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Para los simpatizantes de este blog, añado el enlace al artículo titulado "¿Dos hermanas Domicias?" que he publicado no hace mucho.
https://revistas.uned.es/index.php/RDUNED/article/view/41934/30491
23/02/2025
Uno de los Festivales de Jazz más importantes que se celebran anualmente es el que tiene cita durante dos semanas del mes de julio en la ciudad suiza de Montreux (Montreux Jazz Festival). En el marco de este festival se incluye cada año una competición en la que jóvenes valores de la música participan en diferentes modalidades (piano, guitarra y voz). En el año 2006 el protagonista de este artículo, Alfredo Rodríguez, participó en el Piano Solo Competition obteniendo el primer premio. Un hecho que fue definitorio en la carrera musical de este excelente pianista.
Alfredo Rodríguez (Foto y © de Anna Webber)
Alfredo Rodríguez nació en La Habana y ya sabemos la relación que hay entre los cubanos y la música, términos cercanos a la sinonimia. Su padre, también Alfredo (Alfredito Rodríguez), es un cantante, compositor y productor musical; por lo que siendo cubano y creciendo en un ambiente familiar musical el camino de Alfredo Rodríguez Jr. estaba bastante trazado. Alfredo Rodríguez comenzó sus estudios de música clásica a los siete años en la Escuela Elemental de Música Clásica Manuel Saumell, luego en el Conservatorio de Música Amadeo Roldán y posteriormente en el Instituto Superior de Arte de la Habana. Y por aquel entonces, cuando Alfredo tenía 20 años, le llegó la oportunidad de participar en el festival de Montreux que ya he mencionado. Quincy Jones, que fue coproductor oficial del festival durante algunos años y persona fundamental en la organización y programación del mismo, quedó gratamente impresionado con la actuación de Alfredo Rodríguez y tomó la decisión de proponerle convertirse en su mentor y productor.
Julio de 2006 fue un punto determinante en la carrera y vida de Alfredo Rodríguez. Volvió a Cuba tras el festival, pero ya con la perspectiva de que se le abrían puertas y caminos que antes sólo imaginaba. Tras una breve estancia en México, país en el que acompañó a su padre en una gira, llegó a Estados Unidos en 2009, donde ya estableció su residencia definitiva, primero en Los Ángeles y luego en Miami. A partir de ese momento la carrera musical de Alfredo Rodríguez se volvió meteórica hasta entrar en el elenco de los mejores pianistas actuales de jazz. En 2012 grabó su primer álbum, Sounds of Space, y en 2023 el sexto, Coral Way, de los que lleva publicados hasta la fecha. Todos ellos con diferentes músicos y formatos, aunque en sus directos el formato de grupo que más predomina es el trío (piano, bajo y batería). En ese caso, dos de los músicos que le han acompañado en numerosas ocasiones son Richard Bona y Michael Olivera. Clicando aquí puede verse un vídeo de los tres interpretando Piel Canela. Este es uno de los vídeos que Alfredo graba como divertimento y difunde a través de las redes sociales.
Es sabido que Cuba es uno de los países que más ha aportado al jazz latino (si no el que más). Desde Mario Bauzá y Machito la contribución de la música cubana al jazz no ha hecho sino crecer. Son numerosos los músicos cubanos que hay en diferentes países interpretando jazz. Las raíces cubanas siempre están en ellos, pero en muchos casos no se limitan a interpretar jazz latino. Alfredo Rodríguez huye del encasillamiento en un único tipo de música; la música cubana le ha marcado, cómo no, pero él no quiere ponerse límites ni fronteras en cuanto a estilos y eso lo demuestra en sus discos y actuaciones en directo. Desde 2006 ha actuado en los escenarios más importantes del mundo y en el festival de Montreux siempre hay un lugar para él.
Alfredo Rodríguez (Montreux Jazz Festival 2018)
El nombre de su sexto álbum, Coral Way, viene dado por la zona de Miami en la que reside Alfredo Rodríguez y en este disco, que sí se encuadra dentro del jazz latino o aún más en la música afrocubana, el pianista quiere representar el sonido y el ambiente de esa ciudad, mezclando una serie de ritmos y estilos que evocan los antecedentes musicales de la comunidad latina, que da como resultado un disco sumamente festivo. Son nueve los temas incluidos en este álbum, de los que siete de ellos son composiciones de Alfredo Rodríguez y los otros dos -La Bilirrubina y Für Elise- arreglos suyos.
Alfredo Rodríguez no para de moverse por el mundo. Con la promoción de su disco Coral Way, que comenzó en otoño de 2023, ha visitado varios países de todos los continentes y yo tuve la oportunidad de verlo en el concierto que se programó en el Auditorio Nacional de Música de Madrid. Fue el 20 de febrero de 2025 y en ese concierto le acompañaron dos excelentes músicos, Yarel Hernández y Michael Olivera. En el disco Coral Way hay tres temas en los que intervienen dos vocalistas, Alana Sinkëy en Fidju di Lua y Sueño de Luz y Cimafunk en El Llamado, y como en el concierto no estuvieron ni Alana ni Cimafunk esos tres temas no formaron parte del repertorio de esa noche. Bueno, tampoco otros.
Alfredo Rodríguez Trío (Madrid, 20 febrero 2025)
Seguramente la música es una de las actividades en que es más fácil o al menos más frecuente entrar en un “estado de flujo”, tal como este concepto lo entiende la Psicología Positiva. En muchas ocasiones hemos visto a músicos concentrados en lo que están haciendo y aislarse de cualquier otra cosa, fundiéndose con la música que están interpretando. Y así comenzó el concierto, con Alfredo Rodríguez concentrado en su Coral Way, el tema que abre su disco y con el que inició el concierto. Después animó al público a que acompañara al trío en varios temas que todos conocemos, como Bésame mucho o Quizás, quizás, quizás, y nos invitó a tomar café con Mama Inés. Una demostración de que Alfredo Rodríguez sabe manejar el directo. No hubo muchos más temas de ese disco, pero sí el que yo más he escuchado porque me parece una maravilla, Blueberry Fields. Bueno, pues ese maravilloso tema, escuchado en directo y alargado al máximo, me pareció de lo mejor del concierto y doy fe de que fue muy bueno todo él.
Parecía obligado que Alfredo Rodríguez se acordara de su mentor y productor, con quien estuvo más de quince años, y para finalizar el concierto le rindió homenaje con un tema de uno de los discos de otro intérprete que produjo Quincy Jones, Thriller, una de las canciones más reproducidas de la discografía de Michael Jackson y que Alfredo Rodríguez incluyó en su anterior álbum, Duologue. Después de esa interpretación no sé cuántas propinas hubo, incluso mezclando y fusionando temas, porque cada vez que salía el trío del escenario el público no cesaba de aplaudir reclamándoles. Alfredo Rodríguez está, sin duda, entre los mejores pianistas de jazz y especialmente del jazz latino.
P.S. Thanks to Anna Webber for her kindness.
3/11/2024
Carla Motis
La guitarra o quizá más el banjo ya se utilizaban en las primeras bandas de Dixieland o Ragtime en los inicios del siglo XX, pero su papel estaba restringido a un acompañamiento rítmico. Fue con Charlie Christian y quizá antes con la llegada del jazz a Europa y la aparición de un músico genial como Django Reinhardt cuando la guitarra se elevó a la categoría de instrumento solista. Desde entonces, ha habido y hay un gran número de guitarristas triunfando en el mundo del jazz y como referentes de este instrumento. No se trata de citarlos aquí, aunque acabo de hacerlo con dos de ellos, sino de escribir sobre una guitarrista joven, surgida, como otros buenos músicos, de la Sant Andreu Jazz Band (SAJB) que dirige Joan Chamorro. Hace unos años, en 2019 (estos artículos siempre llevan en la cabecera la fecha de su publicación), dentro de la serie “Joan Chamorro presenta …” pudimos apreciar el talento de esta joven y excelente guitarrista, Carla Motis.

Carla Motis (Fotografía de Aníbal Ptolomeo)
Aprovechando tres días de actuaciones de Carla en Madrid me cité con ella en un café para hablar de su vida musical. Aquí dejo constancia de mi agradecimiento a Carla. Lo que sigue forma parte de la conversación que mantuvimos y del concierto que presencié el 31 de octubre de este año, aunque ya la había visto en directo en otra ocasión (abril 2024) y en algunos vídeos.
Carla Motis nació en Barcelona y a los cuatro años comenzó a tocar la guitarra en una escuela de su barrio, Sant Andreu -un barrio que ya se ha convertido en referente de buena música y buen jazz-, y dos años más tarde ingresó en la Escola Municipal de Música Sant Andreu para estudiar guitarra clásica. Cuando en 2008 entró en la SAJB para tocar el banjo, Joan Chamorro le aconsejó estudiar guitarra jazz con Josep Traver, con quien estuvo estudiando durante ocho años (desde los 10 a los 18) en la Escola de Música Moderna de Badalona, al mismo tiempo que tocaba en la big band. Conozco a Josep Traver y le he visto tocar en numerosas ocasiones y a buen seguro que la tranquilidad y serenidad con que Carla toca la guitarra es en parte fruto de sus enseñanzas.
