
El que aquí suscribe -uno más de entre los innumerables turistas que pululan por esos mundo- tiene la sensación de que los últimos tiempos no son propicios para la lírica en lo que se refiere precisamente a la práctica del Turismo-entendiendo por tal, y la aclaración resulta pertinente, el viaje de placer, práctica que-se ha universalizado -representando el Turismo el 3% del PIB global- en el escenario de una globalización a la que tanto y por tantos, con distintas lecturas, se apela.
En efecto, se aprecia un malestar, un notorio descontento en gentes de varias ciudades españolas, en verdad muy visitadas, a propósito de un Turismo masificado y así se han celebrado, por tal motivo, tanto en 2024 como en lo que llevamos de 2025, marchas multitudinarias ( y se anuncian otras en algunos enclaves europeos) bajo el lema de “Basta” y con slogans en las pancartas tales como el de “Tourist go home”.
En esa línea, y, en concreto, en la última de las manifestaciones de la que el que esto firma ha tenido noticia y que ha acontecido en Gran Canaria el pasado mes de mayo, se han denunciado por los manifestantes las consecuencias negativas de la saturación turística consistentes en todo un muestrario de estragos sociales, ecológicos y culturales y que se materializan en atascos; en inasumibles precios en el alquiler de viviendas; en la insuficiencia de hábitats sociales y en la práctica imposibilidad de acceso a la vivienda sin protección oficial; en vertidos sin depurar al mar, con el consiguiente cierre de las playas afectadas; en cortes en el suministro de agua; en déficits en servicios públicos fundamentales, y, como colofón, en la fallida distribución de la riqueza originada por el Turismo, que es componente decisivo del PIB del Archipiélago canario (el Turismo aporta de forma directa al PIB canario el 37% del mismo y, de forma indirecta, alcanza el 70%) lo que se traduce en un cuadro de salarios bajos en el Sector, y en el hecho de que en Canarias un porcentaje superior al 30% de la población se halle en riesgo de pobreza y de exclusión social. Toda esta “movida” de la población canaria, de alguna manera, venía a resumirse en una frase recogida en las pancartas: “Turismo de masas, pobreza en las casas”.
Y, claro está, a uno, simple peatón de la Historia y un turista más, pero que antes que eso tiene la condición de ciudadano, le inquietan, en primer término, las consecuencias negativas derivadas de la masificación del Turismo y, en segundo lugar, que se pueda desembocar, como puntualmente ha sucedido, al calor de las protestas, en episodios desagradables y rechazables de “turismofobia”, a padecer por los turistas, y que se vaya extendiendo la peligrosa especie en la población de que Turismo es como llamamos a viajar cuando lo hacen los demás, ya que nosotros viajamos.
UNA SOMERA INCURSIÓN EN EL ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL TURISMO EN EL ESPACIO EUROPEO
Con la pretensión de poner distancia con el “climax” antes descrito, intentando abordar con algún fundamento la trayectoria del Turismo, puede ser oportuno referirse a los orígenes del mismo en nuestro Continente, orígenes que, por fijar su “momentum”, serían los viajes del “Grand Tour”, viajes de formación y de placer llevados a cabo a partir del siglo XVIII y que estuvieron reservados a los vástagos de las élites que dominaban en aquellas calendas el ámbito europeo, consistiendo básicamente aquellos en transitar por los restos de la Roma Antigua y el espacio italiano renacentista, y, asimismo, por las secuelas de la Grecia clásica.
