Suscribirse

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 

Sucede que uno no puede resistirse a intentar transcribir de la manera más fiel posible lo que le contaron había tenido lugar tiempo atrás en un lejano país de cuyo nombre no puedo acordarme.

Aconteció, según relataron testigos, que un Museo de referencia, como se dice ahora, había accedido a la cesión-para su exposición temporal-a una foránea Galería de Artede un cuadro de un consagrado pintor, que era, para más señas, el universalmente conocido como la“Digna Rendición”.

 

 

LAS COSAS QUE PASAN

Pues bien: recibido el lienzo por la susodicha Galería de Artee, inmediatamente antes de su exposición al público, los galeristas abducidos por la disrupción y sin encomendarse a ser alguno, ni terrestre ni extraterrestre-procedieron a dar el pistoletazo de salida para realizar un experimento sirviéndose para ello de la Inteligencia Artificial (I.A.), de la que tanto y tan elogiosamente se estaba hablando por los tertulianos en aquel hemisferio.

Preparados y listos, pues, los responsables de la Galería a la sugestiva tarea de la experimentación levantaron, a renglón seguido, en un lugar cerrado al público y adyacente a la fastuosa Sala que albergaba el bienvenido óleo, una gigantesca instalación multimedia, que pivotaba en torno a un panel LED,destinada a operar con los inevitables algoritmos, consiguiendo-no pregunten cómo-“fabricar” de la afamada pintura una copia, vamos a llamarla así,y encajarla en la instalación multimedia.

Y, visto y no visto, y sin haberse dado aún orden alguna por los galeristas a la mastodóntica instalación para intervenir en la copiase generaron en la misma-un misterio envuelto en un enigma y gracias a la Inteligencia Artificial-una serie de alteraciones en relación al lienzo original. Unas mutaciones, sí,en las figuras y en los colores que parecían responder a una desafiante demostración de autonomía por el artefacto a través del libérrimo ejercicio de su inteligencia en un como“aquí estoy yo”que, además,se barrunta,acaso pretendiese homenajear al que en su época fue un futurista superordenador: el HAL 9000, estrella del film “2001.Una Odisea en el Espacio”.

La cuestión es que las modificaciones producidas y reflejadas en la copia dela tela incrustada en el panel LED fueron de calado.Y para hacerse una cabal idea de ello valgan unos ejemplos: la caballerosidad y la magnanimidad exhibidas en el cuadro por el bando vencedor del episodio bélico (que era el leit motiv del óleo)con su Jefe a la cabeza, se habían convertido en una apoteosis de altanería, en un obsceno alarde de miradas y de gestos despectivos, cuando no amenazantes, por parte de las tropas vencedoras hacia las tropas vencidas.

Más aún: las cañas,que no lanzas, portadas en el óleo por los ejércitos victoriosos,ubicados enfrente de desarmados y derrotados soldados, y que venían a preludiar una escena de reconciliación entre los contendientes que previsiblemente se rubricaría con un abrazo, se habían convertido en terroríficas armas de última generación mostradas con ostentación por los triunfadores del episodio bélico.

Por otra parte,en la nueva obra se había concentrado clamorosamente la luminosidad sobre la persona del Jefe de los vencedores difuminándose al tiempo,notoriamente,la proyectada sobre el Comandante que encabezaba a las huestes derrotadas, que permanecía en la penumbra. Y, por si faltara poco, las amapolas entre los trigales verdes, que sugerían esplendor en la hierba, eran ahora terrenos exentos de vegetación y poblados de gualdos trigales.

El caso es que, terminada la exposición al público de la “Digna Rendición”con una discreta cifra de visitantes, y devuelto por los galeristas el óleo al Museo, se decidió por simple curiosidad de sus directivos,convocar a expertos en Arte para dictaminar acerca de la calidad de la obra acoplada al panel y resultó que los sabios opinaron unánimemente que la copia presentaba, en términos pictóricos, un certero y sutil trazo, superior incluso al del cuadro original y un más potente y contrastado colorido.

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

La cuestión es que, animados los galeristas por ello,decidieron comprobar-cuál sería la reacción del público al exponer el producto hecho con la decisiva intervención de la Inteligencia Artificial, amén de intentar rentabilizarlo. Y ocurrió que el éxito del evento fue de tal magnitud que se batieron todas las marcasen lo que al número de visitantes de la Galería se refiere, previo pago, claro está,de la entrada correspondiente.