Carla Motis, Joan Chamorro y Josep Traver
Sin dejar de tocar en la SAJB, Carla continuó su proceso de formación en la Fundació Conservatori Liceu de Barcelona, donde estudió durante cuatro años con dos excelentes guitarristas y profesores, Jaume LLombart y Dani Pérez, que marcaron su trayectoria tanto como antes lo habían hecho Chamorro y Traver. Allí, en el Conservatori, encontró el ambiente propicio y conoció a varias personas que le ayudaron a tomar la decisión de dedicarse profesionalmente a la música.
Es lógico que a la edad con la que Carla comenzó a tocar en la SAJB su participación se limitara a la función rítmica de acompañamiento, hasta que poco a poco y con el apoyo y la confianza que le mostraban Chamorro y Traver fue tomando un mayor protagonismo en la banda y así llegar a interpretar los solos a los que siempre le animaba Chamorro. Más tarde llegó el momento de abandonar la SAJB y empezar a crear su propia carrera como intérprete. Y aquí se presenta la situación que muchos músicos jóvenes, aún en formación, deben afrontar si su deseo es seguir una carrera musical. Cómo pasar de una fase de aprendizaje y casi divertimento a una etapa profesional y en qué momento hacerlo. Hablo de ello con Carla, que me dice que el tesón, el trabajo, la pasión por la música y también -por qué no- el apoyo de su entorno son fundamentales en el inicio de una carrera como la que ella se propuso. Estaba su hermana Andrea, que ya era una artista reconocida internacionalmente y con quien ha compartido escenario en varias ocasiones, estaban sus padres que siempre la apoyaron, como también los músicos con los que se formó, pero sobre todas las cosas estaba su talento y sus ganas de hacerse un hueco en el mundo de la música. La unión de todos esos factores es lo que llevó a Carla a comenzar su andadura como guitarrista profesional.
Sus primeras actuaciones fuera de la SAJB se produjeron formando parte de diferentes grupos, algunos de ellos surgidos de la SAJB. Formó un dúo con Èlia Bastida (guitarra y violín me recuerda a otro gran dúo) con quien estuvo actuando durante algún tiempo. Formó parte de Joan Chamorro New Quartet durante los dos primeros años tras su salida de la SAJB y ahora forma parte de varios proyectos, como Ignasi Terraza Trío, el dueto con el cantante Vignesh Melwani, el grupo de swing tradicional Swing Engine y el trío con Belén Bandera y Horacio Fumero o Masa Kamaguchi. También forma parte de HalliGalli Quartet, un cuarteto de cuerda en el que predominan el swing y los ritmos afroamericanos. Y para no dejar de tocar ha formado junto a Laura Carreras (bajo) y Marta Costa (percusión) el trío Àvalon, un grupo enfocado a visibilizar el papel de la mujer en la música y especialmente en el jazz. Y ahora está con la mente puesta en crear su propio grupo. No creo que a Carla le sobre mucho tiempo, la música llena casi todo el suyo.
Hablamos también de su discografía y de giras nacionales e internacionales. En cuanto a discos, sólo tiene por el momento el ya mencionado de la serie “Joan Chamorro presenta …”, aunque sí ha participado en otros. Un disco en el que al jazz más tradicional se unen temas de bossa nova y algún ingrediente afrocubano. Sobre giras ya ha realizado unas cuantas con la SAJB por España y varios países europeos y este mismo año 2024 se unió a Andrea y Christoph Mallinger para una minigira que los llevó a realizar unos conciertos en Pekín y Shanghái.
Carla toca varios estilos, porque así debe y tiene que ser, dixieland, swing, bebop, latin, bossa nova, pero donde ella me dice que se encuentra más cómoda es en el jazz “tradicional”, si es que se puede utilizar este término para referirnos al jazz que se compuso entre los años 20 y 60 (más o menos) del siglo pasado. Utiliza la misma guitarra desde hace años, una Gibson que le gusta y considera idónea para tocar jazz. Aún no se ha lanzado al mundo de la composición, aunque sí ha hecho algunos arreglos de temas. Quizás el momento de hacerlo sea cuando cree su propio grupo, porque entonces su necesidad de expresión será mayor, rebasará lo que exige la improvisación, y ya sabemos que la inspiración ha estado siempre al servicio de las necesidades de expresión.
Ya he dicho que Carla Motis, desde su salida de la SAJB, ha tocado con diferentes grupos y he mencionado la gira por China que hizo con Andrea y Christoph, pero no lo mucho que le gusta tocar con su hermana hasta el punto de que han formado un trío (trompeta y voz, guitarra y voz y contrabajo) con el que están ofreciendo varios conciertos. Y con este formato de grupo, en el que el contrabajo corrió a cargo de Giuseppe Campisi, se presentaron en Recoletos Jazz de Madrid para tres conciertos consecutivos.
Andrea Motis, Giuseppe Campisi y Carla Motis (Madrid, 31 oct 2024)
Un concierto bastante intimista que comenzó con algunas baladas al más puro estilo de Broadway y siguió con bossa nova. Hace ya años que la música brasileña forma parte importante del repertorio de Andrea Motis y ya también de Carla. Pero tenía que aparecer algo más y lo hizo cuando Andrea habló de Lillian Hardin, de su importancia y protagonismo en el jazz de aquellos años, para a continuación tocar uno de los temas que mejor la identificaron con el swing, Let’s call it love. Y ya que estábamos por esos caminos, apareció el nombre de Nat King Cole y uno de los temas de su primera etapa, Beautiful moons ago, compuesto por Oscar Moore, y con el que Carla se lució con un excelente solo de guitarra. Y el trío nos llevó a Chile para interpretar La Pajita, un precioso y suave tema basado en un poema de Gabriela Mistral musicado por Horacio Salinas. Propina incluida, el concierto finalizó dejándonos la sensación de que habíamos asistido a algo bello, escaso en su duración (nos hubiera gustado más tiempo y más temas) y la constatación de que en Carla Motis hay una guitarrista con mucho futuro y a la que le deseo la mejor de las suertes, porque se la merece.
23/05/2024
Si Estados Unidos es el país del jazz y Francia fue la puerta de entrada del jazz en Europa, qué mejor que hablar de un músico franco-estadounidense como representación de una música que ha llegado a todos los rincones de este planeta. Y ese músico del que va este post es Jacky Terrasson, un magnífico pianista y compositor, que, curiosamente, no nació en ninguno de esos dos países.
Jacky Terrasson (fotografía © de Alexandre Lacombe)
Así es, Jacky Terrason nació en Berlín, hijo de madre estadounidense y padre francés. Pasó su infancia, adolescencia y primera juventud en Paris, ciudad en la que empezó a estudiar piano cuando tenía cinco años. Seguramente, el hecho de que sus padres también lo tocaran, aunque no de manera profesional, tuvo influencia en esa decisión. El ambiente familiar hace mucho. Ya antes de finalizar sus estudios de piano clásico empezó a interesarse por el jazz y cuando los finalizó ya estaba suficientemente metido en los ambientes de jazz de Paris como para haber conocido a varios músicos de jazz, entre ellos Francis Paudras que le habló de la posibilidad de estudiar en el Berklee College of Music de Boston. Consiguió que le dieran una beca y allí se fue en 1985, poco antes de cumplir los veinte años, donde empezó a tocar en algunos clubs de la ciudad.
En 1993 ganó el concurso del Thelonious Monk Institute of Jazz International Piano Competition, un premio de un enorme prestigio internacional y un hecho que cambió por completo su vida y su caché como pianista. Empezaron a llegarle más contratos y ofertas de conciertos, emprendió una gira internacional con la cantante Betty Carter y grabó sus primeros discos con el sello Blue Note. A partir de ahí, es uno de los pianistas más solicitados en los festivales, salas de conciertos y clubs de jazz del mundo entero, aunque siguen siendo Estados Unidos y Francia los países en los que más actúa. Dos países cuyas músicas han marcado la trayectoria de Jacky Terrasson.
Previamente a su contrato con Blue Note, Jacky Terrasson ya había grabado tres discos con otros sellos discográficos entre 1991 y 1993. Son en total dieciocho los discos que ha grabado, en solitario o como líder de su grupo, principalmente trio. Hace poco más de un mes (este artículo está fechado el 23 de mayo de 2024) salió al mercado el disco que hace el número diecinueve, Moving On, un disco grabado en dos ciudades, en los Recall Studios de Pompignan -donde ya ha grabado algunos de sus otros discos- y en GSI Studios de Nueva York, con contrabajo y batería distintos en sendas grabaciones, con músicos invitados, entre ellos dos excelentes vocalistas para dos temas (escuchad esas voces y ese poema, est-ce que tu me suis?), y editado con su propia discográfica, Earth Sounds, que creó en 2023. Disco que está presentando en su gira actual.