El caso es que durante el siglo XIX se fue incrementando paulatinamente la cifra de viajes de placer disfrutados por las élites burguesas hasta que en la pasada centuria se operó ya una transformación del Turismo debida, simplificando, a dos hechos. De una parte, se produjo una suerte de apertura de puertas a una cierta generalización ( “democratización”,según algunos) en el acceso de las gentes al Turismo, lo que vino, sin duda, facilitado por la previsión en Ley para los trabajadores de los días de descanso obligatorio y del derecho a unas vacaciones anuales retribuidas, al igual que por la aparición en escena, valga la expresión, de pensionistas con aceptables pensiones y con mucho tiempo libre -importantes conquistas sociales alcanzadas gracias al movimiento obrero-,comportando ello, en fin de cuentas, el reconocimiento del ocio, y la posibilidad de su disfrute por “los de abajo” pudiendo así permitirse éstos, en no pocos casos, realizar viajes de placer. Y, de otra parte, se vino a considerar, lo que supuso una decisiva decisión, la actividad turística desde una perspectiva empresarial conformándose de esta manera la industria turística y, en definitiva, el Sector turístico. Pues bien: en ese panorama la industria turística, ya plenamente consolidada en este siglo XXI y amparada en los relevantes avances alcanzados a partir de la revolución industrial en infraestructuras y en comunicaciones (léase el transporte de viajeros en barcos, en trenes, en vehículos de tracción mecánica con el soporte de mejoras sustanciales de las carreteras, y en aviones) ideó, para fabricar masas de usuarios de viajes lúdicos los viajes organizados, colectivos, que han, literalmente, arrasado y que, dirigidos a potenciales clientes, venían a formular ofertas basadas en un “todo lo damos hecho”, lo que conllevaba facilitarle sobremanera la vida al turista, ya que el ejercicio de tal condición no es siempre placentero. Se ofrecía, por otra parte, a los viajeros en grupo y a los “singles” la posibilidad de coincidir en la misma experiencia turística y es que para estos últimos no poder compartir una escapada podía constituir un serio impedimento para viajar, debiéndose agregar a ello el reclamo de la corta duración de las rutas diseñadas para este tipo de viajes que respondía al hecho de las tasadas jornadas de descanso obligatorio y de los acotados períodos de vacaciones de los trabajadores en activo, y también el atractivo de precios ciertamente competitivos y asequibles para una mayoría, lo que llevaba, en suma, a posibilitar la práctica de la actividad turística a extensas capas de la población. Y ese sigue siendo, a grandes rasgos el escenario actual.
A PROPÓSITO DE LAS MOTIVACIONES PARA EL EJERCICIO DE LA ACTIVIDAD TURÍSTICA Y DE LOS EFECTOS DE ESA PRÁCTICA SOBRE LOS VIAJEROS
Es, sin duda, amplio, extenso se diría, el catálogo de las motivaciones que han empujado, y empujan, a las personas a hacer Turismo. En ese sentido pueden mencionarse, entre otras, el propósito de las gentes de relajarse, de descansar o el de desconectar de la rutina diaria cambiando de actividad, o el de divertirse o el de estar en contacto con la Naturaleza. Y, en otras coordenadas, pueden constituir también motivos al respecto el de indagar en el conocimiento de otras culturas; el de poder practicar las lenguas foráneas de los lugares que se visita; el de incrementar el acervo e experiencias personales; el de la posibilidad del hallazgo de amistades en los viajes; el afán de aventura de los viajeros o el de satisfacer, sin más pretensiones, un acto de consumo o, incluso, el de poder demostrar con inmediatez a los demás mortales que el turista, efectivamente “estaba allí”, contando con el amparo impagable para ese menester, cual eficaz notario, de la inevitable “selfie”. Por algo, en fin, J. Serrano, y valga como colofón, ha llegado a decir, ahí va eso, que “viajar se ha convertido en una experiencia vital ineludible”.
En cuanto a los efectos del Turismo sobre los viajeros hay opiniones sobre sus efectos positivos de escritores y de ensayistas, como es el caso de M. Twain, que ha sostenido que “viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras” y la de J. Steinbeck, que ha dejado escrito por su parte, que “la gente no hace viajes, son los viajes los que hacen a la gente”. A su vez, el dramaturgo A. Miller se ha manifestado en el sentido de que de “nuestro destino de viaje nunca es un lugar sino una forma de ver las cosas”, en tanto que J. Pla ha puesto de relieve que “no hay nada como alejarse un poco para curarse de la psicosis de la proximidad de la que todos estamos atacados y hay que viajar para aprender a…tolerar”. M. Marder, a su vez, ha dicho que “el viaje aún tiene mucho sentido: enriquece y te puede cambiar la vida”, sin olvidar lo expuesto tanto por M. D´Eramo, que vincula el Turismo a la idea de libertad, a un móvil político, y así viene a referir, como ejemplos, que cuando acabó la pandemia nos dio por viajar porque al fin éramos libres y que décadas atrás el muro de Berlín comenzó a resquebrajarse cuando los alemanes orientales empezaron a pedir visados para visitar Hungría en masa y, en fin, por J. Reverte, que, elevando un peldaño su consideración sobre el viaje, alude al arte de viajar.