De ahí, pues, que los galeristas- llenas las alforjas gracias a la desbordante oleada de visitantes de la exhibición-colmados de optimismo y al objeto de redondear la explotación del éxito al máximo, optaran posteriormente por concurrir con el nuevo ítem artístico (el cual había pasado, sin firma, a denominarse“La Rendición”)a una subasta.Y, mira por dónde,en la sesión de la subasta, tras feroz pugna en las pujas, la cifra por la que, finalmente, se adjudicó la obra se disparó estratosféricamente alcanzando una cuantía muy superior a la calculada, meses atrás, en una tasación casual que se llevó a cabo,a instancias del Museo,de la pintura la “Digna Rendición”.

Enteradas las gentes de lo acaecido comenzaron acá a producirse vivos debates en la opinión pública, en favor y en contra, sobre la Inteligencia Artificial. Y las discusiones se extendieron sobre variados temas puestos sobre la mesa: la I.A., sus límites y el avance que comporta; sobre su hipotética utilización perversa; en torno a su incidencia en los derechos de autor y en la creación artística; en relación a la I.A. y a la protección de datos, así como también su impacto en la generación, pero también destrucción de empleo; sobre sus efectos sobre la democracia y en el incremento de la desigualdad,sin olvidar el tema, crucial, de la necesidad, o no, de proceder a la regulación normativa de la I. A. y de frenar, o no, su desarrollo y de conseguir que la misma sea para el ciudadano accesible y transparente.

Eran,por lo demás,reveladoras esas encendidas polémicas tanto de optimismos como de temores e incertidumbres que provocaba en las gentes una “herramienta”, como la de la Inteligencia Artificial, gran desconocida para la ciudadanía, incrementándose además las inquietudes cuando ciertas voces pontificaban proclamando que la Inteligencia Artificial podría emular y hasta superar, la creatividad artística e inteligencia de los seres humanos, intentando apagar voces contrarias que sostenían que eso no podía, en verdad, producirse por cuanto la I.A. y la inteligencia humana son diferentes.

Y a todo ello hay que añadir que, lo que se hizo ver por muchos, acullá parecía valorarse más a partir de la obra “La Rendición”, fruto de la Inteligencia Artificial, una escena para después de una batalla de Rendición incondicional-que no contempla, per se, el perdón-que una Digna Rendición que preludiaba un abrazo final entre los contendientes, todo un síntoma, ay, de una, preocupante, baja temperatura cívica.

A VIVIR QUE SON DOS DÍAS

Pero en esas se estaba cuando sucedió algo que no estaba previsto por parte de nadie y es que ante el Museo comenzaron a formarse colas literalmente interminables de ciudadanos, ávidos, previo abono de la correspondiente entrada,de visionar o de revisionar, según los casos, la “Digna Rendición”. Y, al hacerlo, confesaron los movilizados ciudadanos,venían a ejercitar un acto de reparación no solo hacia el Museo que, se entendía, había sido víctima de una flagrante deslealtad, con derivaciones delictivas, por parte de los galeristas,sino también a la pintura misma, que era, indiscutiblemente, una de las “marcas” del País y al País mismo, herido, decían,en su honor. Y, claro está, la bolsa de los dineros del Museo se incrementó considerablemente de manera inesperada y la cuenta de resultados del mismo mejoró muy sustancialmente.

A la vista de esa pequeña historia con final feliz para los directivos del Museo-así ellos lo consideraban-éstos optaron por dar por cerrado el caso, por mirar a otra parte, y desistieron de interponer cualquier tipo de acciones, legales, judiciales, institucionales o de cualquier otra especie contra la Galería de Arte foránea.Y las autoridades de acá, que algo, parece, tendrían que decir y proponer sobre este particular y, de seguro, con más efectividad,permanecieron paradas, quieto el ademán, impasibles a la movida de la ciudadanía, inactividad que comportaba no plantearse la gobernanza democrática de la I.A. desde el Estado y no instar a Organizaciones Internacionales a la aprobación de normas de alcance universal regulando la Inteligencia Artificial para evitar que volviesen a quedar impunes comportamientos estimados irregulares en estos lares y, sin embargo, normales en otros enclaves. Siendo, en fin, ejemplos ambos, no precisamente edificantes, de cómo se pueden ignorar los latidos de la opinión pública.

Y es que-se olvidaba referirlo- el más mandamás de los mandamases del Museo ya había dictado sentencia sobre el asunto al comprobar la excelente cuenta de resultados del Organismo,proclamando urbi et orbi que no hay mal que por bien no venga. Y la I.A., mientras tanto, continuó, claro está,campando por sus respetos y no sólo en aquel remoto lugar.

Fernando Díaz de Liaño y Argüelles Enero de 2024

Diseñado por:
Jaitek