Admirador de Bud Powell, quizá desde su encuentro con Francis Paudras (autor de La danza de los infieles, sobre la vida de Bud Powell), Jacky Terrasson ha sabido crear su propio estilo, que le ha convertido en uno de los pianistas más originales del jazz actual. Esa originalidad también la podemos observar en la variedad de sus composiciones y arreglos, sus diecinueve discos son un claro ejemplo de ello. Sus composiciones son enormemente variadas y los arreglos que hace de temas de otros compositores van desde un exquisito respeto a la melodía original hasta una libertad absoluta en ellos. Ejemplos del primer caso podemos verlos en La Vie en Rose, Sous le Ciel de Paris o incluso en la Marseillaise (y más); un claro ejemplo del segundo caso son Jeux Interdits, del español Narciso Yepes o Take Five (y también hay más). Quizá más que de arreglos podríamos hablar de recreación o recomposición de estándares de jazz.
En 2003, junto al flautista Emmanuel Pahud grabó el disco Into the Blue con arreglos de composiciones de música clásica y más tarde, a partir de 2010 con Push, comenzó a grabar los discos en los que hay un mayor número de composiciones suyas y que lo consagraron definitivamente como uno de los grandes pianistas del jazz actual. Tras Push llegó en 2012 el que, en mi opinión, es uno de sus mejores álbumes, Gouache, donde contó por primera vez con la participación de Cécile McLorin Salvant en un par de temas. Cécile McLorin y Jacky Terrasson han colaborado en varias ocasiones. Tres discos más, Take This, Mother y 53 y llegamos al que he mencionado antes, Moving On, un disco que ha publicado tras más de cuatro años de silencio discográfico.
Quien busque en la música de Jacky Terrasson un jazz tradicional no lo encontrará. Y este disco no podía ser una excepción. Alguien me dijo que su música es inclasificable. Su creatividad inagotable y su constante renovación le lleva a experimentaciones que pueden suponer un riesgo en otros músicos, pero que Terrasson las acomete con la seguridad de su experiencia. Así es como comienza este disco, atreviéndose a fusionar el Estudio nº 6 de Chopin con la canción de mayor éxito de la compositora mexicana Consuelo Velázquez, Bésame mucho (bueno, tampoco es el primer músico contemporáneo que se inspira en Chopin o utiliza su música). A partir de ahí, el disco, con 15 temas, de los que 8 son composiciones de Terrasson y el resto arreglos de estándares, es una nueva demostración de la originalidad e improvisación que caracteriza a este excelente y rompedor pianista. Un disco con una enorme variedad en los temas, que van desde la serenidad que encontramos en Love Light o Enfin (con armónica incluida) al ritmo trepidante de Moving On o AF006.
Jacky Terrasson ha actuado en conciertos con diferentes formatos de grupo, incluso a piano solo, pero seguro que el más utilizado ha sido el trio (piano, contrabajo y batería); un formato utilizado por muchos grandes pianistas de jazz. Quizá el más recordado sea el que formaron Bill Evans, Scott LaFaro, y Paul Motian. Creo que la prematura muerte de LaFaro nos privó de mucho bueno. Ahora, el trio es el formato que más utiliza Terrasson en sus conciertos. Son varios contrabajistas y bateristas los que han acompañado a Terrasson y en la gira que está haciendo en 2024 por países europeos son Sylvain Romano y Lukmil Perez quienes le acompañan, que fueron con los que grabó la parte del disco en Francia. Esta gira europea incluía dos ciudades españolas, Madrid y Logroño, y a la Sala Villanos de Madrid fui a ver y escuchar al trio el 21 de mayo.
Jacky Terrasson Trio (Madrid, 21 mayo 2024)
Quiso Jacky Terrasson empezar el concierto con suavidad, que nos sintiéramos envueltos en su música más serena y para eso eligió Love Light, un precioso tema que cumple esta función en su último disco, para pasar a continuación a esa recomposición que ha hecho de Bésame Mucho. No incluyó en el concierto los dos temas vocales del disco; lógico, porque allí no estaban ni Camille Bertault ni Kareen Guiock Thuram, que son las vocalistas que los interpretan, pero sí la innovadora versión que ha realizado de I Will Wait for You (los paraguas de Cherbourg se abren para el jazz). Y hasta el escenario de la Sala Villanos llegó el pájaro de Borneo para que nos deleitáramos con este sugerente tema, Edit (piaf). Ya finalizando el concierto el trío interpretó el tema que da título al disco más una propina.
Jacky Terrasson (Madrid, 21 mayo 2024)
Pero aún no pudo irse, porque gran parte del público puesto en pie le pidió una de sus favoritas, Alma, que está incluida en su anterior disco, 53, y Terrasson, ya solo, sin sus acompañantes, tocó algunos compases de este tema. A quien me dijo que su música es inclasificable (Marisa) no puedo sino darle la razón. Sus dos nacionalidades, sus dos países de residencia con sus respectivas músicas han conformado la mezcla de todas las influencias que han constituido su música desde sus primeros años. Jacky Terrasson es otro músico que merece la pena ver en directo (bueno, como a todos los grandes).
10/02/2024
No son muchos los músicos españoles de jazz reconocidos internacionalmente, pero, en mi opinión, hay muy buenos intérpretes de jazz, tanto instrumentistas como vocalistas y también compositores. De los 61 artículos que van publicados en este blog, son 22 los dedicados a músicos españoles. Ahora añado a esta lista un nombre más, el de una flautista y compositora que lleva tiempo triunfando no sólo en España, sino también en varios países. María Toro.
María Toro (fotografía de Lola García Garrido)
Contacté con María Toro tras uno de sus conciertos para proponerle vernos un día y hablar de su trayectoria musical y ante alguna dificultad para hacerlo en persona lo hicimos mediante una conversación telefónica. Agradezco a María su disponibilidad.
María Toro, compositora, flautista y pandeireteira, nació en A Coruña, y ya de niña se interesó por la música y participó en algunas actividades musicales relacionadas principalmente con la música popular gallega. Cuando tenía ocho años insistió a sus padres hasta convencerles de que le compraran una flauta travesera, su primera flauta y su amiga inseparable desde entonces. En A Coruña empezó a estudiar música en el Conservatorio Superior de Música, obteniendo el Título Superior en la especialidad de Interpretación. Simultaneó sus estudios con actuaciones en un grupo de rock progresivo, Amoeba Split, grupo que aún permanece y que actualmente se identifica con un estilo jazz-rock.
Al terminar su formación de clásica decidió investigar otros caminos musicales. Ya había descubierto el blues y el rock de Ian Anderson (Jethro Tull) y a algunos músicos de jazz, entre los que se encontraban referentes del flamenco jazz como Chano Domínguez y Jorge Pardo, este último uno de los mejores flautistas y saxofonistas europeos. Consiguió una beca para estudiar en la Escuela de Música Creativa de Madrid y se trasladó a esta ciudad en 2005 para seguir su formación, iniciando estudios de jazz al mismo tiempo que se interesaba por el flamenco. Desde entonces, el jazz, el flamenco y la música popular han sido las constantes que han marcado su trayectoria musical. Me cuenta que no existen antecedentes familiares suyos dedicados a la música, salvo un tío abuelo, Luis el Toro, natural de El Puerto de Santa María, cantaor de flamenco. Quién sabe si no le viene por ahí su cuota de este estilo.
En Madrid comenzó a integrarse en los ambientes musicales, sobre todo flamenco, llegando a realizar algunas actuaciones a través de la Escuela Amor de Dios, hasta que contactaron con ella de una compañía suiza, Flamencos en Route, con quienes colaboró en varias composiciones y actuaciones. Todo esto mantuvo a María Toro seis años en Madrid, con esporádicas estancias en Suiza, hasta que en 2011 decidió irse a Nueva York y allí tocó con muchos de los músicos más importantes en algunos de los clubs de Manhattan. Fue una etapa que le supuso a María Toro un gran enriquecimiento musical. Bueno, para quien se dedique al jazz o le guste y lo disfrute no está nada mal pasar una temporada en Nueva York. Es una ciudad que puede ser tan hostil como acogedora y a la que artísticamente hay muy pocas que se le puedan comparar y menos aún para escuchar buen jazz. De Nueva York dio el salto a Rio de Janeiro en 2013, ciudad en la que permaneció cinco años y donde descubrió una música nueva que no tenía mucho que ver con lo anterior. En Brasil vivió unas experiencias personales y musicales de mucha intensidad. En 2018 regresó a Madrid donde aún reside cuando sus giras se lo permiten.