En el polo opuesto, negativo, se hallan, en relación a los efectos del Turismo sobre los viajeros, si bien en minoría, otros escritores, ensayistas o intelectuales, como es el caso de G. K. Chesterton, que ha sentenciado que “el viaje empequeñece la mente” y R. W. Emerson, que ha afirmado que los emplazamientos turísticos son “un paraíso para los idiotas”, habiendo dejado por sentado L. Buñuel, en sus Memorias, que no le interesaban el turismo, ni los viajes ni descubrir nuevos lugares. Y ya en estos tiempos de masificación turística, que ha provocado -siendo un impactante punto de inflexión al respecto- la irrupción de opiniones disconformes con la situación generada por la saturación del Turismo, la escritora surcoreana Yun-Ko eun ha señalado, rotundamente, que en la época actual “de anarquía turística -muy lejos, por lo tanto, del modelo del turista sostenible- partir del instante en que somos turistas nos convertimos en cómplices de un delito contra el medio ambiente”, habiendo puntualizado, por su parte, A. Blanco que “ si se deja de viajar no significa quedarse sin vacaciones: solo estás haciendo un consumo diferente de tu tiempo libre”. Y con ese mismo marco del Turismo masivo I.L. Pfeiifer ha referido que “el Turismo no es inocuo, mata las ciudades, mata su alma” y A. Geranios, a su vez, ha puntualizado que “la clase trabajadora se lo merece todo, empezando por lo sustancial para la vida: acceso a vivienda, buena alimentación, salario digno, poder de decisión, a tiempo. Si todo esto estuviera resuelto el invento del Turismo ya no haría falta”, abogando, a su vez, A. Castro por un turismo ético en tiempos de emergencia y sosteniendo que “dejar de viajar es la oposición más clara a un modelo turístico que agota recursos, daña el medio ambiente y tiene consecuencias sociales, a veces desastrosas sobre los destinos”
A VUELTAS CON EL “OVERTOURISM”
La cuestión es que, aunque se prefiera mirar hacia otro lado, ahí está el fenómeno del “Overtourism”, el de la saturación (o masificación) turística y que consiste en la presencia masiva de turistas en algunos puntos o enclaves y siempre en esos mismos puntos o enclaves. Y esas formidables aglomeraciones de personas suscitan los consiguientes trastornos para los residentes de las zonas afectadas por aquellas, trastornos que pueden precisarse en el agobio físico producido por esas muchedumbres; en el aumento, por todo lo que acarrea, de la contaminación ignorando, de alguna manera, el cambio climático y el calentamiento global en el que estamos inmersos, descollando en ese contexto negativo la contaminación acústica, con el consabido subidón de decibelios provocado por el excesivo consumo de alcohol, cuando no originado por músicas a todo meter o por ambas cosas a la vez.
Prosiguiendo con el relato de las consecuencias de la masificación turística para los residentes puede aludirse a dificultades para la Movilidad con un “heavy” tráfico; a una sobreexplotación de recursos con evidentes costes ambientales; a incurrir en despropósitos urbanísticos, consecuencia de
una fiebre especulativa; a un encarecimiento de la energía y a un incremento de la inflación, lo que se traduce en inasumibles precios de la vivienda, de compra y de alquiler, y en el desbordamiento, en número, de los pisos turísticos “expulsando” a los residentes de los sitios turísticamente abarrotados y, en fin, al deterioro en la prestación de servicios públicos y, en especial, de los servicios turísticos.
De cualquier forma, hay que ser conscientes de que los tiempos que nos ha tocado vivir son los de la dominación de la escena por un creciente capitalismo neoliberal y que el Turismo, operando en ese marco, se ha venido a mercantilizar en exceso, llegando incluso a “fabricarse” turistas egoístas que no ven más allá de sí mismos. Pero, en ese proscenio, lo que debería ser objeto de deslinde después de lo expuesto líneas atrás, es que una cosa es el Turismo y otra es su masificación y es que, de no jalonarse adecuadamente ambos, podría sacarse la conclusión de que las protestas habidas han constituido una enmienda a la totalidad, negacionistas, en relación al Turismo mismo cuando en verdad los debates y protestas se han centrado en el hecho de su saturación. En una palabra: son voces, las discordantes, que reclaman que el Turismo sea sostenible, ético, y que no suelen poner en cuestión su existencia, salvo en desespero de causa al no ser escuchados, pero rechazan, eso sí, un Turismo masificado y descontrolado, que eleve la tensión social y que finalmente ponga al propio Turismo en el disparadero.
