menos en sus 2 últimos dígitos, suficiente.
En este caso, el problema para la visibilidad de los datos, es el gran tamaño del escudo que se come casi todo el cospel, que además es grueso y pequeño. No obstante, en esta pieza podemos observar, aunque con dificultad, en la parte superior izquierda del reverso la zona baja de los 4 dígitos (1662) siendo algo mas clara la horizontalidad de la base del 2 como último dígito. La pieza tiene una acuñación muy deficiente que junto con su uso, no permite calificarla mas allá de VG. La pieza tiene una rareza similar a la de las dos anteriores de Madrid, 1644 y 1651, por lo que en ese grado, le correspondería un valor de 400€. La atribución de Ensayador y Ceca ha de hacerse exclusivamente por el arte de la pieza, lo que la asigna necesariamente a Madrid. Por ello, pese a su rareza, su precio de mercado, no puede superar los 100€.

                                          

FIGURA 68.4


Con la pieza de la FIGURA 68.4 iniciamos el análisis de cinco ejemplares de Granada de Felipe II y Felipe III. Los 4 Reales de Granada fechados tienen una pieza muy común que CALICÓ valora acertadamente con un precio mucho mas bajo que el resto, el 1595 de Felipe II. Todas las piezas de 4 Reales de Granada de Felipe III, así como el resto de las piezas fechadas de Felipe II debe de ser consideradas como raras, mientras que las de Felipe IV son todas ellas muy raras, apareciendo muy pocas veces en ventas públicas donde siempre alcanzan altos precios.
La pieza de la FIGURA 68.4 es un 4 Reales de Granada de Felipe II con el Ensayador F. La pieza tiene una acuñación realizada con mucha presión que hace resaltar su relieve, pese a que como consecuencia de una inclinación defectuosa del martillo de acuñar, tanto en el anverso como en el reverso aparecen grandes vanos sin impresión del grabado. En esta pieza, como en todas las de Granada de Felipe II, la fecha siempre aparece verticalmente a la izquierda del escudo, mientras que Ensayador, Ceca y valor aparecen a la derecha.
La marca de Ceca no es visible, pero tanto el arte como el Ensayador F (Francisco Tellez) hacen que la atribución a Granada sea segura. Aunque conserva relieve la pieza está bastante circulada por lo que la calificaremos como F-, con un valor de 170€ al ser la pieza común. Su precio de mercado sería también de 170€, por considerar  que la pieza tiene una visibilidad media de datos identificativos.

                                          

FIGURA 68.5


Las piezas de Granda de Felipe II tipo OMNIVM son todas muy raras ya que el tipo de acuñación produce casi en todos los casos que la fecha no sea visible prácticamente en ninguno de sus dígitos. Las piezas de Felipe III de 4 Reales tipo OMNIVM de la primera década del siglo XVII son ya algo mas fáciles de encontrar aunque debemos considerarlas como raras.
La pieza mostrada en la fotografía de la FIGURA 68.5 corresponde a un 4 Reales de Felipe III acuñado en Granada con el Ensayador M (Francisco Minguez). La especificidad de la moneda es su carácter inédito, ya que tanto CALICÓ como CAYON, PELLICER y KRAUSE no conocen la existencia de 4 Reales de Granada tipo OMNIVM fechados en 1611, terminado todas las fechas de este tipo en 1610. La atribución de la pieza a Granda debemos hacerla por comparación por su arte o estilo de grabado con el de las de 1609 o 1610 de Granada de los que existen numerosas fotografías en las obras generalmente disponibles. La fecha es muy visible aunque no la Ceca y el Ensayador. Los dígitos de la fecha son del tipo arábigo normal, mientras que las piezas normales de 1611 de Granada tienen la fecha expresada en números góticos.
La pieza no llega al grado F por lo que la calificaremos por VG+. Su valor, al considerarse muy rara, llegará a 520€, mientras que su precio de mercado solo alcanzará un tercio de esta cifra, como consecuencia de la no legibilidad de Ceca y Ensayador, ésto es 170€.

 

Página 22 de 28

Canción Destacada

Diseñado por:
Jaitek