María Toro tiene publicados tres discos y en este año 2024 tiene previsto grabar y lanzar un cuarto álbum. Autoproduce y autofinancia sus discos, aunque luego haya una discográfica, Jazz Activist, que los incluye y promociona dentro de su sello. A contraluz fue su primer trabajo discográfico, grabado en Nueva York en 2012 y lanzado en 2014. Contiene siete temas compuestos por María. A Nueva York llegó tras su paso por Madrid y Suiza, cuando ya el flamenco formaba parte de su música y en ese disco se percibe cómo fusiona los ritmos flamencos con el sonido neoyorquino. Recordemos una vez más aquello que parece que dijo Miles Davis: “El flamenco es como nuestro blues”.
En 2017, ya en Rio, grabó su segundo disco, Araras, con nueve temas, de los que ocho son composiciones suyas y el último, Chacareando, un regalo del bajista brasileño Itiberê Zwarg. En este disco participaron varios músicos, entre ellos Hermeto Pascoal, una de las personas más importantes de la música popular brasileña. Trabajar con Hermeto fue para María Toro una experiencia inolvidable. En los cinco años que María estuvo en Brasil descubrió un estilo de música diferente del que había estado escuchando en Nueva York. Una música llena de color y naturaleza que le aportó una nueva visión al mismo tiempo que ella incorporó a esta música su propio estilo. Una simbiosis de la que se siente especialmente satisfecha.
A su regreso a Madrid grabó su tercer disco, Fume, en 2020, con diez composiciones y arreglos suyos. Aprovechando aquella época triste del confinamiento en que no se podía salir se dedicó a componer y lo grabó ya con quienes formarán parte desde entonces de su grupo habitual, David Sancho (piano), Toño Miguel (contrabajo) y Andrés Litwin (batería), más la colaboración en algunos temas de Chano Domínguez, Miron Rafaelovich y Shayan Fathi. Si en el primer disco es el flamenco y Nueva York los que protagonizan los temas y en Araras es la música brasileña su inspiración, en Fume vuelve a su Galicia natal para rendirle homenaje. Pero no es sólo su tierra gallega la que está presente en este disco, porque María Toro va incorporando sus vivencias musicales en cada uno de sus discos. Así que aquí está todo, desde el flamenco hasta Galicia y su música popular (como A Costureira), pasando por Nueva York y Brasil. Una muestra más de la universalidad de la música, tal como la entiende María Toro. Y es que la música de María Toro tiene influencias de muchos estilos.
Llevaba yo algún tiempo detrás de ver a María Toro en directo, pero entre sus giras internacionales -en el último trimestre de 2023 ha estado de gira por países de Europa, Latinoamérica y África- y algún despiste mío, aún no se había presentado la ocasión. Fue Mónica, amiga de María y mía (casualidades de la vida), quien me envió un mensaje en el que se anunciaban dos conciertos próximos en Madrid y decidí ir al primero de ellos que se celebró en el Centro Cultural Juan Genovés del distrito de Aravaca. Hay que estar atentos a la programación de los centros culturales, en algunos de ellos he asistido a conciertos realmente interesantes.
María Toro Quartet (Madrid, 21 enero 2024)
El concierto se basó principalmente en las composiciones de su último proyecto, Unlimited, cuyo disco aún está pendiente de grabar, con la inclusión de algún tema más del folclore gallego, como fue la interpretación de A Rianxeira. Un concierto en el que además de la flauta, vimos a María Toro tocar la pandereta y cantar. El cúmulo de experiencias que incorpora María Toro en cada uno de sus discos o actuaciones hace de esta artista gallega una de las más interesantes del actual panorama jazzístico español.
María Toro (Madrid, 21 enero 2024)
Su proyecto más inmediato es el de grabar su próximo disco, Unlimited, cuyo single, que me parece muy bueno, ya presentó en 2023 y puede escucharse en algunas de las plataformas actuales que ofrecen música. Pero no es su único proyecto, María ya tiene en mente la preparación de otro disco en el que el folclore gallego tendrá un protagonismo especial. Su regreso a España le ha supuesto un reencuentro con el folclore y María está interesada en trabajar la música popular. Si a eso añadimos sus conciertos y giras, estará María Toro enfrascada en varios asuntos que la tendrán ocupada una buena temporada. Estaremos expectantes ante todo ello. Mientras tanto, espero poder verla pronto de nuevo en algún escenario, que, a mí, ante todo, es el directo lo que más me gusta e interesa.
4/11/2023
Ya he dicho en alguna otra ocasión que el binomio Cuba y música es inseparable. Cuba ha exportado su música al resto del planeta y un buen número de músicos de esa isla caribeña están repartidos por medio mundo. Cuba también tuvo una importancia capital en el nacimiento del jazz latino y sigue teniendo mucho que decir y ofrecer sobre este género, pero no voy a incidir en ello, que ya hay mucho escrito al respecto y, además, no es el objeto de este artículo. De entre los músicos actuales cubanos repartidos por el mundo son muchos los que han elegido España para vivir y bastantes los que residen habitualmente en Madrid y sobre uno de ellos, Ariel Brínguez, va este artículo. No es la primera vez que aparece su nombre en este blog sobre jazz actual, pero ya tenía ganas de hablar más extensamente sobre él, porque lo considero uno de los mejores saxofonistas que hay en España, sobre todo cuando entre sus manos tiene el saxo tenor, aunque también toca el alto y el soprano. Tuve la oportunidad de hablar con Ariel -a quien agradezco su amabilidad, como también la de su mánager, Nuria Becerra- para contrastar algunas informaciones y datos, de manera que no escribiera algo que fuera erróneo.
Ariel Brínguez (fotografía de Edu Alonso)
Ariel Brínguez nació en Santa Clara y es nieto de un saxofonista muy querido allí, Juan José Brínguez Ochoa, quien fue director del grupo Los Fakires (algo comenté sobre Juan José Brínguez y Los Fakires en el artículo que escribí sobre Ángela Cervantes en este mismo blog), y tuvo una clara influencia en la afición de Ariel por la música. Juan José Brínguez falleció en marzo de este año 2023. También los padres de Ariel y varios de sus tíos estudiaron piano u otros instrumentos; ya un bisabuelo suyo, José María Ochoa, fue un afamado músico cubano, así que su afición musical no sólo le viene por su origen cubano, sino también por su entorno familiar. Y es que en Cuba aparecen músicos hasta debajo de las piedras. Ariel Brínguez estudió música primero en Santa Clara y a los 13 años ingresó en la Escuela Nacional de Arte de La Habana para obtener el Nivel Medio de música y después en la Universidad de las Artes de La Habana y allí, en La Habana y una vez obtenido el Grado Superior de música, se incorporó a la orquesta de Orlando Valle “Maraca”, con la que realizó varias giras por Estados Unidos y Europa. Más tarde llegó su participación en el grupo Irakere que había creado Chucho Valdés, con quien actuó en Cuba y República Dominicana, y sus colaboraciones en la banda de David Murray como saxo tenor.
En la Universidad de La Habana conoció a una alicantina que le hizo tanto tilín (en su acepción castellana, no cubana) que acabó en boda y en su llegada a España a finales de 2007. Luego vino el desamor, pero Ariel ya decidió establecerse definitivamente en Madrid. En Madrid contactó con otros músicos cubanos, españoles y de otras nacionalidades y tuvo la oportunidad de unirse a la big band de Bob Sands con quien tocó en varios conciertos. En 2011 la pianista Marta Sánchez, con quien ya había tocado en diferentes ocasiones, le ofreció unirse a su grupo para grabar su segundo álbum, La Espiral Amarilla, añadiendo así un saxo a lo que en su anterior y primer disco había sido un trio (piano, bajo y batería). Marta Sánchez y Román Filiú, otro gran saxofonista cubano y habitual en los grupos de Marta Sánchez, fueron dos de los músicos con los que solía actuar Ariel en sus comienzos en España.
Ariel Brínguez tiene editados cinco discos, el primero Raíces en Colores, todavía en su etapa cubana y con el que obtuvo un premio, al que siguieron Nostalgia Cubana (2016), Experience (2017) y Conjuros (2022) y en febrero de 2023 una nueva versión de Nostalgia Cubana con sólo cinco temas y grabado en directo en NDR Kultur Hamburg. Está en posesión de dos Grammy por sus colaboraciones con Alejandro Sanz en el álbum El tren de los momentos (2008) y con Chucho Valdés y su álbum Tribute to Irakere: Live in Marciac. (2017). También participó en el disco Voyager con el que su amigo y pianista Iván “Melón” Lewis obtuvo el Grammy al mejor álbum de jazz latino en 2021.
Los dos proyectos que Ariel Brínguez mantiene más vivos en la actualidad (escribo esto en octubre de 2023) son Nostalgia Cubana y Experience. Con el primero, Ariel nos transporta al universo de la música cubana más tradicional, con reflexiones sobre Cuba desde España y temas de grandes compositores cubanos (Virgilio Martí, Miguel Matamoros, Rafael López, Rolando Vergara, Leo Brouwer y otros) con arreglos y adaptaciones del propio Ariel. En Experience, Ariel quiere homenajear a varios de los músicos que han protagonizado la historia musical del siglo XX y ha compuesto ocho temas dedicados a algunos de ellos. Allí están Ravi Shankar, Beatles, Camarón, Bob Marley, Michael Jackson, Lázaro Ros, Jimi Hendrix y Stevie Wonder, todos ellos en la memoria de Ariel, que sin ningún tipo de prejuicio o complejo los convierte en protagonistas de un jazz contemporáneo. Cierra este disco un precioso tema, Tierra, con Ariel y el contrabajista Reinier Elizarde a dúo. Añadamos a estos dos proyectos Latidos, un encargo del Festival Internacional de Arte Sacro (FIAS), que se estrenó en el festival de marzo de 2023.