UN REPASO A LAS DETERMINACIONES TOMADAS, O BARAJADAS A TOMAR, PARA AFRONTAR EL “OVERTOURISM”
Ante el fenómeno del “Overtourism”, con lo que implica de Turismo masificado y sin, o escaso, control, no parece excesivamente arriesgado - viendo cómo, en nuestro caso, se presenta el centro de algunas ciudades o cómo se concentran los visitantes en gran número en determinadas playas- defender el planteamiento de la adopción de medidas que vengan a contrarrestar las negativas consecuencias de un Turismo masivo. Y es que el Turismo se constituye en pieza de largo alcance, esto es, en una actividad con efectos transversales sobre la sociedad, excediendo, pues,
de largo, en sus efectos del estricto ámbito del denominado Sector turístico, y sería, pues, una gran equivocación que, deslumbrados por la creciente cifra millonaria de visitantes foráneos en nuestro País, se optase por no prestar la suficiente atención a los trastornos que se originan por la concurrencia del “Overtourism”, trastornos que dan origen a la celebración de manifestaciones que son una muestra del malestar ciudadano, y que se estimase que el éxito de un País con el Turismo se mide, sin más consideraciones, exclusivamente por el número de visitantes.
Precisamente en la pretensión de solventar esas aludidas disfunciones puede aludirse a decisiones de las autoridades ya tomadas, que son las menos, o a las barajadas y susceptibles de ser adoptadas en las zonas masificadas turísticamente y que son de distinto tenor, esto es, no solo coercitivas sino también incentivadoras. Sería el caso de las siguientes medidas: establecer el cobro de una tasa, normalmente diaria, a turistas que accedan a puntos en períodos de máxima concentración de personas o el cobro de una tasa al turista por pernoctar en establecimientos hoteleros en ciudades congestionadas habitualmente” por mor” del Turismo, tasas que permitan que los ingresos, consecuencia de su aplicación, preserven y renueven los recursos naturales; fijar, en fin, un número máximo de entradas a la venta-es, por ejemplo, el caso de los museos-teniendo en cuenta la cabida de las instituciones.
Continuando con la descripción de las distintas determinaciones tomadas o a adoptar para afrontar con éxito el reto del Turismo masificado, las mismas serían, asimismo, el hecho de limitar el número máximo de cruceros a fondear en los puertos y el de establecer una tasa a los cruceristas dependiendo del número de días a atracar por los cruceros; regular, en el caso de las Islas, la entrada de vehículos; combatir excesos en la ingesta de alcohol o bien prohibiendo su venta o limitando el horario de venta en las zonas congestionadas turísticamente; determinar un “numerus clausus” de visitantes en lugares de vacaciones y decretar determinados horarios a los establecimientos ubicados en las zonas saturadas para respetar el descanso de los residentes; tratar de desestacionalizar a los visitantes incentivando a los turistas a viajar fuera de temporada ( en nuestro País el Turismo afluye muy mayoritariamente en la época veraniega) y promover el Turismo de proximidad; fomentar la práctica turística en lugares no afectados por la masificación turística, siendo el Turismo rural un buen destino a esos efectos; diseñar rutas que permitan vivencias personales, únicas, individualizadas para los viajeros evitando, de esta manera, la masificación turística en esas rutas, sin descuidar, claro, el Turismo de lujo, minoritario, menos invasivo y rentable, y sancionar comportamientos inadecuados de los distintos agentes que operan en el Turismo. Habrá que ver, en cualquier caso, cómo se despliegan las medidas apuntadas u otras que, en su caso, se tomen.
A MODO DE RECONSIDERACIÓN
En cualquier caso, y al objeto de posicionarse de una manera objetiva, realista, sobre la situación del Turismo en este País, se advierte que la Economía española, decantada claramente hacia el Sector Servicios y, según los datos que a continuación se detallan, se hace cada vez más dependiente del Turismo, ya que los números cantan, y el Turismo es uno de los principales motores de nuestra Economía. Ignorar ello sería algo de muy difícil recibo, claro está, pero asumirlo ha de constituir un básico punto de partida para un análisis del Sector turístico.
