Cuando llegué hace unos meses pensaba que con mis clases previas iba a manejarme bien, pero nada que ver. En casa estudiaba gramática y vocabulario, pero aquí desde que abres los ojos ya estás en inglés: el roommate te habla, el barista te pregunta cómo quieres el latte, hasta en el bus la gente comenta el tiempo o el partido. Eso hace que cojas fluidez rapidísimo, sobre todo listening y speaking, porque no hay escapatoria al español. Lo que más me flipa es que pierdes el miedo a equivocarte, y eso acelera todo. Por cierto, yo empecé en alojamiento en familia anfitriona
https://www.castleforbescollege.com/es/alojamiento/host-family/ y me ha ido genial porque las clases son pequeñas y muy prácticas, con mucho énfasis en conversación real y luego actividades por la ciudad que te obligan a seguir practicando fuera. No es que sea la única opción, pero personalmente me ha ayudado un montón a soltarme y a no pensar tanto antes de hablar. Al final, en tu país puedes avanzar, claro, pero aquí el progreso se siente diario y brutal, aunque al principio te sientas perdido.