Ahora, la Nostalgia Cubana de Ariel Brínguez está recorriendo los escenarios de media Europa, inundándola de ritmos caribeños en clave de jazz. Decía Gabriel García Márquez que “El Caribe no es un área geográfica, sino cultural” y músicos como Ariel están extendiendo esa cultura por el mundo. Pero no nos confundamos restringiendo la música de Ariel Brínguez exclusivamente a la más representativa de su país natal o al jazz latino, porque Brínguez es un músico universal y su eclecticismo musical le ha llevado a interpretar todo tipo de composiciones de jazz, desde las más clásicas a las más contemporáneas y a las suyas propias. Y no sólo de compositores de jazz, porque con su proyecto Jazz about Bach nos propone, de nuevo sin prejuicios ni complejos, que escuchemos la música del genio alemán desde otra perspectiva.
He asistido a conciertos de Ariel Brínguez en varias ocasiones. Creo recordar que la primera vez que lo vi fue en el Teatro de la Abadía de Madrid (¿2014?) con Pablo Martín Caminero (otro grande) y este año 2023, que la programación del Festival de Jazz de Madrid es muy atractiva, no quise perderme su concierto como líder de un buen plantel de músicos. Así que fui a verlos a la Sala Villanos, una sala que acaba de abrir sus puertas, las mismas que cerró en 2022 la mítica Sala Caracol. Un concierto en el que a los saxos tenor y soprano de Ariel se unieron Pablo Gutiérrez (piano), Javier Sánchez (guitarra), Darío Guibert (contrabajo) y Fede Marini (batería) para tocar los cinco temas que componen su Nostalgia Cubana grabado en directo en el NDR Kultur Hamburg. Esos cinco temas más una medio sorpresa, porque por allí estaba Ángela Cervantes y Ariel la invitó -entre las interpretaciones de La Sitiera y Hermosa Habana- a que subiera al escenario para poner voz al grupo. Un concierto en el que Ariel volvió a demostrar que es uno de los mejores saxofonistas de la actualidad y un gran manejador del directo.
Ariel Brínguez (Madrid, 24 octubre 2023)
Dice Ariel que el jazz es sentimiento y tienes que saber trasmitirlo a quien lo escucha. Me parece importante y más en el directo. He asistido a conciertos en los que nadie pondría en duda la calidad de los músicos, pero en los que se echaba en falta esa transmisión de sentimientos de la que habla Ariel. No es su caso, porque su conexión e interacción con el público que lo escucha es otra de las virtudes de Ariel. Es la magia del directo, conseguir que la conexión entre artista y público funcione en ambos sentidos y Ariel nos lo demostró esa noche -hasta con algún toque de humor- en la que la Sala Villanos estaba repleta de un público totalmente entregado, que no paramos de aplaudir hasta lograr que, cuando ya se habían ido del escenario, volviera de nuevo el grupo para tocar un tema más (la propina), ya sí el último de la noche, que fue Un día de noviembre. Ariel no imita la interpretación y el sonido de saxofonistas insignes, a los que sin duda admira, sino que, aun buscando inspiración en ellos, ha conseguido tener su propio sonido.
El quinteto de Ariel Brínguez (Madrid, 24 octubre 2023)
Pese a sus numerosas actuaciones y giras no abandona su faceta de formador y continúa dando clases de saxofón en la Escuela Superior de Música Creativa de Madrid. Ariel Brínguez comparte mánager con Iván “Melón” Lewis y ambos son de los músicos cubanos residentes en España que más giras internacionales están realizando en estos últimos años. Además de sus actuaciones por España, ciudades de otros países como Francia, Alemania, Austria, Portugal o Bulgaria han podido disfrutar en los últimos meses de la música de Ariel Brínguez. Jazz isn't dead.
8/07/2023
Uno de los grandes pianistas y compositores de jazz que en su faceta de formador ha contribuido de manera indiscutible a mantener viva la llama del bebop, Barry Harris, abrió en 1982 un centro de enseñanza e investigación de jazz en Nueva York, el Jazz Cultural Theatre. Treinta años más tarde, en 2012, un alumno de aquel centro fundó otro similar y con el mismo nombre en Bilbao, el Jazz Cultural Theatre. Hablo de Joshua Edelman, excelente músico nacido en Manhattan, donde vivió hasta los 25 años, y que desde 1980 reside en España; un primer año dando clases en Liria y luego en Valencia hasta su traslado a Madrid en 1986. Desde 2010 reside en Bilbao. Barry Harris falleció en diciembre de 2021, pocos días antes de que hubiera cumplido 92 años, pero la herencia musical que nos ha dejado es enorme y uno de los músicos que prolonga el legado de Harris es Joshua Edelman. Entre ambos se forjó una gran amistad que ha durado hasta que Harris nos dejó. Harris llegó a Madrid por primera vez en 1986 a impartir clases en los Seminarios Internacionales de Jazz del Taller de Músicos de Madrid y al mismo tiempo dar unos conciertos en Café Central. Desde entonces Joshua Edelman siempre lo acompañó en sus actuaciones en España.
Barry Harris y Joshua Edelman (fotografía de Cristina Santolaria)
Sin que hubiera músicos entre sus antecedentes familiares, únicamente un tío abuelo un famoso letrista (Yip Harburg) y su madre pianista aficionada, Joshua Edelman comenzó a tomar clases de piano a los siete años en Nueva York. Sus padres no eran músicos, ambos eran arquitectos y amantes de cualquier manifestación artística, y ese ambiente familiar pudo influir para que Joshua Edelman abrazara otra de las ramas del arte como es la música. Pasó toda su infancia, adolescencia y primera juventud en Nueva York, una de las ciudades donde el jazz está más presente. Eran los años 50 y 60 del siglo pasado y en los clubs era frecuente ver a los mejores músicos de jazz de la época. Entre los músicos a los que se escuchaba regularmente en los locales de la ciudad estaban Thelonious Monk, Charles Mingus, Horace Silver, McCoy Tyner, Sonny Rollins, Freddie Hubbard, Herbie Hancock, Rahsaan Roland Kirk, Art Blakey y muchos más. En 1976 comenzó a tocar en bandas de jazz en Nueva York, pero todo esto lo detalla muy bien Joshua Edelman en su web (https://jazzculturalbilbao.com/joshua-edelman/), así que no voy a añadir más sobre su biografía centrada en aquellos años. Fue poco después de su llegada a España (1980), y más exactamente a Madrid (1986), cuando yo empecé a saber de él y de su obra.
Eran unos años en los que en España había una fuerte acción cultural y aunque el jazz no fuera la música más demandada (tampoco lo es ahora) existían varios locales en los que escuchar jazz. Cuando Edelman llegó a Madrid aún permanecía abierto el legendario Whisky Jazz Club, el Johnny era un auténtico centro de reunión de jazzeros, acababa de cerrar el Balboa Jazz, pero en esa década abrieron sus puertas algunas salas que aún hoy permanecen ofreciendo buen jazz, Clamores, Café Central, Café El Despertar. Desde su llegada a Madrid, Joshua Edelman se convirtió en habitual en las programaciones de esos clubs y de otros que abrieron más tarde.
Edelman es un pianista absolutamente comprometido con la formación de intérpretes y con el mantenimiento de ese estilo, bebop, que aprendió de sus maestros. Un estilo que se caracteriza principalmente por un fraseo rápido y corto, una mayor utilización de los solos instrumentales improvisando sobre la melodía principal y un mayor protagonismo de la sección rítmica. Ese es el estilo de jazz que nos ofrece Joshua Edelman, que simultanea la dirección de su Centro de Enseñanza, Investigación y Difusión del jazz, con actuaciones en directo y grabaciones de discos. Son diez los discos que ha grabado hasta el momento. El primero de ellos, Daylight, en 1995 y el último, My Greenwich Village Stories, en 2022. Discos que desde 2013 ha editado el sello discográfico que creó ese año Cristina Santolaria (su esposa, periodista y gestora cultural), Jazz Basque Country Productions. En los últimos años he visto a Joshua Edelman varias veces tocando en Madrid, en Bogui (ya desaparecido) y en Café Central y lo considero como uno de los grandes pianistas que hay en España y no hay duda de que el plantel actual es excelente.