Abundando, pues, en el sentido de la gran influencia del Sector turístico en lo económico-social en nuestro País, los datos que ha suministrado el Instituto Nacional de Estadística (INE), para 2024, muestran que el Turismo supuso el 13.2% del PIB español, lo que ha comportado una contribución de 208.000 millones de euros, habiéndose recibido la visita de 93.8 millones de visitantes foráneos, siendo Reino Unido, Francia y Alemania los principales Países emisores. Por otra parte, el Sector turístico español, con su consabida baja productividad, cerró el ejercicio con 2.9 millones de trabajadores ocupados, cifra que representa el 13.8%del total de afiliados a la Seguridad Social, si bien -y es algo a cargarlo en su debe-los trabajadores del Sector presentaron una cualificación en los empleos inferior a la media, generándose un empleo de menor calidad, percibieron salarios bajos en general y hubo una temporalidad en las contrataciones que fue algo menor que en 2023, pero aun resulta ciertamente significativa y con amplios márgenes de mejora.
Prosiguiendo con ese relato conviene traer aquí para su comparación los datos sobre Turismo facilitados por el INE para 2023 y de los mismos se deduce que la aportación del Turismo al PIB español fue del 12.3%, contribuyendo con 184.002 millones de euros, habiéndose, de otra parte, recibido la visita de 85.056.528 visitantes foráneos y generándose 2.5 de millones de puestos de trabajo, esto es, el 11.6% del empleo total.
Pues bien: de la contrastación de los datos relativos a la actividad turística de los años 2023 y 2024, así como de los datos referidos a años anteriores, se pueden sacar algunas conclusiones: el Turismo en nuestro País continúa “ in crescendo” (en cifras se demuestra que ha superado, con los indicadores al alza, las crisis, con sus consecuencias, de la Gran Recesión y de la pandemia). Y todo parece indicar que continuará. Pero sigue arrastrando, como problemática, la carga de su masificación en bastantes puntos del territorio, con los abusos de distinto corte que ello puede conllevar y un déficit en lo social, representado por la precariedad en la que se hallan instalados muchos trabajadores del Sector turístico con bajos salarios, por debajo de la media de los previstos para los empleos en general, con insuficiencias en la cualificación de los empleos, con notoria presencia de la temporalidad en las contrataciones, factores que dificultan la plena consecución de un Turismo sostenible y ético puertas adentro del Sector.
En definitiva: el escenario de un Turismo masificado- que ha dado lugar a marchas que han expresado el malestar de los residentes de las zonas congestionadas, lo que debería ser objeto de escucha por los que mandan - tendría que conducir para afrontarlo, por cuanto es una cuestión de Estado, parece, a que los distintos actores que desempeñan un rol en el denominado Sector Turístico, como es el supuesto de las Administraciones Públicas Estatal, Autonómica y Local, los agentes sociales (patronal y organizaciones sindicales) y las organizaciones ciudadanas, elaborasen, sin prisa pero sin pausa, una Estrategia, consensuada y asentada en adecuada Planificación, que abriese la vía a la adopción de medidas abordadas en ese foro, coordinadas, que fuesen, escalonadamente, reordenando sin arruinar, claro está, el Sector del Turismo con el objetivo de perfilar el modelo de actividad turística que estos tiempos reclaman y que ha de ser sostenible (esto es: respetuoso con el medio ambiente, con los recursos disponibles y propiciando el desarrollo local de las zonas congestionadas ) y ético, con especial hincapié en la mejora de las relaciones laborales.
Y es que no vaya a ser que, fascinados, por el creciente número de visitantes foráneos que tenemos, así como por el aumento del Turismo interior, juguemos al “don Tancredo”, a un aquí no pasa nada porque creamos que todo está controlado y muramos de éxito.
NOTA:
Se ha consultado, entre otros, el libro de José Luis Pardo, “Estudios del malestar”. Ed. Anagrama. 2016. y las Memorias de Luis Buñuel: “Mi último suspiro ” . Ed. Plaza & Janés. 1983.
Se ha acudido, igualmente, como apoyo para la elaboración de este Artículo, a artículos, editoriales y entrevistas sobre el tema del Turismo publicados en “El País” (destacando el “Babelia, de 6 de julio de 2024) y en “La Vanguardia”, fundamentalmente en los años 2023 y 2024, así como a Internet.
Fernando Díaz de Liaño y Argüelles Junio de 2025