Joshua Edelman en Café Central, Madrid
Joshua Edelman no olvida las raíces populares del jazz y la vocación integradora de una música que nació y se ha extendido por el mundo para tender puentes y conectar personas, países y culturas, incorporando diversas tradiciones. Así lo entiende y con esa perspectiva ha desarrollado toda su carrera y así lo ha demostrado en varios de sus discos; Conexiones, Fusión de Almas, Calle del Rosario o Manhattan Bilbao Jazz-Zubia son un claro ejemplo del espíritu integrador del jazz como lo entiende Edelman. Conexión, ese es el término que utiliza Joshua Edelman para describir lo que representa el jazz para él y así lo ha puesto de manifiesto en sus muchas actuaciones con músicos latinos o colaborando en la promoción de grupos de folclore vasco, como ha hecho últimamente con el grupo de Xabi Arakama, con quienes ha tocado en el Summer Jazz Festival de Cracovia en los primeros días del mes de julio de este año 2023.
Jazz Cultural Theatre
En una de las ocasiones en que asistí a un concierto de Joshua Edelman hablé con él y le expuse mi interés en escribir sobre su música y el Jazz Cultural Theatre. Yo vivo en Madrid, Joshua en Bilbao y no es fácil coordinar agendas, pero al final, tras varias conversaciones, conseguimos fijar una fecha para vernos en Bilbao, aprovechando que yo iba a estar un par de días en el Festival de Jazz de Vitoria de este año 2023. Le agradezco la facilidad que me brindó para poder vernos.
En mi opinión, los centros de enseñanza musical para niños y adolescentes tienen un papel crucial en la formación de las personas. No se trata únicamente de aprender música o a tocar un instrumento, sino que la música forma parte de las humanidades, que en su sentido más amplio incluyen los estudios de arte. Ya escribí sobre la importancia que para mí tienen estos centros de formación en un artículo sobre la San Andreu Jazz Band que dirige Joan Chamorro. Ahora he visitado el Centro que fundaron en Bilbao Joshua Edelman y Cristina Santolaria y me reafirmo en la importancia que tienen esta clase de instituciones. Un lugar para la Enseñanza, la Investigación y la Difusión del Jazz, como ellos dos lo definen.
Jazz Cultural Theatre de Bilbao
Pero en este centro los alumnos no son sólo niños y adolescentes, como en la SAJB, aunque sí lo sean la mayoría, sino que sus edades van desde los 5 años hasta algunos con más de 70. Actualmente el número de alumnos se aproxima a los 100, repartidos entre clases individuales y grupales y las diferentes disciplinas que imparte el centro: improvisación, combos, jazz vocal e instrumentos. En algunos casos, cursos enfocados a la preparación para las pruebas de acceso a la enseñanza superior de jazz. El Centro que dirigen Joshua Edelman y Cristina Santolaria difiere de las escuelas tradicionales de música; Joshua y Cristina han querido seguir la línea y el método de enseñanza que instauró Barry Harris en su centro neoyorquino y que continuó utilizando en toda su trayectoria como pedagogo de jazz. Un método basado en los fundamentos de la música, la creatividad, la improvisación y el trabajo en equipo.

Joshua Edelman en el Jazz Cultural Theatre (fotografía cedida por J. E.)
Joshua Edelman ha dedicado toda su vida a la música, muy especialmente al jazz, y sin olvidar su Nueva York natal (no hay más que ver la foto anterior) está comprometido con la enseñanza, investigación y difusión del jazz desde Bilbao a todos los lugares donde él y su música alcancen.
16/04/2023
Sabemos que los orígenes del jazz se remontan al último cuarto del siglo XIX en el Estado de Louisiana y su principal ciudad, Nueva Orleans. Poco más tarde, el jazz se extendió a todo Estados Unidos y desde allí al resto del planeta. Es evidente que ningún país puede disputarle a Estados Unidos la supremacía en esta música, pero sí que hay algunos, como Francia, Cuba o Brasil, que han aportado muchos granitos de arena al jazz. Otros países, con gran tradición de música popular, han recogido el jazz para integrarlo o fusionarlo con su música, como es el caso de España con el flamenco-jazz. Pero hoy voy a hablar de otro país y de uno de sus músicos de jazz más importantes. Armenia tiene una gran tradición musical y cuida mucho su música popular y, sin abandonar ésta, uno de los compositores y pianistas de ese país, Tigran Hamasyan, se ha convertido en un intérprete de un enorme prestigio internacional y uno de los más premiados y solicitados en el mundo del jazz.

Tigran Hamasyan (Coutances, 2015)
Tigran Hamasyan nació en Gyumri, Armenia, en julio de 1987, en el seno de una familia con una gran afición a la música y a los tres años comenzó su primer contacto con el piano. Cuando tenía diez años su familia se trasladó a la capital, Erevan, y allí continuó sus estudios de piano con Vahagn Hayrapetyan, un afamado pianista armenio que había sido discípulo de Barry Harris. De esa manera se produjo el contacto de Tigran Hamasyan con el bebop y el arte de la improvisación. Tigran estudiaba piano clásico al mismo tiempo que escuchaba mucha música popular armenia y poco a poco fue considerando la posibilidad de fusionar la música de su país con estilos más cercanos al jazz y así comenzó una trayectoria que lo llevó a participar en los dos primeros festivales de jazz de Erevan, en 1998 y 2000 y más tarde a ganar el primer premio del concurso de piano solo en el festival de jazz de Montreux de 2003, cuando tenía tan solo 16 años. Fue en ese mismo año cuando sus padres decidieron trasladarse a Los Ángeles, ciudad en la que Tigran continuó su carrera musical. Siguió coleccionando premios, entre ellos el Thelonious Monk Piano Competition en 2006, seguramente el premio más codiciado por los pianistas jóvenes de jazz. Tras Los Ángeles llegaron unos años de estancia en Nueva York. Ahora, Armenia y Francia son los dos países en los que comparte su residencia (cuando no está moviéndose por el mundo).
Desde las raíces de la música popular armenia y fusionándola con el jazz, Tigran Hamasyan grabó sus primeros discos en 2007, (New Era), 2008 (World Passion) y 2009 (Red Hail), con composiciones suyas o arreglos de canciones del folclore armenio. Y desde ese primero de 2007 al que presentó en abril de 2022, StandArt, son 13 los álbumes que ha grabado Tigran Hamasyan, en los que se adivina que su faceta de compositor tiene tanto peso como la de intérprete. Álbumes grabados con distintos formatos de grupo e incluso a piano solo, como A Fable, uno de sus grandes discos. Para sus actuaciones en directo, Tigran Hamasyan suele utilizar el formato de trío, acompañándose de bajo y batería, un formato de grupo muy clásico en el jazz, y así lo vi yo por primera vez el 8 de julio de 2021 en Noches del Botánico en Madrid. Había escuchado algún disco suyo y me había hablado de su talento la gran crítica musical que es Mirian Arbalejo, pero aquel concierto me entusiasmó. Una noche fantástica aquella, porque a la actuación de hora y media de Tigran Hamasyan Trio siguió otro tanto de Cécile McLorin. Ese concierto demostró una vez más que en los grandes músicos el directo es siempre superior a cualquier grabación. La interpretación de Tigran Hamasyan fue todo un espectáculo, pero sobre todo hubo un tema, Into the Forest, que en directo me resultó de una enorme belleza. Un tema que está incluido en su disco They Say Nothing Stays The Same, publicado en 2019, que he escuchado en su disco numerosas veces, pero nunca como aquella noche.
Su último disco grabado hasta ahora, StandArt, difiere algo de los anteriores en los que los orígenes armenios de Tigran tenían una presencia capital. En este disco, salvo el tema de la pista 8, Invasion During an Operetta, compuesto por él, el resto son estándares de jazz de diferentes compositores, entre 1928 y 1953, con arreglos suyos y en el que a su trío habitual con Matt Brewer (bajo) y Justin Brown (batería) incorpora en un par de temas los saxos tenor de Mark Turner y Joshua Redman y en otros dos a Ambrose Akinmusire con la trompeta. Un repertorio de nueve temas, variado y muy bien escogido, en el que brilla el piano de Hamasyan, Turner está espléndido en el más melódico All The Tings You Are, un dueto entre piano y saxo, y Hamasyan y Redman ponen las líneas de bebop en el Big Foot de Charlie Parker. La trompeta de Akinmusire suena tenue en el suave tema I Should Care y en el siguiente, que es una suerte de improvisación de los cuatro. Cierra el disco Laura, una composición de 1944, tema musical de la película homónima, que aquí, más que un arreglo de Tigran Hamasyan, es una recomposición completa del tema. Otro gran disco de Tigran Hamasyan.
Desde aquella noche de julio de 2021 en que vi a Tigran Hamasyan, siempre he tenido la convicción de que no tardaría mucho en volver a verlo. Y ha sido hace algunas semanas, en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música de Madrid, en el ciclo Jazz en el Auditorio, cuando he tenido esa oportunidad. Hubo cambio en el trío, porque no estuvieron ni Matt Brewer ni Justin Brown. Fueron Rick Rosato (contrabajo) y Jonathan Pinson (batería) quienes ocuparon su lugar en este concierto y en la gira europea que Tigran Hamasyan está realizando este año.
Tigran Hamasyan Trio (Madrid, 18 marzo 2023)
La mayor parte del concierto se basó en su último disco, StandArt, pero también hubo espacio para otros temas que no están en él. Cerca del final del concierto llegó el momento culminante de la noche cuando el trío interpretó el Big Foot de Parker. Allí no estaba Joshua Redman con su saxo, como en el disco, pero el bebop de Parker con los arreglos de Hamasyan sonó de maravilla, durante más de veinte minutos, hasta el punto de enardecer de tal manera a los que allí estuvimos que los “bravo” y los aplausos, con el público puesto en pie, se alargaron en el tiempo. La magia del directo, que nunca me cansaré de elogiar cuando la calidad de los intérpretes es tan grande.

Tigran Hamasyan Trio (Madrid, 18 marzo 2023)
Siempre sale uno de estos conciertos con una sensación doble: haber sido testigo de un prodigio y al mismo tiempo pensar que ese prodigio podría haberse prolongado algo más. Seguiremos atentos a los nuevos proyectos de este formidable pianista.
12/03/2023
Antes del 30 de octubre de 2019 no había visto yo aún a Lara Vizuete en directo (imperdonable, además viviendo ambos en la misma ciudad) y ese día se celebró en la sala Galileo Galilei de Madrid un homenaje a Dick Angstadt, propietario del Bogui Jazz Club, que Dick decidió cerrar apenas un par de meses antes. Esa noche fueron muchos los músicos que actuaron para homenajear a Dick y una de las cantantes que no faltó a la cita fue Lara Vizuete. Ahí la vi por primera vez. Cantó un par de temas en inglés y su voz me pareció de una gran belleza. Me propuse seguir sus actuaciones; en directo fue difícil porque poco después llegó la pandemia y con ella la cancelación de los conciertos. Escuché su disco Alba, que precisamente había presentado ese mismo año, en abril, en la sala Bogui, y desde entonces siempre he pensado que es una de las cantantes más interesantes del panorama jazzístico español. Y no sólo cantante, porque Lara Vizuete también es compositora y arreglista de los temas que interpreta.
Lara Vizuete (fotografía de Nacho Landeras)
Lara Vizuete nació en 1992 en Miranda de Ebro, una población no muy grande (unos 35.000 habitantes), pero con una gran oferta cultural que incluye un Conservatorio y una Escuela Municipal de Música. Allí empezó Lara Vizuete, a los siete años, a estudiar piano y violonchelo como segundo instrumento. ¿Qué por qué lo sé? Porque me lo ha contado ella misma. Antes de seguir diré que Lara, además de una excelente cantante, es una persona muy amable y agradable y accedió a una petición mía para vernos y charlar sobre ella y su música, lo que hicimos en un café del barrio madrileño de Malasaña. Desde aquí mi agradecimiento. Continúo.
Sin que tuviera antecedentes de músicos en su familia, salvo un abuelo violinista, sus padres, muy aficionados a la música, siempre apoyaron su afición y amor por la música. Una vez finalizados los cuatro años del grado elemental de piano Lara se trasladó a Vitoria para seguir con sus estudios de piano en el Conservatorio Jesús Guridi de esa ciudad. Y claro, pasó algo lógico. Vitoria es una ciudad en la que el jazz tiene una gran presencia, allí se celebra uno de los festivales de jazz más importantes del mundo y el jazz enganchó a Lara y mientras continuaba con sus estudios de piano empezó a compaginar estos con algunas actuaciones como cantante de un trío en bodas, iglesias y otros eventos, decidiéndose ya claramente por el canto. Tras su estancia en Vitoria, Lara dio el salto a San Sebastián en 2011 para permanecer cuatro años de formación en Musikene (Centro Superior de Música del País Vasco), donde estudió canto con Judy Niemack, una excelente vocalista, compositora y una de las profesoras de canto más solicitadas en universidades y centros de enseñanza de jazz. Durante su estancia en Donosti, Lara participó como cantante en Reunion Big Band, que en 2015 grabó un disco, Unexpected Paths, bajo la dirección de Perico Sambeat. Luego vino su etapa del Master of Music, que, con una duración de dos años, organizan el Departamento de Jazz del Prince Claus Conservatoire de Groningen y la ciudad de Nueva York. Un tiempo compartido entre la ciudad holandesa y la estadounidense, que también aprovechó para actuar en algunos conciertos.
En 2017, a su regreso a España tras su experiencia en Groningen y Nueva York, se instaló en Madrid, donde compagina actuaciones en distintas salas con su faceta de formadora como profesora de canto y voz en la Universidad Alfonso X el Sabio, la Escuela de Música Creativa y La Escuela de Música y Danza El Molino de Santa Isabel. En 2018 grabó su primer disco, Alba, con ocho temas, de los que cinco son composiciones suyas y los otros tres arreglos de composiciones muy conocidas. Cuando en 2018 Lara obtuvo el premio del Concurso Alternativas de La Noche en Vivo, Paquito D’Rivera elogió el arreglo que Lara había hecho de Cómo fue, de Ernesto Duarte, que es uno de los temas incluidos en el disco. Un disco que protagonizó el concierto de Café Central, en el que vi cantar a Lara por segunda vez.
Lara Vizuete Quintet en Café Central (Madrid, 10 enero 2023)
En un momento de nuestra conversación hablamos de sus facetas de compositora y cantante. La música es su pasión y a la que dedica prácticamente todo su tiempo (no sé de dónde saca tanto). Le gusta componer y ve una dificultad añadida cuando a la composición hay que añadir letra, pero cantar es lo que le produce una mayor satisfacción. El directo, el contacto con el público, la improvisación vocal, todo eso es lo que le resulta más atractivo de cuanto hace. Para Lara la voz es un instrumento más. Lara es una cantante con una formación musical muy sólida, pero también es joven y doy por hecho que ha de tener sus referentes entre las cantantes de jazz; le pregunto por ello y me da dos nombres, admira mucho a Silvia Pérez Cruz (y quién no) y el segundo nombre que me da es el de Lucy Yeghiazaryan, cantante armenia, apenas un par de años mayor que Lara, que ahora reside en Estados Unidos.
Lara me habló de sus proyectos actuales, al margen de su quinteto más o menos estable con el que actúa. El primero que me citó es la preparación de su segundo disco. Otro de los proyectos en los que participa es Real Eyes, liderado por el saxofonista Daniel Juárez, en el que Lara pone la voz. Lara también forma parte de la Song Band del pianista argentino Mariano Diaz. Con el contrabajista Ernesto Larcher participa en The Hateful Three y en The All Night Long Big Band, más enfocados al blues y al rhythm and blues (y hasta a otros subgéneros derivados de estos). Y con esta Big Band vi a Lara Vizuete por tercera vez cantando en un escenario. Fue en el Café Berlin de Madrid el pasado día 9 de marzo. No son muchas las ocasiones que hay para ver una Big Band, su mantenimiento resulta complicado, pero haberlas las hay o se establecen para momentos concretos y se agradece.
En este caso se trata de una Big Band que toca principalmente blues en todas sus acepciones. “El flamenco es como nuestro blues”, parece que dijo Miles Davis, pero no sólo porque sean músicas que vienen del pueblo y enraizadas en sus sentimientos más profundos, también porque en ambas músicas coexisten diferentes estilos o subgéneros. De la misma manera que en el flamenco hay palos (es difícil saber cuántos), el blues actual no se puede restringir únicamente a lo que fue en sus orígenes de finales del XIX (o incluso antes) y principios del XX. Pero no es mi intención, ni mis escasos conocimientos me permiten, hablar aquí sobre este tema, que hay mucha literatura escrita por personas que sí que saben de esto. Bueno, pues allí, en el Café Berlin, se presentó la banda de Ernesto Larcher con Lara Vizuete como vocalista.
The All Night Long Big Band en Café Berlin, 9 marzo 2023 (fotografía de Enrique González)
Una Big Band dirigida por el bajista Ernesto Larcher (magníficos todos los proyectos musicales de este gran contrabajista), con un sonido excelente y que tocaron un repertorio muy variado, porque el público fue allí a pasárselo bien, a disfrutar de su música y a bailar. Por el escenario del Berlin pasaron el R&B de Louis Jordan, entre otros, y los temas más rítmicos de groove y shuffle, pero también hubo tiempo para el slow blues más clásico y el soul y ahí es donde, en mi opinión, la voz de Lara Vizuete brilla más. Creo que Lara está especialmente dotada para este estilo de música. Y es que a su depurada técnica vocal une la emotividad y la fuerza que siempre y necesariamente hay que poner para interpretar estos temas. Y por si no lo había hecho ya durante el concierto, todo eso lo demostró con creces en These Arms of Mine, de Otis Redding; magnífica esa interpretación.

Lara Vizuete en Café Berlin, (Madrid, 9 marzo 2023)
Es posible que su extensa dedicación a la formación en tres instituciones madrileñas le ocupe tanto tiempo que restrinja el que pueda dedicar a actuaciones y grabaciones, pero a los aficionados nos escatima verla más en los escenarios, que es lo que me gustaría. Seguiremos pendientes de su carrera musical.
30/11/2022
El valor de la musicoterapia. Nunca sabremos si, en cualquier caso, aun sin sufrir el accidente, Melody Gardot se hubiera dedicado profesionalmente a la música. Quiero pensar que sí lo habría hecho, porque su talento musical es enorme. Lo cierto es que ahora está entre las mejores cantantes de jazz, blues o baladas.

Melody Gardot (On est en direct, France-2)
Digo lo anterior porque Melody Gardot, en su adolescencia, no tenía la intención de dedicarse profesionalmente a la música. Nació en Nueva Jersey en 1985 y pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Filadelfia, ciudad en la que comenzó a estudiar piano. A los dieciséis años empezó a tocar el piano los fines de semana en bares y clubs de su ciudad para conseguir algo de dinero mientras estudiaba moda en Filadelfia. En eso estaba, cuando llegó un fatídico día de noviembre de 2003 en que un automóvil se llevó a ella y a su bicicleta por delante causándole varias fracturas óseas y daños neurológicos severos, que la hicieron estar cerca de un año ingresada en un hospital. Uno de los médicos que la trató, conociendo sus antecedentes musicales, le aconsejó la dedicación a la música como una manera de ayudar a recuperarse. Y ahí empezó todo. Y como éste es un blog de jazz, que no de medicina, aquí dejo este asunto, porque además hay varias publicaciones en las que se habla de ese periodo de Melody Gardot y del valor de la musicoterapia, para centrarme en sus aspectos musicales.
Durante ese periodo de hospital comenzó a tocar la guitarra y a componer algunos temas y bien pronto, en mayo de 2005, pudimos ver el fruto de todo ello, convertido en un primer disco en formato EP, Some Lessons: The Bedroom Sessions, que contiene siete temas compuestos por ella. A partir de ahí, la carrera musical de Melody Gardot ha sido una constante historia de superación hasta el momento actual en que se la compara en éxitos con cantantes más consolidadas y de estilos algo similares, como Madeleine Peyroux, Diana Krall, Stacey Kent o Norah Jones. He escrito “se la compara” porque yo no me llevo muy bien con el asunto de las comparaciones, siempre he intentado huir de ellas. Cuando escucho sus discos o la veo en directo (como ha sido recientemente, luego hablaré sobre ello) sólo estoy pendiente de su música y de su melodiosa voz, una voz envolvente, sugerente, en inglés, francés y portugués. Su dicción en los tres idiomas es perfecta.
Después de ese primer disco llegaron seis álbumes en los siguientes doce años, desde 2008 (Worrisome Heart) a 2020 (Sunset In The Blue). Tras el éxito de Sunset in The Blue (una maravilla de disco con temas grabados con la Royal Philharmonic Orchestra de Londres), Decca editó una versión Deluxe en la que añadió cinco temas a la edición estándar. Ya por entonces Melody Gardot vivía en Paris, ciudad en la que fijó su residencia en 2017. Pero aquí no acaba la historia de sus discos (y espero que continue aún con más), porque en 2021 Melody Gardot se unió con el pianista franco-brasileño Philippe Powell para grabar un nuevo álbum que salió al mercado en mayo de 2022, Entre eux deux. Al margen de su país natal, Melody Gardot se siente cómoda en Francia, Brasil y Portugal. Francia y Brasil (para mí por este orden) son los dos países que, si exceptuamos a Estados Unidos, más han aportado al jazz (bueno, luego está Cuba con su aportación al jazz latino, pero esa es otra historia para otro momento). Visto así, la unión de Melody Gardot y Philippe Powell tenía todas las condiciones necesarias para que el resultado fuera exitoso. Y así ha sido.
Entre eux deux es un disco excelente y seguramente el más intimista de Melody Gardot. Un disco grabado sólo a piano y voz. Ambos, voz y piano, se unen para ofrecernos un diálogo entre dos personas que se conocen bien y disfrutan con la misma música (entre eux deux). La pista de apertura, This Foolish Heart Could Love You, se grabó también como sencillo y es un tema romántico que nos indica la línea de todo el disco. Contiene diez temas, de los que tres los canta en francés y uno en portugués y francés, todos con el estilo relajante, suave y lleno de sentimiento y sensibilidad de Gardot, acompañada por las notas del piano de Powell. Ocho de los diez temas son composiciones de Gardot y Powell a los que se añade una versión muy lograda de uno de los temas que compusieron Francis Lai y Pierre Barouh para la película Un hombre y una mujer, de Claude Lelouch. Con una voz más grave que la de Nicole Croisille, que es la intérprete que recordamos cantando L’amour est bien plus fort que nous (Plus fort que nous en el disco), Melody Gardot, en dueto con Philippe Powell, nos ofrece una versión que sin duda quedará entre las mejores de este tema. La otra composición no suya es Samba Em Prelúdio, pero todo queda en familia. Philippe Powell es hijo de Baden Powell, guitarrista y compositor brasileño, que junto con Vinicius de Moraes compuso Samba Em Prelúdio. Aquí lo interpretan a un ritmo más lento, como corresponde a su estilo y al conjunto del disco, que, además de los temas cantados, incluye también un recitativo instrumental de Philippe Powell y un poema de Melody recitado por ella y musicado por Philippe. Un disco que merece la pena escuchar unas cuantas veces.
La gira europea que están realizando este año 2022 tuvo parada en Madrid. Un amigo me propuso ir y como no la había visto nunca en directo, aunque haya actuado en España en más de una ocasión, fuimos a ver su concierto en el Teatro Príncipe Pío. Y allí se presentaron Melody y Philippe, acompañados en este concierto por Irwin Hall (saxo y flauta), Christopher Thomas (contrabajo), Jorge Bezerra (percusión), Astghik Vardanyan (violín), Gohar Papoyan (violín), Astghik Gazhoyan (viola) y Artyom Manukyan (violonchelo).
Concierto de Melody Gardot (Madrid, 28 nov 2022)
El concierto empezó fuerte, con un conjunto de instrumentos de percusión de los utilizados en las batucadas brasileñas, incluido el birimbao (o berimbau). Luego salieron Melody, Philippe y demás músicos para ofrecernos un concierto de los que se recuerdan de por vida. Con esa composición de banda, el concierto no se podía ceñir exclusivamente a su último disco e hicieron un repaso por gran parte de la discografía de Melody Gardot. Desde temas de su álbum de 2009 My One and Only Thrill, como fue Our Love Is Easy o Les Étoiles, hasta composiciones de sus dos últimos álbumes, como la ya mencionada This Foolish Heart Could Love You. Y como el directo siempre es diferente al disco, pudimos ser testigos directos de la variedad de registros que posee Melody Gardot y de la sensibilidad que pone interpretando sus canciones. Philippe Powell nos contó cómo, cuándo y quiénes compusieron Samba Em Prelúdio, lo que le dio pie para hablar de Brasil y su música y de su padre, Baden Powell. Este es uno de los temas que buscó Philippe para cantar en dueto con Melody en el disco y, claro, no podían dejar de incluirlo en el concierto. Así que disfrutamos de este precioso tema, ya muy versionado, pero aquí con un cariño y sensibilidad especiales.
“Sem você meu amor eu nâo sou ninguém”.

Melody Gardot (Madrid, 28 nov 2022)
Melody Gardot canta, compone y toca el piano y la guitarra y en un momento del concierto Philippe se retiró para que Melody interpretara un par de temas al piano. Dieron el concierto por finalizado, pero allí no se movía nadie y los aplausos no cesaban y después de algunos minutos -porque costó- salió Melody, le pusieron una guitarra en sus manos e interpretó Baby I’m a Fool, también de su álbum My One and Only Thrill, un tema que he escuchado orquestado, pero aquí fue sólo ella con su guitarra. Enorme interpretación de una canción preciosa. Y esa fue la primera propina (no sé por qué hay muchas personas que dicen bis) y hubo una segunda. En este caso, Melody y el violonchelo de Artyom Manukyan (genial) interpretaron una canción popular mexicana, La Llorona (¿quién no la conoce?) cantada en un correcto castellano. Un broche de oro para un gran concierto.
Finaliza su gira europea y yo espero verla de nuevo, no sé si en Madrid o en alguna otra ciudad española o europea, pero no me gustaría quedarme con las ganas. Mientras tanto, habrá que estar pendiente de sus nuevos proyectos. De momento la unión Gardot-Powell parece funcionar muy bien. Empecé el artículo diciendo “Nunca sabremos si …”, ahora, después de empaparme bien de su música y verla en directo, estoy seguro de que sí. No podríamos habernos perdido esa calidad de voz.
(Pido disculpas por las fotos del concierto, que no son ni medio buenas, pero es lo que hay).